SECCIÓN SÉPTIMA - Páginas 8

Fundamentos de Economía Factorial - SECCIÓN SÉPTIMA

SECCIÓN SÉPTIMA

(El ciclo en movimiento)

 

     Hasta este momento hemos analizado los fundamentos del ciclo como fenómeno coyuntural: la productividad relativa tendencial como límite del crecimiento, su desarrollo en el ínterin cíclico, etc. Es decir, la visión del ciclo que poseemos en este momento es "a corto plazo", y viene dada por el papel de CT como suma ponderada de la productividad del capital y del trabajo (recordemos que K y Q-K guían a CT en su evolución a corto plazo). Sin embargo, un ciclo es algo más que un movimiento pendular. Un ciclo no se desarrolla a ciegas, sin una línea directriz. Pretender lo contrario sería tanto como afirmar que el ciclo se produce "a pesar" de los factores que lo motivan. El ciclo está determinado por las variables "renta" e "inversión", y al tiempo orienta a éstas en uno u otro sentido. El ciclo es trasunto de las condiciones estructurales de la economía: el ciclo es "coyuntura" en la estructura económica y social.

     Así pues, hemos de dar el gran salto para pasar de la coyuntura, el corto plazo, a la estructura que motiva y sustenta el desarrollo del ciclo. Y para ello hemos de conocer la tendencia que marca la evolución del ciclo. Esta tendencia es la que perfila el sustrato estructural que da pábulo a la dinámica cíclica. Ello es harto sencillo: basta con dibujar el desarrollo del ciclo en una hoja cuadriculada y observar el ángulo que marca la línea directriz del ciclo respecto de la horizontal que parte del punto de origen. Este ángulo ilustra el "crecimiento a largo plazo", o tendencia del ciclo. Hemos de comprender que un ciclo no es más que una suma de tasas de crecimiento (más bien el saldo de sumar cifras positivas y negativas), promediada por el número de años que lo conforman (véase la figura A-19). La tendencia no es más que la línea tangente que toca el zenit (punto álgido, o de auge) o el nadir de cada período cíclico (aunque podría cortar cualquier otro punto que consideremos apropiado: de este modo pasaría a ser secante).

     El ángulo entre la línea de crecimiento a largo plazo y la horizontal del punto de salida del proceso marca el crecimiento anual medio del período. Este método (geométrico) sería equiparable a efectuar la media aritmética de las tasas de crecimiento. Pero cabe preguntarse: ¿cómo trasladar este análisis "a largo plazo" al análisis de la coyuntura; o bien, qué determina, una vez efectuado el cálculo neto de su agregación, esta evolución "a largo plazo"; cuál es la principal variable explicativa a considerar? Si observamos las distintas variables del ciclo comprobaremos que tanto K, como Q-K y CT, tienen una evolución similar (evidentemente, entre K y Q-K inversamente proporcional); L varía en función de K y Q, pero dada la dinámica del mercado (y las rigideces de oferta y demanda) tiene vaivenes menos pronunciados; y, tal como sabemos, Q-L se mantiene sorprendentemente regular (por encima de cero), si bien marcando una evolución a largo plazo (tendencia).

     Aquí volvemos a recuperar a Q-L como marcador de tendencias. Me atrevería a afirmar categóricamente que la productividad del trabajo dibuja a la perfección la evolución tendencial del crecimiento, que incluye la agregación de varios ciclos. Ello lo veremos en su momento, pero ahora fijémonos de nuevo en la gráfica A-19, figura (A). En trazo grueso tenemos la evolución coyuntural del ciclo, y en trazo discontinuo su tendencia a largo plazo, que sería la compensación de coyunturas de diferente signo en un plazo de tiempo dado. Si ahora observamos la figura (B) de la misma gráfica, comprobaremos que dicha tendencia a largo plazo es exactamente igual que la agregación de procesos cíclicos (coyunturales) más estables y menos oscilatorios. Es decir, una tendencia a largo plazo no nos indica la evolución coyuntural, o el movimiento oscilatorio (cíclico) que la determina, sino sólo la media aritmética de la sucesión en el período de tiempo considerado:

 

_=2=(2+2)/2=(3+1)/2=(1,5+2,5)/2=...

 

     En definitiva, estudiar el ciclo no equivale a agregar sus partes constituyentes, ni siquiera a obtener su tendencia a largo plazo. La tendencia puede ser indicativa de múltiples casuisticas: un crecimiento estable y sostenido a largo plazo, con pocas oscilaciones; un crecimiento inestable y sincopado a largo plazo, con grandes oscilaciones; un movimiento inestable y regular (sostenido), con oscilaciones cíclicas regulares, a corto, pero marcando una clara tendencia a largo plazo...

     Recuperemos el caso B de la figura A-12, y sobre él hagamos algunas modificaciones (tabla 1). Esta tabla ilustra un período cíclico oscilatorio (con zenit Q=4 y nadir Q=-2) caracterizado por un crecimiento de K por encima del de Q, sólo compensado por un crecimiento moderado de L, que explica que CT sea positivo, aunque pequeño (lo cual supone una eficiencia global baja y un elevado uso del capital acumulado). Aquí, como en B de la gráfica A-12, la desinversión se inicia teniendo CT signo positivo, aunque ahora es L el valor dado y K la variable independiente. Creo innecesario volver a repetir cuál sería la mecánica de la desinversión, así que pasaremos a estudiar la evolución tendencial (a largo plazo) del ciclo.

     Para ello habremos de simplificar el ciclo al máximo, haciendo abstracción de sus oscilaciones periódicas, con el fin de observar únicamente su evolución a largo plazo, es decir, su tendencia. En la tabla 1 hemos comprobado que el crecimiento medio de doce años naturales completos ha sido de un 1,25% (media corregida); ello marca la tendencia de Q en un período de tiempo t=12. La media de L, K y CT es, respectivamente: 0,6, 1,6 y 0,15. Con todas estas variables podemos establecer las condiciones medias de este período, lo que nos servirá de punto de partida para un análisis posterior. Si a este punto de partida, que nos presenta un cuadro general con unas características predeterminadas (K>Q, CT>0, Q-L>0 y Q-K<0), le establecemos un ritmo de crecimiento acumulativo en el tiempo, al cabo de un lapso de tiempo t a Q, L, K y CT originarios le habremos de añadir el crecimiento compuesto que supone el crecimiento anual acumulativo de un período de tiempo dado:

 

    Qt=Q0+(0,01×Q0)×[1+(1,01)+(1,012)+...+(1,01t-1)]=1,01t×Q0 (17)

 

     Siendo 1,01 el multiplicador indicativo de un incremento anual acumulativo de Q equivalente a un uno por ciento, y t el lapso de tiempo considerado. Este crecimiento acumulativo (el propio de las fórmulas de interés compuesto) nos indica que el ratio multiplicador añade un crecimiento corriente al crecimiento tendencial acumulado del año anterior. Si establecemos un cuadro de crecimiento acumulativo de todas las variables consideradas, obtendremos la siguiente fórmula:

 

                                  Qt=1,01t(K0/2+L0/2+CT0) (18)

 

     Esta expresión nos indica la existencia de un crecimiento acumulativo de los distintos factores que conforman la renta, siendo el crecimiento de Q resultante (Qt) la agregación del crecimiento compuesto de L, K y CT a la tasa corriente anual del uno por ciento. Si trasladamos esta fórmula a la gráfica A-20 comprobaremos que, dadas unas condiciones iniciales (Q0=1,25, L0=0,6, K0=1,6, CT0=0,15), los distintos factores experimentarán un crecimiento constante y regular equivalente al incremento acumulado del uno por ciento anual. Ello acrecentará los factores, en un lapso t de tiempo, a una razón del 1,01t, que es el multiplicador de los factores iniciales:

 

Qt=1,01t×Q0, Lt=1,01t×L0, Kt=1,01t×K0, CTt=1,01t×CT0

 

     El lector tal vez se pregunte el sentido de tomar como base de este crecimiento compuesto la media aritmética (es decir, el crecimiento tendencial) de las tasas de crecimiento de los diferentes factores del período cíclico inicial. La explicación consistiría en que éste es, a mi parecer, el modo menos arbitrario de definir las coordenadas de un período-tipo. Tales coordenadas no indican que éste ha de ser, hasta la eternidad, el comportamiento del ciclo (de hecho, variaremos las tasas de crecimiento de las distintas variables); en su lugar, expresan una situación de partida —convencional— del período cíclico, que, como es evidente, podía haberse desarrollado de cualquier otra manera. El lector comprenderá, sin embargo, que utilicemos el esquema que, desde el gráfico A-12 (intercambiando los valores de K y L), se ha ido repitiendo a lo largo de esta obra.

     En el caso que estamos estudiando (tabla 1) la casuistica es la siguiente: 1) el crecimiento del capital corriente supera al de la renta, 2) la productividad del trabajo es positiva, 3) la productividad del capital es negativa, 4) la eficiencia global es baja. Ahora centrémonos en un crecimiento como el expresado por (18) (gráfica A-20). Podemos comprobar cómo el crecimiento, con una ondulación de la línea característica de una evolución moderadamente exponencial, es indicativo de una progresión suave, que señala una tendencia positiva ascente, ininterrumpida, en todos los factores. Esta línea de tendencia sería aplicable a un crecimiento sostenido de todos los factores de un uno por ciento, sin oscilaciones cíclicas. Lo que marca la diferencia entre un crecimiento regular como el expuesto y un crecimiento irregular y sincopado es el punto de origen, o las condiciones iniciales del ciclo, que hemos señalado en el inicio de este párrafo.

     Posteriormente explicaremos cómo, dado un punto de partida con fuertes oscilaciones cíclicas, un incremento acumulativo del x% a largo plazo implicará una exacerbación de los vaivenes cíclicos, si es que las condiciones iniciales no cambian. De nuevo en la gráfica A-20, hemos añadido a la línea de tendencia a largo plazo una representación figurada de los ciclos que se le superponen, a intervalos regulares (períodos) de doce años. Un poco más adelante comprobaremos que, a medida que pasa el tiempo, dada una tendencia a aumentar la productividad aparente del trabajo por intermedio de una mayor aplicación de tecnología, los ciclos van acentuándose y profundizándose (la distancia entre los respectivos zenit y nadir se alarga, y la que media entre período y período se reduce).

     Ello es indicativo de un fenómeno general (efecto mariposa): la existencia (y persistencia) de un determinado desequilibrio, si se perpetúa en el tiempo, se amplifica y acentúa, determinando la evolución posterior del ciclo. O lo que es lo mismo: el crecimiento exponencial de un período tendencial inicial, si lo descomponemos en sus partes constituyentes, indica una acentuación de los vaivenes cíclicos. Para ilustrar este fenómeno, basta con dar un sencillo ejemplo numérico. Si a esta sucesión inicial

 

4®3®2®1®0®-1®-2®-1®0®1®2®3®4®_=1,25

 

le hacemos experimentar un crecimiento exponencial del uno por ciento acumulativo anual durante 24 años, tenemos:

 

5,1®3,8®2,5®1,3®0®-1,3®-2,5®-1,3®0®1,3®2,5®3,8®5,1®_=1,6

 

     (Este ejemplo es puramente ilustrativo: muestra que una tasa de crecimiento acumulativo de un uno por ciento anual convierte Q0=1,25, al cabo de t=24, en Qt=1,6; y que si descomponemos esta última cifra ello nos dará idea de una acentuación del ciclo. Sin embargo, esta acentuación es ficticia: la profundización del ciclo es acumulativa sobre una base dada; si la base de partida fuese siempre igual a uno, por ejemplo, el ciclo no estaría predeterminado, lo que implica que cada período cíclico sería diferente, ajeno por completo al período anterior. La realidad de los hechos está seguramente a medio camino entre uno y otro extremo: ni está completamente predeterminado por su base, ni es ajeno a él. Existen coeficientes variables para cada factor que, adecuadamente estimados y ponderados, pueden permitir realizar prospecciones de futuro. Pero ésto no tiene nada que ver con el presupuesto de un crecimiento regular acumulativo.)

     Para comprender mejor esta estrategia de trabajo, pongámonos en el lugar de un economista que estudia la evolución del índice de los precios. Como sabemos, éste es muy voluble, y viene dado por muchos factores (algunos persistentes, y otros coyunturales). La inflación no es más que la media, debidamente ponderada, del incremento de los precios en una cesta de productos seleccionados, a lo largo del tiempo (el índice mensual es la media ponderada del aumento del precio de los diferentes productos durante un mes; el índice anual es la media aritmética de los incrementos mensuales...) Esta media sirve de base para los incrementos acumulativos de períodos posteriores. Téngase en cuenta que, independientemente del reparto de los costes inflacionarios entre sectores sociales, si la inflación va a la par del aumento de la renta, su efecto económico interno es neutral; pero si su evolución no se acompasa con la del extranjero, indudablemente se producen repercusiones en el comercio exterior y en la tasa de cambio de las monedas.

     Del mismo modo, nosotros hemos definido el crecimiento cíclico tendencial como la agregación ponderada de los ritmos medios de incremento de los factores considerados. Y este cálculo nos sirve para: 1) establecer un punto de partida de la evolución a largo plazo de los factores, 2) conocer el valor «de estado» de los distintos ritmos de incremento (del mismo modo que, en el análisis de la inflación, la evolución de esta variable en diferentes países tiene una repercusión significativa sobre los intercambios entre ellos). Por ejemplo, este valor numérico permite conocer la responsabilidad de las distintas variables agregadas (la inversión y el cambio tecnológico) en la evolución de la renta y de los períodos cíclicos.

     Como tal valor absoluto (al igual que la inflación, por ejemplo), el crecimiento cíclico tendencial experimenta una evolución exponencial acumulativa. Nosotros hemos ilustrado la acentuación del período cíclico mediante la yuxtaposición de períodos con un crecimiento acumulativo a un ritmo regular. Como tal, únicamente tiene un significado didáctico. Más tarde desarrollaremos nuestra hipótesis desde una estrategia más realista: la acentuación cíclica viene dada por el papel que el cambio tecnológico ejerce como comodín, que permite la creación de productividad aparente con desempleo tecnológico creciente.

     Existe otra manera de ilustrar el movimiento acumulativo que da pie a la acentuación de los períodos cíclicos: el crecimiento da pábulo a nuevas posibilidades de crecimiento, y por ello es acumulativo. Tales posibilidades tienen carácter social, tecnológico, económico, político, etc. Si el ritmo de crecimiento estuviera acompasado con el de los factores, la acumulación sería simple; si, en cambio, es capaz de generar nuevo ahorro y nuevo capital, sería ampliada. Sin embargo, si este crecimiento autosostenido se basa en una disminución de los factores que lo provocan (empleo, por ejemplo), su base se va estrechando, hasta generar desequilibrios y crisis de subconsumo.

     El ejemplo numérico anterior ilustra el funcionamiento del interés compuesto, como amplificador de fenómenos en una situación inicial dada. Pero la realidad es compleja, y por supuesto no todos los factores evolucionan a un ritmo similar. A continuación intentaremos reflejar algunas constantes de la realidad fáctica. Por ejemplo, comprobaremos qué sucede cuando L, en lugar de experimentar un incremento anual acumulativo de un uno por ciento, sufre un decrecimiento anual de la misma cuantía, pasando la razón multiplicadora de 1,01 a 0,99; a ello le añadimos un coeficiente multiplicador que disminuye en un 0,5% el incremento anual de los factores de capital (acumulado y corriente), a causa de ineficiencia y amortización acelerada del capital (coeficiente de ineficiencia técnica). Ello daría la siguiente fórmula, que acompaña la gráfica A-21:

 

                     Qt=0,995t×[1,01t(K0/2+CT0)]+0,99t×L0/2 (19)

 

1,01t® crecimiento anual acumulativo del 1%.

0,995t® decrecimiento anual acumulativo del 0,5% (por ineficiencia técnica)

0,99t® decrecimiento anual acumulativo del 1%.

 

     Así pues, el decrecimiento del empleo, así como el recorte en el crecimiento del capital (corriente y acumulado), como consecuencia de la ineficiencia técnica, conducen a que la renta, en un intervalo de sesenta años, pase de Q=1,25 a Q=1,45. Siendo Qt la renta final en el año t, para calcular la tasa de crecimiento anual acumulativo x, procederemos de la siguiente manera:

 

xt×Q0=Qt (Q0=1,25)

   

x=tÖQt/Q0

 

                                             x=(Qt/Q0)1/t (20)

 

     De esta manera, con t=60, a partir de la fórmula (19), la tasa de incremento anual acumulativo ha pasado a ser del 0,25%, en lugar del uno por ciento de (18) (véase gráfico A-21). La aplicación de los coeficientes reductores antes especificados ha afectado sensiblemente a la renta final (Qt), aminorando considerablemente la tasa de crecimiento; lo que implica que un cambio en las condiciones del crecimiento (positivo o negativo) de los factores que constituyen la renta final, repercute en ésta, a no ser que CT, como comprobaremos después, ocupe su posición central de comodín, con las consiguientes repercusiones sobre la amortización acelerada del capital.

     De momento estamos considerando que las condiciones de partida se mantienen inalterables (posteriormente veremos que esta situación es irreal), lo que provoca una agudización y profundización del ciclo, expresada de la siguiente manera: 1) una disminución del intervalo de tiempo entre ciclo y ciclo, dado un aumento relativo de K sobre L (incremento de la composición orgánica del capital, siempre que CT ocupe el papel de comodín), y 2) una disminución tendencial de Q-L a medida que Q ralentiza sus tasas de crecimiento.

     Podemos pensar que un incremento de Qt debido a una tasa de crecimiento sostenido acumulativo puede ir acompañado de un realineamiento de L y K tendiente a L=K (si bien esta situación de óptimo es improbable, tal condición es garantía de equilibrio de los mercados), que provoque una disminución de las tensiones que generan fenómenos cíclicos (recordemos que el optimum optimorum se encuentra en el punto L=K=Q/L=Q-L, donde se iguala el crecimiento de los mercados de bienes de consumo y de inversión, así como el crecimiento del consumo en relación a la productividad). Podría darse el caso de que se produjera una evolución equivalente de todos los factores, que no produjese desequilibrios de partida y que no exacerbase los procesos cíclicos. Pero, en una economía capitalista, esta situación es excepcional: en la práctica, una exacerbación del ciclo puede ser consecuencia tanto de un incremento de las oscilaciones (mayor intervalo entre zenit y nadir) como de un acortamiento del período (menor intervalo entre ciclo y ciclo).

     El mecanismo que emplea la economía capitalista para superar las ineficiencias internas, producto de una aplicación deficiente del cambio tecnológico, o de situaciones de subconsumo como consecuencia del creciente paro tecnológico, tiene carácter automático: en absoluto se puede asegurar que sea consciente, pero en cualquier caso es inexorable. El cambio tecnológico juega aquí un importante papel: ante la disminución de los resultados económicos, a consecuencia del aumento de la composición orgánica del capital, tiene tendencia a rellenar la brecha entre la productividad efectiva y la productividad potencial, con el resultado de desgaste y amortización acelerada del capital, tanto corriente como acumulado.

     Si definimos la productividad potencial como aquel nivel de productividad que supone el agotamiento de la reserva de capacidad de producción acumulada en el sistema, y la productividad efectiva como el nivel corriente de productividad dado por la aplicación de los factores productivos (y sus condicionantes objetivos: ineficiencias, disminución del consumo a causa del paro tecnológico, etc.), habremos de concluir que si un sistema, con una productividad efectiva dada, crece a un ritmo impulsado por la productividad potencial, de alguna manera estará amortizando aceleradamente su capital (que, en todo caso, tiene un tiempo de vida útil limitado), y aplicando dosis extraordinarias de cambio técnico o de intensificación del trabajo (mayor producción, con un factor capital y trabajo dado, lo que implica un aumento del ritmo de trabajo). En este proceso, nuevamente, CT ejerce su papel de comodín, L el de combustible del proceso, y Q-L de testigo (altamente fiable) de la tendencia a largo plazo.

     Veámoslo reflejado en el gráfico A-22. Aquí está expuesto el ciclo caracterizado por la fórmula (19) (Qt=1,45 con t=60), pero con una variación: hemos hecho crecer Q a un ritmo equivalente al de la fórmula (18) (Qt=2,27 con t=60), con el consiguiente acortamiento de los períodos, y la reducción del lapso de tiempo entre Q0 y Qt (ampliación de la brecha del tiempo que media entre Qt(18) y Qt(19)). La diferencia entre el crecimiento efectivo marcado por (19) y el potencial expresado por (18) está expresada por el incremento colateral de CT:

 

            1,01t×Q0=Qt=0,995t×[1,01t(K0/2)]+0,99t×(L0/2)+CT (21)

 

     Observemos un importante detalle: no hay manera de alcanzar la producción expresada por (18) si no se rellena la brecha entre ésta y la expresada por (19) con el comodín CT. Ello tiene importantes repercusiones: 1) el período entre ciclo y ciclo se acorta de forma progresiva; 2) la renta global de (19) se acumula en p años (46 años, aproximadamente), siendo

   12

p=å60 [(Q(19)/Q(18))×12]

 

provocando una brecha del tiempo equivalente a t-p (14 años, aproximadamente); 3) como la capacidad de producción efectiva de (19) sigue siendo la misma, ello implica que el capital acumulado tiene un límite de capacidad de producción irrebasable; 4) por lo cual, el empleo acelerado de ese capital (y del trabajo) acorta el período de amortización del capital acumulado.

     En consecuencia, la aplicación forzada (y acelerada) de la capacidad de producción efectiva, al ritmo de la productividad potencial dado por CT, reduce los plazos de amortización del capital acumulado: la renta efectiva se aplica en un menor número de años, equivalente al lapso p; éste es el intervalo en el cual, a un ritmo de crecimiento dado por la productividad potencial, se agotará la capacidad de producción dada por la productividad efectiva de un año corriente. Lo cual expresa la aparente trivialidad de que, en condiciones dadas, gracias a la reserva de capacidad de producción dada por CT, se puede "forzar la máquina", con el resultado del acortamiento del período de producción útil del capital, lo cual obliga a una renovación más rápida del capital acumulado (a una tasa más elevada de incremento del capital corriente).

     ¿Qué papel juega L en este proceso? En la gráfica podemos observar que con la reducción de L en relación a K (aumento de la composición orgánica del capital), y con un ritmo de producción "a marchas forzadas" (a causa de un mayor uso de capacidad productiva acumulada), la brecha de la productividad aparente (dada por una mayor producción con menor aplicación de trabajo) se ensancha. Ahora bien, ¿repercute ello positivamente sobre Q? No, porque, en primer lugar, gran parte de esta producción no se puede colocar en el mercado interior, y en segundo lugar, porque esta explotación "salvaje" del factor trabajo no hace más que acelerar el proceso de amortización del capital (ensancha la brecha del tiempo), obligando a un más rápido reemplazamiento, y creando ineficiencias colaterales (por causas técnicas u organizativas). Este cuadro confirmaría la concepción marxista del aumento de la tasa de explotación, del "ejército industrial de reserva", y de la disminución tendencial de la tasa de beneficio.

     Hemos observado cómo, a partir de la gráfica A-22, el ciclo se comprime y acentúa, en aplicación de tasas de crecimiento potencial a una capacidad productiva efectiva dada, con el coste de amortización acelerada y de ineficiencia en el empleo de los recursos productivos. En efecto: 1) los períodos cíclicos se acortan; 2) la renta tiende a disminuir su ritmo de crecimiento; y 3) consecuentemente, también lo hace la productividad laboral, que perfila perfectamente la pauta tendencial de este proceso. En éste tiene un protagonismo destacado la productividad aparente, que posibilita el máximo aprovechamiento de la capacidad de producción efectiva con el mínimo empleo de factor trabajo. Pero para entender este proceso dinámico, hemos de aproximarnos incluso más a un escenario real, donde el ritmo de Q decrece (aplicando el mecanismo del multiplicador) a medida que L decrece (y aumenta el "ejército industrial de reserva"), lo cual arrastra a la productividad del trabajo, con el resultado final de una aceleración del ciclo, de la ineficiencia global y de la exacerbación de las oscilaciones.

     Antes de iniciar el análisis detallado de este aspecto, veamos el gráfico A-23. En las figuras A a D hemos representado las "líneas de estado" de la renta, la productividad y la inversión de los momentos t=0 y t=84 de la  tabla 2. En A y B hemos reflejado fielmente los datos referidos, y en C y D hemos invertido los valores de L y K, permaneciendo Q y CT constantes. De esta manera, hemos pretendido estudiar las motivaciones del sistema al invertir de la forma expuesta en la tabla. Comenzaremos por A. Aquí el sistema ha invertido en trabajo muy por debajo que en capital. Ello genera una brecha de productividad del trabajo expresada por el intervalo entre L y K. Consecuentemente, la productividad del trabajo (Q-L) es positiva y L se sitúa muy lejos del límite de reversión de fase. La productividad del capital, al situarse K por encima de Q, es ligeramente negativa. CT=0 está a la izquierda de Q-L=0, dado el bajo nivel de Q y el alto nivel de K. Ello supone que es necesario hacer un menor uso de la reserva de capacidad de producción acumulada para atender a las necesidades corrientes de la producción, dado un alto nivel de capital corriente en relación al bajo nivel de renta.

     El punto L se sitúa muy cerca de CT=0, lo que indica que la productividad del capital acumulado (CT) es baja, pues su empleo, en relación al nivel de L corriente, es muy intenso (recordemos que cuando se incrementa el uso del capital corriente, con un nivel de empleo dado, la recta CT se desplaza a la izquierda, por lo que, dado un nivel de ocupación, el uso de capital acumulado en un año corriente aumenta). La mayor parte de la productividad laboral es atribuible al diferencial del capital, es decir, al alto empleo de capital corriente respecto al trabajo corriente. El depósito de capacidad de producción acumulada rellenará la brecha entre la producción potencial (que viene dada por el stock de capital acumulado) y la producción efectiva en momentos coyunturales.

     En la figura B la renta Q aumenta ligeramente, y K lo hace más que proporcionalmente respecto a Q; L disminuye, por lo que la brecha de la productividad aparente aumenta, así como la productividad laboral (al contrario, la productividad del capital se reduce considerablemente). CT se desplaza ligeramente a la derecha, en función del avance relativo de Q y K. Sin embargo, dado un menor empleo de capacidad de producción acumulada (CT) por parte de L, su productividad aumenta, así como la del diferencial del capital, lo que coadyuva a que la productividad laboral (Q-L) aumente. Por último, y contrariamente a los casos C y D, L se sitúa muy lejos del límite de reversión de fase, lo cual indica que se produce una alta productividad laboral y un alto nivel de eficiencia (a costa de una productividad del capital negativa).

     Analicemos ahora las figuras C y D. En la figura C hemos invertido los valores de L y de K, por lo que ahora CT se desplaza hasta la derecha dada la reducción del valor de K, con un nivel de Q dado: a medida que K se desplaza a la izquierda, el capital acumulado va adquiriendo más protagonismo a la hora de rellenar la brecha entre inversión y renta agregada. Pero como el nivel de L se ha visto incrementado considerablemente, se está, en ambos casos, al borde del límite de reversión de base. Observemos que en ambos casos la productividad del trabajo es negativa; la productividad del capital, en cambio, es muy alta. El nivel de CT en el punto L es el mismo que en A.

     Traduciendo este análisis al tema que nos ocupa nos será mucho más fácil entender las motivaciones del sistema al desinvertir en L e invertir relativamente más en K. En efecto, el paso de A a B (un incremento del 70% en K, del 55% en Q y del 167% en Q-L) sólo ha sido posible gracias a un decrecimiento del 44% en L. Este hecho explica la obsesión del sistema por desinvertir en L, invertiendo relativamente más en K. No podemos olvidar, una vez más, que Q-L determina la evolución del sistema, que expresa el comportamiento tendencial de la economía, y que el sistema se encarga de que la productividad del trabajo se mantenga siempre en cifras positivas. Así, la consecución de altos niveles de Q-L en posiciones de L muy alejadas del punto de reversión de fase indica altos niveles de "competitividad", o de productividad aparente, pero no necesariamente de eficiencia; pues esta productividad aparente es a costa de una baja productividad del capital y de una eficiencia global del sistema menor que si K fuese más baja, por no hablar de sus repercusiones sobre el empleo y la tasa de crecimiento de la economía.

     En C y en D, en cambio, observamos una situación opuesta: altos niveles de empleo y bajos niveles de inversión en capital corriente, lo que provoca tasas negativas de la productividad del trabajo y positivas de la productividad del capital. Ello no obstante, la curva CT se desplaza más a la derecha, lo que indica que se usa en mayor grado la reserva de capacidad de producción acumulada, dados los bajos niveles de uso de capital corriente: con el nivel de ocupación dado en C y en D, la eficiencia global del sistema es la misma que en los casos A y B; sin embargo, si la ocupación fuese la misma que en A y en B (siendo L=K), en las condiciones corrientes en los casos C y D, la productividad del trabajo sería igual que en A y en B, pero la eficiencia global (recordemos que es la agregación ponderada de las productividades del capital y del trabajo) sería mucho mayor, dado el desplazamiento de CT hacia la derecha.

     En definitiva, cuando los niveles de inversión en capital corriente disminuyen, la eficiencia global aumenta (la curva CT se desplaza hacia la derecha), con un nivel de renta Q dado. Ello supone una mejora en la productividad global, compatible con niveles iguales de Q-L si L no varía. Por lo tanto, K es la variable que determina el nivel de eficiencia global de la economía, con niveles Q y L dados, si nos situamos en una función donde L es la variable independiente. Un aumento de K determina una disminución del rendimiento del capital corriente (con un nivel Q dado), y si ello va acompañado de una disminución de L, su impacto sobre Q es evidente. Así pues, la evolución de la eficiencia global (CT), o expresado de otra manera, la de la capacidad de producción acumulada, en función del nivel de incremento de K, es la que determina la evolución futura de la renta y de la productividad del trabajo.

     A corto plazo, el aumento de K comporta un incremento de la productividad del trabajo, a cambio de una disminución de la eficiencia global (con niveles de renta y ocupación dados). Pero si este incremento de K va acompañado por una reducción de L, ello implica una reducción de los niveles de demanda, así como ineficiencia en el uso del capital (redundancia del capital). En efecto, el mayor empleo de K supone una menor productividad del capital, lo cual repercute sobre la renta global; si a ello le añadimos la disminución de la demanda interna, ocasionada por la disminución en el empleo de factor trabajo, la renta todavía se resiente más, lo que a largo plazo acaba repercutiendo negativamente sobre la evolución de la productividad del trabajo.

     Por lo tanto, la pretensión del sistema de mejorar a corto plazo la productividad del trabajo, a costa de la reducción de fuerza de trabajo, se traduce a largo plazo en el aumento de los costes de ineficiencia global, en una ralentización de los ritmos de crecimiento de la renta, en un decrecimiento de los ritmos de incremento de la productividad del trabajo, en una agudización de los ciclos, y en un acortamiento de sus períodos. Veámoslo en la gráfica A-24, y en la tabla 2, no antes sin recordar que CT marca el nivel de eficiencia global de la economía, y Q-L es su tendencia a largo plazo.

     Comenzaremos por la tabla. Podemos observar cómo Q experimenta una progresión constante, hasta t=12, donde se inicia una ralentización. Ello es explicable porque a partir de aquí la disminución del empleo de factor trabajo provoca una disminución colateral del consumo. A partir de t=24 a ello se le añade el efecto del coeficiente reductor de la eficiencia, que resta asimismo fuelle al crecimiento de Q. Estos dos hechos combinados tienen su repercusión sobre el multiplicador del crecimiento del producto, provocando una ralentización hasta tasas que nosotros hemos definido discrecionalmente. Dicha ralentización del crecimiento tiene su efecto sobre la productividad del trabajo y del capital, que sufren asimismo retrocesos, al tiempo que los intervalos cíclicos (que relacionan productividad potencial con productividad efectiva) se reducen progresivamente.

     Si ahora observamos el gráfico A-24 comprobaremos la repercusión de estos procesos sobre la renta agregada, la productividad y la eficiencia global. Aquí vemos que un crecimiento a tasas variables pero tendientes a la retracción (lo que conlleva una contracción tendencial: a largo plazo) tiene su efecto sobre la productividad laboral. Ésta, efectivamente, a partir del momento en que L comienza a descender, y que el multiplicador de Q hace lo propio, tiene una tendencia a reducirse, lo que es observable a partir de t=24. Al tiempo se produce una productividad aparente indicativa del mayor empleo de factor K (así como de CT) sobre L. Observemos cómo CT, que tiene carácter residual (es decir, no crece a una tasa constante, como K), compensa la reducción de L, para alcanzar un nivel de productividad equivalente a una tasa de crecimiento potencial determinado, por supuesto por encima de la tasa "normal" (o efectiva) de crecimiento, lo que provoca amortización acelerada del capital y aumenta la brecha del tiempo (entre la duración normal, o efectiva, del capital acumulado, y la duración real, dado un ritmo de productividad potencial).

     Al igual que en A-22, si el sistema creciera al ritmo que marca la productividad potencial (es decir, a pleno uso de la capacidad productiva, al nivel dado de ocupación), habría de acudirse a la brecha del cambio tecnológico (o a mejoras cualitativas en la productividad del capital, gracias a avances tecnológicos), lo cual provocaría, como sabemos, una amortización acelerada del capital acumulado, así como costes en ineficiencia y obsolescencia. (Aunque a corto plazo ello puede generar beneficios inmediatos gracias al uso indiscriminado de productividad aparente.) La brecha del tiempo representa el período de agotamiento del capital acumulado, a un ritmo equivalente a la productividad potencial del sistema (es decir, cuando "se fuerza la máquina"). Podemos comprobar cómo a medida que la renta disminuye, la productividad del trabajo ralentiza su crecimiento, lo que a largo plazo recorta también la brecha de la productividad aparente (la que media entre la productividad potencial y la efectiva, es decir, a ritmos "normales" de crecimiento).

     En definitiva, a largo plazo el efecto inmediato producido por la productividad aparente se desvanecerá, y convergerán los niveles de productividad a ritmo normal y a ritmo acelerado. En este preciso momento las medidas a adoptar son contrapuestas: profundizar en el aumento de la composición orgánica del capital (haciendo que K siga creciendo por encima de L), lo que conlleva aumentar aún más el "ejército industrial de reserva" y la ineficiencia en el uso del capital; o bien implementar políticas activas de empleo, para inyectar demanda agregada.

     A partir de estas premisas podemos llegar a las siguientes conclusiones:

 

     1) Empleo y cambio tecnológico (o eficiencia global) son los principales actores en este drama: el sistema tiende a desinvertir en empleo y sustituirlo por capital corriente para aumentar la productividad aparente. Ello conlleva una disminución de la renta, así como una serie de ineficiencias (técnicas, de producción y organizativas) que contrarrestan esta tendencia.

     2) Al aumentar la brecha de la productividad aparente, por un aumento de la composición orgánica del capital (K/L­), la línea CT tiende a dirigirse hacia la izquierda, y la productividad del trabajo aumenta: la eficiencia global del sistema disminuye y la renta tiene tendencia a contraerse, lo que a largo plazo recorta las ganancias en productividad (tendencia a la disminución de la tasa de beneficio). Así pues, al invertir desenfrenadamente en K, el sistema tiende a cercenar las ganancias en productividad laboral, lo que le incita a acelerar todavía más la composición orgánica del capital, lo cual asimismo amplifica este fenómeno, y así sucesivamente.

     3) El aumento de la productividad aparente y del "ejército industrial de reserva", o paro tecnológico, sirve de fuelle para reducir todavía más costes laborales. Así pues, las posibilidades del crecimiento de K (respecto a L) aumentan, pero los ciclos se agudizan, porque el sistema se sitúa permanentemente en situaciones de sobreproducción.

     4) La aminoración a largo plazo de la productividad del trabajo incita a desinvertir en más factor trabajo, y a invertir aún más en factor capital, lo que repercute desfavorablemente sobre la renta (a causa de las pérdidas consiguientes de demanda agregada) y sobre el nivel de eficiencia global del sistema (véase la gráfica A-25). En B comprobamos cómo la amplitud de la brecha de la productividad aparente ha aumentado, lo que implica un aumento colateral de la productividad del trabajo. Pero con un nivel dado de Q, un incremento de K desplaza a CT a la izquierda (lo que indica un decrecimiento del empleo de capital acumulado). Asimismo, a medida que K aumenta (con un nivel dado de Q), también lo hace la ineficiencia en el empleo del factor capital, si bien compensado por un incremento en la productividad del trabajo, lo que sitúa el valor CT en el mismo nivel de A.

     Desplazando nuestra atención a la gráfica A-24, coincidiremos en que un incremento de K a un ritmo superior al de Q provoca tasas negativas de productividad del capital, y, dado un decrecimiento en la renta, también hace disminuir la eficiencia global. Su impacto sobre la productividad del trabajo, a largo plazo, no hace más que acentuar este proceso. En la tabla 3 hemos representado la disminución tendencial de CT y de Q-L cuando el multiplicador de Q=1,25 es el acumulativo corriente (el propio de cada período cíclico), no el promedio de todo el lapso entre el inicio del proceso y cada período considerado. Ello ilustraría la tendencia de CT a descender a medida que K crece a un ritmo superior al de Q.

     5) El cambio tecnológico, como vemos en la gráfica A-24, es el comodín que ajusta el crecimiento corriente a los objetivos (crecimiento potencial) o a la coyuntura del mercado. Ello, cómo no, exacerba los vaivenes cíclicos, de ir acompañado de un aumento de la composición orgánica del capital y de la productividad aparente. La agudización del ciclo se produce de dos maneras: en horizontal, reduciendo los intervalos entre ciclo y ciclo, con aplicación del cambio tecnológico como comodín para rellenar la brecha entre la productividad potencial y la efectiva; o en vertical, utilizando el ejército industrial de reserva como fuelle que da alas al crecimiento en los momentos de auge, o como lastre a soltar en momentos de depresión, y por tanto haciendo un uso discrecional de la productividad aparente.

     6) Las condiciones del punto de partida determinan la evolución posterior del ciclo, a través del "efecto mariposa" del que ya hemos hablado. Un punto de partida con L y con CT a un nivel dado, determinará unas pautas de crecimiento determinadas, cuyo objetivo orientador será la consecución de niveles determinados de productividad del trabajo.

     En definitiva, un punto de partida con un importante "ejército industrial de reserva" y una considerable reserva de capacidad de producción no utilizada sirve de fuelle para el crecimiento en momentos de auge, y a través del multiplicador keynesiano, conlleva desinversiones más considerables en las recesiones. En general, la disminución en factor trabajo comporta a la larga una caída de la renta, y más allá, de la propia productividad del trabajo. Esta disminución paulatina de la productividad del trabajo incita al sistema a seguir desinvertiendo en empleo y abusando del factor capital corriente, para recuperar márgenes, lo que exacerba y amplifica todavía más el proceso (aplicación del multiplicador y situación permanente de sobreproducción). Este proceso de desinversión en empleo debería acabar, en principio, cuando la productividad del trabajo potencial coincide con la normal (efectiva). Entonces, el sistema pierde incentivos para seguir desinvertiendo en factor trabajo. La renta está demasiado baja y la economía necesita una inyección de demanda agregada. Aquí se hace necesaria una nueva política de empleo.

 

     En la próxima sección pasaremos a contrastar nuestro modelo con la realidad. Comprobaremos que, una vez más, la realidad supera ampliamente la ficción.