SECCIÓN QUINTA - Páginas 6

Fundamentos de Economía Factorial - SECCIÓN QUINTA

SECCIÓN QUINTA

(Los límites de la productividad)

 

     Puede parecer paradójico que en el capítulo anterior, al explicar (gráfica A-12) el desarrollo del período cíclico A, se afirmara por un lado que dicho proceso bordeaba en todo momento el límite CT=0 (al situarse en la línea de pleno empleo de la capacidad productiva acumulada), y que por otro se insistiera en el supuesto de que a medida que se avanza en el proceso desinversor el sistema económico tiende a reducir primero L, luego CT y finalmente K. Como vimos, esta presunta paradoja la resolvimos diciendo que en realidad la recta CT se desplazaba a la izquierda, y que si la capacidad productiva acumulada estaba siendo usada en su totalidad ello era debido a que el punto de partida del proceso cíclico era CT=0, y a que los ritmos relativos de decrecimiento de L y de K eran idénticos, por lo cual en todo momento CT=0.

     En cambio, en una situación más normal (período B), en la cual el proceso desinversor comienza antes del agotamiento de la capacidad productiva acumulada, el uso de CT varía a medida que el proceso desinversor está en marcha, hasta el punto de adquirir cifras negativas en niveles negativos de renta. El inferior ritmo de descenso absoluto de L (en relación al caso A) provoca una evolución procíclica de CT, indicativa del grado de empleo del capital acumulado (vertiente estática): el capital acumulado remanente de cada año (vertiente dinámica) es empleado por más manos, lo que produce un más rápido agotamiento de la capacidad productiva acumulada, así como costes de amortización acelerada del capital.

     Supusimos que, en estas circunstancias, no es necesario llegar al punto de reversión de fase (representado por Q-L=x(K-L)), si bien esto último no es improbable. En este capítulo comprobaremos que este resultado es aún insatisfactorio, por lo que abandonaremos el escenario en que L es la variable independiente y entraremos en la dimensión de la inversión agregada (I), en la cual es mucho más fácil comprender el carácter agregado y residual de CT (agregado como "eficiencia global ponderada", dada por el nivel de inversión en relación a la renta corriente; y residual como "capacidad de producción en uso" en un determinado momento, en función del momento coyuntural).

     Para entender la aparente complejidad del carácter dual de CT (eficiencia global y residuo de capacidad de producción), habrá que hacer hincapié en el mundo de los hechos reales. La experiencia demuestra que en momentos de crisis el sistema económico (la economía, en su conjunto) tiende a desinvertir en planta, maquinaria y equipo, para ajustar su producción a la demanda real, y para disminuir costes fijos (movimiento a la izquierda de la gráfica de la función CT). Hay que encuadrar tal proceso en el tiempo, y añadir a este factor el del nivel de uso de la capacidad productiva corriente: toda empresa suele tener un margen de reserva de capacidad productiva desempleada, de cara a aprovechar los momentos de tirón de la demanda (movimiento hacia abajo en la función CT).

     En definitiva, nada impide que, en un momento determinado, en función de la coyuntura cíclica, el sistema económico ajuste el uso de la reserva de capital acumulado, ampliando o disminuyendo el nivel de la capacidad productiva empleada (contexto estático), sin que se produzca un incremento o decrecimento neto de dicha capacidad productiva. El incremento de la capacidad productiva (recordemos que CT es un stock) viene dado por la ampliación corriente de capital (por la evolución de K, que es un flujo); el decrecimiento de la capacidad productiva viene dado por el desguace, la enajenación o la desvalorización de CT, no por la disminución neta de K (más allá del nivel de reemplazamiento de CT).

     Hay un punto más allá del cual, en función del momento coyuntural, CT genera más ineficiencias que ventajas, por efecto de los costes fijos, de los gastos en inmovilizado, por la desvalorización, por el desgaste y por la obsolescencia. Generalmente, mientras más bajo sea el nivel de renta corriente (Q) más cerca se estará, con un nivel de empleo o de inversión en capital corriente dados, de alcanzar el citado punto de ineficiencia neta. Lo mismo cabe decir en relación al exceso de L en relación a K, o de K en relación a Q, que también generan ineficiencias. Por lo tanto, CT nos indicará el grado en el que la economía se aleja de una situación de eficiencia (u óptimo) global (expresión dinámica); y al mismo tiempo nos indicará el grado de uso o desuso del stock de capital acumulado (expresión estática).

     Recapitulando: 1) cuando nos situamos en una coyuntura dada, con un nivel de renta determinado, al variar L nos movemos "por" la función CT, es decir, por la función del empleo (utilización o subutilización) del capital acumulado; 2) cuando nos situamos en un contexto dinámico, la línea CT se mueve a izquierda o a derecha, lo que es lo mismo que decir que ésta se "desplaza" horizontalmente, en función del nivel de renta. (Esta reflexión es equivalente a la que efectúan los neoclásicos: no es lo mismo el movimiento "por" una recta que el movimiento "de" una recta.) Este movimiento "por" o "de" la recta CT, a grandes rasgos, expresa la dualidad antes referida: "de" expresa la eficiencia global; "por", el grado de utilización o subutilización de la capacidad productiva. Esta dualidad es la que explica que sean compatibles los modelos estáticos y dinámicos de crecimiento económico.

     Situémonos ahora en la zona de renta negativa, cuando K>Q al ser K=Q/2. Analizaremos el proceso de desinversión paso a paso, por fases, cuando nos situamos en un contexto estático (Q dada):

 

     1) Cuando Q<0, Q-L<0, L>K y Q-L<x(K-L) nos encontramos en el área de las x y las y negativas. No existen ingresos marginales, sino que todo son costes marginales (recordemos que aquí los costes marginales vienen dados predominantemente por CT). Tanto L como CT son espurios: se hace preciso desinvertir tanto en empleo como en capacidad productiva acumulada. A nivel dinámico, el sistema tiende a desinvertir de forma acelerada, pues se produce una fuerte ineficiencia del capital, tanto corriente como acumulado (recordemos que aquí L>Q); a nivel estático, el capital acumulado (CT), dado el nivel de L (L>K), está siendo sobreexplotado, lo que produce ineficiencias.

     2) Cuando Q<0, Q-L<0, L<K y Q-L<x(K-L) nos encontramos todavía en el área de x e y negativas. Ya empiezan a existir ingresos marginales, fruto del proceso de desinversión acelerado en L (recordemos que aquí los ingresos marginales vienen dados predominantemente por x(K-L)). A nivel dinámico, continúa la desinversión en capital acumulado (CT); a nivel estático, el bajo nivel de L (L<K), disminuye las ineficiencias en la explotación del capital acumulado (CT).

     3) Cuando Q<0, Q-L>0, L<K y Q-L<x(K-L) nos encontramos ya en el área de las x negativas e y positivas. Aquí la productividad del trabajo (Q-L) es ya positiva, aunque siguen existiendo costes marginales a causa de la ineficiencia de CT (más reducida). Se mantiene la desinversión en L y CT, aunque a menor ritmo (de hecho, esta situación puede degenerar en un cuadro de atonía generalizado).

     4) Cuando Q<0, Q-L>0, L<K y Q-L>x(K-L) nos seguimos encontrando en el área de las x negativas y las y positivas, pero con una sustancial diferencia: el proceso desinversor se detiene y se da inicio al proceso contrario, de reinversión, a través de K corriente. Aquí han desaparecido los costes marginales, los rendimientos son elevados, la productividad laboral positiva: es necesario reinvertir en nuevo capital corriente para dar salida a estos excedentes, y así rellenar la brecha entre la productividad y el diferencial del capital corriente. Dicha reinversión reconstruye la capacidad productiva destruida por el proceso desinversor anterior. En definitiva, el capital corriente dado hasta ese momento se hace insuficiente para las necesidades corrientes: si en K(t0)=-1, en K(t1)=-0,5, y así sucesivamente. El disparador que señala el cambio de fase (en este caso, de la recesión a la recuperación), con L como variable independiente, sería el punto en que Q-L=x(K-L), siendo positivos los beneficios totales (como veremos).

 

     Recordemos que el análisis de la realidad impone combinar el análisis dinámico y el análisis estático. Recapitulemos: 1) los dos principales actores en el proceso de desinversión son L y CT; y 2) el papel de K está más relacionado con el proceso de reinversión, una vez superado el proceso de transición entre recesión y recuperación. Por lógica económica, a la hora de desinvertir, se optará por eliminar capital acumulado obsoleto, y a la hora de reinvertir, se optará por incorporar capital corriente más avanzado. No tiene sentido, en momentos de crisis, disminuir la inversión en capital moderno, cuando éste es el único que permite una reducción de L por encima de K, aumentando de este modo la productividad del trabajo (aparente) y la rentabilidad (coyuntural) del capital.

     Así pues, el sistema económico juega con CT como comodín y con L como lastre, que se deja caer cuando el sistema pierde gas, y que se recupera cuando el sistema emerge de la crisis. En el gráfico A-14 (A) hemos representado las áreas aproximadas de predominio del capital corriente y del capital fijo acumulado: como vemos, la productividad del capital acumulado destaca en el sector de la renta positiva, y la del capital corriente en la de la renta negativa. Ello nos recuerda el importantísimo papel que ejerce K (como elemento modernizador de la estructura económica) en la fase recesiva: sin la integración de avances técnicos incorporados en K, se haría difícil aumentar la rentabilidad del capital y recuperar la productividad del trabajo, que son la base esencial del posterior proceso de recuperación económica.

     Siguiendo la tónica iniciada con anterioridad, comenzaremos por el área de las Q+. En el segmento de la productividad positiva (L<Q) observamos que CT juega el papel más importante, lo que se ajusta a la circunstancia de máximo aprovechamiento de la capacidad productiva como respuesta a un mercado dinámico. Sin embargo, en el segmento de la productividad negativa (L>Q) predomina el diferencial del capital (con signo negativo desde L=K). Cuando CT<0 el capital acumulado, ya agotado, pasa a engrosar el capítulo de la ineficiencia; el factor empleo se hace redundante: es un lastre que hay que soltar.

     En la zona de las Q- sucede lo contrario. Una vez que comprendemos que aquí CT es menos necesario, pues el capital corriente (K) es suficiente para atender a las necesidades productivas corrientes, es fácil adivinar que el área de la productividad positiva está dominada por el diferencial del capital, con niveles muy bajos de empleo. La inversión en capital corriente no puede bajar de un cierto nivel de seguridad (el límite del reemplazamiento, del aprovisionamiento corriente y de la capitalización futura con reducción neta de empleo); tampoco el nivel de CT puede bajar de un cierto límite de prudencia.

     El punto más allá del cual se hace necesario, como sabemos, el uso de nueva capacidad acumulada, es Q-L=x(K-L), pues aquí el capital corriente no basta para satisfacer las necesidades de la producción. Aquí estamos en los momentos previos a una nueva etapa reinversora, donde Q-L es positiva, los beneficios totales son positivos, y se acumulan reservas de capital que han de ser empleadas de algún modo. En el área negativa de Q-L, con niveles de renta negativos, CT expresa capital acumulado sobreutilizado e ineficiente (vertiente estática: desplazamiento "por" la recta), o bien accesorio y con altos costes de mantenimiento (vertiente dinámica: desplazamiento "de" la recta).

     Un proceso dinámico cíclico es mucho más rico y complejo que lo expuesto aquí, si bien es posible encontrar tendencias prácticamente inalterables en toda crisis. Sin embargo, en este momento nos detendremos en estudiar el recuadro marcado en trama gris oscura en el gráfico A-14 (A), y que detallamos en el diagrama (B) de la misma figura. Aquí remarcamos el segmento situado entre el punto donde la productividad es nula, en las áreas de renta positiva, y el punto donde desaparecen los ingresos marginales (y la capacidad productiva se agota). Podemos comprobar cómo, cuando Q-L=0, CT=-x(K-L), es decir, la productividad del trabajo es nula porque se igualan costes e ingresos marginales.

     A partir de este punto, los ingresos marginales tienden a aproximarse a cero a medida que CT se aproxima a su intersección con el eje de las x. Una vez en este último punto la ineficiencia y la amortización acelerada (el exceso de uso del equipo capital) se adueñan del proceso productivo. El sistema está obligado a desinvertir, y si no lo ha hecho antes es porque el efecto monetario no lo ha hecho necesario (la inflación de demanda ha hecho rentable la inversión en empleo aun la presión de los costes marginales crecientes).

     Esperamos que la aparente paradoja a la que aludíamos al principio de este capítulo haya quedado definitivamente despejada: se puede desinvertir en capital acumulado (desplazando la curva CT a la izquierda) y usar CT al límite de su capacidad al mismo tiempo, con el fin de maximizar rendimientos y minimizar los costes de marcha en vacío, pues podemos movernos "de" y "por" la línea CT, es decir, desplazarnos a izquierda o derecha, o arriba y abajo: en el primer caso, reduciendo capacidad productiva, y en el segundo, haciendo más o menos uso de la existente. Ahora centraremos nuestra atención en estudiar el sector marginal de CT, entre Q-L=0 y CT=0.

     Comenzaremos por señalar que, a partir de la fórmula (6), se obtiene la siguiente:

 

                                         CT=(Q-L)-x(K-L) (9)

 

     Ella nos indica el valor de CT en cualquier punto L. Si nos situamos en el invervalo Q-L=0®CT=0, aplicando la fórmula (9) para un valor Q dado (siendo K=Q/2), comprobaremos cómo para un valor L=Q, CT tiene siempre un valor equivalente a Q/4 (si el factor multiplicador de K fuese 1/4, este valor sería Q/8). La gráfica A-14 (B) indica que aquí CT=-x(K-L), y que su área se va reduciendo proporcionalmente hasta coincidir con la esquina superior derecha, donde CT=0. Aquí nos hemos ocupado del valor relativo de CT en relación a x(K-L), mientras que lo que ahora nos interesa es conocer la función de CT por sí misma.

     ¿Qué quiere decir que, a partir de la fórmula (9), CT=Q/4 cuando L=Q y que CT=0 cuando -(Q-L)=-x(K-L)? Ni más ni menos que nos encontramos ante dos jalones: en el primero, expresado por CT=Q/4 en L=Q, el sistema aún puede seguir invirtiendo en nuevo factor trabajo porque aún puede conseguir beneficios suplementarios a causa de la inercia del mercado, aun cuando la productividad del trabajo pase a ser negativa. Por lo tanto, éste es un límite flexible, con costes de oportunidad (en forma de ganancias suplementarias causadas por el desfase monetario que se superpone a la economía real) más que costes reales (que consistirían en ineficiencia y en desgaste, así como en altos costes laborales).

     Pero cuando L se aproxima a CT=0 los costes van incrementándose acentuadamente, con tendencia exponencial, por lo cual las empresas tienden a desinvertir a medida que se aproximan al punto donde desaparecen los ingresos marginales, con una productividad marginal neta negativa (es decir, con costes marginales superiores a los ingresos marginales). En el punto Q-L=0 las empresas aún no tienen una urgencia clara para desinvertir (de hecho, para los neoclásicos, éste es el punto de maximización de beneficios: los ingresos marginales se igualan a los costes marginales), pero sí poco antes (o incluso en el punto mismo) de CT=0. Como dijimos anteriormente, si no lo hacen es porque practican prácticas corrientes de dumping (recordemos que, cuando I pase a ser la variable independiente, el escenario cambia y este límite se hace más laxo). En este caso, bordear la capacidad productiva máxima, con alto empleo de mano de obra, con ineficiencia y pobre productividad, puede ser una política deliberada de maximizar las ventas y arrebatar mercados.

     En una economía capitalista eficiente, la productividad laboral no suele bajar del nivel cero. Sin embargo, estamos hablando de productividad real, sin tener en cuenta desfases monetarios. Estos últimos pueden más que compensar la ineficiencia productiva. El mercado tiene una inercia propia que puede contrarrestar, hasta cierto punto, esta situación. Con L como variable independiente y Q-L como medida de la productividad, no agotamos la complejidad de la economía real.

     Nos permitimos adelantar una posterior conclusión: CT es la medida de la eficiencia global del sistema. La productividad del capital juega un importante papel que hay que añadir al que desempeña la productividad del trabajo. Más tarde comprobaremos que la evolución de K (y por consiguiente, de la productividad del trabajo, Q-K) es clave como disparadora del cambio de fase (tanto en la salida de la recesión como en el fin de la expansión). La productividad del capital, a grandes rasgos, guía la evolución de CT. La importancia de L y Q-L, en este contexto, es menor (si la tiene, es más como lastre que como desencadenante último: Keynes tenía razón cuando apuntaba la importancia de la inversión agregada como disparador de la salida de la crisis).

     Como acabamos de comprobar, a medida que L se aproxima a CT=0, los costes marginales se hacen cada vez más onerosos, si dejamos de lado el ya aludido desfase monetario. Por ello en la vida real la productividad del trabajo raramente es negativa (en ello puede influir la inflación de precios, que oculta la ineficiencia y el derroche del capital). El problema consiste en determinar la verdadera naturaleza de CT ¿Qué es CT: 1) el área situada a la izquierda de L=K, 2) el área situada a la derecha de ese mismo punto, o 3) la totalidad del área entre la recta CT y el eje de las x?

     Suponiendo que el sistema produce a su nivel óptimo (L=K), CT puede suponer: 1) la capacidad productiva acumulada utilizada (a la izquierda de L=K), 2) la capacidad productiva acumulada no utilizada (a la derecha de L=K), o bien 3) la totalidad de la capacidad productiva acumulada. Antes que nada, hemos de dejar bien sentado un principio: cuando hablamos de capacidad productiva acumulada, utilizada o no utilizada, no nos referimos al equipamiento técnico, sino a su productividad, medida en términos de productividad del trabajo. El valor de CT no viene dado por el de las máquinas, el de las instalaciones, el de la tecnología, el de la organización, o el de la capacitación profesional, sino por el producto que se le extrae a todo ello en un momento dado (de más o menos intensidad de uso del equipo técnico o humano).

     Como sabemos desde el principio de este trabajo, CT es un residuo entre la renta y la inversión corriente (CT=Q-I), que comprende tanto capital como trabajo. La inversión corriente es la suma ponderada (en función del reparto de la renta, que en el caso que nos ocupa se distribuye a partes iguales entre K y L) del capital y del trabajo corriente. Dicho residuo expresaría la capacidad de producción (productividad) acumulada, en un año dado, que está siendo utilizada. El valor que expresa el grado de uso de la reserva productiva, con un valor Q dado, en un momento dado, es el valor absoluto de CT. Es decir, lo que da valor a CT es la medida de la productividad del capital acumulado empleado en L, que junto a x(K-L), conforma la productividad del trabajo en tal punto, con un nivel K dado. Así pues: CT es una medida de productividad (posteriormente comprobaremos que representa la eficiencia global del sistema) que expresa el nivel de capacidad de producción acumulada utilizado en L.

     CT varía en función de la aplicación de más o menos unidades suplementarias de L, lo que equivale a decir que se emplea más o menos reserva de capacidad de producción acumulada en función del valor de L, con un límite máximo en CT=0. A partir de este punto se incurre en desgaste e ineficiencia, con altos costes de amortización acelerada. Por lo tanto, y dado que, según la gráfica, el área CT tiene un límite indelimitado a su izquierda, de imposible cálculo (lo que equivale a decir que dado un límite finito de desinversión en empleo corriente se necesita un margen indeterminado de capacidad de producción almacenada para mantener la renta a un nivel dado, lo que supone un nivel indeterminado de productividad), hemos de convenir que lo que expresa algebraicamente el valor CT no es el área que se sitúa por debajo de la función CT, sino el valor absoluto de CT, medido en unidades de productividad: este valor expresa la productividad del capital acumulado en el punto L, al que se le agrega el diferencial del capital corriente, para obtener la productividad del trabajo en dicho punto.

     Así pues:

 

CT=Q-[1/2(K+L)], y siendo K=0, CT=Q-1/2(L), y por lo tanto:

 

     1) CT­ cuando L¯, y CT¯ cuando L­.

     2) Q-L­ cuando L¯, y Q-L¯ cuando L­.

 

     Y como CT varía directamente en función del incremento de Q y de Q-L:

 

     3) CT­ cuando Q-L­, y CT¯ cuando Q-L¯.

 

     En consecuencia, CT varía en relación directa con la productividad del trabajo (y con la del capital), y ésta, a su vez, varía inversamente en relación a L. Asimismo, CT varía en relación inversa a L, y su valor depende de la capacidad productiva no utilizada, que se sitúa en el segmento entre L y CT=0. De forma que, dada una capacidad de producción acumulada, el uso de CT varía (con un nivel de renta dado) inversamente en función de L, de tal manera que si L aumenta, CT disminuye, pues dado un valor positivo en la productividad del trabajo (lo que implia que L<Q), el aumento de L resultará en una disminución de la productividad del trabajo, y por tanto del valor de CT (en un aumento de la capacidad productiva acumulada utilizada, y en una disminución de la no utilizada). Así pues, con L como variable independiente, CT indica explícitamente la eficiencia global del sistema, e implícitamente, en valor absoluto, la capacidad productiva acumulada utilizada (siendo x=capacidad productiva no utilizada, CT sería 1-x). Ambos aspectos son complementarios, en absoluto incompatibles.

     En definitiva, caben tres posibles medidas de CT:

 

     1) La de la capacidad productiva acumulada utilizada (a la izquierda de L).

     2) La de la capacidad productiva acumulada no utilizada (a la derecha de L).

     3) El valor absoluto de CT en L.

 

     La tercera es la única viable, pues tiene un valor algebraico claro; e implícitamente indica la capacidad productiva acumulada utilizada (la no utilizada es el remanente de capacidad existente entre L y CT=0). La capacidad de producción "potencial" de una reserva de capacidad de producción es de difícil cálculo, a no ser que se exprese, con un valor Q dado, como el nivel de uso máximo de la capacidad de producción acumulada. Es precisamente dicho valor límite (productividad potencial) el que determina el desplazamiento (vertiente dinámica) de la recta CT a derecha o izquierda, a medida que Q evoluciona en el mismo sentido; o que CT varíe en valor absoluto (productividad "efectiva" del capital acumulado), con un valor Q dado, a medida que L evoluciona a izquierda o derecha (vertiente estática).

     (Volvemos a recordar que no hemos de confundir el depósito expresado por CT con el capital físico acumulado, sino que lo hemos de identificar con su "reserva de capacidad de producción", con la "productividad potencial" de la economía en un momento dado.)

     En este punto nuestro análisis hace un viraje, pues hasta el momento nos hemos situado en un contexto hipotético en el cual la medida de la productividad era dada por el factor trabajo (lo cual se inscribe en la interpretación tradicional de la teoría del "valor trabajo"), teniendo a L como variable independiente y a Q y K como valores dados. En dicho contexto, era perfectamente posible que L superase a Q (es decir, que la productividad del trabajo fuese negativa), con beneficios netos atribuibles al desfase monetario antes enunciado. Pero a partir de este momento hemos de integrar la productividad del capital en la función de la productividad global, expresada por CT, para comprender que aquella situación (Q-L<0) es parcial e insatisfactoria: Q-L no explica las infinitas variaciones, la riqueza y la complejidad de la vida real.

     Todo ello no implica que Q-L sea un valor inadecuado de medida de la productividad. Es adecuado, pero de forma diferente a la expresada hasta el momento, pues de hecho adquiere una nueva trascendencia cuando se lo relaciona con CT, y más allá, con Q-K (productividad del capital). El mundo real, tal como hemos visto, no suele registrar valores negativos de Q-L, y sí en cambio de Q-K, que dado su carácter móvil y volátil (ante unas variaciones más moderadas de L, limitadas por las rigideces en la oferta y la demanda de factor trabajo, y que por tanto mantiene Q-L en unos niveles generalmente positivos), arrastra tras de sí los valores de CT, que como veremos más adelante representa la productividad (o eficiencia) global del sistema.

     Si observamos la gráfica A-7 (A) comprobaremos que, hasta L=K, Q-L se sitúa en niveles superiores a CT, o productividad del capital acumulado, y que el diferencial del capital x(K-L) rellena esta brecha. Adelantando la hipótesis (que luego desarrollaremos) de que CT representa la productividad (eficiencia) global de la inversión, el residuo entre Q-L y CT ha de expresar el diferencial entre la productividad del trabajo, siendo K<Q, y la productividad (eficiencia) global, expresada por CT: es decir, el diferencial del capital corriente.

     El diferencial del capital corriente añade o resta valor a la productividad (eficiencia) global (CT) en función del valor relativo de L respecto a K, y de la ponderación relativa de ambos (en España, mitad y mitad para cada uno). El valor absoluto del diferencial está en función de la distancia relativa entre L y K, de tal manera que cuando L<K®(Q-L>Q-K), y viceversa. ¿Cómo expresar el diferencial entre la productividad (eficiencia) global (CT) y la productividad de los factores productivos (L y K)? ¿Qué es la productividad (eficiencia) global? Seguidamente intentaremos responder ambos interrogantes. Siendo:

 

CT=Q-I=Q-1/2(K+L), entonces: CT=1/2[(Q-K)+()+(Q-L)]

 

     (Y si la ponderación de K y L fuese, respectivamente, x=1/4 y (1-x)=3/4: CT=1/4(Q-K)+3/4(Q-L).)

 

     Para hallar el diferencial entre la productividad (eficiencia) global (CT) y la de los diferentes factores (capital y trabajo) relacionamos CT con Q-K y Q-L:

 

CT/(Q-L)={1-[1/2(K-L)/Q-L]}

CT/(Q-K)={1-[1/2(L-K)/Q-K]}

 

     [1/2(K-L)/Q-L]=x representa la parte proporcional del diferencial del capital respecto a Q-L, en el punto L. El resto (1-x) lo constituye CT.

     [1/2(L-K)/Q-K]=x representa la parte proporcional del diferencial del trabajo respecto a Q-K, en el punto K. El resto (1-x) lo constituye CT.

     Estas fórmulas expresan el peso relativo de CT (eficiencia global) respecto a las productividades parciales del capital y del trabajo, lo que se puede expresar diciendo que, siendo (Q-L)=1, CT representaría el valor 1-x, siendo x el diferencial del capital (cuando CT>Q-L el diferencial del capital tiene signo negativo). La productividad  (eficiencia) global, en su sentido no residual, expresa la agregación ponderada de las productividades del trabajo y del capital:

 

CT=x(Q-K)+(1-x)(Q-L)

 

     Si pretendemos encontrar los valores relativos que, agregados, componen CT (CT=1), hemos de efectuar la operación inversa, es decir, relacionar las productividades del capital y del trabajo (ponderadas) con la productividad (eficiencia) global. Cada una de estas relaciones proporciona la productividad relativa del capital y del trabajo:

 

                                        PRK=1/2(Q-K/CT) (10)

                                        PRL=1/2(Q-L/CT) (11)

 

     (Aquí, nuevamente, hemos empleado el factor ponderador x=1/2 y 1-x=1/2.)

     Así pues:

 

CTR={[1/2(Q-K/CT)]+[1/2(Q-L/CT)]}=1/2[(Q-K/CT)+(Q-L/CT)]=1

 

     Es decir:

 

CTR=PRK+PRL=1

 

     Estas expresiones pueden aportar la siguiente información (véase la gráfica B-4, con ponderación x=0,4 y [1-x]=0,6):

 

     1) La distancia relativa entre K y L (lo que Marx denominó "Composición Orgánica del Capital").

     2) La relación entre K y L y la productividad (eficiencia) global (CT).

     3) El valor absoluto de Q respecto a I, que tiene incidencia en el signo de este cociente.

     4) La distancia relativa de K y L respecto al valor de máxima eficiencia (L=K).

 

     Así pues, al ser un cociente relativo (que depende de los valores relativos de L y de K), a estas fórmulas las denominamos productividad relativa del capital (PRK) y del trabajo (PRL).

     Fijémonos en que, a partir de la transformación de la fórmula (8), Q-K se puede expresar de dos maneras: a) como el diferencial del trabajo, más la productividad (eficiencia) global; o b) como la inversa del diferencial del capital (éste con signo negativo), más la productividad (eficiencia) global. Ello expresa el carácter relativo de las productividades del capital y del trabajo, y por tanto de sus respectivas productividades relativas. Podemos expresar esta relatividad con la siguiente tabla:

 

     1) Cuando PRL>0,5®PRK<0,5 (y viceversa).

     2) Cuando L­®Q-L¯®PRL¯ (y viceversa).

     3) Cuando K­®Q-K¯®PRK¯ (y viceversa).

     4) Cuando L>K®(Q-L)<(Q-K)®PRL<0,5®PRK>0,5.

     5) Cuando K>L®(Q-K)<(Q-L)®PRK<0,5®PRL>0,5.

     6) Cuando L­®PRL¯®CT¯.

     7) Cuando K­®PRK¯®CT¯.

 

     La distancia relativa entre los valores L y K tiene su reflejo en los respectivos valores PRL y PRK, dándose el caso de que cuando L=K, PRL=PRK=0,5. (En cualquier caso, como por ejemplo x=1/4 y 1-x=3/4, siempre que L=K la productividad relativa de K y L coincidirá con el valor de sus respectivos factores multiplicadores, x y 1-x.) Por regla general (puesto que Q-L no suele ser negativa) PRL es negativa cuando CT es negativa (y por tanto I>Q); PRK es negativa cuando Q-K es negativa y CT es positiva (o viceversa), aunque generalmente Q-K y CT tienen el mismo signo, puesto que Q-K arrastra a CT.

     Hasta este momento, hemos tomado a L como variable independiente, que determina la productividad del trabajo (la más tenida en cuenta por los economistas). Si bien es el valor más empleado para realizar análisis de costes/beneficios, engloba, como hemos visto, únicamente una parte reducida del nivel de eficiencia global del sistema, expresado por CT. A partir de este momento integraremos a L y a K, y a sus respectivas productividades parciales, en un modelo global. Comenzaremos haciendo un análisis del papel de estas últimas:

 

     1) Q-L tiene un carácter más estable, generalmente con signo positivo, pues L no experimenta variaciones tan acentuadas como K.

     2) Q-K tiene un carácter más volátil, e incluso extremado y móvil, con carácter generalmente anticíclico, por lo que suele arrastrar el valor de CT.

 

     A la luz de lo dicho hasta el momento, el cambio tecnológico no se expresa sólo con la definición que dimos al principio: depósito de capacidad de producción del capital acumulado; ni siquiera agota la otra noción que hemos usado ampliamente: residuo entre la renta corriente (Q) y la inversión corriente ponderada (I), que engloba tanto la productividad del capital como la del trabajo. Nuestra nueva (y más importante) definición diría así: CT expresa la eficiencia (o productividad) global del sistema, fruto de la agregación de las productividades del capital y del trabajo, que deriva de una inversión (acumulada o corriente) en capital técnico y humano (con una capacitación o pericia técnica dada); y más concretamente del depósito de capacidad de producción proveniente del uso relativo de capital y de trabajo, con un nivel tecnológico dado.

 

                     CT=Q-[1/2(K+L)]=1/2[(Q-K)+(Q-L)] (12)

                          Q=1/2(K+L)+1/2[(Q-K)+(Q-L)] (13)

 

     A partir de la fórmula (13) comprobamos cómo la renta corriente se descompone en dos subapartados: 1) la inversión corriente en un año dado (ponderada por el peso respectivo de cada factor) y 2) la agregación ponderada de las productividades parciales del capital y del trabajo. Como es evidente, K y L añaden capacidad productiva "en" un año dado, pero "sobre" un capital acumulado (tanto en L como en K), que es el que da lugar al depósito de capacidad expresado por CT, de tal manera que el nivel de la capacidad de producción instalada (CT) con anterioridad, más el suplemento corriente de K y de L, determinan un nivel de productividad corriente en un año dado.

     Fijémonos en el detalle de que nos referimos a "nivel de capacidad de producción", es decir, a la productividad, no al equipo o al personal. El nivel de capacidad CT puede variar en función del uso que se le dé al capital preexistente, o de la variación absoluta de L y de K, o de la posición relativa de ambos. Entendemos que la capacidad de producción acumulada (CT) se agota, y los ingresos marginales (suplementarios) de un capital previamente instalado se agotan, cuando CT=0, y ya no se puede extraer más capacidad de producción (y valor añadido suplementario) del equipo técnico y humano preexistente, a no ser que varíen las posiciones relativas de ambos y/o se añada más inversión suplementaria en L y/o K, de tal modo que se amplíe la capacidad productiva en un año corriente (o se mejore su eficiencia). (Se sobreentiende que el capital añadido será más moderno y más productivo.)

     Así pues, consideraremos CT como la productividad —en un año corriente— ponderada de la capacidad de producción acumulada; o sea, es el índice que expresa la capacidad de producción en uso (medida, como hemos visto, a partir de la capacidad de producción aún inactiva, a un nivel dado de L y de K) en un año corriente, considerando que nos referimos a un stock al que se añaden nuevos recursos provenientes de la inversión corriente en K (que añade productividad y eficiencia técnica al stock de capital acumulado, así como renta agregada, derivada del mecanismo multiplicador, a la economía en su conjunto) y en L (que añade nuevo consumo, que ha de ser satisfecho por el sistema a través de K y de CT, además de por nuevo factor trabajo). En definitiva, CT representa el estado actual (corriente) del uso de la capacidad de producción acumulada, en función de la evolución de L y de K, es decir, del momento coyuntural del ciclo.

     La conclusión más importante de lo dicho hasta el momento es que CT no debe entenderse sólo como un residuo entre Q e I, y por tanto, como un ente intangible e inmaterial (de difícil concreción). CT tiene consistencia propia, y es una realidad tan económica como lo son la productividad del capital y del trabajo por separado, que son unos índices usados regularmente para baremar otras variables. Y más allá de considerar CT como la productividad (eficiencia) global ponderada de la economía, o como medida de la capacidad de producción empleada del capital acumulado, podemos interpretarlo como la productividad relativa de la economía, en relación a un nivel de inversión dado (CT=Q-I) y a un nivel de beneficios medios (Q/2=Q-L), en una situación "neutral" (según terminología de Harrod), en un año corriente.

     ¿Qué damos a entender por el concepto "productividad relativa"? Ni más ni menos que CT expresa el grado de eficiencia o ineficiencia del sistema económico en una coyuntura dada, como valor ponderado del grado de eficiencia o ineficiencia que expresan por separado la productividad del capital y del trabajo, en función del nivel relativo de L respecto a K. En el próximo capítulo estudiaremos más a fondo el concepto "productividad relativa". Bástenos con esbozar algunas de sus implicaciones.

     Ante todo, y retomando la funcionalidad de Q-L, hemos de conceder que ésta (la productividad del trabajo) no es suficientemente significativa para expresar el grado de eficiencia o ineficiencia del sistema, aunque sí su tendencia. Ésto es, al ser generalmente positiva, y al mantenerse más o menos estable (dado el interés del sistema económico por mantener estable los niveles de productividad de un nivel de ocupación dado, independientemente de los avatares de la coyuntura, por lo cual L se comporta de una manera elástica en relación a Q-L), no sufre variaciones extremadas, pero en cambio nos señala la tendencia a largo plazo del nivel de eficiencia del sistema (o de su productividad, con niveles de renta y de empleo dados), tema éste que retomaremos más adelante. En cambio, Q-K se ajusta más fielmente a la coyuntura del ciclo, y al tener carácter más volátil arrastra tras de sí a CT. Es decir, Q-L sirve (y de aquí el cambio de orientación de nuestro enfoque) para estudiar la productividad a largo plazo de la economía, es decir, su tendencia; Q-K sirve, en cambio, para estudiar la coyuntura del sistema, dado el carácter volátil de K, y por tanto de Q-K.

     Así pues, en el análisis del ciclo, si queremos entender la productividad (o eficiencia) global del sistema, en función de la coyuntura, nos hemos de centrar en el estudio de Q-K, pues ésta, contrariamente a Q-L (que generalmente añade valor positivo a CT, al tener signo positivo) puede tanto sumar como restar valor a CT, en función de la coyuntura, determinando la evolución a corto plazo de la productividad global. Y como la productividad varía inversamente en relación a la evolución de L y de K, que se mueven en la misma dirección que Q, CT tiene siempre un carácter anticíclico, es decir, relativo (inversamente proporcional) respecto a Q.

     Si nos centramos en el papel de Q-K, es decir, en el corto plazo coyuntural, observaremos que ésta aumenta cuando K disminuye, y CT sigue una evolución aproximada a la de Q-K (gráfico B-3) ¿Pero cómo es posible que CT disminuya si, como hemos visto, es poco probable que CT tenga valor negativo si L es la variable independiente? En otras palabras: ¿cómo es posible que se destruya, gaste, o amortice CT, cuando K aumenta? Más bien, por lógica, K debería añadirse al stock de capital acumulado, quedando el valor de CT más o menos inalterado (si se limita al reemplazamiento del capital desgastado u obsoleto) o incrementado (si se acumula al anterior). Es decir, la productividad del sistema, siendo L la variable independiente, aumentaría con la aportación de nuevo elemento capital, como comprobamos cuando L era la variable independiente y Q-L aumentaba directamente en relación a K. Esta constatación demuestra las limitaciones de Q-L como medida de productividad del sistema.

     Pero al mismo tiempo nos muestra sus prestaciones, porque este razonamiento no contradice el significado de Q-L: en efecto, CT no disminuye a consecuencia de una disminución de la productividad del sistema ante un aumento de K, lo que sería absurdo (si ignoramos los costes de marcha en vacío a los que hemos hecho referencia anteriormente). CT disminuye porque, simultáneamente al aumento de K, se da de baja capital acumulado obsoleto, que pasa a ser restituido por el capital corriente K. Es decir, cuando L es la variable independiente, el desplazamiento de CT a la izquierda (CT¯), especialmente en los períodos de desinversión, es una medida del grado de renovación técnica del sistema, pues notemos que el valor de CT disminuye cuando: 1) en un año dado (Q dada) el stock de capital es usado en mayor grado por más trabajadores; y 2) cuando Q disminuye y el sistema desinvierte para aumentar productividad, reducir costes y recuperar rendimientos.

     En definitiva, la segunda acepción es la que nos interesa: CT se reduce, en un contexto dinámico, cuando Q disminuye, momento en el cual es oportuno renovar técnicamente (cuanto menos, desechando equipo obsoleto) el aparato productivo. CT expresaría la evolución del equipo capital: 1) su ampliación, cuando K aumenta en la recuperación económica; 2) su desinversión o desvalorización, en los períodos de recesión. Más tarde habremos de resolver otra paradoja: la que combina el crecimiento acelerado (con nueva capacidad técnica, con un capital K dado: profundización de la productividad), y una reducción tendencial de la productividad del trabajo.

     (Recordemos nuevamente que cuando K>Q el cuadro expuesto varía sustancialmente: dicha situación estaría muy lejos de un crecimiento armónico, y tendría grandes repercusiones sobre la productividad y la sostenibilidad futura del crecimiento.)

     Como sabemos, CT es una medida de la productividad (eficiencia) global del sistema, no de la acumulación de capital (es una medida de productividad del capital instalado, a la que se superpone un incremento regular de la capacidad técnica). Así pues, ¿por qúe la renovación material del equipo puede disminuir la eficiencia global? En primer lugar, K suele crecer por encima de L, y si por un lado, en relación a Q-L, ello aumenta la productividad aparente (si bien, si las tasas de crecimiento de L son positivas, esa productividad es aparente sólo a nivel relativo, pues a nivel absoluto es real), por otro lado crea ineficiencias en el uso de los factores (desacoplamiento, logística, mal uso de la técnica), y tal vez desacompasamientos entre oferta y demanda (que no puede absorber la nueva capacidad productiva), con los consiguientes costes de marcha en vacío, y la no correspondencia entre oferta/demanda, ahorro/inversión, y renta/inversión. (A este fenómeno se le ha dado el nombre de paradoja de Solow.)

     En segundo lugar, el proceso de desinversión del capital obsoleto, o de renovación del capital, puede crear lapsos o desfases temporales hasta que se desarrollen las plenas posibilidades productivas del nuevo capital. Y por último, no olvidemos el efecto del aumento más que considerable de K respecto a Q en relación a la productividad (eficiencia) global, es decir, el arrastre que Q-K ejerce sobre la productividad (eficiencia) global. La aplicación del principio de los rendimientos decrecientes (con un factor dado) y el principio de la redundancia, explican en buena parte las pérdidas de eficiencia global por la aplicación desproporcionada de K sobre L y sobre Q: lo que expresa que una proporción relativamente menor de factor trabajo tiene que emplear una proporción relativamente mayor de factor capital.

     Por lo tanto, la productividad relativa de K y L agregados, y debidamente ponderados, expresa el desfase entre la inversión ponderada y la renta, y así, aplicando la ley de los rendimientos decrecientes, la eficiencia o ineficiencia global (relativa, en relación a Q) del sistema. CT es, pues, un factor relativo, que depende del valor de I en relación a Q, y su signo nos indica el desfase entre ambos. CT es la medida de la productividad relativa (global) del sistema, y no Q-L, que es la medida de la tendencia a largo plazo, ni Q-K, que es la medida de la eficiencia o ineficiencia del uso del capital corriente (con una evolución anticíclica, o coyuntural).

     El comportamiento de CT, en relación al ciclo económico, sería el siguiente:

 

     1) En fases recesivas (en un contexto dinámico, con L como variable independiente), CT decreciente implica desinversión, reconversión, descapitalización, desvalorización o ajuste del equipo capital acumulado, para adaptarlo al nuevo escenario de la demanda efectiva y, en un proceso dinámico, para disminuir costes de marcha en vacío: CT se desplaza a la izquierda de la gráfica. (Este caso es más probable en sectores concretos de actividad, o en zonas geográficas determinadas, técnicamente obsoletas.) La constatación empírica muestra que, en un análisis estático, CT es generalmente positivo en fases recesivas (tiene carácter anticíclico), cuando se aplica la capacidad productiva en reserva, con un contenido tecnológico determinado, a una menor fuerza de trabajo, de cara a aumentar la productividad aparente. Pero recordemos que la medida de producción que representa CT es aparente (alta en relación a un nivel de empleo dado, que está en declive, y baja en términos absolutos). Aquí volvemos a encontrar la supuesta dualidad de CT: dado un nivel Q a la baja, el sistema tiende a desinvertir en capital acumulado (CT¯); si este proceso va acompañado de una reducción colateral de L, la capacidad productiva ociosa (y la ineficiencia global) disminuye; en cambio, si L se rezaga en relación a la disminución de CT, se produce un sobreuso tanto del capital acumulado como del corriente, y la ineficiencia aumenta. Este proceso (disminución en CT y en L) continúa hasta llegar al límite de capacidad de producción prudencial, por debajo del cual no se debe bajar.

     En esta fase (de reorganización) se realizan los ajustes y reconversiones necesarios, con la optimización de la estructura y del equipo de producción existente. El recorte de planta y equipo, en un análisis dinámico, queda así compensado por las mejoras de la eficiencia fruto de la optimización de los recursos remanentes.

     2) En fases expansivas, en un contexto estático, CT tiene tendencia a disminuir, por la disminución de la capacidad productiva no empleada, y su consiguiente repercusión negativa sobre la productividad global. En un análisis dinámico, cuando el ritmo de incremento de fuerza de trabajo no es suficiente para acompasar el aumento de capacidad productiva producido por K, ante las exigencias o la presión de la demanda, se recurre a una intensificiación de la jornada de trabajo, lo que comporta otro tipo de ineficiencias organizativas. No obstante, cabe perfectamente la posibilidad de que se siga desinvertiendo en capital acumulado obsoleto, aunque es menos probable cuando la demanda presiona y se está cerca de los límites absolutos de la capacidad de producción.

 

     Como corolario a todo lo dicho en este capítulo, insistiremos en la idea de que CT es la medida de productividad derivada de un capital dado (acumulado) en un año corriente, que se expresa por el grado de uso de dicho capital (es decir, en un contexto estático, por la relación entre L y K, y entre ambos y Q). Así pues, el incremento de L y K genera productividad a partir de un capital dado acumulado, compuesto por capital fijo, recursos humanos y el avance técnico incorporado en ambos. Ello implica que el cambio técnico es una medida de la productividad no sólo del avance técnico (o de la reserva de capacidad) incorporado en las máquinas, sino también de la pericia, instrucción o cualificación del capital humano (personal). Cuando hablamos de una capacidad de producción acumulada, nos referimos, pues, a tres aspectos:

 

     1) La capacidad técnica (mecánica) de producción de un capital fijo material.

     2) La capacidad técnica (informacional) de producción de un avance técnico incorporado en L y en K.

     3) La capacidad técnica (cualificación) de producción de un capital humano variable.

 

     (Esta constatación ha de aportar numerosas consecuencias al referirnos al avance técnico, que como hemos señalado, puede tener tanto carácter tangible como intangible, o dicho de otro modo, puede ser medido tanto en unidades de potencia como en bits de información.)

     En consecuencia, en la economía real, los límites de la productividad, y por tanto, los límites del ciclo, vienen dados por la evolución del capital (corriente y acumulado), y no tanto por la del trabajo. Si observamos la gráfica B-1, comprobaremos unos techos en la inversión tanto en los períodos de auge como de recesión (un crecimiento del 8% en los períodos de expansión y un decrecimiento del 3% en los períodos de depresión), que están determinados por la evolución del capital corriente, no de la fuerza de trabajo. Es decir, la evolución del capital corriente (K) es tanto efecto como desencadenante de la evolución del crecimiento, pues generalmente se adelanta a la evolución de este último (y por tanto, de la renta). La evolución del empleo va a remolque de la del capital, de tal manera que el efecto multiplicador del incremento del capital repercute con posterioridad sobre el factor trabajo, lo que acentúa el proceso y genera la fase expansiva del ciclo. Asimismo, el factor trabajo es el lastre que, a corto plazo, se suelta o se recupera para regular la productividad del trabajo, que es la que, en definitiva, mantiene la plusvalía del empresario en unos límites tolerables.

     Por lo tanto, nos encontramos con que tanto las situaciones A como B del gráfico A-12 son irreales. Pero hemos tenido que asumir este margen de irrealidad para comprender los mecanismos básicos del ciclo, al entender que es la productividad del trabajo la que dibuja la tendencia de la economía, así como la eficiencia de un sistema con un nivel de empleo dado (más regular que la del capital, pero también móvil). Asimismo, la productividad del trabajo es una variable más "sensible" que la evolución de la productividad coyuntural del capital, y por lo tanto es más útil como baremo.

     Toda esta reflexión nos ha demostrado que un caso como A de la gráfica A-12 es inviable, pues no es posible que, con L como variable independiente, el empleo crezca a un nivel donde CT=0, sea cual sea la coyuntura, ya que el coste en ineficiencia es demasiado elevado (dado el carácter altamente elástico de L). Dicho punto sería aquel donde se registran los peores resultados en productividad (en momentos expansivos) y los mejores en plusvalía relativa (en momentos depresivos). Es el punto de maximización de pérdidas y ganancias relativas, por lo cual es el que señala la tendencia relativa de la productividad (como veremos en la próxima sección, aunque expresándolo en términos de eficiencia global, no de productividad del trabajo).

     Así pues, el caso A es sólo representativo de una tendencia, no es un caso real. A ésto nos referíamos al decir que Q-L no representa la realidad coyuntural, en cada momento del ciclo, sino la tendencia a largo plazo. Un análisis de A nos revela sólo la evolución tendencial de la productividad relativa (en definitiva, de CT), no su significación real: 1) una desinversión implícita de CT, reflejada por su desplazamiento a la izquierda o a la derecha de la gráfica; y 2) invertir y desinvertir sin apartarse de un nivel máximo de uso del capital acumulado, independientemente de la coyuntura.   En cambio, el caso B es más realista, pues situándose a medio camino entre Q-L y CT=0, su evolución es representativa de tendencias reales: 1) capacidad desocupada en el momento de inicio de la desinversión, y, cuando el decrecimiento de L es menor, aumento de la ineficiencia en el uso del capital acumulado (vertiente estática); 2) desinversión de CT en las fases depresivas del ciclo, para reducir costes fijos (vertiente dinámica); 3) recuperación de capacidad productiva a través de la reinversión en K en momentos de expansión; y 4) el punto de partida (situación de L en relación a CT=0) en el proceso desinversor determina la evolución posterior del ciclo.

     En el próximo capítulo nos adentraremos en el estudio analítico del ciclo, en un contexto dinámico donde la variable tiempo juega un importante papel.