José Luís Espejo - 3. La pista italiana de Cristóbal Colón

3. La pista italiana de Cristóbal Colón

 

         No muy lejos de Milán, en la Lombardía, se asienta un importante linaje italiano: los Casanova lombardos. Tienen casa solariega en dos emplazamientos de la región de Como: en Gravedona, a un tiro de ballesta de la actual frontera suiza (región de Ticino), y en Brianza (entre Monza y la ciudad de Como).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La familia casanova, en el Diccionario Heráldico Spreti, de Italia.

 

         El Casanova más conocido, Giacomo Casanova (1725-1798), descendiente de esta familia, empieza así sus memorias:

 

            “Don Jacob Casanova, nacido en Zaragoza, capital de Aragón, hijo natural de don Francisco, raptó del convento, en el año de 1428, a doña Ana Palafox, al día siguiente de haber profesado. Era secretario del rey don Alfonso; se escapó con ella a Roma, donde, después de un año de prisión, el papa Martín III relevó a Ana de sus votos y bajo la protección de don Juan Casanova, maestre del sacro palacio y tío de don Jacobo, les otorgó la bendición nupcial. Todos los hijos nacidos de este matrimonio murieron de corta edad, a excepción de don Juan, quien en 1475 casó con doña Leonor Albini, de la cual tuvo un hijo llamado Marco Antonio.

            En 1481, habiendo dado muerte don Juan a un oficial del rey de Nápoles, viose obligado a abandonar Roma y escapó a Como con su mujer y sus hijos, pero queriendo probar fortuna partió en viaje con Cristóbal Colón y murió el año 1495.

            Marco Antonio llegó a ser un buen poeta, a la manera de Marcial, y fue secretario del cardenal Pompeyo Colonna. Viéndose obligado a salir de Roma por la sátira contra Julio de Médicis, que se lee entre sus poesías, volvió a Como, donde se casó con Abondia Rezzonica”.

 

         Siempre se ha considerado que este relato genealógico tiene ribetes fantásticos. Aquí Casanova –el libertino- parece querer entroncar su linaje con Cristóbal Colón. No son pocos los que se estiran de los pelos por ello. Pero quizás tendrían que otorgar un poco de credibilidad a un personaje que, si bien un tanto cínico, no está demostrado que fuera un mentiroso.

 

El linaje de un libertino

 

         Repasemos su relato. Los Palafox, descendientes directos de Ana de Palafox, son una familia aragonesa de origen catalán. En el Nobiliario de Aragón de Pedro Garcés de Cariñena se dice literalmente que “eran catalanes en tiempos del rey don Pedro el cuarto”. Efectivamente, un tal Guillem de Palafolls fue consejero de Pedro IV el Ceremonioso. Esta familia tiene casa en el municipio de Palafolls, entre Malgrat de Mar y Blanes (Palafox es una corrupción de este nombre catalán).

         Juan Casanova, maestre del sacro palacio, en Roma, y tío de Jacobo Casanova, existió realmente. De éste dice el diccionario García Caraffa que fue “obispo de Rosano y de Elna, y después cardenal presbítero con el título de San Sixto, creado por el papa Martín V en 1430. Murió en Florencia y fue enterrado en Santa María la Novella, de frailes dominicos, el año de 1436”. (Aquí Giacomo Casanova comete un error: el Papa era Martín V, y no Martín III, como dice.) Por otro lado, García Caraffa nos presenta a un Jaime Casanova; se supone que contemporáneo de Juan, también cardenal. ¿Sería el Jacobo Casanova del que habla el libertino?

         Jaime Villanueva (Viaje literario a las iglesias de España, tomo XIV, pág. 34) dice de Juan Casanova que era natural de Barcelona, y que se hizo dominico en 1403, y que “por su grande erudición le nombró Martín V maestro del Sacro Palacio en 1418” (en esto Giacomo Casanova también tenía razón). Fue obispo de Bossano en Cerdeña en 1424 (no Rosano, como se dice en el García Caraffa) y de Elna en 1425, así como cardenal de San Sixto de Girona en 1430. Murió en Florencia en 1436.

         Por lo que se refiere a Marco Antonio Casanova, según el Dizionario Biografico degli Italiani, nació en 1477 (dos años después de la supuesta boda de Juan Casanova con Leonor Albini), y es —según la doctrina convencional— hijo de Niccolò (noble de la región de Como), no de Juan, como señala Giacomo Casanova. Pero sí sirvió a Pompeyo Colonna y fue un relevante poeta. Frecuentó la Curia romana en tiempos del papa Alejandro VI (Rodrigo de Borgia, padre de César Borgia).

         ¿Y qué hay del segundo Juan Casanova del que habla Giacomo el libertino? ¿Existió en realidad? Apuesto mi escaso crédito a que sí. Hasta el momento éste no nos ha engañado más de la cuenta: ha confundido al papa Martín V con Martín III, y a Nicolás (padre de Marco Antonio Casanova) con Juan (si no es que se llamaba Juan Nicolás). Pero estoy seguro de que dice la verdad, y de que poseía una información, hoy perdida, que sería interesantísimo recuperar, si es que queremos conocer la verdadera identidad de Cristóbal Colón.

         Enrique Bayerri menciona a este Juan de Casanova en su monumental obra (Colón tal cual fue). Nos dice concretamente:

 

            “Una rama de los Casanova catalanes, de que era jefe el cardenal barcelonés Juan de Casanova, emigró a Italia en la primera mitad del siglo XV, y parte de ella se estableció en Como, en la alta Lombardía. Sábese que un Juan Casanova, nacido en Italia, pero hijo de catalanes, navegó un tiempo con el futuro descubridor de América” (página 596).

 

         Este pasaje es notable si tenemos en cuenta que Bayerri no menciona en ningún momento el texto de Giacomo Casanova, el libertino. Ignoro si esta tradición ya existía independientemente de él. Sea como sea, la presencia de un tal Juan Casanova, proveniente de Como (Lombardía) en la segunda expedición de Colón parece evidenciar dos cosas: 1) Si es que de algún modo estaban emparentados -como así parece sugerir Giacomo Casanova - sería una prueba más de la pertenencia del Almirante al linaje de los Casanova-Colón; 2) Colón provendría de Italia, y por lo que hemos visto más arriba (destacando la figura de Juan Casanova, el cardenal, a caballo de Cataluña e Italia), no habría perdido sus raíces catalanas.

 

Los Casanova de Como, ¿emparentados con los Colom y con los Bertran?

 

         Existe una evidencia que vincula a los Casanova de Como con los Colom de Cataluña: el escudo de los primeros. Los Casanova de Lombardía –como los Da Vinci- ostentan tres palos de la bandera catalano-aragonesa. Y lo que es más elocuente: en el escudo de los Casanova de Gravedona aparece una paloma volando, hacia la izquierda, con una rama de olivo en el pico. Como vimos en 1.El enigma Colón éste es el blasón de los Colom de Mallorca y de Arenys de Mar (Barcelona).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A la izquierda, escudo de los Casanova de Gravedona. A la derecha, el de los Casanova de Brianza. Nótese la tribarrada y el blasón de los Colom catalanes y mallorquines.

 

         Así pues, tal vez no esté tan desencaminado Giacomo Casanova cuando sugiere una relación entre su linaje y el de Cristóbal Colón, lo que explicaría que uno de sus antepasados (Juan Casanova) hubiera navegado con él en el segundo viaje (dejando la piel en el intento). Es un hecho cierto que la moderna historiografía catalana ha dirigido su mirada a los Casanova como posibles familiares directos de Colón. Como hemos visto en 2.Colón, un hombre, ¿dos identidades?, es incuestionable que éste navegó -y pirateó- con el vicealmirante de la flota francesa Guillermo de Casanova, alias Colón.

         En Cataluña los Casanova -en sus distintas ramas- habían sido de antiguo navegantes y mercaderes. Tenemos los nombres de varios de ellos: Andreu de Casanova, Beltrán Casanova o Jaume Casanova. De hecho, conocemos el nombre de dos Jaume Casanova: el primero comerciante en lanas (año 1392) y el segundo residente en Trápena y tratante de coral (1419).

         Como parece evidente, los Casanova de Italia (al menos los de Como) estarían emparentados con los de Cataluña y Aragón, según deja ver Giacomo Casanova en la Historia de mi vida, así como la heráldica (si nos fijamos en los escudos expuestos arriba, el elemento “casa” es distintivo de los Casanova de Barcelona y la “paloma con una rama de olivo en el pico” es característica de los Colom de Barcelona y Mallorca). Y por lo que se ve, los Casanova tenían cierta inclinación por el comercio y la marinería. Creo que ya es hora de replantearse el origen de Cristóbal Colón.

         La heráldica, de nuevo, nos puede ayudar a establecer parentescos entre los Casanova de Como y los de Cataluña, y entre éstos y Cristóbal Colón. Según la Enciclopedia storico-nobiliare italiana de Vittorio Spreti, y cito textualmente: "Famiglia di gentiluomini campagnuoli, i Casanova hanno como capostipite un Beltrame". En definitiva, los Casanova tenían como “patriarca del linaje” un Beltrán. ¿Podría ser el Beltrán Casanova del que hablé más arriba?

         ¿Acaso los Casanova estaban emparentados, como los Colom, con los Bertran catalanes? Recordemos que Pere Bertran Margarit acompañó a Colón en el segundo viaje a las Indias (fue el jefe de la fuerza militar de esa expedición). Y que asimismo, en esta tripulación, había un "Beltrán", del que desconocemos su origen y su nombre, pero que tenía rango de capitán, y era asimismo criado del Almirante. ¿Acaso dicho Beltrán tenía alguna relación con los Casanova de Como? Recordemos que en este mismo viaje también participó Juan Casanova, mencionado por Giacomo Casanova. ¿Sería dicho Juan Casanova el Beltrán capitán y criado de SS.AA.?

 

Los Casanova de Génova

 

         Pero no sólo en Milán se afincó el linaje Casanova. En la Liguria hay otra rama de los Casanova, instalada de antiguo en la ciudad de Génova, y que posteriormente sentó sus reales en la ciudad de Murcia: son los Sauli Casanova. Uno de ellos, Paolo Sauli Casanova, formaba parte, en el año 1545, de los electores —de segunda instancia— que elegían a los candidatos para el jefe del Estado (el Doge). Esto significa que los Casanova de Génova no eran unos cualquiera: eran importantes, y formaban parte de la oligarquía de la República.

         Los Casanova genoveses se asentaron en Murcia ya en la primera mitad del siglo XV. El magnífico trabajo de Juan Torres Fontes (Genoveses en Murcia, siglo XV), da fe de al menos tres: Juan, Leonardo y Rafael Casanova (estos dos últimos eran hermanos). Su quehacer estaba relacionado con el comercio y el teñido de paños.

         Los García Caraffa dicen así de los Casanova de Murcia: “Francisco Cascales habla de otros Casanovas que poblaron en la ciudad de Cartagena, y dice que éstos traían su origen y descendencia de la casa solar de los Casanova, de la Señoría de Génova, y que eran gente noble y gentiles hombres. Añade que el primero que pobló en Cartagena fue Pelegro Sauli de Casanova, hijo de Pedro Bautista Sauli Casanova...”.  Y añaden que había una rama de los Casanova que habitaban en Bearn (tal vez los Casanova Colom antes citados, piratas y navegantes al servicio del rey de Francia), y que todas las ramas de esta familia existentes en España derivaban de Cataluña, Levante, Aragón y Navarra; es decir, básicamente, del antiguo Reino de Aragón.

         Hay otra circunstancia que liga a los Casanova de Génova (y Murcia) con Cataluña: su escudo. A diferencia del de los Casanova de Lombardía (en el que podemos ver una casa, una tribarrada de Cataluña-Aragón, así como una paloma volando) éste consiste en «di rosso, a due fasce d’argento», muy parecido al de los Beltrán de Aragón (dos fajas de oro sobre campo de gules).  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comparativa del escudo de los Casanova de Cartagena (provenientes de Génova) con el de los Beltrán de Aragón.

 

         Ya sabemos que los Bertran están muy ligados a los Colom; y en concreto a Cristóbal Colón. Pues bien, de acuerdo a Martí de Riquer, en su Heràldica catalana (vol. I, pág. 43), una manera de realizar brisuras dentro de una misma familia es invertir o cambiar los esmaltes. Por ello es natural que los Casanova de Génova (y Murcia), si éstos tienen algo que ver con los Beltrán de Aragón, cambien el color de las fajas: de plata, en lugar de oro, sobre campo de gules.

 

Casanova Lerrone, ¿la verdadera patria de Cristóbal Colón?

 

         Ahora fijémonos en el siguiente escudo:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comparativa del escudo de Casanova Lerrone (izquierda) y el de Cristóbal Colón (derecha).

 

         Pertenece a la pequeña villa llamada Casanova Lerrone, en la provincia de Savona, y no lejos de Albenga. Si comparamos el escudo de Casanova Lerrone con el de Cristóbal Colón, hallaremos no pocas semejanzas. La única diferencia es que la faja azul separa un campo de plata de un campo de oro (mientras que en el escudo de Colón el fondo es todo de oro). Ello es explicable, como he señalado más arriba, por el recurso de la “brisura”, que hace pequeños retoques en atención a la colateralidad de los linajes familiares. Sobre esta faja y este fondo en el escudo de Casanova Lerrone se superpone un castillo de color rojo.

         En definitiva, la presencia de de la familia Casanova en territorio ligur está atestiguada en el siglo XV. Del mismo modo, en territorio lombardo. Por otro lado, la heráldica parece unir a los Casanova de Italia con los Colom (la paloma con el ramo de olivo en el pico) y quizás con los Bertran (las fajas rojas sobre fondo de oro, o de plata). A ello hemos de añadir el relato de Giacomo Casanova, el libertino, que vincula –implícitamente- su linaje con el de los Colón (dada la presencia de uno de sus antepasados en el segundo viaje del Almirante).

         Con todo ello no pretendo afirmar que pueda dar por probado el nacimiento de Colón en la Liguria (en Savona, en Casanova Lerrone, en Albisola, o en Génova). Pero creo que vale la pena investigar a fondo la conexión italiana de los Casanova con los Casanova-Colón, con los Colom y con los Bertran.

         ¿Sería Cristóbal Colón un ciudadano genovés (un Casanova de Génova), vinculado familiarmente con los Colom de Cataluña y Mallorca (de ahí el símbolo de la paloma en el escudo de los Casanova de Como), y con los Casanova gascones (de ahí su relación con el pirata Guillermo de Casanova Colom), pero con raíces catalanas (de ahí la tribarrada de los Casanova de Como)? Aquí tenemos un caso característico de “cosmopolitismo renacentista”. ¿Qué sería entonces Colón: genovés, gascón o catalán? ¿Era quizás un apátrida? Yo diría que, como Leonardo da Vinci, era un ciudadano de Europa; y tras su “descubrimiento” de las Indias, el primer “ciudadano del mundo” que ha existido en la Edad Moderna.

 

Relaciones de familia

 

         Durante el Renacimiento podríamos decir, casi literalmente, que “todo el mundo conocía a todo el mundo”. Por poner un ejemplo, los Casanova tenían vínculos comerciales con los Cattanei (un Pantaleone Casanova es socio en Londres de Agostino Cataneo). Marco Antonio Casanova (antepasado de Giacomo Casanova, el libertino) trabajaba con Rodrigo Borgia, que a su vez tuvo como amante a Vanozza Cattanei (madre de César y Lucrecia Borgia). Por su parte, Simonetta Cattanei (retratada en varias ocasiones por Botticelli, y nacida en Génova) estaba casada con Marco Vespucci, pariente de Americo Vespucio.

         Éste, como factor de Juanoto Berardi, ayudó a Colón en su primer viaje. A su vuelta (1493), lo recibe en Barcelona. Hasta su muerte, fueron siempre amigos. Ni siquiera la publicación del Mundus Novus (1503), de la Lettera (1505), o de la Cosmographiae Introductio (1507), alteró esta amistad con él o sus familiares. Fernando Colón, en la Historia del Almirante, no le hace ni un reproche. Para Germán Arciniegas “Colón y Vespucci fueron en Sevilla, desde 1492 hasta el año en que murió Colón (1505), dos amigos constantes. Jamás entre ellos existió sombra de rivalidad, ni los herederos directos de Colón nunca hicieron la más leve alusión contra el florentino”.

         Un ejemplo de esta solidaridad entre Colón y Vespucio la encontramos en la siguiente carta, dirigida por el Almirante a su hijo Diego:

 

            “Él [Vespucio] va por mío y en mucho deseo de hacer cosa que redunde en mi bien, si a sus manos está. Yo non se de acá en que yo le emponga que a mí aproveche, porque non se que sea lo que allá quieren. Él va determinado de hacer por mí todo lo que a él le fuere posible. Ved allá en que puede aprovechar, y trabajad por ello, que él lo hará todo y fablará, y lo pondrá en obra; y sea todo secretamente porque non se haya del sospecha”.

 

         Bartolomé de las Casas se lamenta de que en los escritos del hijo del Almirante no exista ninguna observación sobre “este hurto y usurpación que Américo Vespucio hizo a su muy ilustre padre” (Vicente D. Sierra, pág. 18). La citada epístola de Colón a su hijo Diego demuestra, no sólo un trato frecuente entre Colón y Vespucio, sino un grado de confianza que sólo se puede otorgar a un amigo.

         La relación entre ambos navegantes (Colón y Vespucio) debió de ser muy estrecha. En una probanza efectuada en 1510 para autentificar la firma de Colón, Vespucio asegura que trató al almirante “puede aver veinte a veinte e cinco años” y que conocía muy bien su firma, porque "le vido escribir y firmar muchas veces, e fue su oficial... e tuvo sus libros”. Puede parecer extraño que Vespucio hubiera conocido a Colón durante al menos veinte y cinco años (los primeros testimonios de contacto directo entre ambos no van mucho más allá de 1490). Consuelo Varela (Colón y los florentinos, página 48) nos da una solución:

 

         “A quien quizá conoció Vespucci con anterioridad a su llegada a España fue a don Bartolomé Colón. Entre 1479 y 1480 se encontraba Amerigo en París en calidad de secretario de Guido Antonio Vespucci, embajador florentino ante la Corte de Luix XI, cuya hija mayor Ana de Beaujeu, mujer de Pedro de Borbón, era ni más ni menos que la Madama de Borbón a la que se refiere Bartolomé cuando relata sus recorridos por las diferentes cortes europeas, en busca de ayuda para el viaje de su hermano, precisamente por las mismas fechas en que Vespucci se encontraba en Francia”.

 

         Cristóbal Colón conoció a otros italianos que tenían un papel importante en la vida política y cultural catalana (y española). Uno de ellos era Antonio Geraldini, preceptor del príncipe Don Juan, secretario, cronista y poeta áulico de Fernando de Aragón, y canónigo de la catedral de Barcelona. Fue él quien invitó a Pedro Mártir de Anglería a venir a España. En loa a Barcelona escribe su poema elegíaco Elyxendis alloquitur Barcinona Urbem. También empleó su pluma para ensalzar la figura de su benefactor, el rey Fernando de Aragón, a quien dedica una oda en forma de profecía.

         En La Rábida, Antonio Geraldini, que entonces ejercía el cargo de Legado Pontificio, pone en contacto a Colón con Alfonso de Quintanilla, quien a su vez lo presentó al Cardenal Mendoza. Según el Dizionario Biografico degli Italiani, Alessandro Geraldini (su hermano, primer obispo de Santo Domingo en el año 1519) habría contestado, en la Junta de Santa Fe, a los que ponían objeciones al viaje de Colón, que éstos eran unos grandes teólogos, pero no sabían nada de geografía. Colón lo agradeció poniendo el nombre de la madre de los dos Geraldini (Graziosa) a una de las islas descubiertas en su tercer viaje, situada cerca de las costas venezolanas.

 

La conexión Leonardo

 

         Colón y Leonardo tuvieron numerosos amigos comunes. Empecemos con Américo Vespucio. De éste dijo Leonardo que le “quiere dar un libro de Geometría”. De él, ya viejo, según Vasari, hizo un retrato al carbón. Gracias a él obtuvo los datos necesarios para dibujar su planisferio. Por otro lado, recordemos que los Vespucci estaban relacionados con los Cattanei, y éstos a su vez con los Casanova... Pensar es libre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mapamundi de Leonardo (derecha) le debe mucho al de Cantino (izquierda), que a su vez se ajusta a lo dicho por Vespucio en su Mundus Novus.

 

         Sigamos con los Geraldini. La familia Geraldini de Amelia, según Igea Frezza Federici (“Agapito Geraldini. L’Europa e la città”, en I Geraldini di Amelia nell’Europa del Rinascimento. “Atti del Convegno Storico Internazionale. Commune di Amelia”, 21-23 de noviembre de 2003) estaba relacionada con los Gherardini de Florencia. Es bien conocida la amistad de Leonardo da Vinci con Agapito Geraldini (de Amelia), primo de Antonio y Alejandro Geraldini (véase más arriba). Y está comprobado que estos Geraldini estaban emparentados -no sabemos en qué grado- con Lisa Gherardini del Giocondo (de Florencia).

         Pero es que además Lisa Gherardini estaba casada con Francesco Bartolomeo del Giocondo, el cual sería hermano del Giuliano di Bartolomeo del Giocondo, del cual dice Americo Vespuci en su Lettera:

 

            “Y visto que [Su Alteza de Portugal] no podía atraerme, acordó mandar por mí a Giuliano de Bartolomeo del Giocondo, que estaba en Lisboa, con la misión de que me trajese de cualquier modo. Vino el dicho Giuliano a Sevilla, y por su venida y sus súplicas me vi forzado a venir [a Lisboa]”.

 

         En un apéndice final de su Mundus Novus, carta en italiano enviada por Vespucio a Lorenzo Pedro de Médicis, en el año 1503, un tal Iocondus (Giocondo), traductor de este texto al latín, dice así: “Ex italica in latinam linguam Iocondus interpretes hanc epistolam vertit […]”.Y continúa (expongo la traducción en castellano): “Para que los latinos entiendan cuántas cosas admirables se encuentran en el viaje y se abata la audacia de aquellos que del cielo y de la majestad quieren investigar y saber más de lo que es lícito, ya que desde el tiempo que el mundo ha comenzado no se ha descubierto la grandeza de la tierra y lo que en ella se contiene”.

         Es posible que este Iocondus (Giocondo), el traductor del Mundus Novus de Vespucci, sea -nuevamente- Giuliano di Bartolomeo del Giocondo. En su defecto, Richard Henry Major, autor de un documentado estudio sobre el mapamundi de Leonardo da Vinci, apunta la posibilidad de que, si no es él, ambos Giocondo estén emparentados entre sí. No sabemos qué papel juega en esta historia, pero su nombre nos lleva forzosamente a recordar el de Francesco di Bartolomeo del Giocondo, esposo de la famosa Gioconda, que Leonardo pintó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mapamundi de Leonardo da Vinci, con una curiosa proyección.

 

         Sabemos que Leonardo tuvo, durante sus dos años de servicio a César Borgia, un interlocutor privilegiado: Agapito Geraldini, primer secretario de Il Valentino y autor del salvoconducto que permitía a Leonardo investigar el estado de las fortificaciones de la Romaña y zonas adyacentes. Ya desde su juventud, Agapito Geraldini, como hijo de Bernardino (importante funcionario de Ferrante de Nápoles), sirvió a la Casa de Aragón. Entró en la Curia romana, de la mano de Alejandro VI (Rodrigo Borja) gracias, según el Dizionario Biografico degli Italiani, al “antiguo ligamen de la familia Geraldini con los Borgia”. En 1498 pasó a ser la “mano derecha” del gonfaloniero papal, César Borgia, a quien sirvió durante cinco años.

         Este Agapito fue “amigo de los amigos de Leonardo”. Lo era de Nicolás Maquiavelo, así como de Vanozza Cattanei (madre de César y de Lucrecia  Borgia). Y era asimismo pariente consanguíneo (no sabemos en qué grado) de Lisa Gherardini del Giocondo. Para acabar con este largo folletín, según una tradición Giuliano de Médicis, por intermedio de Agapito Geraldini, habría pedido a Leonardo que retratase a su antigua amante: la Gioconda.

         Colón fue asimismo amigo y conocedor de los Yáñez, en concreto de Vicente Yáñez Pinzón, quien, según N. Coll i Julià (“Vicente Yáñez Pinzón, descubridor del Brasil, corsario en Cataluña”) había actuado, como el mismo Almirante, de corsario. Es bien sabido su papel en la gesta colombina. Se le reputa como descubridor de Brasil, y era buen amigo de Americo Vespucio. Con él, hacia 1505, preparó una expedición –frustrada- para encontrar el “paso meridional” de las Indias hacia Asia.

         En definitiva, Américo Vespucio tenía una relación estable de colaboración -y quizás de amistad- con otro colega de Colón: Vicente Yáñez Pinzón. ¿Tendría dicho navegante un vínculo familiar con Fernando Yáñez de la Almedina, el Ferrando Spagnolo al que Leonardo alude en sus cuadernos? Éste aparece en su vida en la primera mitad del año 1505, meses después de su -supuesto- segundo viaje a Cataluña. ¿Se lo presentó Américo Vespucio, de parte de su compañero en las artes de la navegación Vicente Yáñez? ¿O acaso llegó a Italia siguiendo el séquito del papa Borgia (Rodrigo de Borja), y tras su muerte se dirigió a Florencia probando fortuna?

         ¿Qué pretendo demostrar exponiendo estas “relaciones de familia” -directas o indirectas- entre Colón, Vespucio, los Geraldini, los Giocondo y Vicente Yáñez Pinzón? En definitiva, que Colón conoció –de forma directa o indirecta- a unos personajes que tuvieron un rol importante en la vida de Leonardo da Vinci. Estamos hablando de “vidas cruzadas” de individuos que tienen algo que ver entre sí: todos tenían relación tanto con Cristóbal Colón como con Leonardo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Da Vinci, los Casanova y los Geraldini tenían una tribarrada en su escudo.

 

         Yo me pregunto: si dos individuos tienen amigos comunes, ¿no es posible que dichos individuos se conozcan entre sí? O dicho con otras palabras: si Leonardo y Colón conocían a las mismas personas, ¿no sería lógico que se pudieran haber conocido?

         Pero esto no es todo.

 

Un tal Despuche

 

         Stefan Zweig, en su célebre biografía de Amerigo Vespucci, escribe en el primer párrafo del capítulo quinto: “Año 1512... Llevan a enterrar a un funcionario del rey, al piloto mayor de la Casa de Contratación, un tal Despuchy, o Vespuche”. Éste es uno de los grandes enigmas que rodean al navegante florentino. En la colección de Viajes y Descubrimientos de Fernando de Navarrete, éste recoge una serie de documentos “pertenecientes a Américo Vespucio” en el que su nombre aparece repetidamente bajo la forma Despuche: Amérigo De Espuche (cédula de abril del 1505), o Amérigo Despuchi (título de Piloto Mayor de agosto de 1508). Consuelo Varela, en su libro Colón y los florentinos, nos informa de que en el testamento de Vespucci (del 9 de abril de 1511) se lo llama “Americo D’Espuchi, florentín, piloto mayor de España”.

         Este hecho no tendría mayor trascendencia, si no fuera porque el escudo de armas de los Despuig catalanes tiene un elemento en común con el de los Vespucci de Florencia: unos insectos que muy bien podrían ser avispas. Y además, éstas vienen acompañadas por la flor de lis, símbolo distintivo de Florencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comparativa del escudo de los Vespucci (izquierda) con el de los Despuig (derecha).

 

A fines del siglo XVIII el cardenal Antoni Despuig i Dameto era propietario de una carta náutica, de Gabriel de Vallseca, datada en el año 1439. En el reverso encontramos el siguiente mensaje, de puño y letra de Amerigo Vespucci: “Questa amplia pelle de geografia fu pagata di Amerigho Vespucci CXXX ducati di oro di marco”. En 1838 este mapa se enseñaba como reliquia en la biblioteca del conde de Montenegro, en Mallorca, donde fue admirado por George Sand, según hace constar en su libro Un hiver à Majorque. En la actualidad se halla en el Museo Marítimo de Barcelona.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Texto manuscrito de Vespucio en el mapa de Vallseca de 1439 (arriba). Compárese su letra con algunas muestras de su caligrafía de la misma época.

 

         ¿Es sólo casualidad que Amerigo Vespucci firmase como Despuchi, que los Despuig de Barcelona tuviesen en su blasón lo que parecen unas avispas, y que una carta náutica adquirida por el florentino fuese a parar al patrimonio de un Despuig? Tal vez sí, pero en cualquier caso sería conveniente averiguar si podría existir un vínculo genealógico entre los Despuig catalanes y los Vespucci italianos.

         Los Despuig catalanes tenían una sólida relación de amistad con los Geraldini. Más en concreto, con Antonio Geraldini, amigo personal -y protector- de Cristóbal Colón. Antonio Geraldini dedica a Ausiàs Despuig una oda en ocasión de la muerte de su tío Lluís Despuig, maestre de Montesa. Martin Früh señala que Lluís Despuig figura en Italia como patrono de la familia Geraldini. En el Dizionario Biografico degli Italiani se nos dice que Giovanni Geraldini, familiar de Antonio Geraldini, "nel 1479 fece parte della legazione del cardinale Ausias Despuig, arcivescovo di Monreale, di cui era familiare, in Germania". Éste "era familiare" ¿quiere decir que los Geraldini y los Despuig estaban emparentados, o simplemente que se conocían?

 

Epílogo. ¿Qué vínculo secreto une a Colón con Leonardo da Vinci?

 

         Recordemos la carta de Colón a su hijo Diego: “ Sea todo secretamente porque non se haya del sospecha”. ¿A qué se debe ese grado de reserva? ¿A la discreción necesaria para que la gestión de Vespucio ante los reyes en beneficio de Colón tenga éxito? ¿O a algo más, relativo a ese “saber más de lo que es lícito” al que hace referencia el Iocundus que traduce el Mundus Novus de Vespucio del italiano al latín? (tal vez Giuliano di Bartolomeo del Giocondo, cuñado de La Gioconda).

          Colón siempre mantuvo secretos. Uno de ellos es el simbolismo oculto de su firma. Recordemos:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Firma de Colón, tal como aparece en una escultura, en el Museu d’Història dels Jueus, en Girona.

 

         ¿Qué significan las tres .S. acompañando a la A central? Se han propuesto muchas soluciones:

 

         - Sub Script Si.

         - Servus Supplex Salvatoris.

         - Salvabo Sanctum Sepulchrum.

         - Servus Sum Altissimi Salvatoris.

 

         Etc. En definitiva, no sabemos nada sobre el sentido de la triple S en forma de triángulo. Según algunos, serían palabras cabalísticas pertenecientes a un talismán: el pentáculo Shadai, que portan todos los niños israelíes en la ceremonia llamada Bar-mitzvá. Pero dado que en esos tiempos ser judío no otorgaba un plus de respetabilidad (¿acaso no los expulsaron los Reyes Católicos de España?), es cuanto menos dudoso que Cristóbal Colón alardease de sus raíces hebreas en público.

         ¿Sería este sello un anagrama de la selecta Hermandad de la A? ¿Acaso las tres S podrían significar Societas, Sanctus, o Secretum? ¿Acaso todo a la vez? ¿Estaríamos hablando de la “Santa y Secreta Sociedad de la A? Si esta hipótesis fuera correcta, dicho sello expresaría algo así como: “Santa y Secreta Sociedad de la A. Cristóbal se ofrece [oferens]”, rubricando este compromiso con un solemne juramento por “Jesús, María y José”.

Existe un pasaje de la vida de Cristóbal Colón que –hasta cierto punto- daría fe de la pertenencia del descubridor a una fraternidad secreta que tiene a la A como principal sígno iniciático. Hernando Colón decía lo siguiente en su Historia del Almirante: “Habiendo el Almirante navegado ciento siete leguas hacia Levante por la costa de Cuba, llegó al cabo oriental de ésta, y le puso de nombre Alfa”.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la Historia del Almirante de Hernando Colón encontramos algunos topónimos que también aparecen en el mapamundi de Leonardo da Vinci.

 

Más modernamente, los patricios catalanes que erigieron la soberbia estatua del Descubridor en el Portal de la Pau de Barcelona, en el año de gracia de 1888, se tomaron la molestia de destacar, en negrita y con resalte, una prominente A en medio de un vistoso pentagrama (véase la foto anexa).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Detalle de la estatua de Colón, en Barcelona. Nótese la A, encima de un pentáculo, entre sendas rosas.

 

El Alpu protosinaítico, el Apis egipcio, el Aleph hebreo, la Alfa griega, la A latina. Siempre la misma constante. ¿Acaso podemos negar la significación esotérica de este símbolo, tan repetido a lo largo de la historia desde los tiempos más remotos?

         Colón, como Leonardo da Vinci, posiblemente formó parte de una sociedad secreta (la Sociedad de la Doble A) que tendría como gran maestre a René de Anjou. En un anagrama, con el título Ingratitudo, Leonardo dibuja una A grande con una A más pequeña a su derecha, superpuesta sobre un círculo. Como motto vemos la frase Sta stilli, de significado dudoso, si bien acompaña el dibujo de un pez aprisionado entre dos tablas. En otro lugar representa a la Alfa (a la que llama Alepo, equivalente al Aleph hebreo) de forma figurada: “Alepo pescie: Alepo no vive fori dell’acqua” (El pez Alepo: Alepo no vive fuera del agua). Si atendemos a la equivalencia entre el agua y la sabiduría (“Yo [la Sabiduría] derramé ríos”: Eclesiastés 24:40), esta frase aparentemente tan enigmática tiene un significado muy concreto: la A (el pez Alepo) es la Sabiduría.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La A de Leonardo.

 

         Pero, ¿alguna vez existió la llamada Sociedad de la Doble A? En Le livre du Coeur d’Amours espris (Libro del corazón de amor prendido) René d'Anjou representa a Corazón ante una fuente (la Fontaine de Fortune), en forma de lápida negra con un mensaje escrito, de la que manan las aguas del río Alfeo: “Droit cy devant soubz ce perron / De marbre noir comme charbon / Sourt la fontaine de Fortune / ... / Car faicte fut par artiffice / De Virgille ou d’un sien complice...”. Esta fuente hecha por artificio de Virgilio (o un cómplice suyo) sirve de origen al río Alfeo, corriente subterránea (oculta) de la Arcadia que expresa, ni más ni menos, el Conocimiento griálico; en definitiva, la Tradición de la Sabiduría Primordial. De esta fuente bebió Leonardo da Vinci, que como René d’Anjou (o Antonio Geraldini) leyó a Marsilio Ficino.

         ¿Es lícito inscribir a Cristóbal Colón en esta fuente oculta del conocimiento? Desde mi punto de vista sí; pero éste es otro tema.

 

1. El enigma Colón

2. Colón, un hombre, ¿dos identidades?

 

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