José Luís Espejo - INVENTOS - ESCRITURA

INVENTOS - ESCRITURA

            Dicen que lo que distingue al ser humano del bruto es su facultad de comunicarse verbalmente. Más bien nos parece que lo que separa al primero del segundo es su habilidad para hacer ostentación de sus fechorías a través de un tipo de comunicación no verbal: la escritura. Éste ha sido uno de los objetivos más antiguos de la comunicación escrita; pero, afortunadamente, el uso del lenguaje también ha tenido usos más benéficos.

 

            Existe una polémica, en la actualidad, acerca de cuándo, y sobre todo dónde, nació la escritura. La teoría tradicional afirma que este invento tuvo lugar en Sumeria hace unos 5.500 años, pero la evidencia arqueológica no parece respaldar esta hipótesis: en 1961 se encontró en Tartaria (en la Transilvania rumana) unas tabletas notablemente más antiguas (datadas entre el 5000 y el 5500 aC.) y, desde nuestro punto de vista, menos "primitivas" que los primeros ejemplos de escritura sumeria. Ello hizo tambalearse -hasta cierto punto- las preconcepciones en relación a los orígenes de la civilización: ¿cómo es posible que los primeros ejemplos de escritura hayan sido hallados en un lugar tan alejado de la zona que hasta el momento era considerada la "cuna de la civilización": Sumeria?

 

            Pero dejémonos de especulaciones y de enigmas, y volvamos a los pantanos de la antigua Mesopotamia. Los primeros escritos consistían en simples inventarios de mercancías, pero a lo largo del tiempo los sumerios introdujeron más y más ideogramas, lo que permitía transcribir su lenguaje de forma más completa. Hacia el 2900 aC. los escribas sumerios empezaron a emplear tabletas de arcilla, por lo que consideraron más conveniente simplificar sus signos, hasta convertirlos en formas completamente abstractas: así nació la escritura cuneiforme, llamada de tal modo porque como instrumento de escritura se utilizaban cañas talladas en forma de cuña.

 

            El precedente más lejano del actual alfabeto latino en vigor en el mundo occidental es el llamado alfabetoprotosinaítico (hacia el 1700 aC.). Éste debe, con toda seguridad, algunos de sus signos a la escritura jeroglífica egipcia: en concreto, casi la mitad de ellos (de un total de 23). El alfabeto protosinaítico podría tener relación con los alfabetos cananeo y fenicio, los antecedentes del alfabeto griego, y por tanto, del romano. Según A.H. Gardiner (1879-1963): "Los jeroglíficos [egipcios] están vivos, aunque en forma transmutada [a través del alfabeto protosinaítico], dentro de nuestro propio alfabeto".

 

            Para contar se usaban inicialmente los dedos de la mano (de ahí la palabra "dígito"). Se dice que la numeración decimal deriva de esta práctica (pues tenemos diez dedos en las dos manos). La aritmética, tal como la conocemos hoy día, nació (si hemos de creer la tradición predominante) hace unos 10.000 años en el Oriente Próximo. Hace unos 5.000 años los egipcios elaboraron un sistema para representar, en su escritura jeroglífica, las unidades, las decenas, las centenas y las unidades de millar. En cambio, hacia la misma época, los sumerios utilizaban un método muy diferente: la base de cálculo no era el diez, sino el seis (el número de constelaciones conocidas hasta entonces). De este sistema hemos heredado la distribución del tiempo en horas de 60 minutos y 3600 segundos, y los círculos con 360 grados.

 

            Desde el 500 aC., los griegos utilizaban letras del alfabeto como numerales, lo que suponía unas complicaciones enormes para el cálculo aritmético. El sistema numérico arábigo (en vigor prácticamente en todo el mundo) no nació, como se cree, en Arabia, sino en la India (entre el siglo III aC. y el siglo VI dC.: nótese esta reminiscencia del sistema numérico romano en la escritura occidental moderna). El primer uso conocido del cero lo encontramos representado en un monumento de Gwalior (India), datado hacia el 876 dC. (Nótese que los mayas, en América Central, llegaron al conocimiento del cero tal vez por sus propios medios.). El sistema arábigo llegó a Europa hacia el siglo XII, si bien los numerales romanos siguieron empleándose en este continente hasta el siglo XVI. El código binario (generalizado hoy día en informática) fue ideado por el británico Francis Bacon, que en 1605 diseñó un código secreto usando únicamente las letras "a" y "b".

 

            La notación musical también hunde sus raíces en las brumas de la Antigüedad. La primera escala musical (del I milenio aC.) procede de la ciudad babilonia de Ur; la primera transcripción de una canción (con su texto y sus notas, del 1400 aC.) ha sido hallada en Siria. Se le atribuye a Pitágoras el primer estudio teórico de la música, aunque en realidad éste no hizo más que recopilar de forma ordenada los conocimientos musicales originarios de Egipto y Mesopotamia. El moderno sistema de notación tiene origen en la escritura medieval de música de Iglesia (hacia el siglo IX): ésta empleaba para ello puntos y garabatos (llamados "neumas") que, aunque no representaban propiamente una escala musical, sí que indicaban cambios en el tono. La escala cromática (con un pentagrama, donde se colocan las notas musicales) se la debemos al italiano Guido de Arezzo (siglo XI). A finales del siglo XVII su escala musical de seis notas fue reemplazada por otra de siete notas.

 

            Para escribir hacen falta como mínimo tres cosas: un soporte, pluma y tinta. El primer soporte, como ya hemos dicho, consistía en tabletas de arcilla (aunque los chinos empleaban, en un principio, huesos o conchas de tortuga). El papiro fue inventado en Egipto (hacia el 3000 aC.) Los asirios (hacia el siglo VIII aC.) utilizaban tabletas de cera. Los romanos (durante el siglo I dC.) inscribían sus leyes en libros de pergamino (llamados "codex": de ahí "código"). El papel nació en China hacia el 105 dC.: es atribuido a un tal Ts'ai Lun,. Fue introducido en Europa, a través de la España musulmana, durante el siglo XI.  (No obstante, existe otra versión de la historia: por lo visto, el papel ha sido confeccionado en el Sudeste de Asia desde hace al menos 4.000 años; y en México desde hace unos 3.000 años.)

           

            Los primeros instrumentos de escritura fueron los dedos (tal como se evidencia en las cuevas del Paleolítico Superior). Los chinos, hacia el 4000 aC., utilizaban el pincel de pelo de caballo, todavía en uso en dicha cultura. Fueron los egipcios quienes inventaron la pluma, fabricada con caña de bambú. Los romanos llegaron a utilizar plumas metálicas, pero era desde luego la pluma de ave (a la que había que sacar punta) la más empleada. Por lo visto, para trazar líneas se usaba la de cuervo, y para escribir caligrafía la de cisne o la de ganso. Las primeras plumas estilográficas aparecieron en Francia en 1748. La primera pluma con depósito de tinta fue patentada en 1809; sin embargo, la primera pluma con depósito de tinta "práctica" se la debemos a Joseph Parker (1832).

 

            La tinta, como es bien sabido, es atribuida asimismo al genio creador chino (hacia el 2000 aC.). Ésta consistía en una solución de hollín mezclada con goma. La tinta invisible apareció en Inglaterra en 1772. Era realizada a base de leche y zumo de limón. Sus principales usuarios, como era de esperar, eran diplomáticos, conspiradores y amantes (en ocasiones las tres cosas estaban unidas, como en el caso de Giovanni Giacomo Casanova).

 

            Generalmente cuando algo es escrito, se pretende que sea leído. Existen muchos tipos de libros: los primeros libros de cocina fueron escritos en Mesopotamia, alrededor del 1700 aC. (una receta: estofado de carne cocida con leche y sangre); la primera enciclopedia propiamente dicha (más allá del enciclopedismo de Platón y Aristóteles) es la "Historia Naturalis" de Plinio el Viejo (siglo I dC.)... Pero hasta la aparición del libro de bolsillo (con cubiertas de papel), el placer de leer un libro no estuvo al alcance de cualquiera; y eso no sucedió hasta 1935 (serie Penguin).

 

            Durante la Edad Media, los copistas se tomaban muchas molestias para copiar e "iluminar" (ilustrar con miniaturas) las obras clásicas. Con la invención de la imprenta, desafortunadamente para ellos, sus servicios dejaron de ser requeridos. La imprenta es, una vez más, un invento chino: la primera obra impresa es el "Sutra del Diamante", editada en China el año 868 de nuestra era. El sistema era muy sencillo: el texto y las imágenes eran gravados en placas de madera, posteriormente entintadas. Fueron también los chinos los primeros en utilizar tipos móviles (de madera, cerámica y bronce); pero se encontraron con un problema insalvable: para que sus libros fueran leíbles necesitaban al menos 5.000 tipos diferentes.

 

            Lo que distingue a Johann Gensfleisch (más conocido como Gutenberg), es que descubrió una aleación (a base de antimonio, plomo y estaño) adecuada para adoptar la forma de las letras, y que al mismo tenía una gran durabilidad. Asimismo inventó un nuevo tipo de tinta, y un método de impresión adaptado a partir de una prensa para hacer vino. A su favor tenía que, gracias al alfabeto latino, los 5.000 tipos necesarios -como mínimo- en una imprenta china, se reducían (aun teniendo en cuenta mayúsculas, minúsculas, numerales, puntuación, etc.),  a 300 diferentes signos. Su primera impresión (en 1456) consistió, cómo no, en una edición de la Biblia.

 

            El lápiz, con su humilde mina de grafito, es uno de los inventos más celebrados, no únicamente en el ámbito literario, sino también en el artístico. Conrad Gesner, naturalista del siglo XVI, se refería a la existencia de "cierto instrumento de escritura consistente en una pieza de plomo encerrada en una funda de madera". El lápiz de grafito se inventó (en 1565) en Inglaterra. Como el grafito era un material estratégico utilizado en la fundición de cañones, su uso estuvo muy restringido; hasta que en el siglo XVIII el francés Jacques Nicholas Conté produjo unas minas de grafito blando (una mezcla de grafito y arcilla), más cómodas y manejables que las minas de grafito puro (y duro) de la familia alemana Faber. En el siglo XIX, gracias a la incorporación de anilina, pasaron a comercializarse lápices de todos los colores. (Curiosamente, la goma de borrar se inventó antes que el moderno lápiz Conté: concretamente, en el año 1726.)

 

            Durante la Edad Moderna se produce una transformación en el mundo de la propaganda (es decir, de la "propagación de novedades"). La publicidad tiene un precedente en el Journal Général des Affiches, periódico de publicidad editado en Francia en 1612. En 1758 Samuel Johnson decía de su país, Inglaterra: "Los anuncios son tan numerosos, que los anunciantes deben llamar la atención con promesas magnificientes, o con una elocuencia a veces rayana en el patetismo". Este problema fue resuelto en 1839: a partir de ese momento estaba prohibido colgar carteles en lugares no autorizados. El primer diario es el Daily Courant, aparecido en Londres en 1702. El Evening Post (de 1706) aparecía tres veces por semana (coincidiendo con las salidas de los coches de correos) y tenía una audiencia mayor que el anterior. El diario más antiguo todavía en circulación es The Times, nacido en 1785. Eso sí, su nombre originario era otro: The Daily Universal Register. Fue en 1788 cuando pasó a recibir el nombre por el que es conocido actualmente.

 

            A veces los inventos más geniales son los más sencillos: éste es el caso del sello de correos. Hasta 1840 era el destinatario el que pagaba los gastos de franqueo; sin embargo, en ese año se puso en circulación el llamado "penique negro", el primer sello de correos con dorso adhesivo en el que es el remitente (y no el destinatario) el que se hace cargo de los gastos de envío. Recibe su nombre del color del sello (en el que aparece la efigie de la reina Victoria) y de su valor (exactamente un penny, por un peso estándard de media onza). El buzón es un invento poco posterior: el primero se instaló en Guernsey, una isla del Canal de la Mancha, en 1852. Los empleados de la estafeta de correos del lugar recogían las cartas a intervalos regulares cada día.

 

            Durante el siglo XX han tenido lugar nuevos inventos: esta vez en el campo del "material de oficina". En 1928 se inventó el celo adhesivo, en 1938 el bolígrafo (se lo debemos al periodista húngaro Laszlo Biro), y en 1980 el "post-it" (para marcar las páginas o escribir notas que colgamos en tablones). Pero es en el campo de la "ofimática" donde se han experimentado avances más espectaculares.

 

            La máquina de escribir nació en 1873, cuando Latham Sholes (su inventor) firmó un contrato con el fabricante de armas E. Remington para producir este útil aparato. El primer original escrito con máquina de escribir por un escritor consagrado es "Life on the Mississipi", de Mark Twain. La fotocopiadora aparece en 1938, siendo inventada por el abogado norteamericano Chester Carlson para copiar documentos de patentes con rapidez y limpieza. El fax entra en circulación en la década de los ochenta, cuando su reducido tamaño lo hace operativo para la pequeña y mediana empresa.

 

 

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