SEGUNDA PARTE - Páginas 3

LA COMPAÑÍA: UNA OBRA DE FICCIÓN (O CASI) - SEGUNDA PARTE

 

 

LA COMPAÑÍA

 

(Segunda parte)

  

José Luis Espejo (1998) 

 

 

                En la pantalla aparece una enorme explanada, abarrotada por una muchedumbre expectante (plano de detalle donde aparece una placa con la siguiente inscripción: “Plaza de las Culturas”). En el fondo de la explanada se ve una gran plataforma, con un estrado en medio. A ambos lados de la plataforma se sitúan numerosas sillas, ocupadas por personas que no se reconocen en la distancia. En un determinado momento, aparece, por el lado derecho de la pantalla, una persona que atraviesa la plataforma y se instala en el estrado. El público aplaude calurosamente.

                La cámara se dirige a las proximidades de la plataforma. Se observa un estrecho cordón de seguridad, que rodea la plataforma, y numerosas cámaras que emiten el evento. En ella se distingue, en las proximidades del estrado, a HENRY SOLOMON (HOMBRE GORDO de la primera parte), a BÁRBARA, y a otros miembros de la antigua Hermandad. THOMAS está en el estrado.

                 THOMAS comienza su discurso: “Amigos, amigas, habitantes de nuestro querido planeta Tierra. Gracias por estar aquí; tanto a los que os encontráis físicamente en esta remodelada ‘Plaza de las Culturas’, como a los que estáis siguiendo este acto a través de la televisión o la radio, desde cualquier parte del planeta. He captado vuestro mensaje, conozco vuestra ansia de cambio. ¡Ya era hora, amigos y amigas, de un cambio de rumbo en el destino de la Humanidad!” El público aplaude.

                “El género humano ha necesitado mucho tiempo para saber que la Tierra es redonda; pero ha seguido actuando como si fuese plana y sus recursos ilimitados. Sólo recientemente la Humanidad ha actuado teniendo en cuenta que la Tierra tiene sus límites. Ése no es un pequeño avance, pero aún es insuficiente. Amigos y amigas, os propongo un paso adelante en la senda del desarrollo del potencial humano: la unidad dentro de la variedad, la variedad dentro de la unidad. ¡Os animo a recuperar toda la riqueza del pasado, sin abandonar el sagrado principio de la solidaridad del género humano!” El público aplaude. Plano de detalle de BÁRBARA aplaudiendo. Plano de CHARLES observando el acto por televisión, comiendo palomitas despreocupadamente. Plano de HENRY SOLOMON aplaudiendo con cara circunspecta.

                “El ser humano ha cometido multitud de ultrajes y de expolios en nombre de su nación, de un mal entendido concepto de patriotismo. Su codicia y su crueldad ha llevado a este planeta a la ruina. Sólo el buen sentido y la altura de miras de los padres fundadores del nuevo orden ha salvado a la Humanidad del desastre. ¡Vaya por ellos mi sincero homenaje!” THOMAS aplaude y la multitud le acompaña. LEONARD (el COMISARIO de la primera parte, padre de THOMAS) observa la pantalla de televisión desde su despacho, con cara inexpresiva.

                “Pero ahora se hace necesario recuperar el rico legado de cultura forjado por el género humano durante innumerables generaciones. Ahora, la situación está madura, porque el mundo está preparado para aceptar toda su riqueza y variedad, sin volver a cometer los errores del pasado. Vosotros, amigos y amigas, queréis recuperar vuestra identidad, sin por ello variar un ápice vuestra solidaridad. ¡Adelante, entonces. Encaremos el futuro sin miedo, y con esperanza!” El público aclama entusiasmado.

                “Amigos y amigas, sé que esperáis mucho de mí. Conozco vuestros anhelos, y soy consciente de vuestros problemas. Lucharé con denuedo para que vuestras voces sean escuchadas, y vuestras necesidades satisfechas. Lucharé por mejorar vuestras condiciones de vida y trabajo, por conseguir que vuestros hijos tengan un futuro mejor. ¡Seré el heraldo de vuestros intereses. Estaré a vuestro servicio. No os defraudaré!” El público rompe a aplaudir rabiosamente. Los aplausos se prolongan durante largos minutos. Una música electoralera comienza a sonar. Se sueltan globos y palomas. Las personas de la plataforma se levantan y aplauden también a THOMAS (plano de detalle de BÁRBARA, con cara de satisfacción, y de HENRY, con cara de furia contenida; plano de LEONARD, en su despacho, con cara de preocupación; plano de CHARLES, aplaudiendo entusiasmado: ‘¡Muy bien, Charles, eso ya me gusta más!’). THOMAS sale de la escena haciendo la señal de la victoria, con los brazos en alto.

 

                Imagen de una sala donde se está celebrando un cocktail. En ella se reparten varios corrillos elegantemente vestidos. THOMAS, con traje de gala, es el centro de atención. UNA MUJER: “¿Has visto qué guapo es?” (mirando a THOMAS, que está al fondo, charlando despreocupadamente). OTRA MUJER (hablando con la primera): “Y que lo digas, no se parece en nada a esos vejestorios del Gobierno Universal” (aparecen algunos viejos decrépitos, charlando animadamente, aunque con semblante grave y severo).

                La imagen se traslada al corrillo de THOMAS. BÁRBARA: “Cariño, lo has hecho muy bien. Has estado muy convincente y tu discurso ha sido... eléctrico. Hoy has ganado las elecciones”. THOMAS la observa con una sonrisa en la boca, sosteniendo un vaso con la mano (como pensando: si supiera que las elecciones están ganadas de antemano...) Vienen otras personas a felicitarle. THOMAS ve a HENRY charlando con los miembros del Gobierno Universal, con tono grave. HENRY se apercibe, y le hace una señal con la cabeza. HENRY se despide de la gente con la que hablaba y se dirige a la mesa de los cócteles. THOMAS se reune con él allí. Luego, ambos se dirigen al balcón, donde están solos.

                HENRY: “Thomas, supongo que eres consciente de lo que has hecho hoy”. THOMAS: “¿Qué he hecho?”. HENRY: “Te has salido del programa. Has añadido un párrafo al discurso acordado”. THOMAS: “Lo sé, lo sé. Y fíjate qué efecto: la muchedumbre ha reaccionado de forma maravillosa: he ganado su corazón, y eso es lo importante”. HENRY: “Te equivocas, Thomas. Lo importante es ajustarse al programa establecido. La Hermandad no ha luchado por mejorar las condiciones de vida de la gente, sino por recuperar la memoria. Una vez que nuestra revolución ha tenido éxito, lo demás es irrelevante para nosotros”. THOMAS: “No es cierto. La gente espera mucho más de nosotros”. HENRY: “Thomas, hay un antiguo proverbio que dice: ‘no muerdas la mano que te da de comer’. Recuérdalo, siempre, por tu bien y por el de la Hermandad”. HENRY marcha. THOMAS queda confuso. Llega BÁRBARA: “¿Qué ha pasado, qué te ha dicho Henry?”. THOMAS: “Nada, nada, es tan sólo que... estoy abrumado por tanta responsabilidad”. THOMAS abraza a BÁRBARA.

 

                Unas semanas después. THOMAS está en una sala de convenciones, repleta de público, de agentes de seguridad, de periodistas, de cámaras, y de ordenadores. Hay una enorme pantalla en uno de los muros, donde se retransmite los resultados de las elecciones. PANTALLA: “... En el distrito austral Thomas Cavite vence por un 73% frente a un 20% conseguido por Jawarharlal Rachid. En el distrito de Asia Sudoriental Thomas Cavite gana con un 89%...” THOMAS está rodeado de cámaras de televisión, respondiendo a las preguntas de los reporteros. REPORTERO: “Sr. Cavite. ¿Es cierto que va a luchar en favor de los pobres?” THOMAS: “Lucharé por los pobres y por los no tan pobres. Intentaré restablecer la justicia en beneficio de los menos afortunados, y defenderé los legítimos intereses de las capas productivas de la sociedad. Trabajaré en beneficio de todos”. OTRO REPORTERO: “¿Es cierto que va a establecer un salario mínimo y un Seguro Social?” THOMAS: “Es un compromiso que pienso respetar”. OTRO REPORTERO: “¿Usted cree que va a encontrar obstáculos en la aplicación de su programa, por parte del antiguo régimen?” THOMAS: “Estoy seguro de que no. Todos trabajamos en beneficio del pueblo. Todos, los antiguos gobernantes, y mi futuro gabinete, estamos al servicio de la sociedad. Discúlpenme, señores. No tengo nada más que decir”. A duras penas, THOMAS se desembaraza de los periodistas. El cuerpo de seguridad hace pasillo, y le llevan a un balcón, que da a la calle. Allí saluda a la multitud que le aclama. BÁRBARA está con él, aplaudiendo. Las figuras del antiguo y del nuevo régimen (la Hermandad) le rodean. (Imagen de CHARLES viendo el acontecimiento por televisión, con una inusual sonrisa en su rostro.)

 

                THOMAS y BÁRBARA están en casa, descansando después del ajetreo electoral. THOMAS mira por la ventana y ve varias patrullas de policía vigilando su residencia. BÁRBARA llega a THOMAS con dos copas en la mano. BÁRBARA: “Brindemos por el futuro, para que sea aún más excitante que el presente”. THOMAS hace chin-chín desganadamente. BÁRBARA: “¿Qué te pasa, Thomas. No estás satisfecho?” THOMAS: “No, no, claro que lo estoy. Pero no sé si tendré fuerzas para llevar adelante mi programa”. BÁRBARA: “Claro que sí, y yo siempre estaré a tu lado”. THOMAS: “Bárbara, no sé si podré... aguantar esta presión. Me siento tan débil, tan impotente. Mírame: ¿acaso me ves capaz de asumir tanta responsabilidad?” BÁRBARA: “Thomas, después de lo que hiciste por la Hermandad, te veo capaz de cualquier cosa”. THOMAS: “Bárbara, no lo hice por la Hermandad, lo hice por mi madre... y por ti” (tiene un tic, como de mala conciencia). BÁRBARA: “Razón de más. No importa por quién luchas, si tienes algo por lo que luchar”. THOMAS sonríe, agradecido.

                En ese momento suena el videofono. Es CHARLES: “Thomas, felicidades de parte de tu rendido hermano. De verdad, no me esperaba tanto de ti”. THOMAS: “Gracias, Charles. No sabes cuánto necesito el apoyo de mi gente. De verdad, gracias por llamar”. CHARLES: “No hay de qué. Tu hermanito mayor te ayudará en lo que pueda. Por cierto, come mejor: no haces buena cara”. THOMAS: “Lo sé, Charles; será la tensión. Ya pasará”. CHARLES: “Seguro. Ah, dile a Bárbara que te cuide bien”. BÁRBARA: “Así lo haré, Charles”. CHARLES: “Hasta la vista”. THOMAS: “Hasta la vista, Charles”. Se apaga el videofono.

 

                Dos años después. Escena de un consejo de gabinete, en Ottawa. THOMAS preside la reunión. Se ven 24 personas de todas las razas circundando una mesa ovalada. THOMAS: “Señores Ministros. Hoy hace dos años que constituí este primer gabinete de la nueva era. Creo que es un buen momento para hacer balance de este período. Sra. Ministra de Cultura, por favor”.

                La MINISTRA DE CULTURA se levanta: “Sr. Presidente. Durante este período hemos puesto en marcha los nuevos planes educativos; hemos descentralizado las competencias en materia de cultura y han comenzado a funcionar las academias de las lenguas vernáculas. El próximo curso comenzará su enseñanza en las respectivas circunscripciones”.

                THOMAS: “Sr. Ministro de Medio Ambiente, por favor”.

                El MINISTRO DE MEDIO AMBIENTE: “Sr. Presidente. Como aparece en el informe que le hemos remitido, hemos continuado la política de repoblación forestal y de racionalización agraria. Hemos impulsado la recuperación edafológica de tierras baldías, y hemos regenerado los cursos de aguas dulces. Se ha continuado la política de potabilizar las aguas marinas y de usar los nutrientes de las algas. En estos momentos la tasa de reciclaje de residuos humanos es del 70%, y sigue en aumento. Hemos eliminado los polímeros inorgánicos... Sr. Presidente, quisiera llamar la atención sobre un hecho importante: las últimas mediciones de temperatura global señalan un progresivo enfriamiento del planeta. Ello parece indicar que está acabando el ciclo de calentamiento global”.

                El gabinete hace un murmullo aprobatorio.

                THOMAS: “Sr. Ministro de Medio Ambiente. Créame, todos nos alegramos de esta magnífica noticia. De todos modos, no hay que bajar la guardia; no nos dejemos arrastrar por la euforia. Habrá que seguir trabajando en la dirección que usted ha expresado. Sr. Ministro de Economía, es su turno”.

                El MINISTRO DE ECONOMÍA: “Sr. Presidente. Nuestro departamento ha continuado con la política de concentración y planificación estratégica de la economía. La tasa de rendimiento de la economía ha aumentado a causa de la disminución del despilfarro. Los precios se han mantenido estables durante estos dos últimos años. La tasa de paro ha descendido al 23%, desde su nivel inicial del 25%, gracias a la liberalización del mercado de trabajo. Las Compañías han declarado unos beneficios medios del 15%, un 3% mayores respecto a hace dos años. El ciclo sigue teniendo una tendencia moderadamente positiva...

                THOMAS: “Sr. Ministro de Economía. ¿Y qué hay de los planes de Seguridad Social y salario mínimo? ¿En qué fase de desarrollo se encuentran?”

                MINISTRO DE ECONOMÍA: “Sr. Presidente. Entienda que la economía es un asunto complejo. Se necesita un largo período de estudio y adaptación antes de que unas medidas de ese calibre se pongan en marcha”. THOMAS: “Sr. Ministro, no quiero excusas, sino hechos. Y lo cierto es que usted no ha hecho nada por hacer avanzar esos asuntos. Le pido un mayor celo por lo que se refiere a materias sociales, desde este momento”. MINISTRO DE ECONOMÍA: “Sr. Presidente, pediré al comité asesor que acelere la fase de estudio, pero de todos modos habrá que contar con la postura de los sectores afectados”. THOMAS: “Sr. Ministro. Usted recordará que esas reformas son un compromiso irrenunciable; de ningún modo debe dejarse influenciar por intereses particulares. Tiene que llevar esos proyectos de ley hasta el final”.

                HENRY (el VICEPRESIDENTE) levanta la mano. THOMAS: “Adelante, Sr. Vicepresidente”. HENRY: “Sr. Presidente, con todo el respeto, creo que tendría que atender a nuestras limitaciones”. THOMAS: “Explíquese, Sr. Vicepresidente”. HENRY: “El cambio del modelo social supondría un cambio constitucional, lo que está más allá de nuestras competencias”. THOMAS: “En ese caso daré órdenes a mis consejeros de que redacten un proyecto de ley de reforma orgánica de la Constitución; serán las Cámaras las que decidirán en último término”. HENRY: “Sr. Presidente. Le recuerdo que no tiene mayoría suficiente para aprobar ese hipotético proyecto de ley de reforma de la Constitución”. THOMAS: “En ese caso disolveré las Cámaras y convocaré nuevas elecciones... Haré todo lo que esté en mi mano para sacar esos proyectos adelante”. HENRY: “Sr. Presidente, ¿es consciente de lo que ha dicho?” THOMAS: “Soy plenamente consciente”.

                Hay un murmullo en la sala. THOMAS: “Sr. Ministro de Economía, prosiga...”

 

                Unos días después, THOMAS se encuentra en su residencia oficial, en Ottawa. ÉL y BÁRBARA están mirando las noticias por televisión. En la pantalla aparecen imágenes de un terremoto, que ha sembrado de escombros la ciudad de Los Ángeles. Hay miles de muertos.  BÁRBARA: “Thomas, creo que deberías ir allí”. THOMAS: “Yo también lo creo; pero tú vienes conmigo”. BÁRBARA asiente.

THOMAS llama a HENRY: “Sr. Vicepresidente, prepare mi avión oficial y anule mis compromisos durante los próximos dos días. Mañana iré a Los Ángeles, con mi mujer. Pásenme a recoger a las 9”. HENRY: “Como desee, Sr. Presidente”.

 

THOMAS y BÁRBARA salen de la residencia oficial. Se introducen en una limusina y son escoltados por motoristas, hasta el aeródromo militar de Ottawa. Allí les espera un prototipo último modelo de propulsor vertical. THOMAS: “¿Qué aparato es éste?, nunca lo había visto antes”. HENRY: “Es un ASPID BX-57. Es un modelo revisado y perfeccionado del anterior SPEED AX-40”. THOMAS: “¿Ha sido probado? HENRY: “Por supuesto”. THOMAS: “Bueno, hay prisa. Nos veremos en el consejo del viernes, como siempre”. HENRY: “Por supuesto”. THOMAS y BÁRBARA se introducen en el aparato. HENRY lo ve despegar con una sonrisa sardónica en la boca.

 

CHARLES está viendo las noticias. En la televisión hay un reportero delante de un montón de escombros. REPORTERO: “... De momento se han contabilizado unos 50.000 fallecidos y centenares de miles de heridos de distinta consideración. Éste es uno de los terremotos más devastadores de la Historia, con una intensidad superior a la del terremoto de San Francisco de 1906. El Presidente del Gobierno Universal se traslada en estos momentos a la ciudad para mostrar su apoyo y solidaridad al pueblo de California...” De pronto el reportero queda mudo (le llegan noticias desde un dispositivo situado en su oreja derecha). REPORTERO: “Señores espectadores. Tengo la dolorosa obligación de comunicarles otra desgraciada noticia, sucedida hace alrededor de una hora: me informan desde la redacción central de que el aparato en el que volaba el Presidente y su esposa se ha estrellado por razones desconocidas en las Montañas Rocosas de Norteamérica. Se trataba de un modelo ASPID BX-57, que acababa de ser puesto al servicio de la oficina de la Presidencia. Todavía no se conocen las causas del siniestro, pero testigos oculares afirman haber observado cómo el aparato perdió altura desde una altitud de 35.000 pies, y posteriormente se estrelló contra la ladera de una montaña. Por favor, estén atentos a su pantalla. Les pasamos con la redacción central, en Ottawa”.

 

CHARLES está sollozando, delante de la televisión, sin ni siquiera mirarla. En la pantalla aparece un rótulo que dice: “Mensaje del vicepresidente del gobierno, Sr. Henry Solomon”. HENRY: “Señoras y señores. Hoy es un día infausto que será recordado durante mucho tiempo por todos los hombres de buena voluntad. A la desgracia en Los Ángeles, hemos de sumar una pérdida irreparable, la del Presidente Thomas Cavite y su esposa. Thomas fue el amigo del pueblo, el benefactor de la sociedad. La culminación de su sacrificio por los demás se ha producido el día de hoy, en el que, a resultas de la fatalidad, ha dado su vida por la de los miles de damnificados de California. Este gesto nunca será olvidado... por el pueblo (le cae una lágrima de cocodrilo), ni por sus amigos que le apreciaban, entre los que yo, humildemente, me cuento”. Pasa un instante de silencio, durante el cual HENRY hace las veces de hombre muy afligido. HENRY: “Señores espectadores. En virtud del mandato que me otorga la Constitución, me veo en la obligación de asumir, en funciones, los poderes de nuestro querido Presidente, hasta que sea oficialmente investido por la Cámara. Desde ese momento, me comprometo a continuar con lealtad la política de nuestro Presidente, tal como él lo hubiera deseado...”. La televisión sigue emitiendo una programación extraordinaria. CHARLES está tumbado en el sofá, cabeza abajo, sollozando.

 

En el despacho de LEONARD. Éste está viendo la televisión. De repente la apaga, se pone el abrigo, y se despide de su SECRETARIO: “Me voy a casa”.  SECRETARIO: “Pero señor...” Se queda con la palabra en la boca, porque LEONARD cierra la puerta con un portazo.

 

CHARLES continúa tumbado en el sofá de su casa. Son altas horas de la noche. Está despierto, mirando fijamente al techo. Entonces suena el videofono. CHARLES lo enciende y oye una voz desconocida (la pantalla está en blanco; no hay imagen). VOZ DE LEONARD: “Sr. Charles Cavite, es importante que acuda, con la mayor brevedad, a la siguiente dirección: Battery Lane, número 47, Londres. Tiene que ver con la muerte de su hermano. Recuerde: Battery Lane, 47". CHARLES: “Oiga, ¿quién es usted...? El individuo cuelga. CHARLES queda perplejo. Después de un momento de reflexión, se pone la chaqueta y arranca su coche.

 

CHARLES está conduciendo por una carretera desierta, aunque hay un detalle que le inquieta. Aparcados, en la entrada de Londres, observa numerosos vehículos militares. Finalmente llega a la dirección indicada. Se trata de una calle de las afueras, en la parte alta (opulenta) de Londres. Aparca delante de una gran verja de hierro. Ésta se abre de repente, y entra en un gran patio, rodeado por altos muros con numerosos dispositivos de seguridad. Seguidamente se dirige a la casa.

 

Un MAYORDOMO le abre la puerta, y le conduce por el interior de una moderna residencia, hasta un salón donde hay un hombre sentado en una butaca, al lado de una chimenea encendida (el salón está a oscuras, con la única luz del fuego de la chimenea). De momento, CHARLES no le ve la cara, porque está de espaldas. Luego se acerca, y LEONARD le dice: “Siéntate, Charles”. ÉL se sienta en una butaca próxima a la suya. El reflejo de la luz oscilante del fuego perfila unos rasgos muy marcados. Su rostro le recuerda a alguien, pero no sabe a quién.

LEONARD: “Charles, supongo que no me reconocerás, pero me conociste hace unos dos años, cuando esparcísteis... tu hermano y tú... las cenizas de vuestra madre. Yo estaba allí, a unos veinticinco metros... ¿Recuerdas?” Habla con una voz lánguida, apagada, en nada parecida a la voz grave y sonora de LEONARD en sus buenos momentos. CHARLES: “Ah, sí. Ya le recuerdo. Le comenté a mi hermano...” (entonces queda mudo). LEONARD: “Charles, tengo poco tiempo. Tengo que decirte muchas cosas, y me quedan pocas fuerzas. Así que escúchame: yo soy tu padre...” CHARLES: “¡Usted...!” LEONARD: “Sí, Charles, y tu hermano lo sabía; yo se lo dije. Por favor, escucha lo que te tengo que decir. No queda mucho tiempo”. Entonces hace una mueca de dolor, y tiene una súbita sacudida.

LEONARD (con voz aún más débil): “Soy el comandante en jefe del servicio de inteligencia del distrito occidental. Me vi obligado a repudiaros por orden del gobierno... (hace otro gesto de dolor) Fue el gobierno quien os internó en el colegio... (otro gesto), no yo. Thomas lo sabía, pero no le dije toda la verdad... (le cae una lágrima). Le oculté algo muy importante, que tú debes saber... Ahora que estoy a punto de morir, no puedo escondérselo al único hijo que me queda (otro gesto de dolor). Charles, a tu madre la asesinamos... Sí, yo también participé... por sentido del deber... La operación tenía que ser un éxito. Thomas debía poseer la llave para llevarla adelante. Charles, quiero que sepas que nunca me perdoné lo que hice... (CHARLES está boquiabierto). Pero yo no he matado a tu hermano, lo juro, han sido ellos...”

CHARLES: “¿Quiénes son ellos?” LEONARD: “La Sociedad... Un grupo de fanáticos de las altas esferas... Henry Solomon, el vicepresidente, es uno de ellos. Son unos retrógados; no quieren que cambie nada, ni siquiera... (ahora tiene una contorsión aún más violenta) Charles, no hay tiempo. Tienes que acabar con ellos, antes de que tiranicen el mundo. Son muy poderosos, pero aún hay una posibilidad...” CHARLES: “¿Cuál?, dígame, ¿cuál?” LEONARD: “La Resistencia. Es una organización... secreta, distribuida por todo el mundo. Es la única esperanza para este planeta... Charles, la tiranía que viene será mucho peor de lo que te puedas imaginar. Esa gente no tiene escrúpulos”. CHARLES: “¿Quiénes?” LEONARD: “Las Compañías y su círculo; quieren acabar con todo vestigio de humanidad para poner al mundo bajo sus pies. Quieren esclavizar a la sociedad para arrancarle hasta la última gota de sudor. Ellos han eliminado a Thomas, porque no aceptan ni siquiera sus tímidas reformas. Quieren un control absoluto, sin intermediarios. Henry Solomon es su representante en el poder...” CHARLES: “¿Y la Hermandad?” LEONARD: “Ése es otro asunto. Henry Solomon ha hecho ‘su’ revolución, y ahora la Hermandad ya no le sirve... Ellos también están en peligro. La Sociedad ha utilizado a la Hermandad sólo para desbancar el poder legítimo”. CHARLES: “¿Cómo sabe todo eso?” LEONARD: “Porque yo fui uno de ellos. Lo siento, Charles; yo no esperaba que llegarían tan lejos. Creí que se conformarían con controlar el gobierno, pero no me imaginé que tratarían de arrebatarlo... por la fuerza. Créeme, Charles, todo lo que he hecho, hasta lo más perverso, lo he hecho por patriotismo... pero nunca hubiese matado a tu hermano”.

LEONARD vuelve a tener espasmos. Se retuerce y contorsiona en la butaca. Una mano temblorosa señala una mesa. Con un hilillo de voz dice: “Charles. Ve a la mesa y tráeme ese paquete”. CHARLES lo hace. LEONARD (con el paquete en la mano): “Aquí tienes todo lo que necesitas: documentación falsa, información... He destruido los ficheros que contenían tu antigua identidad... Estás limpio” (se vuelve a retorcer). LEONARD: “Dentro de un momento llegará Roseanne, la amiga de tu madre. Ella es profesora de Historia en la Universidad de Londres, como lo fue tu madre. Los dos os dirigiréis a Barcelona, a desempeñar una misión diplomática de no mucha importancia. Tú desempeñarás oficialmente el papel de un experto en lenguas románicas...” CHARLES: “Pero yo no tengo ni idea sobre ese tema”. LEONARD: “En este paquete está todo lo que necesitas saber, estúdialo. Ella y tú os reuniréis con un agente de confianza, Richard Thompson (un antiguo amigo de Thomas), en el aeródromo de Bridgewater, esta misma noche. Partiréis en una nave oficial. En ella encontraréis todo lo necesario: ropa, dinero, y todo eso... Tenéis el plan de vuelo y todos los papeles en regla... Hasta Barcelona. Después os las tendréis que arreglar solos”. CHARLES: “¿Dónde está ese sitio?”. LEONARD: “A orillas del Mediterráneo. Es una pequeña ciudad rodeada por el desierto. Hay problemas de tipo nacionalista (otra vez). Vuestra misión oficial será elaborar un informe exploratorio de la situación. En el sobre tenéis las señas de vuestro contacto oficial... (otro gesto de dolor). Pero vuestra misión real será poneros en contacto con los ‘padres blancos’, ellos os dirán lo que tenéis que hacer”. CHARLES: “¿Dónde los encontraremos?” LEONARD: “En una montaña, un lugar sagrado y remoto, rodeado de desiertos... Viven en las cuevas, según creo. No sé más. Recuérdalo, vais en misión oficial hasta Barcelona. Después... depende de vosotros”.

En ese momento cae desmayado. Charles comprueba, por el pulso, que todavía vive. Entonces llama al MAYORDOMO. ÉSTE se ocupa de LEONARD y CHARLES va, con el paquete, al hall de entrada. Se sienta en una silla y abre el paquete. En él encuentra, además de documentación falsa, algunos informes confidenciales sobre la situación en Barcelona, y algunos fundamentos sobre las lenguas que, remotamente, se hablaban en esa ciudad (catalán y castellano). En ese momento llaman a la puerta. Es ROSEANNE. CHARLES abre y se presenta. CHARLES: “Hola, soy Charles Cavite, hijo de Linda. Nos conocemos, ¿recuerda?” ROSEANNE: “Sí, por supuesto. ¿Qué hace usted aquí?” CHARLES: “Exactamente lo mismo que usted”. En ese momento, el MAYORDOMO, muy afligido, dice que LEONARD ha muerto. CHARLES, indiferente, dice: “Entonces no tenemos nada más que hacer aquí”. Le da la mano al MAYORDOMO y dice: “Le acompaño en el sentimiento”.

 

Fuera de la casa. CHARLES: “Iremos en mi coche”. ROSEANNE: “Pero, ¿y el mío?”. CHARLES: “Deme su llave. Se la daré al mayordomo”. ROSEANNE es reticente. CHARLES: “Vamos, no hay tiempo que perder”. ROSEANNE se la da. Entonces CHARLES vuelve a la casa. CHARLES (dirigiéndose al MAYORDOMO): “Le aconsejo que desaparezca de aquí esta misma noche. Coja el coche de mi amiga (aquí tiene sus llaves), y todo el dinero que pueda conseguir, y vaya lo más lejos posible de esta casa”. El MAYORDOMO asiente compungido. CHARLES se despide y vuelve al coche. Por el camino CHARLES le explica a ROSEANNE lo que le ha dicho LEONARD. ROSEANNE: “Me imagino que será muy duro para usted: en una noche ha perdido a su hermano y a su padre”. CHARLES: “Por lo que a mí respecta, sólo he perdido a mi hermano”. ROSEANNE: “De todos modos, es triste una muerte así, solo, y sin amor...” (se emociona). CHARLES: “Señora, está hablando del asesino de mi madre”. ROSEANNE se calla. No vuelven a hablar durante el trayecto hasta el aeródromo.

 

Cuando llegan, atraviesan el puesto de control. Enseñan la documentación falsa y entran en una explanada, enfrente del hangar principal. Aparcan el coche y, con el paquete, se dirigen a un propulsor a punto para despegar. En la escalerilla les espera RICHARD THOMPSON. Éste les saluda y todos se dirigen al interior del aparato. RICHARD coge los mandos y despega.

 

Mientras que el propulsor está en vuelo, con el piloto automático conduciendo el aparato a su lugar de destino, RICHARD se explica: “Yo fui compañero de Thomas cuando él trabajaba en la Compañía Servilogic. Mi labor real era, por supuesto, controlarle y vigilarle; pero sentía un auténtico aprecio por él. En realidad, lo consideraba mi auténtico amigo... extraoficialmente, por supuesto. Me supo muy mal que rompiera su amistad conmigo después de descubrir la verdad sobre mí. Ahora soy un lobo solitario, como ustedes dos... supongo (ellos hacen un gesto de asentimiento con la cabeza). Recientemente mi mujer me ha abandonado (con una sonrisa en la boca): estaba harta de mis infidelidades... Por eso he aceptado esta misión. Necesito ponerle un poco de emoción a mi mustia vida”. CHARLES: “Supongo que tendrá algún otro motivo”. RICHARD: “Claro, claro: a mí tampoco me gustan esos tipos de la Sociedad. Sólo verlos me producen escalofríos. Son... siniestros”. CHARLES: “Leonard también lo era”. RICHARD: “Es diferente. Él trabajaba para ellos... pero su misión real era controlarlos. Por desgracia, se les ha escapado de las manos. Son demasiado listos. Créame, él pretendía proteger a su hermano... Pero ellos se le han adelantado”. CHARLES: “Estoy confuso... Es todo demasiado complicado para mí. ¿Me quiere decir que mi hermano era sólo una marioneta, que no tenía un poder real?” RICHARD: “En cierto modo lo que usted dice es cierto... Cuando ha pretendido tomar iniciativas por sí sólo, cuando se ha salido del guión, lo han eliminado. Ahora nadie les puede controlar... y aún menos Leonard, por supuesto”.

ROSEANNE: “Explíquenos algo sobre nuestra misión, la oficial y la extraoficial”. RICHARD: “Comenzaré por la primera. Recientemente se han producido unos enfrentamientos de tipo nacionalista entre dos comunidades, la que tiene origen castellano y la que tiene origen catalán. Ambas lenguas se han perdido, pero el proyecto de recuperarlas en las escuelas enfrenta a ambas comunidades en torno a cuál de ellas ha de ser la hegemónica. La autoridad central no ve con agrado la idea de introducir ambas en la misma región, por lo cual la cosa se complica. Su misión oficial consistirá en recabar información y facilitársela a las autoridades, de cara a elegir cuál de las dos lenguas será la que finalmente se introduzca en la zona”. ROSEANNE: “¿Tiene alguna idea de cuál era mayoritaria antes de su desaparición?” RICHARD: “Según mis informes, una lengua llamada catalán; pero en la zona vive una importante minoría de origen castellano, que no acepta que le impongan esa lengua”. ROSEANNE: “Por lo visto este problema no tiene solución”. RICHARD: “No, no la tiene. Y como saben, en realidad, tampoco es de nuestra incumbencia. Sin embargo, afortunadamente, además de darnos cobertura oficial, nos facilita el trabajo. Y ahora paso a hablarles de nuestra misión extraoficial: hay una comunidad religiosa, los ‘padres blancos’, que habita en mitad del desierto, en una montaña (que llaman la ‘Montaña Sagrada’), situada a unos sesenta kilómetros de Barcelona. Se da la afortunada coincidencia de que es el último reducto donde el catalán pervive como lengua hablada, y al mismo tiempo, según nuestros informes, es un importante centro de coordinación de la Resistencia en este lado del Atlántico. Nuestra misión será ponernos en contacto con esa comunidad, amparándonos en nuestra misión oficial. Ellos nos indicarán qué hacer después”. CHARLES: “¿Cómo espera que nos faciliten información?” RICHARD: “Eso déjenlo de mi cuenta. Miren, ya estamos llegando”.

En la imagen aparece una ciudad costera, rodeada de desiertos arenosos, y un mar de un azul intenso. Al fondo, en la lejanía, ven una montaña con unas formas caprichosas y fantasmagóricas. Entre medio, observan remolinos que aparentan ser tormentas de arena. RICHARD: “Miren, aquella montaña es la ‘Montaña Sagrada’. Creo que lo más difícil será llegar a ella: no hay carreteras, ni caminos, ni fuentes. El calor es horroroso, y las tormentas de arena temibles. Barcelona está resguardada de ellas porque está rodeada de montañas. La única agua de que disponen es la que desalinizan del mar. Por lo demás, es un villorrio pestilente”.

 

Aterrizan en el aeródromo. Allí les espera el delegado del Gobierno Universal, vestido elegantemente. Los tres salen del aparato con sus maletas y se introducen, con el delegado, en una especie de furgoneta. Fuera hace un calor intenso (más de cuarenta grados). La estrecha carretera, llena de baches, atraviesa un paisaje desolado, arenoso, árido. Las montañas cercanas están carcomidas por las cárcavas. La llanura litoral (el antiguo delta del Llobregat) ha desaparecido, y la línea costera se ha aproximado a las montañas de la cordillera litoral. En ella se desparraman algunos oasis regados con el agua del mar. La ciudad consiste en algunas concentraciones de casuchas con calles sin asfaltar. Por todos lados hay ruinas de antiguas construcciones (entre ellas, en mitad de una isla rodeada por el mar, un antiguo estadio olímpico). Más allá está el puerto. Curiosamente, de entre medio del agua surge una columna metálica, encima de la cual se yergue la estatua de un individuo vestido de forma extraña, que apunta hacia algún lugar situado al Este. Más allá, las torres hexagonales de una antigua iglesia se elevan, como un espectro, desde la superficie del mar.

 

El DELEGADO DEL GOBIERNO les deja en su alojamiento, en un hotel situado en el centro de la ciudad. DELEGADO: “Bueno, espero que su estancia en esta ciudad sea lo más confortable posible. Su primera cita tendrá lugar a las doce del mediodía, en la sede de la delegación del Gobierno. Hasta entonces, que descansen”. CHARLES: “Muchas gracias, señor”. El DELEGADO marcha y los tres se quedan solos. RICHARD y ROSEANNE van a sus respectivas habitaciones, a descansar. CHARLES se tumba en la cama de su habitación. Durante unos instantes reflexiona, y seguidamente comienza a repasar los papeles para preparar la reunión del mediodía.

 

En la delegación del Gobierno. Están CHARLES, ROSEANNE, el DELEGADO, y los REPRESENTANTES de las dos comunidades en conflicto. REPRESENTANTE CATALÁN: “Con su venia, hago saber a los ilustres representantes del Gobierno Universal, que este territorio, desde hace 1300 años, ha sido habitado por un pueblo con una cultura y una tradición tan o más antigua que la que representa este señor (haciendo referencia al REPRESENTANTE CASTELLANO). No es justo que en estos momentos, en que se trata de recuperar las tradiciones del pasado, se nos imponga una lengua extranjera, de un pueblo que ocupó nuestra patria hace más de 500 años, por la fuerza bruta...” REPRESENTANTE CASTELLANO: “Señores representantes del Gobierno Universal. Este individuo les pretende impresionar con lecciones de Historia sin tener en cuenta que la mitad de la población en este territorio no quiere que se le imponga una lengua que no es la suya. Por supuesto, no vemos mal que quienes quieran aprenderla lo hagan. Pero permítannos aprender a nosotros nuestra propia lengua...” REPRESENTANTE CATALÁN: “¡Claro, y legitimar una ocupación de hecho por parte de elementos extraños a nuestra cultura: una sola nación requiere una sola lengua, y a quien no le guste que se vaya!” REPRESENTANTE CASTELLANO: “¡Olvida, señor..., que el sudor de esos ‘ocupantes’ levantó este país...!” REPRESENTANTE CATALÁN: “¡Y son ellos los que nos vendieron al Gobierno Universal, los que destruyeron ‘nuestra’ cultura!” REPRESENTANTE CASTELLANO: “¿Traidores nosotros...? ¡Ustedes son los traidores, los representantes del imperialismo de Ottawa. Ustedes entregaron el país por un plato de lentejas...!”

Entonces se inicia un forcejeo que amenaza con llegar a las manos. ROSEANNE trata de mediar: “Señores, calma, por favor. Seamos civilizados. Veo que ambas comunidades tienen argumentos convincentes. Se trata simplemente de pensar que en realidad todos ustedes forman un único pueblo, un país unido en lo esencial... ¿Por qué no tratan de convivir armoniosamente? El Gobierno Universal no pretendió recuperar las lenguas para volver a los conflictos de la época oscura. ¿No es posible alcanzar un compromiso válido para todos?” REPRESENTANTE CASTELLANO: “¿Compromisos? ¿Se le ocurre alguno?” BÁRBARA (dubitativa): “Bueno, por ejemplo, que el órgano competente de la enseñanza en catalán tenga sede aquí, y que el órgano competente del castellano sea una subdelegación de Madrid. ¿No sería una solución satisfactoria para todos?” El REPRESENTANTE CATALÁN se levanta: “¡En absoluto! ¿Y legitimar la infame ocupación de nuestra patria por una comunidad extranjera...?” BÁRBARA: “Por supuesto, Barcelona sería la sede de otras zonas de habla catalana”. REPRESENTANTE CATALÁN: “De acuerdo, lo pensaremos. Pero no aseguro nada”. DELEGADO: “Sugiero que nos demos dos o tres días para reflexionar. Mientras tanto, la representación del Gobierno puede continuar su labor poniéndose en contacto con otras entidades y organizaciones de la vida social de este país. Nos veremos el próximo viernes a esta misma hora”. CHARLES: “Sr. delegado, así lo haremos” (hace un guiño a ROSEANNE). Todos se levantan. El REPRESENTANTE CASTELLANO y CATALÁN tratan de salir a la vez por la puerta. Ninguno se decide a cederle el paso al otro. CHARLES llega, los aparta, y pasa entre medio de los dos sin ningún miramiento. ELLOS lo miran atónitos.

 

Mientras tanto, RICHARD está en la calle, buscando algún medio de transporte para ir a la Montaña Sagrada. CIUDADANO: “Yo no conozco ninguna manera de llegar allí, como no sea a pie. Y eso con dificultades... Las tormentas de arena pueden ser mortales, y el calor del desierto es insoportable”. RICHARD: “¿No hay ninguna manera de llegar con un vehículo; en jeep, por ejemplo?” CIUDADANO: “En absoluto: el terreno es demasiado escarpado, y las pistas han desaparecido. Además, entre medio hay dunas; y no hay vehículo que las atraviese...” RICHARD: “¿Y por aire?” CIUDADANO: “No lo creo, señor. Este país es demasiado pobre”. RICHARD: “Muchas gracias” (le da un billete). El CIUDADANO lo recoge agradecido: "No se merecen, señor”.

 

RICHARD llega a un mercado (primitivo) situado en un antiguo cruce de autopistas (Els Encants). Allí hay numerosos campesinos que comercian con precarias mercancías: dátiles, melones, algunas hortalizas... Ve una reata de mulos. RICHARD (a su propietario): “¿Me vendería esos animales?” PROPIETARIO: “No señor, ellos me dan de comer”. RICHARD (le enseña un enorme fajo de billetes): “¿Le parece suficiente?” PROPIETARIO: “Por supuesto; con esto podría comprar hasta un tractor”. RICHARD: “Trato hecho. Ah, antes de nada. ¿Me enseña a montarlos?”

 

CHARLES está en la habitación tratando de dormir, pero no puede. De repente escucha un gran ajetreo procedente del exterior. Se oye el relinchar de los mulos, que están aparcados en la calle, atados a una farola. Un montón de niños, semiharapientos, se arremolinan alrededor, haciendo carantoñas delante de los mulos. RICHARD les dice que los dejen en paz. En fin, hay un guirigay de cuidado. CHARLES se asoma por la ventana y, riendo, ve toda esta escena. RICHARD está montado (precariamente) en uno de los mulos. Estos están cargados con unos arreos con comida y agua. RICHARD: “¡Ea, Charles, prepárate, que nos vamos!” CHARLES: “¿Qué, cómo, cuándo?” RICHARD: “¡Ahora!” ROSEANNE se asoma desde otra ventana, y dice: “Vamos, Charles, no hay tiempo que perder”.

 

CHARLES, RICHARD y ROSEANNE están montados, cada uno, en un mulo. Los tres están unidos por una cuerda. Los mulos van, a paso lánguido, por medio de una ancha avenida por la que no pasan coches. Luego toman la salida del antiguo río Llobregat, y atraviesan campos precarios de secano, y algunos huertos. Un poco más allá el terreno es completamente estéril.

 

RICHARD: “Quién me iba a decir a mí que acabaría conduciendo una caravana en el desierto”. BÁRBARA (en tono divertido): “El futuro es un libro con páginas en blanco”. De repente, se escucha un ¡Ah! que proviene del mulo de CHARLES: éste está cabeza abajo, colgando de la silla del mulo, que sigue caminando imperturbablemente (se le había roto una correa, y la silla se había puesto del revés). Todos ríen, menos CHARLES: “¡Sacadme de aquí!”

 

A medio camino, es noche cerrada. Deciden acampar. Hace mucho frío, pero no tienen nada con lo que hacer un fuego. RICHARD: “Si no hacemos algo rápido nos moriremos de frío”. CHARLES: “Ya podrías haber pensado en eso, ¿no, caravanero de pacotilla?” ROSEANNE: “Tengo una idea: podemos bailar”. Entonces se pone a bailar algo parecido un fox-trot, con una botella de ginebra en la mano, a la que le pega algunos lengüetazos. Divertidos, los otros dos la imitan.

 

Al día siguiente, despiertan derrengados. Los tres están abrazados, para darse calor, y tienen una considerable resaca. RICHARD es el primero que se despierta. Mira el horizonte, y sólo ve una considerable extensión de dunas; en el otro lado lo mismo. Pero los mulos no están. Entonces se pone en pie: “¡Los mulos, se han escapado!” Los otros dos se despiertan de pronto, confusos y abotargados. CHARLES: “¿Mulos, qué mulos? ¡Ah! ¡Los mulos! (Se da palmadas en la cara como un loco) ¿Y ahora qué haremos?”. ROSEANNE no contesta; recoge el macuto con los documentos y comienza a andar. Los otros dos hacen lo mismo.

 

Son las doce del mediodía. Han recorrido 15 kilómetros, pero faltan 15 más para llegar a la montaña. La temperatura es de 52 grados a la sombra (pero no hay ninguna sombra a la vista). Los tres están completamente agotados. CHARLES se tira en la arena, y RICHARD trata de levantarlo. ROSEANNE (que tiene 67 años) sigue adelante. CHARLES: “No puedo más; dejadme aquí, ya no puedo más... Tengo sed, mucha sed”. ROSEANNE vuelve atrás y le da un poco de agua. Entonces se quita el macuto, le saca la estructura de aluminio, la clava en la arena, y le pone a su alrededor una pieza de tela. Coloca la cabeza de CHARLES debajo de la zona de sombra creada por esa precaria pantalla, y le dice a RICHARD: “Tú quédate aquí con él. Yo vendré con ayuda antes del anochecer... Y procura que no te dé demasiado el sol”. RICHARD la mira con cara de disgusto: “Será graciosa la bruja...”

 

ROSEANNE, a duras penas, llega a la montaña cuatro horas después. En la falda de la montaña ve algunos huertos, y una fuente. Entonces empieza a beber frenéticamente. Un campesino la ve y le dice: “¡No, espere!” Viene corriendo y la encuentra encorbada en la fuente, con las manos haciendo cuenco para beber agua. CAMPESINO: “No beba más. En su estado el agua fría la matará”. ROSEANNE: “No se preocupe por mí, estoy bien. Pero he dejado a dos compañeros en mal estado, a unos 15 kilómetros de aquí”. El CAMPESINO le dice: “Espere un momento, iré por ayuda”. Entonces marcha corriendo (viste un traje de beduino y calza unas babuchas).

 

En ese momento RICHARD está al lado del cuerpo exangüe de CHARLES. RICHARD se ha ingeniado un precario gorro con un pañuelo anudado por las cuatro esquinas, y está abanicándose como puede con algunos papeles del macuto. De repente ve a un escorpión paseándose por el torso (desnudo hasta la cintura) de CHARLES. RICHARD: “Charles, no te despiertes; hazme este favor”. RICHARD no sabe qué hacer: si lo echa lejos (con los papeles) puede cometer un error... fatal. Decide esperar. Finalmente, el escorpión baja por el costado y, sin tocar el brazo derecho (CHARLES tiene los brazos en cruz) marcha lejos. RICHARD suspira aliviado.

 

ROSEANNE, el CAMPESINO y un MONJE (los tres con sombrero de ala ancha) están montados en tres mulos. Detrás tienen atados dos caballos, para RICHARD y CHARLES. CAMPESINO: “Habrá que darse prisa: se aproxima una tempestad”. A lo lejos ven un enorme remolino de arena que se aproxima a toda velocidad. ROSEANNE: “Si no llegamos pronto a donde están, nunca los encontraremos”.

 

Finalmente los localizan, pero en ese momento tienen la tempestad encima. CHARLES está mal: deshidratado y con fiebre. RICHARD está mejor. El MONJE, que tenía conocimientos de medicina, atiende a CHARLES. En el preciso momento en que pasa la tempestad, se cubren con una enorme y pesada lona, para protegerse. Más allá, los caballos relinchan asustados. Tras media hora, la tempestad amaina. Deciden pasar la noche allí.

 

Al día siguiente, por la mañana, se ve llegar, en la falda de la montaña, a la triste caravana. Está compuesta por los mulos de ROSEANNE, RICHARD y el MONJE, que marchan montados, y por CHARLES, que está reclinado, inconsciente, sobre su caballo. El CAMPESINO va de pie, al lado de CHARLES, para cuidar de que éste no caiga (el último caballo va detrás, sin ocupante). El ABAD de la comunidad de los padres blancos los espera inquieto.

 

El ABAD acompaña a RICHARD y a ROSEANNE a la enfermería (CHARLES es transportado en unas esterillas por el MONJE y el CAMPESINO). ABAD: “Deberían haberse puesto un sombrero; es indispensable para atravesar este desierto”. ROSEANNE mira a RICHARD, y éste, encogiéndose de hombros, dice: “Un simple descuido de intendencia...”

 

La comitiva atraviesa unas cavernas situadas en la falda de la montaña, acondicionadas al efecto para la vida de la comunidad. Su interior está iluminado discretamente por unas luces difusas, proveniente de paneles luminosos colocados en las paredes. RICHARD: “¿Cómo obtienen la energía?. ABAD (lacónicamente): “Placas solares”. Al final llegan a la enfermería y dejan allí a CHARLES. MONJE: “No se preocupen, dentro de poco se encontrará bien; basta con que duerma unas cuantas horas”. El ABAD les dice: “Acompáñenme, por favor”. ÉSTE les conduce por otra ala de las cuevas, hasta una hilera de celdas, austeras pero confortables. ABAD: “De momento pueden utilizar estas celdas desocupadas”. RICHARD: “Muchas gracias por todo...” Antes de acabar la frase el ABAD ya había marchado.

 

Varias horas después el ABAD despierta a RICHARD y a ROSEANNE. Estos se visten y salen fuera de sus celdas. ABAD: “Si quieren bañarse, antes de cenar, acompáñenme, por favor”. El ABAD los conduce a una enorme sala, iluminada difusamente, con una pequeña cascada y un gran estanque en medio. RICHARD: “Esto es muy hermoso”. ROSEANNE (dirigiéndose al ABAD): “Si no le parece mal, yo esperaré a que acabe mi... compañero”. ABAD: “Claro, claro. Acompáñeme, por favor, mientras tanto”. El ABAD conduce a ROSEANNE a la enfermería. CHARLES está despierto, y recuperado. CHARLES: “Roseanne, qué alegría. Por un momento llegué a pensar que no salíamos de ésta”. ROSEANNE: “Me alegro de que ya te encuentres bien. ¿Puedes levantarte?” El MONJE hace un gesto de aprobación. CHARLES: “¿Dónde estamos?” ROSEANNE: “En unas cuevas: vístete y las verás”. CHARLES se viste y sale de la sala, con ROSEANNE. ÉSTA le pide al ABAD que los vuelva a conducir al estanque (para no perderse). Cuando están allí, ven a RICHARD vestido con un hábito de monje, recostado en una pared. RICHARD: “Esto es vida. Nunca me había sentido tan bien...” (en tono de broma) “física y espiritualmente”. CHARLES y ROSEANNE ríen, aunque el ABAD pone una cara larga. ABAD: “Cuando hayan acabado de bañarse, les espero en el refectorio”. RICHARD: “Refec... ¿qué?” ROSEANNE: “Es el comedor, Richard”. RICHARD: “Ahh”.

 

En el refectorio. Son aproximadamente las siete de la tarde. Se trata de otra enorme sala acondicionada al efecto como comedor. Hay una mesa grande para los monjes y un púlpito para el lector. CHARLES, RICHARD y ROSEANNE, vestidos con hábitos de monje, están acompañados por el ABAD. Han acabado de cenar. ABAD: “¿Y bien, a qué se debe su... accidentada visita a nuestro monasterio? En muy pocas ocasiones tenemos invitados. Hay que tener razones muy poderosas para atravesar este desierto”. CHARLES pretende hablar pero RICHARD le corta. RICHARD: “Reverendo Abad, sabemos que ‘el fruto está maduro’”. Al ABAD se le ilumina la cara; entusiasmado, se levanta, abraza a CHARLES, RICHARD y ROSEANNE, y casi llora de alegría. ABAD: “Bienvenidos, queridos hermanos. Es la primera vez que os veo personalmente, en carne y hueso; generalmente mi contacto con vosotros es a través de las ondas... Porque vosotros...” RICHARD: “Somos de la Resistencia, célula de Londres. Nuestro servicio de inteligencia ha captado su mensaje. Estamos a su disposición”. El ABAD les dice: “Bien, bien, ya es tarde. Ahora id a dormir y por la mañana temprano hablaremos”. Los conduce a sus celdas mientras se frota las manos.

 

A la mañana siguiente, el ABAD les conduce por una galería que desemboca en un estrecho pasadizo. Luego recorren a gatas unos 25 metros y llegan a una enorme sala, de la que parten al menos diez corredores. Se introducen por uno de ellos y llegan a otra sala, con una enorme sima en medio (CHARLES está a punto de caer en ella). El ABAD silba, y desde abajo sube un aparato articulado que se para automáticamente al llegar a su nivel. El ABAD vuelve a silbar y la plataforma articulada les deja en otra galería, que lleva a otra sala. Vuelven a coger otro corredor (entre otros muchos), y finalmente llegan al centro de comunicaciones de la comunidad, protegido por una pantalla opaca contra los detectores remotos. CHARLES: “Esto es un auténtico laberinto: si no sabes dónde vas, es imposible encontrar este lugar”. ABAD: “Toda seguridad es poca”. La sala está ocupada por una enorme cantidad de ordenadores y aparatos electrónicos. Tiene una estación de radiotransmisión y un estudio de televisión. Hay varios monjes, con auriculares, a cargo de esos aparatos. ABAD: “Éste es nuestro centro de comunicaciones, que está en contacto con todas las células de la Resistencia. Desde aquí hemos difundido la señal”. RICHARD: “Que nosotros hemos captado... ¿Pero, cuál es específicamente nuestra misión?”

ABAD: “Vosotros sabéis tan bien como yo que el Presidente del Gobierno Universal ha sido asesinado por los esbirros de la Sociedad. Vuestra misión será probar que efectivamente se ha cometido un asesinato, y desenmascarar a los asesinos. Es por ello que ‘el fruto está maduro’”. CHARLES: “Pero bueno, ¿por qué estamos aquí; por qué no ir directamente a Ottawa?”. El ABAD abre una caja fuerte y le da una cajita a CHARLES: “Debéis entregar esta caja a nuestra gente en Ottawa”. RICHARD: “¿Qué hay dentro?”. ABAD: “Eso lo sabréis en su momento”. RICHARD: “Top secret, ¿no?” ABAD: “En efecto, es muy importante que el contenido de esta caja llegue indemne a su destinatario”. RICHARD: “¿Y quién es el destinatario?” ABAD: “Él os lo hará saber en el momento oportuno”. RICHARD: “Ya”.

ABAD: “Esta vez la Sociedad ha cometido un error. Si conseguimos obtener pruebas concluyentes que demuestren su implicación en este terrible asesinato... será posible arrastrar al pueblo en nuestra lucha por la libertad”. RICHARD: “¿Cómo sabe que nosotros no somos agentes de la Sociedad...?” ABAD: “Este señor (refiriéndose a CHARLES) es el hermano del Presidente, ¿no es cierto?” CHARLES: “En efecto, ¿cómo lo ha sabido?” ABAD: “Leonard Cavite nos comunicó su llegada”. RICHARD: “¿Cómo, tenía su código?” ABAD: “Leonard fue nuestro contacto en la Sociedad; en realidad era... un agente doble”. CHARLES: “Él... ¿trabajaba para la Resistencia?” ABAD: “Sin él la Resistencia habría sido desarticulada hace mucho tiempo. Él ha salvado muchas vidas, y créame, corría un grave riesgo... Siento mucho su muerte. Los demócratas de este planeta le debemos mucho”. CHARLES queda impactado por el shock emocional. ROSEANNE lo mira: “¿Te encuentras bien?” CHARLES: “Sí, sí, estoy bien. Simplemente es que... estoy confuso”.

 

ABAD: “Comprendo que Charles Cavite debe estar pasando un mal momento. Pero aún os debo enseñar otra cosa”. Los cuatro vuelven a desandar el camino, y llegan a la falda de la montaña. ABAD: “Os advierto que el camino es largo”. Entonces empiezan a subir por un sendero sinuoso hasta el nivel del antiguo monasterio, completamente destruido (desde allí, al otro lado de la montaña, se vislumbra una considerable extensión de verdes campos, primorosamente cultivados). Después les conduce por entre medio de las ruinas, hasta un antiguo claustro. Allí hay al menos 50 MONJES rezando y desfilando en círculo alrededor de un olivo. El ABAD les dice en catalán: “Pareu, descanseu. El Senyor us disculparà per uns minuts”. Los MONJES se retiran.

ABAD (muy cerca del olivo): “Mirad esto”. El ABAD les muestra un pequeño brote verde que sale de un olivo completamente seco, aparentemente muerto. ABAD: “Este olivo estaba muerto desde hace más de doscientos cincuenta años. Y justo ahora, en este momento, ha rebrotado. ¿No es maravilloso?” RICHAD, CHARLES y ROSEANNE se miran perplejos. ROSEANNE: “¿Usted cómo lo interpreta?” ABAD (elevando los brazos al cielo): “Es una señal... mi corazón me lo dice. Es mucho más que una casualidad: ¡es un milagro!”. CHARLES: “Me permitirá que sea un poco escéptico sobre sus creencias. Pero, ¿cómo está tan seguro de que se trata de un milagro?”

ABAD: “Hace 250 años este olivo era ya milenario. Al inicio de la época oscura, la guerra, la desertización y el hambre produjo la muerte de todos los monjes del monasterio. En ese preciso momento el olivo se secó. Desde hace unos cien años, cuando este monasterio fue refundado (ésta vez en las cuevas), nuestra comunidad ha estado rogando, en torno a este olivo, por el alivio de los males del planeta, por el perdón de nuestros pecados... En fin, esperábamos una señal: una rama del olivo verdecida, como en la cima del monte Ararat, después del Diluvio. Y este momento ha llegado. Vosotros sois la primera llama de esperanza en este mundo de tinieblas. Tened fe, hermanos, porque al final la verdad triunfará...” 

Súbitamente, el ABAD recompone su antigua compostura. ABAD: “Venid conmigo” (hace señal a los monjes de que continúen rezando). RICHARD: “¿Es por ello que las celdas están vacías?” ABAD: “Sí, los hermanos pasan el día aquí, rogando a Dios por la salvación de este mundo”. ROSEANNE: “Y... los campos, ¿quién los cultiva?” ABAD (la mira con cara de extrañeza): “Los campesinos, por supuesto”. Los cuatro descienden en silencio hasta la falda de la montaña.

 

Vuelven a estar en el refectorio. ABAD: “Os explicaré el plan de huida. De momento permaneceréis aquí. Mañana, a las doce de la noche, los monjes del monasterio iniciaremos una solemne procesión hasta la catedral de Barcelona, para consagrar este brote el domingo por la mañana. Vosotros vendréis con nosotros, camuflados, y en la confusión del momento (habrá miles de personas en la catedral y en los alrededores), desapareceréis entre la muchedumbre”. RICHARD: “¿Qué día es hoy?” ABAD: “Viernes”. RICHARD: “Entonces ya nos habrán dado por desaparecidos: nos estarán buscando o nos habrán tomado por unos impostores. En cualquier caso, tendrán la nave controlada”. CHARLES: “¿Cómo llegaremos a Ottawa, entonces?” ROSEANNE: “Ya pensaremos algo; mientras tanto, disfrutemos de estos momentos de paz”. ABAD: “Por cierto, antes de que se me olvide, recordad que la hoja de un olivo ‘siempre es verde’” Los tres lo miran con extrañeza. RICHARD: “¿Cómo contactaremos con la célula de Ottawa?” ABAD: “No os preocupéis: ellos llegarán a vosotros”.

 

Ottawa, sede central del Gobierno. HENRY SOLOMON está reunido con las fuerzas de Seguridad. HENRY: “¿Qué hay del comisario Leonard Cavite? ¿Se sabe algo de él?” OFICIAL DE ALTA GRADUACIÓN: “Sí señor, ha sido encontrado muerto (por envenenamiento) en su domicilio”. HENRY: “Tenía que haberlo supuesto: Leonard era un hombre fiel, pero no toleraría la muerte de su propio hijo... ¿Qué ha dicho el mayordomo?” OFICIAL: “Ha desaparecido, señor”. HENRY: “Humm. Habrá que contemplar todas las posibilidades: ¿Han tenido noticias de Charles, el hermano de Thomas?” OFICIAL: “No, señor. También ha desaparecido”. HENRY: “¿Han captado alguna maniobra extraña desde la muerte de Leonard; por ejemplo, la desaparición de algún agente, de alguna nave, o algo parecido?” OFICIAL: “De hecho sí. Pocas horas después de la muerte de Leonard (el momento preciso lo conocemos a partir del análisis de la autopsia), el agente Richard Thompson partió en una misión oficial (prevista desde hace algunas semanas), con destino a Barcelona. Con él iban dos representantes oficiales, debidamente acreditados... Pero... hace unos momentos nos han informado de que no se han presentado a una cita concertada hace algunas horas. No se ha vuelto a saber nada de ellos”. HENRY: “Habrá que estar pendiente de este asunto. ¿Llegaron a esa ciudad con una nave oficial?” OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Colóquenle dispositivos de rastreo”. OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Y asígnele una nave de seguimiento. Tal vez ellos nos conduzcan al núcleo duro de la Resistencia”. OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “¡Ah!, por cierto. Bajo ninguna circunstancia... ¡no les pierdan de vista! Y si tratan de escapar, destruyan la nave. Si los otros dos tripulantes son quienes imagino que son, en ningún caso debemos perder su rastro. ¿Entendido?” OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Bien, ya puede retirarse”. OFICIAL: “Muchas gracias, señor”.

 

Por la noche, en el monasterio. CHARLES está tumbado en la cama, mirando al techo. De repente entra RICHARD y se sienta a su lado. Le pone la mano en el hombro y le dice: “Oye, Charles, no debes torturarte. Me imagino lo que debes estar sintiendo, pero no tienes que dejarte arrastrar... por las malas pasiones. No odies a tu padre..., ya has visto que...” (en ese momento no sabe como continuar). CHARLES (a duras penas aguantándose las lágrimas): “Él mató a mi madre. Es lo único que me importa. Me trae sin cuidado que lo hiciera con las mejores intenciones, o que salvara a gente inocente... Él es el asesino de mi madre; y en cierto modo el cómplice de la muerte de mi hermano”. RICHARD: “Charles, lo que dices no es justo. Mira, a su manera, él también murió por la defensa de sus ideas, como tu madre y tu hermano. Los tres se han comportado muy valerosamente... Has de pensar que cualquier otro, en su lugar, hubiese hecho lo mismo que él...; era su deber. Pero al menos, él actuaba (cruelmente si quieres) en defensa de un ideal..., que ha resultado ser el de la libertad. Entiéndelo, si él no hubiese hecho lo que hizo, todo aquello por lo que lucharon tu madre y tu hermano... sería una quimera”. CHARLES: “¡No lo sé, no lo sé! ¡Estoy tan confuso!” RICHARD: “Charles, tu padre vivió y murió solo, sin amor, sin cariño, sin calor. Pero estoy seguro de que él os quería: a ti, a Thomas, y a Linda; a su manera, pero os quería. Y él lo ha sacrificado todo en defensa de su ideal. Por favor, no manches su memoria ahora que está muerto”. Entonces va a la puerta y desde ella le dice: “Con el tiempo lo comprenderás, supongo”. Cierra, y CHARLES se tapa la cara con las manos.

 

Al día siguiente, a medianoche, todo está listo para partir. Los cincuenta monjes del monasterio, el ABAD, y nuestros tres amigos, montan sus caballos. El ABAD da la orden de partida y la comitiva comienza su recorrido hacia Barcelona. La escena es emocionante: todos los participantes llevan en la mano una antorcha. Todos los hermanos del monasterio están cantando música religiosa (canto gregoriano). CHARLES, RICHARD y ROSEANNE también visten un hábito de monje. Ellos también portan una antorcha encendida.

 

Ya en las primeras horas del alba, la comitiva está a punto de alcanzar Barcelona. Los vecinos los esperan emocionados, arremolinados a lo largo de la vía de acceso a la ciudad (a lo lejos se oye un sonido de fondo que corresponde a los cánticos de los monjes; también se ve un reguero de antorchas encendidas que parpadean en la oscuridad). Cuando llegan a la ciudad, los vecinos los reciben con aleluyas, agitando ramas de palmera y arrojándoles pétalos de flores. Hay una gran algarabía en las calles, hasta la llegada a la catedral (nuestros tres amigos observan un importante control policial, tanto en las calles como en el entorno de la catedral).

 

Ya en la catedral, nuestros amigos continúan en la comitiva, instalándose en el coro, con el resto de monjes. El ABAD inicia la ceremonia de consagración de la rama de olivo. La catedral está repleta, y hay policías por todos lados. Cuando acaba la ceremonia, todos los monjes (incluyendo nuestros amigos) besan por turno la rama de olivo. Después se dirigen, también en orden, al claustro. Allí los monjes comienzan a cantar. El ABAD se dirige a nuestros amigos y les señala la entrada de una sala lateral. Nuestros amigos se cambian con ropa civil. ABAD (dirigiéndose a CHARLES): “Te doy esta hojita de olivo. Guárdala como si de una preciada joya se tratara... Y recuerda que la hoja de olivo ‘es siempre verde’”. CHARLES: “Gracias, reverendo”. Los otros dos se despiden también y luego, los tres, vuelven a la catedral, mezclándose con el gentío.

 

Una vez fuera de la catedral, nuestros amigos se introducen en la riada humana que se dirige a los suburbios (la ciudad es tan pequeña que el transporte público prácticamente es inexistente). CHARLES: “¿Y ahora qué hacemos?”. RICHARD: “Ante todo tenemos que llegar a la nave”. ROSEANNE: “Pero debe estar vigilada, si es que sigue en su sitio”. RICHARD (escéptico): “Ya veremos”. Una vez en las afueras (ya había disminuido el flujo de gente) ven llegar un carro lleno de hortalizas, arrastrado por un famélico caballo. RICHARD: “Le compramos todas las lechugas”. HOMBRE DEL CARRO: “¿Cómo dice?” RICHARD: “Lo que oye” (le enseña un fajo de billetes). HOMBRE DEL CARRO: “Hombre, por ese precio, le vendo hasta el carro”. CHARLES: “Y el caballo...” HOMBRE DEL CARRO: “Psch, tanto como el caballo”. RICHARD le da otro fajo de billetes. HOMBRE DEL CARRO: “Eso me gusta más”. RICHARD: “Adelante, entonces: vosotros, al carro” (dirigiéndose a CHARLES y a ROSEANNE). ÉL se sube al sillín y le da un latigazo al caballo. Éste se rebota y en lugar de ir para adelante va marcha atrás. Este movimiento brusco hace caer a CHARLES y a ROSEANNE al suelo, y sobre ellos caen parte de las lechugas. Entonces el gentío se abalanza sobre ellos para coger las lechugas (se forma un remolino). CHARLES y ROSEANNE salen como pueden del barullo y se montan en el carro, que ya está en marcha. El HOMBRE DEL CARRO se queda de pie, contando su dinero.

 

Ya están en las proximidades del aeródromo. Éste está rodeado por alambradas electrificadas, y hay un abundante contingente de policías vigilando. Ellos están escondidos detrás del carro. RICHARD: “Allí está nuestra nave. Ahora el problema será llegar hasta ella”. ROSEANNE: “Sugiero que esperemos a la noche: hoy no habrá luna”. CHARLES: “Claro, y nos escondemos en la copa de un pino, ¿no?” (la cámara capta una superficie totalmente desnuda de vegetación). RICHARD: “Tengo una idea. Aún quedan unas cuantas lechugas, ¿no?” Comprueban que el carro está medio lleno.

 

El carro se dirige a la puerta del aeródromo (CHARLES y ROSEANNE están ocultos debajo de una montaña de lechugas). RICHARD se ha quitado la correa, se ha descordado los zapatos, y se ha arremangado la camisa para parecer un campesino (además, tiene una pajita entre los dientes, y se ha colocado en la cabeza el pañuelo anudado en las esquinas: parece un auténtico paleto). El POLICÍA de la entrada tiene un arma automática, lista para disparar. El carro para en la puerta. RICHARD: “Venía a traer las lechugas que nos habían pedido”. POLICÍA: “¿Lechugas, qué lechugas? Manolo, ¿sabes algo de unas lechugas?” (se lo dice al que estaba en el interior de la caseta) OTRO POLICÍA: “Espera, que preguntaré a intendencia”. El POLICÍA va a mirar al interior del carro. Cuando asoma la cabeza, CHARLES le arrea con un palo. Éste cae desplomado al suelo. CHARLES le arrebata el arma y le arrastra detrás del carro. Mientras tanto RICHARD se ha colado dentro y espera que salga el hombre de la caseta. OTRO POLICÍA: “Qué extraño. Me dicen que no necesitan lechugas para nada. ¿Dónde estás, Bartolo?” RICHARD le golpea en la cabeza y lo mete en la caseta. Le roba el arma.

 

Sigilosamente, se infiltran dentro del aeródromo. Por aquí y por allá ven pasar policías. Delante de su nave hay otros dos policías vigilando (ellos están detrás de unos barriles). RICHARD: “Ahora sí que lo tenemos difícil”. ROSEANNE: “Tenemos que pensar algo rápido, antes de que se den cuenta de lo que ha pasado”. RICHARD: “Como no sea...” Entonces apunta el arma y dispara a los dos policías. Estos caen fulminados. RICHARD: “Lo siento, muchachos. ¡A correr!” Ellos corren a toda velocidad hacia la nave. De todas partes les llegan disparos, que no les alcanzan por poco. Ellos se parapetan detrás de las patas de la nave, y desde allí CHARLES y ROSEANNE siguen disparando, mientras RICHARD trata de abrir la puerta. Las balas silban a su alrededor, y algunas rebotan. Una de las rebotadas hiere ligeramente en un hombro a CHARLES: “¡Ay! Date prisa, condenado”. RICHARD estaba tratando de abrir la puerta con un mando a distancia. RICHARD: “Estamos de mala suerte, la nave está sellada... Sólo queda una opción”. Le pide el arma a ROSEANNE, y desde su posición lanza una andanada de balas al dispositivo de apertura de la nave: al final éste revienta, pero las balas rebotan por todos lados. La rampa baja automáticamente. Cuando la última bala rebotada está en el suelo, ellos suben impetuosamente dentro de la nave (una bala se lleva media oreja de RICHARD).

 

Una vez dentro bloquean la puerta con el dispositivo manual, y se apresuran a ir a los mandos. Se abrochan los cinturones mientras las balas impactan en el casco sin cesar. RICHARD: “Tranquilo, muchachos. Este casco aguanta más de lo que parece”. En ese preciso momento la nave se desploma por un costado. Todos quedan aturdidos. BÁRBARA: “¿Qué ha pasado?” RICHARD: “Se han cargado una pata. Creo que tendremos un pequeño problema para aterrizar”. A duras penas, la nave arranca y se eleva a una velocidad extraordinaria. Al llegar a una cierta altura, hace un viraje de 90º y se dirige dirección al Sur. CHARLES (sujetándose la herida del hombro): “¿Qué haces, por qué vas en esta dirección?; tenemos que ir hacia el Oeste”. RICHARD deja puesto el piloto automático: “Esos se creen que me van a engañar”. ROSEANNE: “¿Por qué dices eso?” RICHARD: “¿Acaso no véis que nos han dejado escapar? Seguro que nos han colocado un dispositivo de rastreo”. En ese preciso momento sale otra nave del aeródromo, que persigue (a una cierta distancia) la nave de nuestros amigos.

 

En la siguiente escena RICHARD tiene un enorme emplaste de gasa en la oreja, y ROSEANNE está vendando la herida de CHARLES. ROSEANNE: “La herida es superficial: la bala no ha penetrado en el músculo...” RICHARD tiene un aparatito en la mano que hace bip-bip a intervalos regulares. Al llegar a un cierto punto de la nave este bip se hace cada vez más intenso. RICHARD: “Aquí está”. Agarra un destornillador y desmonta un panel. Detrás hay un dispositivo rastreador. RICHARD lo arranca de mala manera y, con él en la mano, se dirige a donde están CHARLES y ROSEANNE. RICHARD: “Ahora están sordos”. Después se dirige a los mandos (mira el radar). RICHARD: “Pero no están ciegos. Nos están siguiendo, los condenados”.

 

Sede del Gobierno Central. HENRY está despachando con el OFICIAL responsable del seguimiento de nuestros amigos. OFICIAL: “Sr. Presidente, me temo que hemos perdido la señal del dispositivo de rastreo”. HENRY: “¿Y qué hay del control por radar?” OFICIAL: “De momento no lo hemos perdido” HENRY: “Eso espero: su mujer es demasiado joven para quedar viuda, ¿no le parece?” OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Ordene que otras dos naves rastreadoras partan inmediatamente; bajo ningún concepto hemos de perder de vista esa nave. ¿Entendido?” OFICIAL: “Sí, señor”.

 

RICHARD está en los mandos de la nave. RICHARD: “Sentáos y abrocháos bien los pantalones. No quisiera manchar el techo con vuestra orina”. CHARLES: “¿El techo?” De repente la nave hace un viraje de 180º, se pone del revés, pasa por encima de la nave que les sigue y luego se coloca a su cola (efectivamente, en los pantalones de CHARLES se distingue una mancha en torno a su bragueta). Una vez allí la nave de nuestros amigos comienza a disparar a su perseguidora. La otra nave hace la misma maniobra y se coloca (también del revés) en la cola de la nave de nuestros amigos (panorámica de las dos naves, encima de las nubes, volando del revés). En ese momento la nave perseguidora lanza un misil a la nave de nuestros amigos. De ella sale una esfera que lanza una andanada de rayos láser dirigidos al misil. Éste explota en vuelo, antes de llegar a la nave de nuestros amigos.

Ésta vuelve a hacer un viraje de 180º, pero esta vez cabeza arriba, y vuelve a situarse a la cola de la nave perseguidora. A su vez le lanza un misil. La nave perseguidora lo destruye con un rayo láser... pero el misil explota demasiado cerca de ella: la onda expansiva le hace perder el momento de su inercia y cae en espiral hacia el mar, a una velocidad endiablada. Nuestros amigos la ven estallar en la superficie.

CHARLES y ROSEANNE se levantan de sus asientos y empiezan a dar saltos de alegría. RICHARD: “No tan deprisa, muchachos. Ahí vienen otras dos”. En efecto, a sus espaldas tienen dos cazas de guerra, armados más poderosamente que la nave anterior. CHARLES y ROSEANNE van inmediatamente a sus asientos, y se ajustan los cinturones de seguridad. En ese momento RICHARD hace una brusca maniobra: no sólo da un viraje de 180º (cabeza arriba) sino que se mete entre medio de los dos cazas, que vuelan muy próximos el uno del otro. Esa inesperada maniobra, endiabladamente audaz, sorprende de tal manera a los pilotos perseguidores que estos pierden el control y chocan entre sí en vuelo. RICHARD: “¡Yuhaaa!” (levanta los dos brazos arriba y abajo, alternativamente, en señal de victoria). Después, la nave cambia de rumbo, dirección noroeste (se la ve partir hacia el horizonte).

 

                En el Gobierno Central (centro de control). El OFICIAL acaba de perder el contacto con los últimos dos cazas. Entra un SOLDADO: “Comandante, el Presidente quiere hablar con usted”. OFICIAL: “Dígale que espere un momento. Ahora mismo voy”. SOLDADO: “Sí, señor”. El OFICIAL le mira con cara de pocos amigos (lo de “sí, señor” le recuerda algo). El SOLDADO sale de la habitación. El OFICIAL se mete el cañón de su pistola en la boca y dispara (no se ve en la pantalla, pero se oye la detonación).

 

                Se ve la nave de nuestros amigos volando a ras del mar (a la misma altura de un aircraft). CHARLES: “¿Por qué vamos a esta altura: no es peligroso?” RICHARD: “En absoluto: esta nave es también anfibia. Volando a ras de mar a los militares de la aviación les será imposible detectar nuestro vuelo; y los de la marina no podrán distinguir nuestra nave entre los miles de aircraft que circulan habitualmente por el mar”. En ese momento están a punto de chocar con un vehículo civil que circula en un sentido perpendicular al suyo. RICHARD hace un viraje rápido y luego recupera el rumbo. ROSEANNE: “Creo que en estos momentos ya deben haber perdido nuestro rastro”. CHARLES: “Pues yo hace tiempo que he perdido el aliento”.

 

                La nave vuela a unos 35.000 pies de altitud. Están en las proximidades de la desembocadura del río San Lorenzo. En ese preciso momento, en el transmisor de a bordo, suena el siguiente mensaje: “Arce rojo llamando a olivo verde, ¿me oyen?” (la voz es de mujer). RICHARD: “Olivo verde, olivo verde... (se vuelve a CHARLES y a ROSEANNE) ¿Qué sabéis de un olivo verde?” En ese momento CHARLES reacciona: “¡Ah, sí! La hoja del olivo siempre es verde, ¿recuerdas?”. RICHARD se da una palmada en la frente con la mano: “Seré burro. Olivo verde a arce rojo: estamos a la escucha”. VOZ: “Olivo verde, desconecte el piloto automático y espere órdenes”. RICHARD: “Desconectado”. Entonces los mandos de la nave comienzan a moverse solos: la nave se desplaza en dirección Noreste, siguiendo la costa de Terranova.

 

                Se ve a la nave moverse por encima de un bosque de coníferas boreales. Ésta se desplaza suavemente, plácidamente, a baja altura. Llegada a un cierto punto, empieza la maniobra (automática) de descenso: se aproxima a un calvero del bosque. Una vez llegados a ese lugar, descubren una enorme puerta camuflada que se abre delante de ellos. La nave se introduce en un grandioso hangar subterráneo y queda suspendida en el aire. Luego la puerta del hangar se vuelve a cerrar. Cuando están a pocos pies del suelo, la nave se desploma (le faltaba una pata). Nuestros amigos quedan baldados por el impacto.

 

                En ese momento ven llegar a un pelotón de soldados (con uniforme de camuflaje), fuertemente armados, que se sitúan al lado de la trampilla de entrada de la nave. VOZ FEMENINA: “Abrid, ¡rápido!”. Nuestros amigos no se esperan un recibimiento tan descortés. Pero aún así abren. Entonces los soldados suben como pueden (la nave está inclinada) y penetran en el interior. Nuestros amigos están de pie, sosteniéndose en barras y paredes para evitar resbalar. Al final llega una mujer, también vestida de camuflaje. Tiene un fusil ametrallador colgado y una bandolera en su cinto. Es alta, robusta, y atractiva.

                La mujer se aproxima mientras los soldados los apuntan. MUJER: “¡Brazos arriba!”. Entonces los rodea y los cachea uno a uno. Cuando ha acabado, les pregunta: “¿Quién os envía?”. RICHARD: “Venimos de la Montaña Sagrada”. MUJER: “¿Tenéis algo para nosotros?” RICHARD: “Está ahí, en esa mochila”. La MUJER hace un gesto a un SOLDADO para que la recoja y se la entregue (en ningún momento pierde de vista a nuestros amigos). De reojo, inspecciona la mochila y encuentra la cajita que les dio el ABAD. Muy bien: “¿Os dio algo más?” Los tres hacen cara de no comprender. MUJER: “Repito. ¿Os entregó algo más? ¡Vamos, vamos, no tenemos todo el día!” Los tres siguen perplejos. De repente, CHARLES reacciona: “¡Ah, sí, el Abad me dio esto!”. Se palpa un bolsillo y extrae la hoja de olivo. Se la entrega a la MUJER. Ésta la inspecciona y ordena a los soldados que dejen de apuntar. MUJER (más relajada): “¿Os dio algún mensaje?” ROSEANNE: “El Abad insistió en que las hojas de olivo ‘son siempre verdes’”. MUJER (se le ilumina la cara con una bella sonrisa): “Muy bien, muy bien. ¡Muchachos, tendremos acción!” Los SOLDADOS hacen vítores de alegría. RICHARD: “Perdone, ¿me puede explicar esto último?” MUJER: “Muy sencillo: la cosa se va a poner muy, pero que muy caliente”.

 

                En el Gobierno Central. Gabinete de crisis. HENRY: “Esos inútiles lo han echado todo a perder. Tenemos que hacer algo rápido”. UN MINISTRO: “¿Decretamos medidas de excepción?” HENRY: “Efectivamente: estado de sitio y control policial y militar en calles, establecimientos públicos, carreteras, aeropuertos... De esta red no se ha de escapar ni una miserable mosca”. OTRO MINISTRO: “Sr. Presidente, ¿y el pueblo? Hace mucho tiempo que no se han adoptado medidas de este tipo”. HENRY: “Ya es hora de que se vaya haciendo a la idea de que las cosas han cambiado...”

 

                En el centro rebelde. Nuestros amigos caminan al lado de la MUJER, rodeados de soldados. La MUJER tiene un trozo de palodulce en la boca. Lo va mordisqueando con fruición. RICHARD: “¿Dónde nos lleva?” MUJER: “A la sala de transmisiones. Tengo ganas de saber qué hay aquí dentro” (señala la cajita). De repente se para, y CHARLES, que está detrás, topa de bruces con ella. CHARLES: “Per-per-perdón”. La MUJER se saca el palo de la boca con la mano derecha, escupe un trozo de él al suelo, se lo vuelve a poner a la boca, y mientras le da la mano a cada uno de nuestros amigos dice: “Mi nombre es Rita, RITA HOWARD”. Ellos se presentan a su vez. RITA vuelve a emprender la marcha, a través de un pasillo lleno de soldados que van y vienen. RITA: “Ah, me olvidaba: buen trabajo, muchachos”.

 

                Están en la sala de transmisiones. RITA abre la cajita y saca un pequeño disco magnético. Lo introduce en un aparato y se enciende una pantalla: en ésta aparece una imagen harinosa, borrosa, con figuras difusas, pero sin voz. RITA: “¡Mierda! Está encapsulado”. CHARLES: “¿Qué quiere decir eso?”. RICHARD: “Que el contenido está criptografiado, y que se necesita una tarjeta especial para abrirlo”. RITA: “Y esa tarjeta sólo la tienen ellos”. ROSEANNE: “¿Quienes?”. RITA: “La Seguridad”.

 

                Nuestros tres amigos y RITA están tomando un café, más relajadamente. CHARLES: “Rita, por favor. ¿Nos podrías explicar qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué tanto jaleo con este disco...?” RITA: “Está bien, está bien. Os lo explicaré todo desde el principio. El día del... supuesto accidente... de tu hermano, poco antes de que su nave se estrellara, en la estación receptora de la Montaña Sagrada se captó un mensaje SOS proveniente de las coordenadas exactas del punto de deflagración. La Resistencia está convencida de que ese mensaje provenía de la nave de tu hermano. El hecho de que estuviese encapsulado es una prueba de ello”. CHARLES: “¿Por qué proteger un mensaje cuando se trata de pedir socorro?” RITA: “Se trata de una nave oficial: es la norma. Se supone que era la misma Administración la que la tenía que asistir”. ROSEANNE: “Y si nadie más podía ayudar, aparte de la Administración, ¿por qué pedir socorro al exterior?” CHARLES: “Muy fácil, porque quería comunicar algo”. ROSEANNE: “Posiblemente quién había saboteado la nave”. RITA: “El Gobierno, por supuesto”. ROSEANNE: “Y el Gobierno sabe que la difusión de este mensaje le creará muchos problemas”. RICHARD: “Pero tenemos dos obstáculos: el primero consiste en hacernos con la tarjeta descapsuladora del mensaje; el segundo, encontrar alguna forma de difundirlo. Lo que no es nada fácil, porque el Gobierno controla todos los medios de comunicación”.

                RITA: “Empecemos por el primer obstáculo: cómo conseguir la tarjeta descapsuladora: ¿a alguien se le ocurre alguna idea?” Todo el mundo queda mudo. Después de un rato, RITA dice: “Muy bien, la operación ha acabado antes de empezar”. RICHARD: “Espera, creo que ya lo tengo... aunque es un poco arriesgado”. RITA: “Adelante, habla”. RICHARD: “Charles, ¿recuerdas a Laura, la... digamos esposa... de tu hermano?” CHARLES: “Sí, sí, por supuesto. ¿Por qué?” RICHARD: “Creo recordar que la habían ascendido: ahora trabaja en la Seguridad Central; aquí, en Ottawa”. RITA: “Richard, no podemos permitirnos el riesgo de hacer labores de propaganda... entre miembros de la Seguridad Central”. RICHARD: “A eso me refería cuando decía que era arriesgado: pero es la única alternativa posible... De todos modos, hay algunos puntos a favor de esta opción...” RITA: “Vamos, vamos, continúa”. RICHARD: “Laura y yo fuimos amantes... en los viejos tiempos”. CHARLES: “¿Laura y tú; te entendías con la mujer de mi hermano? ¿A eso se le llamas apreciar a un amigo?” RICHARD: “Charles, lo siento, pero te recuerdo que Laura no fue en realidad su mujer; todo fue un... simulacro”. CHARLES: “Perdona, Richard, tienes razón”. RITA: “¿Qué puede inducir a esa mujer a arruinar su carrera, y a poner en riesgo su vida, por ayudarte?” (mirando a RICHARD). RICHARD: “Como te he dicho, ella fue mi amante, y en cierto modo tenía aprecio por Thomas. Cabe la posibilidad de que aún le quede algo de corazón”. RITA: “O de cerebro. Lo siento, Richard, pero no lo veo factible”. RICHARD: “Vale, vale. Reconozco que es muy arriesgado. Pero no se pierde nada si la misión la llevo a cabo yo solo”.

                RITA saca un frasquito de un bolsillo: “En ese caso quédate esto”. RICHARD: “¿Qué es?” RITA: “Una manera dulce y rápida de morir. Tómate una píldora antes de que te atrapen. En tus manos está la vida de mucha gente”. RICHARD: “De acuerdo”.

 

                RICHARD está en Ottawa. Está en un bloque de apartamentos. Sale de un ascensor cargado con una voluminosa maleta, y llama a una puerta. Le abre un hombre mayor, de unos 65 años. HOMBRE MAYOR: “Entre, entre, le estaba esperando. ¿Quiere tomar algo: café, té, alguna bebida...?” RICHARD: “No gracias. Perdóneme si voy directamente al grano. Me tendrá que acoger durante algunos días. Estoy llevando a cabo una misión muy importante. Procuraré no crearle riesgos innecesarios... Me es imposible ir a un hotel; como sabrá, todo está vigilado”. HOMBRE MAYOR: “No se excuse, lo entiendo. De todos modos, estoy encantado de ser útil a la Resistencia, y además, yo ya he vivido todo lo que tenía que vivir: es hora de dar una oportunidad a nuestros hijos; ¿no le parece?” RICHARD le dirige una sonrisa afectuosa: “Mi nombre en clave es ‘Oliver’. A partir de hoy, usted será ‘Winston’”. WINSTON: “De acuerdo, procuraré no olvidarlo”.

 

                El bloque de apartamentos está situado a unos dos kilómetros del edificio de la Seguridad Central, pero entre medio hay una enorme explanada ocupada por un parque y un gran parking: la visión de la entrada principal del edificio es perfecta, si se dispone del equipo adecuado. RICHARD instala un equipo de vigilancia muy sofisticado: una cámara hipersensible, que funciona tanto en condiciones de luz como de oscuridad, enfoca permanentemente a la entrada principal del edificio de la Seguridad. Esta cámara tiene un potente teleobjetivo que amplifica enormemente la imagen captada. Está conectada a un ordenador. RICHARD mete una foto de Laura, que saca de su cartera, en un scanner. Esa imagen queda registrada en un archivo, que introduce en un programa de detección de rostros. Ese programa permite localizar una persona entre millones sólo conociendo sus rasgos principales, aunque se haya teñido el pelo, se haya operado la nariz, o le haya salido una verruga.

                RICHARD se tumba en la cama, con los brazos debajo de la cabeza. Ahora, sólo queda esperar. Al cabo de unas horas, a eso de las seis, un dispositivo pita. RICHARD se levanta y agarra el teleobjetivo: lo enfoca y localiza a Laura, a una enorme distancia. Luego la sigue (con el teleobjetivo), hasta que llega al parking: allí ve su modelo de coche, y el color de la carrocería. Lo apunta todo en una libreta, y vuelve a estirarse en la cama, con una gran sonrisa en la boca.

 

                Al día siguiente, RICHARD (disfrazado) vigila la salida del parking desde su coche. Son aproximadamente las seis y diez. LAURA sale de él y RICHARD comienza a seguirla. LAURA, que está despistada, no se apercibe (visión desde el coche de LAURA del coche de RICHARD reflejado en el retrovisor). Finalmente entra en un parking subterráneo. RICHARD sale en seguida del coche y llama, por el portero automático, a un apartamento cualquiera (el edificio es enorme). VOZ: “¿Quién es?” (RICHARD sabe que lo están observando). RICHARD (con el brazo derecho detrás de la espalda): “Reparto de flores a domicilio. Voy al piso 15”. VOZ: “¿Y por qué no llama allí?” RICHARD: “Es una sorpresa... Órdenes expresas del remitente”. Entonces abren la puerta. RICHARD entra precipitadamente y observa el panel del ascensor: comprueba cómo alguien sube desde la planta sótano (garaje) hasta el piso 37. Es LAURA, sin duda. Seguidamente, ÉL sube a esa planta.

 

                RICHARD ya está en la planta. Ve cuatro puertas. Llama a una de ellas, al azar, y no le abren (no hay nadie). Llama a otra: VECINA: “¿Dígame?”. RICHARD: “Busco a Laura Lester, ¿sabe en qué puerta vive?”. VECINA: “No conozco a ninguna Laura”. Le cierra la puerta en las narices. RICHARD (para sí): “Ha cambiado su nombre”. Sólo le queda dos posibilidades. Llama a otra puerta y, efectivamente, abre LAURA. Cuando ésta le ve, ÉL se abalanza sobre ella, le tapa la boca y la arrastra hasta un sofá (cierra la puerta con el pie). ELLA trata de resistirse. Al final ÉL dice: “Tranquila, LAURA, soy yo, RICHARD, ¿no me recuerdas?”. ELLA, con la boca tapada, no puede hablar. Al final le da un mordisco y ÉL suelta la mano. ELLA se escapa y se dirige a la puerta. ÉL va tras ella y la agarra. ELLA comienza a gritar. ÉL le da un fuerte golpe en la cabeza y se desmaya. Luego la arrastra a la cama y la ata.

 

                LAURA acaba de despertar. RICHARD está a su lado: “Te ruego que no grites, si no quieres que te coloque esto en tu preciosa boca” (le enseña un rollo de cinta de embalar). RICHARD: “De todos modos lo que te tengo que decir lo vas a oír igual”. LAURA: “Bonita manera de tratar a una mujer... ¡bastardo!”. RICHARD: “Perdona el método... pero (como excusándose)... ¡somos profesionales! Lo entiendes, ¿no?”. LAURA le escupe. RICHARD: “Ahora va en serio. Sabrás lo de Leonard”. LAURA: “¿Qué pasa con Leonard?”. RICHARD: “¿No te lo han dicho aún?: Se ha suicidado”. LAURA: “De verdad que lo siento mucho..., no lo sabía. ¿Pero qué tiene que ver eso conmigo?” RICHARD: “Leonard se ha suicidado... en protesta por el asesinato de su hijo”. LAURA: “¿Y a mí qué?” RICHARD: “Laura, Thomas era su hijo”. LAURA: “¿Thomas?, no puede ser; un hombre tan brillante no podía tener un hijo tan estúpido”. RICHARD le da un tortazo. LAURA: “Perdona, no quería decir eso. ¿De dónde has sacado lo de que a Thomas lo han asesinado?” RICHARD: “Tengo pruebas”. LAURA: “Si es así, ¿por qué no se las das a la policía?” RICHARD: “Laura, no te pases de lista”. LAURA: “Está bien, está bien. ¿Cómo las has conseguido?” RICHARD: “Eso de momento no importa”. LAURA: “Supongo que sabrás que te buscan en el mundo entero”. RICHARD: “Lo que reafirma lo que te tengo que decir: Laura, colabora conmigo si no quieres ser cómplice del asesinato de Thomas, que, por cierto, también era el Presidente”. LAURA: “El presidente de la incompetencia”. RICHARD le da varios sopapos, hasta que LAURA estalla a llorar.

                RICHARD: “Laura, ¿nunca aprenderás a ser un poco más humana? ¿Qué te hizo Thomas, qué te hice yo? ¿Qué te hizo el mundo para que lo odies tanto? ¿Es que acaso nunca dejarás de comportarte como una cretina? ¿Es que acaso nunca tendrás sentimientos nobles?” LAURA llora desaforadamente. LAURA (entrecortadamente): “Perdóname, Richard. Es verdad, soy injusta... Tú sabes que yo te quise, que lo que sentía por ti era auténtico... Y nunca odié a Thomas. Es que simplemente... soy así”. RICHARD se sienta a su lado y le besa las mejillas, mientras le acaricia el pelo. RICHARD: “Laura, Thomas era mi amigo, y no voy a dejar que su asesinato quede impune. ¿Estás dispuesta a colaborar?” Ella mueve la cabeza, afirmativamente, mientras que continúa llorando. Entonces RICHARD la desata, la besa en la boca, y apaga la luz.

 

                Al día siguiente, por la mañana temprano. RICHARD y LAURA están desayunando. LAURA está de muy buen humor. LAURA: “Richard, quiero que sepas que, aunque tu presencia en mi casa signifique la ruina de mi carrera, y tal vez poner en riesgo mi vida, no me arrepiento de ello. Me encontraba tan sola... Sin amigos, sin ilusiones... Creo que fue un error venir a Ottawa...” RICHARD: “Laura, cuando todo esto acabe, podremos rehacer nuestra vida, juntos. Mi mujer y yo estamos en trámites de separación... Bueno, puede que eso, tal como están las cosas, no importe ya... Pero en definitiva, si todo acaba bien..., ya no tendremos que escondernos...” LAURA: “Richard, hay que ser realistas. Nos jugamos el futuro a una sola carta. Y este régimen es muy fuerte, todavía; es muy poco probable que la... Resistencia... pueda acabar con él... Aunque... reconozco que tal vez ya no hay marcha atrás”. RICHARD: “Laura, tú no eres un esbirro del régimen... Tú eres una agente del servicio secreto... Muy cualificicada, por cierto. Leonard no nos enseñó a obedecer a ciegas: él nos inculcó unos valores; no los traicionemos”. LAURA: “Es verdad; puede que en mi vida haya hecho cosas malas, pero siempre he intentado respetar los principios que él me inculcó”. RICHARD: “Leonard nos enseñó a ser fieles a una causa: preservar la paz mundial. A veces tuvimos que ser duros, pero en ningún momento fuimos deshonestos. El nuevo régimen, en cambio, pretende usarnos como perros de presa para mantener un régimen de terror... Y eso no puede ser”. LAURA: “Está bien, Richard, no insistas. A mí tampoco me gusta lo que veo. Estos últimos días hemos recibido órdenes muy precisas para acabar con todo vestigio de libertad... Aunque tú no hubieses venido aquí, tal vez yo me hubiese visto obligada a dejar el servicio activo”. RICHARD: “Laura, sabes que eso significaría tu encarcelamiento o, peor aún, tu muerte”. LAURA: “Lo sé... Pero lo tenía todo preparado para escapar. De hecho, yo también quería unirme a la Resistencia. Pero no sabía cómo contactar con ella”. RICHARD: “Creo que las bases de este sistema ya están tan podridas que no podrá aguantar la sacudida que se aproxima. La Resistencia está siendo alimentada por miles de personas que sienten lo mismo que tú... Como Leonard, por ejemplo”. LAURA: “¡Cómo! ¿Leonard?” RICHARD: “Sí, Laura. Él también era de la Resistencia. Escuchame, ahora te diré lo que tienes que hacer...”    

 

                Poco después, LAURA llega al edificio de la Seguridad. En la entrada han redoblado la vigilancia. VIGILANTE: “Documentación”. LAURA: “Peter, ¿pero es que acaso no me conoces...? Soy la misma de cada día”. VIGILANTE: “Lo siento, son órdenes de arriba; el bolso, por favor”.

 

                LAURA está trabajando en su terminal. Entonces abre el listado de personal. LAURA: “A ver, sección de transmisiones... Aquí está. Ahora, departamento de criptografía... Aquí. Humm... Alto secreto. Sí, aquí debe ser”. Pulsa la tecla de ‘Alto secreto’ y sale una lista de diez agentes. Revisa la lista: “Edgard Badger, 57 años, no sirve; Lester Bean, 35 años, no está mal, pero parece muy formal; Lionel Bradford, 45 años, soltero... Éste es perfecto: tiene pinta de chulo-piscinas, y además es guapo”. Intenta retener su cara.

 

                Es la hora de comer. LAURA está en la cantina del edificio, con una bandeja de comida en la mano. Está inspeccionando las mesas para encontrar al agente de transmisiones que busca. Al final lo ve, solo, en una mesa al fondo del comedor. Se dirige allí.

 

                LAURA: “¿Le importa que me siente aquí?” Se instala enfrente de él. LIONEL: “No, no, por supuesto”. Pasa un rato en que hay un silencio embarazoso. Entonces viene una amiga de LAURA. AMIGA: “Laura, ¿qué haces ahí, tan triste? ¿No vienes con nosotras, como cada día?” LAURA: “No gracias, hoy prefiero comer sola”. AMIGA: “¿Qué te pasa, algo va mal?” LAURA (con cara forzada): “No, no, de verdad. Otro día nos veremos, ¿eh?”. AMIGA (con cara de extrañada): “Como quieras”. Su amiga marcha y se sienta con otras chicas de su edad. Todas la miran desde allá y hacen risitas tontas. LAURA se apercibe pero las ignora. LIONEL (queriéndose hacer el interesante): “A veces apetece un poco de intimidad... A mí también me pasa”. LAURA: “No es que sean malas chicas, pero en ocasiones me agobian... Se pasan el día entero hablando... bueno, de esas cosas de las que hablamos las mujeres”. LIONEL: “Trapitos y hombres, supongo”. LAURA: “Poco más o menos”. LIONEL: “Bueno, son cosas de la edad. Usted es todavía muy joven... Cuando tenga un marido, y unos hijos... Las preocupaciones cambiarán: que si la hipoteca, que si la salud, que si el colegio de los niños... Bueno, yo que sé. Porque supongo que usted no debe estar casada... Aunque no creo que le falten pretendientes... Perdóneme mi atrevimiento, pero... usted es muy guapa”. A LAURA se le encienden los ojos: “No, no estoy casada, ni tengo novio tampoco... Verá, llevo poco tiempo aquí. Aún no conozco mucha gente, excepto a esas compañeras de trabajo...” LIONEL: “Créame si le digo que desde el primer momento en que la vi me fijé en usted... Usted resplandece... entre tanta mediocridad... ¡Mire, mire, qué caras más estiradas!” (señala a otras chicas del comedor, pintarrajeadas como payasos). LAURA: “Le agradezco mucho que me diga esas cosas. La gente aquí es un poco... fría; usted, en cambio...”. LIONEL: “¡Vamos!, no seamos remilgados: llámame Leo, por favor”. LAURA: “Gracias, Leo”. LIONEL: “Eso ya me gusta más. Por cierto, ¿tienes algo que hacer esta noche?” LAURA: “No. Estoy libre. Ya sabes, la rutina de cada noche: cenar, la televisión, media hora de lectura, y a la cama... Es un fastidio”. LIONEL: “¿Quieres que te pase a recoger?” LAURA (aparenta excitación): “Sí, ¿por qué no?. Departamento de personal. A eso de las siete”. LIONEL: “¿A las siete?, ¿no es un poco tarde?. A esa hora ya no queda nadie en mi departamento”. LAURA: “Es que tengo un poco de trabajo atrasado”. LIONEL: “Está bien, a las siete, entonces”. LAURA: “¡Ah!, por cierto, mi nombre es Laura”.

 

                Son las cinco. LIONEL está en su trabajo. Sus compañeros se despiden. COMPAÑERO: “Leo, que hoy es viernes. ¿Qué haces aquí, hombre? ¡Anda, vé a casa, que te pierdes el partido!” LIONEL: “Je-je. Oye chico... Hoy tengo plan. El lunes te contaré”. COMPAÑERO: “Así que...” (hace un expresivo gesto con las manos). LIONEL asiente con una sonrisa de oreja a oreja. Sus compañeros marchan, y ÉL se queda solo. Luego continúa trabajando.

 

                A la misma hora, las compañeras de LAURA se despiden. ELLA se excusa diciendo que tiene mucho trabajo. Se queda sola.

 

                Son las seis. El VIGILANTE pasa por el despacho de LIONEL. VIGILANTE: “¿Todo está bien?”. LIONEL: “Sí, sí, por supuesto. Hoy tengo mucho trabajo”. VIGILANTE: “No se olvide de fichar cuando marche”. LIONEL: “Por supuesto”.

 

                Son las siete menos diez. LIONEL se echa un espray en la boca y otro en las axilas. Luego vacía medio frasco de colonia en el pecho. Se dirige al despacho de LAURA.

 

                LIONEL la encuentra trabajando. Cuando lo huele, LAURA hace (disimuladamente) una expresión de repugnancia. LAURA: “Ah, eres tú, perdona un momento; ahora acabo”. Se hace la ocupada. Luego apaga el ordenador y coge sus cosas. Cuando están cerca de la puerta de salida ella se detiene. LAURA: “Leo, mientras trabajaba se me ha ocurrido una idea”. LIONEL: “Dime, preciosa”. LAURA: “He pensado que sería tan excitante... hacerlo en tu departamento. Ya sabes, esa sensación de... peligro, de clandestinidad... Humm, sería maravilloso”. LIONEL está un poco perplejo: “¿No preferirías ir a comer, y luego a casa de uno de los dos? Bueno, creo que es más fácil”. LAURA: “Pero es tan convencional... Tan mediocre... En cambio, yo nunca lo había hecho en una sala rodeada de... yo que sé, cámaras, infrarrojos, y todo eso. ¡Sería tan interesante!”. Entonces ELLA empieza a besarlo, a mordisquearlo y a manosearlo apasionadamente. ÉL se deja llevar. LIONEL: “Laura, es una locura...” LAURA: “¿Y qué es el amor, sino una locura?” LIONEL: “Está bien, está bien. Pero habrá que tener cuidado”. Entonces salen de la sala.

 

                Suben por un ascensor. Llegados a la planta de transmisiones, encuentran una puerta, con un dispositivo de apertura. LIONEL pone la mano en un plafón negro. La puerta se abre. Llegan a un corredor. Al final, encuentran otro dispositivo del mismo tipo. LIONEL hace la misma operación. Luego desconecta los dispositivos de seguridad y llama por videofono. LIONEL (al vigilante): “Peter, me quedaré un rato más. ¿De acuerdo?” VIGILANTE: “De acuerdo, pero que no se repita. Ya sabes que las normas son muy estrictas”. LIONEL: “Descuida, Peter”. Mientras LIONEL habla con el vigilante, LAURA está inspeccionando visualmente los aparatos de la habitación. Al final encuentra el que buscaba. LAURA: “Leo, las cámaras”. LIONEL: “¿Qué quieres que haga, si las apago sospecharían”. LAURA: “Si las enfocaras un poco más arriba..., no se darían cuenta”. LIONEL: “Vale...” Lo hace. Entonces LAURA se le abalanza.

Se besan apasionadamente, mientras ella se dirige, poco a poco, al aparato descapsulador. Cuando está a su altura, lo tantea con la mano mientras está de espaldas. Encuentra una ranura y un dispositivo de apertura: lo aprieta y sale una tarjeta. Luego la introduce en su bolso. Al final los dos se tiran al suelo y se revuelcan en él, mientras que continúan abrazándose y besándose.

Pasado un rato ella dice: “Leo, comienzo a tener miedo. Es mejor que vayamos a casa... Es demasiado arriesgado”. LIONEL: “¿Después de hacerme venir aquí...? En absoluto...” LAURA: “Leo, por favor...” LIONEL: “¡Cómo sois las mujeres!. Está bien; espera que lo ponga todo en orden”. Cuando ha acabado, ELLA le dice: “Cuando salgamos del área de seguridad yo volveré a mi despacho. Tú saldrás primero, y me esperarás fuera, ¿vale?” LIONEL: “De acuerdo”.

 

Salen del área de máxima seguridad. ÉL sale primero, ficha y se despide del VIGILANTE. LAURA se mete la tarjeta en el escote. Diez minutos después sale, ficha (el VIGILANTE le revisa el bolso), y a su vez se despide del VIGILANTE. Luego se reúnen fuera del edificio.

 

Están en el coche de LAURA. LAURA: “Si no te importa, preferiría que fuéramos a mi casa”. LIONEL: “Como quieras, preciosa”. ELLA sonríe.

 

Llegan a la casa de LAURA. Se arrojan a la cama, besándose y manoseándose. Entonces, sale RICHARD de su escondite y da un culatazo en la cabeza a LIONEL. Luego le inyecta algo en el brazo. Queda completamente inconsciente.

RICHARD: “¿Tienes la tarjeta?”. LAURA se la enseña. RICHARD: “Te quiero”. La abraza y la besa. LAURA: “Espera, ¿qué hacemos con éste?. Hay que evitar que hable”. RICHARD: “Nos lo llevamos con nosotros”. LAURA: “Pero...” Ella no ha acabado de decir eso cuando RICHARD lo agarra de un brazo y lo lleva a rastras hasta la puerta. RICHARD: “Vigila si viene alguien”. LAURA: “No, todo está tranquilo”. Se introducen en el ascensor. RICHARD: “Si alguien entra le decimos que lo llevamos al hospital; ha sufrido un ataque de...” LAURA: “Apoplejía”. RICHARD: “Vale, eso está bien”.

Tienen suerte: no entra nadie. Llegan al garaje e introducen a LIONEL en el maletero del coche.

 

Están conduciendo. De repente, a la salida de Ottawa, encuentran un control de carretera. POLICÍA: “Documentación, por favor”. LAURA (que conduce) le da su carnet de la Seguridad. Él se cuadra y les deja pasar (no se fija en RICHARD, que está en penumbra). RICHARD: “Pffff. Las cosas se están poniendo cada vez más difíciles”. LAURA: “Y muy pronto tanto tú como yo seremos fugitivos. Este carnet ya no nos servirá de nada”.

 

Es de noche. Llegan a un embarcadero de río. Allí sacan a LIONEL del coche y se introducen en una motora. Se dirigen a la base rebelde.

 

Base rebelde, esa misma noche. En la sala de transmisiones están RICHARD, LAURA, RITA, CHARLES y ROSEANNE. RITA: “Felicidades, pareja. Si esta tarjeta funciona os haremos un monumento... Vamos a ver (introduciendo la tarjeta en la ranura del aparato visualizador)...” Se ve lo mismo que la otra vez (una imagen borrosa y harinosa). RITA: “¡Oh, no!”. RICHARD: “¡Mierda, tanto trabajo para nada!”. LAURA: “Esperad. Puede que haya que hacer algo más... Tal vez no baste con meter la tarjeta”. RITA: “Buena idea. Traigamos al don Juan”.

 

LIONEL está dormido en una celda estrecha, encima de un pequeño camastro. Entra RITA. Empieza a darle sonoros tortazos en la cara para que despierte. LIONEL levanta la cabeza, hace cara como de excitación sexual, y luego pone labios de morreo. RITA: “Será pervertido...” Luego saca la pistola y dispara al techo. LIONEL se despierta de repente, completamente desorientado. LIONEL (sentado en el camastro): “¿Qué pasa, dónde estoy? Tú no eres Laura... aunque tampoco estás nada mal” (dirigiéndose a RITA). RITA le golpea los testículos con la rodilla. RITA: “¡Degenerado! ¡Arriba, que tienes trabajo!”. RITA le coge de los pelos y lo levanta. LIONEL: “Pero, pero...” LIONEL sale encorvado, aguantándose los testículos, mientras que RITA le encañona la nuca, a su espalda.

 

A la reunión de antes, en la sala de transmisiones, se incorpora LIONEL. Éste pone cara de desafío. LIONEL: “Así que sois de la Resistencia, ¿eh? Pues ya veréis qué pronto os van a dar por culo...” RITA (se pone dura): “Querido Leo (así te gusta que te llamen, ¿no?). Si tiene más cerebro que testículos, estoy segura de que vas a cooperar, ¿no es así?”. LIONEL hace una cara desafiante. RITA se aproxima y le grita a la cara: “¿No es así?”. LIONEL hace el gesto de limpiarse una gota de saliva de RITA, y continúa mudo. RITA va a darle un guantazo y RICHARD la detiene: “Rita, ya es suficiente. Déjalo tranquilo. Por esta noche ya ha tenido bastante”. RITA (a un SOLDADO): “Está bien; ¡lleváoslo!”. Cuando está saliendo RICHARD le dice: “Y no te acerques a Laura o te mato”. LIONEL sonríe estúpidamente.

Mientras tanto ROSEANNE estaba hurgando el aparato visualizador: saca la tarjeta y la pone del revés. Entonces, el aparato funciona correctamente: se ve la imagen de THOMAS con toda claridad. ROSEANNE: “Ya está; lo que pasaba es que habíamos colocado la tarjeta al revés”. Los demás explotan de alegría. RICHARD les pide que se callen. THOMAS (en la imagen; se oye un gran estrépito y confusión; de fondo se oye la voz de BÁRBARA: “Date prisa, THOMAS, empieza ya...”): “A quien me esté escuchando, atención. Le habla Thomas Cavite, Presidente del Gobierno Universal. Mi nave oficial está a punto de estrellarse; ya no hay remedio... no hay ninguna esperanza de salvación. Esta nave ha sido saboteada, repito, ha sido saboteada. La torre de control no responde, y no hemos recibido auxilio de ningún tipo. Han manipulado el indicador de combustible, y han inutilizado todos los dispositivos de seguridad. Me imagino quién ha sido: Henry Solomon y su camarilla. Es preciso que quien pueda escuchar mi mensaje, si estima en algo la libertad, haga algo contra Henry Solomon y el grupo de presión llamado ‘La Sociedad’. Si no, mi muerte significará el fin de la esperanza: todo vestigio de libertad desaparecerá de este planeta...” En ese momento la imagen desaparece.

 

Mientras que los demás están viendo esta imagen, CHARLES está al otro lado de la sala (de espaldas, con la cabeza baja, tapándose los oídos, y con los ojos cerrados). RITA, que se apercibe, va a su lado, le coge los brazos, y le dice: “Charles, se lo haremos pagar, y la muerte de tu hermano no habrá sido en vano. Confía en mí. Acabaremos con ellos”. CHARLES, emocionado, asiente (moviendo la cabeza arriba y abajo). RITA le abraza. Luego RICHARD le da una palmadita en la espalda: “Ánimo; has perdido un hermano, pero has ganado varios amigos”. Los demás le abrazan también. CHARLES: “Gracias, muchachos. Estoy bien. Ahora, hablemos de la emisión...”

 

En la sede del Gobierno Central. Mañana del día siguiente. HENRY: “¿Cómo, que han robado la tarjeta descapsuladora? ¡¡Inútiles!! ¡Sois unos incapaces, unos...! (aprieta los dientes) ¡Protejan el espacio aéreo, rodeen todos los repetidores de televisión, controlen las ondas, y sobre todo, bloqueen la entrada a la televisión y a la radio! ¡Y esta vez no falléis, si estimáis en algo vuestra vida!” Los OFICIALES presentes re retiran. HENRY se deja caer en un sillón, exhausto.

 

Base rebelde. Reunión de mandos. RITA está delante de una pizarra. RITA: “Compañeros, hoy vamos a realizar una acción desesperada, tal vez nuestra única oportunidad para descabezar al régimen. Nos jugamos nuestro futuro, y por supuesto tendremos que evacuar la base. (Señalando el mapa.) Aquí se encuentra la sede de la televisión. Está protegida, así como el resto de la ciudad. Por ello, vamos a efectuar ataques masivos de distracción aquí, aquí, y aquí. Éstas son bases de apoyo y cuarteles del Gobierno. Otra flotilla se va a dirigir a la sede del Gobierno Central y a la de la Seguridad. Y, por último, el grueso de las fuerzas se va a concentrar en la televisión y en sus alrededores. En primer lugar, dos naves de transporte de tropas van a desembarcar paracaidistas en las inmediaciones de la entrada del edificio de la televisión, y otra nave depositará un comando en la parte trasera. (Enseña otro mapa.) Éste es el plano del edificio de la televisión. El comando penetrará por esta puerta (haciéndola estallar, si es preciso), y se dirigirá por estas escaleras hasta la primera planta; por aquí llegará a la sala de transmisiones. Introducirá el video, colocará esta bomba (la enseña), y saldrá disparado hacia el terrado, atravesando el estudio central y subiendo por estas otras escaleras. Allí lo recogeremos... Recordad; una vez activada, esta bomba no se puede desconectar, y estalla a los diez minutos. La operación comenzará a las diez en punto... Sincronicemos nuestros relojes”.

 

Son las diez de la noche. En el plató de la televisión. PRESENTADOR: “¡Hola, amigos y amigas espectadores del programa ‘Apaga y vámonos’! Como cada sábado os hemos preparado algo muy especial. Éste va a ser un programa ¡explosivo!” Entonces empiezan a escucharse detonaciones y disparos fuera del edificio. El presentador queda perplejo.

 

En la entrada del edificio hay un fuerte tiroteo entre fuerzas rebeldes y soldados apostados en el techo y en parapetos. En el resto de la ciudad se ven explosiones, incendios y combates aéreos. De vez en cuando caen naves a la superficie. Por detrás del edificio se ve llegar una nave ligera, que ametralla el techo y aniquila los soldados de esa parte; inmediatamente llegan cazas del Gobierno y se inician escaramuzas aéreas. Aprovechando la confusión, un comando formado por RICHARD, RITA, y seis SOLDADOS, atraviesan la verja exterior y se dirigen a la parte trasera del edificio. Reciben disparon desde allí, pero son acallados por otra nave rebelde que se sitúa en los alrededores del edificio. Llegan más cazas oficiales. La batalla aérea se intensifica. Sin embargo, mientras tanto, el comando ha conseguido entrar en el edificio.

 

El comando se deshace de varios soldados apostados en el interior, y consigue llegar a la sala de transmisiones. Entran en ella y obligan al personal a introducir una cinta de vídeo. La emisión del vídeo se inicia. RITA (llamando por interfono): “¿Está todo OK?” LAURA, en una nave exterior, tiene la televisión encendida: “La emisión es OK”. Entonces RITA activa la bomba y dice: “¡Todo el mundo a correr. Esto va a estallar!” Todo el mundo sale a la estampida, incluyendo el personal de la televisión y los soldados. El comando se dirige al plató central, y pasa por delante del presentador del programa “Apaga y vámonos”. RITA (coge el micrófono): “¡¡Vamos, vamos, a la calle. Esto está a punto de saltar por los aires!!. PRESENTADOR: “¡¡Vámonos!! El público sale a la calle en tropel.

 

Domicilio de un ciudadano normal. En la pantalla aparece la siguiente emisión: “Les habla la Resistencia. Hemos captado el siguiente mensaje de nuestro Presidente Thomas Cavite. Ciudadanos, ¡luchad contra este régimen asesino, uníos a la Resistencia!”. Luego aparece el mensaje de THOMAS.

 

Sede del Gobierno Central. HENRY está viendo la televisión. Están emitiendo el mensaje de THOMAS. Suena el teléfono. HENRY: “Henry al habla”

 

El comando está en el terrado. En los alrededores, todo es confusión. RITA mira su reloj (falta un minuto para que estalle la bomba). RITA: “¡Deprisa muchachos. El tiempo se acaba...!” Una nave rebelde está luchando contra un caza. Al final consigue derribarlo. La nave rebelde se aposta encima del tejado y lanza un cable. RITA, RICHARD y tres SOLDADOS (los supervivientes de los seis que habían) se enganchan en él (el cable tiene unos travesaños). La nave iza el cable, y nuestros amigos se introducen en su interior. En ese mismo momento, el edificio estalla. La nave se aleja rápidamente de la deflagración.

 

Dentro de la nave. Está RICHARD, RITA, LAURA, CHARLES, ROSEANNE, LIONEL (atado y amordazado) y varios SOLDADOS. RITA: “Mensaje a la flota. ¡Dispersáos y dirigios a vuestros puntos de destino. Repito, dispersáos!”. Las naves se dispersan, perseguidas por los cazas del Gobierno. Detrás de su nave tienen tres cazas. Comienza una batalla aérea. RITA y RICHARD están disparando con los cañones antiaéreos. Un SOLDADO conduce la nave. De repente, una fuerte explosión desestabiliza la nave. Comienza un incendio en su interior. A ésta se le ve caer encima de una zona boscosa. Hace un aterrizaje de emergencia. Arrasa una amplia banda de bosque y al final queda semienterrada. Un minuto después hay una fuerte explosión.

 

Se ve llegar una limusina a una masión de las afueras de Ottawa. HENRY sale del coche y entra a la mansión. En un gran salón se ve a varias personas, con aspecto de potentados, alrededor de una mesa. Uno de ellos, el que parece más importante, se dirige a HENRY. POTENTADO JEFE: “Sr. Solomon. Hemos tenido mucha paciencia con usted, pero hoy ha colmado el vaso. Lo ha echado todo a perder”. HENRY: “No, no es cierto. No está todo perdido. Nuestras fuerzas están intactas y, según me informan, la nave que transportaba a los líderes de la Resistencia ha sido derribada en el Gran Norte”. POTENTADO JEFE: “Humm. Habrá que confirmar este extremo. Pero, en todo caso, como usted imaginará, ahora tenemos a todo el pueblo en contra. Habrá que emplear medidas drásticas..., en lugar de su inútil persuasión”. HENRY: “Lo que significa...” POTENTADO JEFE: “Que ya no le necesitamos”. HENRY: “¡Pero...!” El POTENTADO JEFE hace un gesto y dos GORILAS agarran a HENRY de los brazos. HENRY (se oye en otra habitación): “¡¡No, se equivocan. Sin mí ustedes no son nada... La fuerza bruta no basta!!” HENRY: “¡¡No...!!” Entonces se oye una detonación.

 

Es noche cerrada. Nuestros amigos están en el bosque. RITA ayuda a CHARLES, que cojea (le sangra la cabeza). LAURA y RICHARD sostienen a ROSEANNE. Hay un SOLDADO malherido, sostenido por otros dos. El resto de los SOLDADOS custodia a LIONEL. RITA: “Vamos, vamos, hay que abandonar esta zona. Muy pronto la estarán rastreando”. RICHARD: “Amigos, creo que la guerra se acabó para nosotros”. RITA: “Te equivocas; esto no ha hecho más que empezar”.

 

 

FIN DE LA SEGUNDA PARTE