José Luís Espejo - La isla de las narices grandes

La isla de las narices grandes

 

En mitad del mar había una pequeña isla. En ella la gente era feliz, porque tenía todo lo que necesitaba: agua abundante, frutos sabrosísimos, y mucho oro, con el que podían comprar todo lo necesario a los comerciantes que de vez en cuando pasaban por allí...

Sin embargo, aun viviendo en un lugar tan maravilloso, los habitantes de esa isla no estaban del todo contentos...

Tenían un problema: sus narices eran muy-muy grandes. Tenían unas enormes narizotas.

Tanto, que cuando trataban de ponerse un jersey, no les cabía, por culpa de la nariz... Cuando querían beber de un vaso, no podían, por culpa de la nariz... Y cuando trataban de darse un beso, no podían, por culpa de la nariz...

¡Todas esas cosas no las podían hacer los habitantes de esa isla! Y lo que es peor: como tenían unas narices tan grandes, ¡estaban siempre resfriados, y no ganaban para pañuelos!

Un día, se reunió el Gran Consejo de la isla, y se decidió que el Gran Jefe iría a la Isla de las Orejas Grandes, a pedirle a su brujo que, por favor, hiciera todo lo posible para reducir el tamaño de sus narices...

Así que el Gran Jefe se subió a una barca, y comenzó a remar en dirección a la Isla de las Orejas Grandes...

Cuando el Gran Jefe llegó a esa isla, se dirigió a la casa del Brujo... Entonces le explicó su caso... Y el Brujo, tras mucho pensar, dijo:

"Mmm... Ésta es una situación ciertamente complicada... Pero creo que ya he encontrado la solución... Toma, llévate estas tres cajas, y no las abras hasta llegar a tu isla... En ellas encontrarás las instrucciones de lo que tenéis que hacer..."

El Gran Jefe de la Isla de las Narices Grandes le dio las gracias, y fue a su barca tan contento.

Ya en la isla, se volvió a reunir el Gran Consejo, y una por una, abrieron las tres cajas que les dio el Brujo... La primera tenía hilo y botones: así, en lugar de usar jerseys, la gente usaría camisas con botones... De este modo ya no volverían a tener problemas para vestirse.

La segunda caja estaba llena de cañitas, como esas que se usan para tomar un refresco: así no volverían a tener problemas para beber de un vaso.

Y la tercera tenía unas pequeñas semillas... Eran semillas de naranja... Porque comiendo muchas naranjas, se resfriarían mucho menos, y ya no necesitarían tantos pañuelos...

Y por lo que se refiere a los besos, los habitantes de esa isla pensaron que también era bonito rozarse la punta de la nariz...

Moraleja: Si no puedes cambiar la realidad, adáptate a ella.

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