José Luís Espejo - LA COMPAÑÍA: UNA OBRA DE FICCIÓN (O CASI)

LA COMPAÑÍA: UNA OBRA DE FICCIÓN (O CASI)

Hola amig@. Hace 15 años residía en Inglaterra. Allí viví durante casi cuatro años. En un momento de lucidez (o de cogorza) se me ocurrió una historia extravagante, que planteé como un argumento de película. Y así está escrito.

Reconozco que el lenguaje puede parecer cargante, y un tanto pueril. De hecho, el estilo es pretendidamente hollywoodiano, pero mucho menos ingenioso. Las ínfulas de guionista se me curaron pronto; gracias a Dios.

Otra cosa quizás un poco sorprendente es que elija a unos personajes fuera de mi contexto actual: generalmente anglosajones. El caso es que en los momentos en que escribí estas líneas mis amigos y conocidos eran sobre todo británicos. Además, hay que entender el contexto del relato: como consecuencia de una gran catástrofe global, los pueblos y las naciones se han reducido a uno, con un solo lenguaje vehicular: el inglés.

No puedo dejar de resaltar que este argumento con pretensiones de guión cinematográfico no es un mero divertimento. Aquí hay buena parte de mi pensamiento, que por lo que verás, no ha cambiado en lo esencial en estos últimos 15 años. La idea de fondo es seria. Me gustaría que lo entendieras así. He aquí un párrafo de la última página:

Son altas horas de la madrugada. La MADRE ha acabado de leer el libro. Lo cierra y le pregunta a la HIJA. MADRE: “¿Qué, qué te ha parecido?” HIJA: “Me ha gustado mucho, mamá. Eran todos muy valientes”. MADRE: “No, no todos lo eran... Pero aun los que no lo eran hicieron un esfuerzo para vencer su miedo, y lucharon con decisión por lo que creían justo. Hija, tienes que saber que no es bueno olvidar la Historia. Sólo conociéndola podemos evitar cometer los mismos errores del pasado. Los hombres y las mujeres han tenido que sufrir mucho para aprender por fin esta lección. No la olvides: cuesta mucho obtener la libertad, pero cuesta mucho más conservarla...”

Este relato está dividido en tres partes. Si te gusta, cuéntamelo en Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla. .

Que disfrutes.

José Luis Espejo.

 


 

LA COMPAÑÍA

 

(Primera  parte)

 

José Luis Espejo (1998)

                En la pantalla aparece una gran sala de velatorio, decorada de forma muy severa, con mármoles y piedras nobles en las paredes. En medio de esta sala hay un túmulo, con un ataúd encima. Este túmulo descansa sobre un pedestal, rodeado de coronas de flores. A él se accede por medio de unas escaleras.

                Dentro del ataúd se encuentra el cuerpo de una mujer (LINDA) de unos 60 años. Su expresión refleja serenidad y paz. Alrededor del catafalco se desparraman grupos de personas que conversan desenfadadamente. THOMAS CAVITE, su hijo, deambula entre corrillo y corrillo haciendo la vez de anfitrión del evento, como si la verdadera naturaleza del asunto no fuese con él. En cambio, su hermano CHARLES está sentado, compungido, en un rincón de la sala, con la cabeza entre las manos.

                THOMAS tiene unos treinta y dos años; es un mocetón alto y enjuto, con cabello ralo y escaso. En cambio, CHARLES, tiene tres años más, y es alto y rechoncho, con cabello rizado, muy abundante. THOMAS tiene todo el aspecto de un burócrata eficiente, y CHARLES el de un soñador. THOMAS trabaja en la memoria central (sección de Historia) de la división occidental del departamento de información de la Compañía “Servilogic”. CHARLES es un diseñador gráfico y un artista fracasado.

                THOMAS se dirige al rincón donde se encuentra CHARLES y le dice: “No soporto este ambiente: esta ambientación grandilocuente; y sobre todo la presencia de una gente que ni siquiera conoció a nuestra madre... ¡Si ni tan sólo la conocíamos nosotros mismos! Mamá no nos dio la oportunidad de quererla... Estoy más confuso que emocionado” (Esto último lo dice como excusándose.)

                CHARLES no contesta. THOMAS prosigue: “Los pocos que sabían algo de ella me salen con que tenía fama de ‘excéntrica’, por no decir algo más fuerte. ¡Habráse visto, encima de hablar de oídas dicen que estaba majara, delante de sus propios hijos!... ¿Qué dices de esto, Charles?”

                CHARLES sigue absorto en sus pensamientos. THOMAS continúa: “A veces hubiese preferido que mamá nos hubiese abandonado de una vez para todas. Así, al menos, no tendría esta sensación de mala conciencia... por no sentir nada ante su muerte”.

                En ese momento, la voz de THOMAS se quiebra levemente, y su boca hace una ligera contracción. Luego se sienta al lado de su hermano. CHARLES se incorpora, le mira fijamente, y le dice: “No tienes derecho a reprocharle nada a tu madre; ella se vio sola con dos hijos cuando nos abandonó papá. Tal vez no podía asumir esta responsabilidad. Tal vez nos internó en el colegio pensando en nuestro bien. Tal vez lo hizo muy a su pesar. ¿Qué sabes tú de sus motivos?”

                THOMAS contesta con una pregunta: “Y si fuera como tú dices, ¿por qué no nos explicó esas razones?” CHARLES responde: “Quizá quisiera protegernos”. THOMAS: “¿Protegernos de qué?” La pregunta queda en el aire.

                Entonces llega LAURA, la esposa de THOMAS. LAURA tiene seis años menos que THOMAS. Es experta en telecomunicaciones y, como su marido, desprende un tufillo funcionarial; en su caso, quizá un tanto más marcado. LAURA viene acompañada por una mujer madura, de unos 65 años, vestida (como LINDA en su atuendo mortuorio) de manera informal. Aparenta ser una mujer moderna y liberal, lo que contrasta con la severidad de su semblante, cuarteado por los años.

                LAURA les presenta a ROSEANNE, que resulta ser una amiga de LINDA. Por lo visto se ha presentado extraoficialmente (nadie la había invitado). Les dice a los dos hermanos que en su trabajo se había enterado de la muerte de su madre, y que había averiguado el emplazamiento del velatorio para darle el último adiós a la que fue una de sus mejores amigas.

                Después de recibir sus condolencias, los dos hermanos la ven marchar. Unos segundos después THOMAS dice: “Disculpadme un momento”. THOMAS sale apresuradamente de la sala y, a paso ligero, alcanza a la mujer, que acababa de franquear la puerta de salida del edificio fúnebre.

 

                En el porche THOMAS detiene a ROSEANNE. Sofocado, le dice: “Discúlpeme, por favor. ¿Me podría dedicar unos minutos? Usted es la única persona que me puede ayudar”. ROSEANNE: “Si está en mi mano hacerlo, cómo no, querido”.

                THOMAS y ROSEANNE van a una cafetería próxima. Una vez allí THOMAS prosigue: “Mire, aunque le parezca difícil de creer, tal vez sepa usted más de la vida de mi madre que yo mismo. Ella siempre mantuvo ante nosotros un gran distanciamiento. Es verdad que nos veíamos de vez en cuando, sobre todo después de salir del internado... Pero era siempre tan protocolaria, tan reservada... En fin. Todo lo que sabemos de ella es de oídas y, créame, no todo lo que nos han dicho es de nuestro agrado”.

                ROSEANNE: “¿Qué os han dicho?”

                THOMAS: “Que estaba, humm, era... En fin, ya sabe. Que era algo rara”

                ROSEANNE: “¿Por qué rara?”

                THOMAS: “Porque decía cosas raras, porque vestía de forma rara, porque se comportaba de forma rara; bueno, todo eso...

                ROSEANNE: “¿Qué quieres decir con eso último?”

                THOMAS: “En fin, no sé. Dicen que actuaba como si aún tuviese veinte años... ¡Y tenía casi sesenta!” (ROSEANNE ríe discretamente).

                ROSEANNE: “Mira, querido. Como te dije, yo era una buena amiga suya. Y no soy la única. De hecho, ella tenía mucha fama dentro de nuestro círculo (hace una mueca burlona). Te aseguro que yo tengo una excelente opinión de tu madre. No hagas caso de lo que dice la gente. Ella era simplemente... ella misma. Le tenía sin cuidado las convenciones sociales. Vivía su vida y punto”.

                Luego calla y sorbe con delectación su refresco. THOMAS parece reflexionar sobre lo que acaba de decir la mujer; mientras tanto ella mira, despreocupadamente, por la ventana. THOMAS reanuda la conversación, apurado.

                THOMAS: “Por favor, ¿podría decirme algo más de ella? Tal vez ésta sea la última oportunidad de saber la verdad sobre mi madre”.

                ROSEANNE: “Estoy encantada de haber conocido personalmente a los hijos de Linda. Créeme si te digo que ella me había hablado mucho de vosotros (THOMAS hace una expresión de perplejidad). Ella era... verdaderamente excepcional, diferente. Tenía una fuerte personalidad, y al mismo tiempo un carácter muy dulce. En estos tiempos que corren no queda mucha gente así. Definitivamente, ella formaba parte de una especie en vías de extinción”.

                THOMAS: “Entonces, ¿por qué no se comportó con nosotros como lo haría cualquier madre; por qué no depositó ese cariño que usted dice que sentía por los demás en sus propios hijos?”

                ROSEANNE: “No es fácil saber lo que induce a una madre a actuar como lo hace. En todo caso, seguro que ella hizo lo que pensó que era mejor para vosotros. Mira, querido, hay preguntas que sólo el tiempo puede responder. No puedo decirte más sobre este asunto; me temo que no puedo ayudarte”.

                THOMAS: “Perdone mi insistencia. Usted acaba de decir que mi madre le hablaba a menudo de nosotros. ¿Qué le decía?”

                ROSEANNE: “¡Oh!, verás. Tu madre era un poco especial. Quiero decir... muy reservada en sus cosas; tenía la manía del hermetismo. Sin embargo, cuando abría su corazón, era como un torrente desbordado. En la oficina yo era su única confidente. Ella tenía un monotema: vosotros. Cómo progresábais en los estudios, lo inteligentes que érais... en fin, todas esas cosas que dicen las madres sobre sus hijos. Ella decía que tú eras muy despierto, pero también algo conformista; en cambio, de tu hermano decía que era más torpe, pero tenía más carácter. Pero estaba orgullosa de los dos; según decía, compartís una misma cualidad: ambos sois buenas personas”.

                THOMAS: “¿Qué más le dijo de nosotros?”

                ROSEANNE: “De ti, Thomas, me dijo que eras muy buen estudiante, aunque quizá un poco egocéntrico; por cierto, tú eres ingeniero de telecomunicaciones, o algo así, ¿no es cierto? (THOMAS asintió). De Charles tu madre me dijo que quizá no es tan brillante como tú, pero tiene más sensibilidad; él es diseñador, si no me equivoco. En fin, ¿qué más puedo decir?”

                THOMAS: “¿Por qué dice que nuestra madre era ‘especial’?”

                ROSEANNE: “Si por ‘especial’ se entiende ‘diferente’, no es que lo diga yo, es que lo era. Sí, tu madre era diferente, no porque lo pretendiera, sino porque era su manera de ser. Ella no sentía las inclinaciones de los demás. Vivía en su propio mundo; había formado su propio círculo... (De una manera fugaz, hace como si mirase el reloj.) En fin, se está haciendo un poco tarde... Quizá debería marchar; no quisiera perder el último tren. Sólo quiero decirte una cosa más: no creas todo lo que dicen de ella; antes trata de imitarla... Ella ha sido la persona más maravillosa que he conocido jamás (en ese momento se le humedecen los ojos). Adiós, querido”.

                ROSEANNE, a pesar de su edad, aún conserva una fuerte vitalidad, y una figura muy femenina. Marcha balanceando rítmicamente el trasero. La gente del bar la mira con cara de sorpresa.

 

                Una vez en la sala del velatorio, THOMAS resume a su hermano (CHARLES) y a su mujer (LAURA) lo que le acaba de explicar la amiga de LINDA (ROSEANNE). THOMAS: “... y después marchó precipitadamente; parecía tener mucha prisa”. LAURA, como es habitual en ella, hace broma a costa de ROSEANNE: “Empezaba a pensar que esa mujer me iba a robar el marido. ¿Habéis visto cómo vestía?: parecía una golfa”. Sólo ELLA ríe la gracia. THOMAS la mira con cara severa. Disgustado, da la espalda a su mujer y marcha al catafalco. Allí miró por última vez a la que debió ser su madre, y no lo fue... completamente.

 

                La siguiente secuencia transcurre en el departamento de Historia de la división occidental de la compañía “Servilogic”, donde trabaja THOMAS. Se trata de un pequeño despacho en la planta 50 de la sede central de la compañía, en Londres. La sección de Historia consiste en un gran hall, anexo al ascensor, y en diferentes oficinas repartidas en torno a él, en forma de disco. (El edificio es un gran cilindro de 120 pisos de altura; en él se concentra la memoria central, con sus diferentes secciones, de la división occidental de la citada compañía.)

                THOMAS trabaja en una de dichas oficinas, completamente acristalada. El escritorio y la silla ergonómica de THOMAS parecen suspendidos en el vacío, pues la pared es completamente transparente (si bien el cristal está esmerilado, para evitar la claridad del tórrido verano londinense). Encima del escritorio de THOMAS hay una sencilla lámina táctil, y una fina pantalla que sobresale de él (ambos aparatos parecen hechos de un material maleable, irrompible). A su lado hay un "slot" para la introducción de discos magnéticos. THOMAS está escribiendo en el ordenador. Su mesa está sobrecargada de discos magnéticos. En las paredes laterales se alinean numerosas estanterías, con infinidad de ficheros ordenados de una manera más o menos lógica.

                En ese momento suena un dispositivo; THOMAS levanta la pantalla de un videofono. Aparece el rostro de RICHARD, el mejor amigo de THOMAS (tiene el pelo rizado y cara de buena persona). Trabaja también en la Compañía, como redactor del departamento de Historia. RICHARD: “Eh, Thomas, ¿vienes a la cantina? Hoy hay tortilla de espárragos con ensalada verde. Todo muy sano. Deja de hacerte el repelente: a fuerza de imitar a los figurones de tu sección te vas a parecer a ellos”. THOMAS: “No, Richard, lo siento. Tengo mucho trabajo, de verdad. Otro día será. Además, esta tarde tengo un compromiso. Me comeré un bocadillo y listos”. RICHARD: “Por cierto, hoy hay reunión a las cuatro, ¿recuerdas? El gran jefe nos ha convocado a todos, incluyéndote a ti”. THOMAS: “¡Coño! Lo había olvidado. Espero no llegar tarde a la notaría. Hasta luego, Richard”. Entonces se apaga la pantalla.

 

                Despacho del jefe de la sección. Mr CAMPBELL (jefe): “Como sabéis, este año estamos lejos de cumplir las previsiones de facturación. El estrato básico ha sido afectado por la baja tasa de natalidad; los niveles avanzados están en decadencia a causa del jodido hedonismo del populacho. En fin, la cifra de negocios ha bajado un 15% por ciento en los últimos cinco años; y el descenso sigue en caída libre.

                Me temo mucho que el organismo central está estudiando seriamente ceder la exclusiva del área de sociales a la compañía ‘Compusmart’. Dice que nosotros no hacemos lo suficiente por hacer el producto atractivo para la gente; y que por eso las masas nos dan la espalda. ¡Como si sus malditos paquetes básicos sirvieran para algo! Ya sabéis chicos: hay que ponerle más salsa al guisado.

                Más malas noticias: me ha llegado el rumor de que el organismo central se está planteando seriamente eliminar las materias humanísticas de la formación básica, y en su lugar aumentar las horas dedicadas a materias técnicas. Esto supondría el fin definitivo del área básica de Historia. Así que, muchachos, ya os podéis ir preparando”.

                THOMAS: “Eso no es posible. ¿Cómo van a eliminar la escasa formación humanística que aún queda?. Es como decir a la gente: el pasado no significa nada; el futuro tampoco... Vivid al día, malditos”

                Mr CAMPBELL: “Así son las cosas. La gente lo ha decidido democráticamente (mueca de sarcasmo). ¿Qué importa la Historia si hace más de doscientos años que no ocurre nada? Muchachos: desde que no hay naciones, desde que no hay lenguas (sólo una nación y una lengua), la Historia es un trasto inservible. Es obsoleta, inútil... O sea, o hacemos el producto más digerible, o nos vamos todos a la puta calle. ¿Alguna idea?”

                THOMAS: “Creo que esa palabra también ha quedado obsoleta”.

                Mr CAMPBELL: “¿Qué palabra?”

                THOMAS: “Idea”.

 

                THOMAS está en la calle, delante del edificio donde trabaja. El resplandor de la luz es cegador, el calor es sofocante. THOMAS se saca la chaqueta y se desanuda la corbata. Está sudando copiosamente. Riadas de gente caminan frenéticas por la avenida. Los coches, estilizados, curvilíneos (con ruedas), se deslizan silenciosamente por la calzada. En ese momento hay un gran atasco. THOMAS ve llegar un TAXI. Levanta la mano; el TAXI se detiene y THOMAS entra en él. THOMAS: “Lindsey Place, número 47”.

                El TAXI se pone en marcha. El atasco es considerable y el vehículo avanza lentamente. THOMAS dice: “¿No hay manera de ir más rápido? Tengo mucha prisa”. El TAXISTA dice: “Cogeré una ruta lateral: iremos por el extrarradio”. El TAXI abandona el centro, donde se alinean altos edificios de oficinas, la mayor parte acristalados, y se adentra por calles sórdidas y pestilentes. Hay infinidad de edificios abandonados, ruinosos, quemados. Se amontonan montañas de basura. De vez en cuando de una ventana salen gritos, o el sonido de una televisión con el volumen muy alto. Rodeando a la City se hallan algunos tugurios de comida grasienta y requemada. A lo lejos se ve la cúpula de San Pablo, aún sin reconstruir (parece un huevo descascarillado).

                TAXISTA: “Venga a hacer bloques, y bloques, y nadie se acuerda de reconstruir esa maravilla”. THOMAS (despistado, pensando en lo que acababa de decir el jefe): “¿Cómo dice?” TAXISTA: “San Pablo; da pena verlo. Esta ciudad no volverá a ser nunca lo que fue... Era tan bonita”. THOMAS (irónico): “¿Es que acaso sabe de alguien que la conociera antes de la guerra?”. TAXISTA: “No, no, por supuesto. Hace dos siglos de eso; pero he visto fotos”. THOMAS: “¿Fotos; de dónde las ha sacado? Pensaba que ese material había desaparecido hace tiempo”. TAXISTA: “Mire usted. Una vez recogí a un pasajero que dejó olvidada su maleta; estuve esperando varios meses, y como nadie vino a recogerla, al fin me decidí a abrirla. Allí encontré varios cuadernos de papel antiguo con letras, en un lenguaje arcaico; y también fotos. Al principio pensé llevarlo todo a la autoridad central; pero los cuadernos eran tan bonitos... Desde entonces veo la ciudad con otros ojos: todo me parece deprimente ahora”. (THOMAS queda vivamente impresionado por lo que le acaba de explicar el taxista.)

                Una vez en el extrarradio se alinean enormes colmenas de bloques de apartamentos, de hasta cincuenta pisos de altura. Entre bloque y bloque se desparraman solares invadidos por la basura o por coches desballestados, con escasas briznas de hierba macilenta, requemada por el sol mediterráneo. Pasan el Támesis por un puente destartalado. Lo que en su día fue un río caudaloso y navegable, ahora se había reducido a un precario curso de agua, consumido por el estiaje.

                Atraviesan paisajes de viñas y olivos, y entran de nuevo en la ciudad, por el nordeste. Tras atravesar una avenida de edificios que han mantenido el estilo decimonónico, aparcan delante de un viejo edificio, ennegrecido por la contaminación.

 

                Después de pagar al TAXISTA, THOMAS entra apresuradamente en su interior. Una vez en el despacho, encuentra a CHARLES, LAURA y el NOTARIO. Éste dice: “Me alegro de que haya llegado. Empezaba a impacientarme: tengo otros clientes esperando”. THOMAS: “Discúlpeme, señor. Han surgido imprevistos, y el tráfico estaba imposible”. NOTARIO: “Bueno, vayamos al asunto. Como sabrán, su difunta madre no era rica. Su única posesión era el piso donde vivía. Por supuesto, tal como indica su testamento, este piso revierte, a partes iguales, en sus dos únicos hijos (después de pagar los impuestos correspondientes) (CHARLES hace una mueca que expresa algo así como “yo no puedo...”; THOMAS le contesta con otra mueca, como diciendo “descuida”). Por otro lado, el testamento dice así: ‘Es mi última voluntad que el contenido de este sobre llegue a manos de mi hijo Thomas Cavite, para que disponga de él como mejor le parezca’. Aquí tiene, señor Thomas Cavite”.

                El NOTARIO le hace entrega de un pequeño sobre con un objeto pesado en su interior. CHARLES le mira con cara de extrañeza. THOMAS se levanta, y se despide. Los tres se retiran.

 

                En la sala de espera, THOMAS abre el sobre: de él extrae una pequeña llave, sin ninguna otra indicación. CHARLES pregunta: “¿Qué es eso?” THOMAS le contesta que es un dispositivo, muy antiguo, que sirve para abrir puertas. CHARLES sonríe: “El problema es que no sabes qué puerta hay que abrir. Quién sabe; igual mamá tenía un tesoro escondido. Adiós THOMAS, y gracias por pagar mi parte del impuesto de sucesiones” THOMAS no contesta: está absorto pensando en el significado de esa llave. LAURA, como es habitual en ella, sale con otra indelicadeza: “Si será verdad que tu madre era un poco excéntrica”. Marcha riendo, siguiendo a CHARLES, y THOMAS se queda inmóvil, mirándola, con los labios apretados.

 

                Es noche cerrada. THOMAS y LAURA están cenando. THOMAS le explica a su mujer lo que ha dicho el jefe. THOMAS: “Las cosas van mal en la sección. La franja básica está en peligro, a causa del cambio de prioridades del gobierno central. Dicen que la paz social ya está garantizada, y que ya no es necesario inculcar espíritu cívico; ahora quieren potenciar la formación técnica, dejando de lado la humanística. Además, el nivel avanzado está en crisis, porque cada vez hay menos gente interesada por la Historia especializada. Hay secciones enteras de la memoria central que no se han utilizado durante años; espero que los técnicos encargados las cuiden bien, porque si no se van a perder irremediablemente; como ya ha pasado tantas veces, por desgracia...”

                LAURA: “Pero bueno, ¿vas a perder el trabajo?”.

                THOMAS: “No seas mezquina. Te estoy hablando de algo serio. Se trata del pasado. Es información; la única información disponible. Si se perdiese sería..., como si la sociedad hubiese perdido la memoria. ¡Amnesia, ésta és la palabra! Es como si la sociedad hubiese quedado definitivamente amnésica”.

                LAURA: “A la gente no le importan estas cosas; mientras vaya tirando todo va bien. Tú deberías pensar lo mismo, deberías ser más práctico. Aún no has contestado mi pregunta: ¿Vas a perder el empleo o no?”.

                THOMAS: “Es posible” (esto lo dice con mal tono, mirando el plato).

                LAURA: “Entonces espabila, busca otro empleo. ¡Muévete!”.

                THOMAS se levanta de la mesa, visiblemente alterado. Señala con el dedo a LAURA. THOMAS: “Laura, estás muy equivocada si piensas que yo soy como tú. Quiero que sepas que no voy a abandonar el barco ahora que está a punto de naufragar. No soy de esa clase de gente. Voy a hacer todo lo posible para salvarlo. ¡Maldito sea el día que te conocí!” Entonces se sienta en la butaca. PILUSA (la gata de LINDA) se recuesta sobre él. THOMAS la acaricia: “¿Ves?, hasta la gata de mi madre me tiene más aprecio que tú”. LAURA dice: “Tú sabrás”.

 

                Es noche cerrada. THOMAS está en la butaca, escuchando música (una música sintética; melódica pero insustancial). LAURA está en la cama, durmiendo. Sobre el regazo de THOMAS está la gata, ronronando. THOMAS la acaricia con suavidad. Parece muy concentrado, casi absorto. De repente, se quita a la gata de encima y se levanta. Va a un armario, abre un cajón y extrae el sobre con la llave. Vuelve a sentarse, y la observa detenidamente; le da mil y una vueltas. Vuelve a concentrarse. Adopta una postura de meditación: tiene agarrada la llave con las dos manos, encima de sus muslos. La cabeza está reclinada sobre el respaldo del sillón; los ojos miran al techo. Poco a poco se van cerrando, y ladea la cabeza, dormido. La llave cae al suelo. La cámara la enfoca en un plano de detalle. (Se ve una estrella de seis puntas grabada en su cabezal.)

 

                A la mañana siguiente (sábado), está en una casa de las afueras, en un barrio de clase media. La casa es de dos plantas, tipo adosado. El jardín está descuidado. Cierra la puerta del coche y entra con su llave magnética. Todo está como el día del infarto de LINDA. THOMAS comienza a inspeccionar uno por uno todos los rincones, todos los cajones, todos los lugares susceptibles de guardar algo que le dé una pista sobre la llave. Observa la decoración, caprichosa (es decir, poco funcional) y descuidada; en la pared hay bastantes reproducciones de cuadros antiguos, muebles de distintas clases, que no armonizan entre ellos. Hay también tapices de colores, así como tallas y otros objetos de origen étnico. Todo muy anárquico y desorganizado. Entre sus discos no hay ninguno de música sintética. Predominan los de música clásica. Como no encuentra ninguna pista vuelve a casa.

 

                Cuando llega a casa LAURA le pregunta dónde ha estado. THOMAS le contesta: “He ido a pasear. Y a pensar un rato, para variar”. Luego va al despacho y cierra con pestillo. Su mujer se encoge de hombros y va a la cocina. Mientras tanto, THOMAS se dirige al ordenador. Comienza a mirar el listado de la “Compañía General de Servicios Domésticos”. Busca el directorio de “Instalaciones de seguridad”. Cuando encuentra el servicio requerido llama por videofono. THOMAS: “Oiga, por favor; quisiera saber si me pueden dar información específica de un modelo antiguo de llaves”. VIDEOFONO (off): “¿Cómo de antiguo?”. THOMAS: “Unos doscientos años”. VIDEOFONO: “Lo siento, me temo que no podemos ayudarle”. Se apaga la pantalla del videofono.

 

                Es de noche. THOMAS está retirando los platos de la cena. LAURA está mirando la televisión (emiten un concurso titulado “Apaga y vámonos”). LAURA ríe desaforadamente por bromas que a THOMAS le parecen estúpidas. THOMAS: “Me voy a la cama”. LAURA: “Yo iré en un momento. Ja-ja-ja”.

 

                THOMAS está en la cama, con los brazos debajo de la cabeza. La gata está a su lado, durmiendo encima del edredón. Se oye, de fondo, el ruido de la televisión. THOMAS está muy concentrado, dándole vueltas al asunto de la llave. Entonces suena el videofono (es RICHARD): “Oye Tom, vuelvo a ser yo. ¿Hay moros en la costa?” THOMAS: “No, habla tranquilo”. RICHARD: “El futuro está chungo, ¿no? ¿Has hablado con tu mujer?” THOMAS: “Sí, se lo he dicho todo. Ella me aconseja que busque otro empleo. ¿Y tú?” RICHARD: “Yo no sé qué hacer. Mi mujer me mataría si se entera. Aún no tenemos ni la mitad de la hipoteca pagada. ¿Qué has decidido, marchas o te quedas?” THOMAS: “Me quedo. No voy a estar con los brazos cruzados mientras el barco se hunde. No puedo admitir que se pierda una información tan preciosa”. RICHARD: “Dicen que los bancos de datos están seguros...” THOMAS: “Y tú te crees eso... Oye, Richard; mañana hablaremos. Te iré a buscar, a las tres. ¿Te parece bien?” RICHARD asiente. Se apaga el videofono.

 

                Al día siguiente (domingo), a las tres, THOMAS recoge a RICHARD en su casa. Ambos van al parque en coche, y allí se ponen a correr (vestidos con ropa deportiva). En la siguiente escena RICHARD deja de correr. Respira entrecortadamente y suda copiosamente. Se sienta en un banco del parque. THOMAS hace lo mismo. RICHARD: “Oye Thomas; lo que dijo el jefe me huele a farol”. THOMAS: “¿Qué quieres decir con eso?” RICHARD: “Le he estado dando vueltas toda la noche y me parece muy... precipitado lo de abandonar la enseñanza elemental de la Historia. No tiene sentido”. THOMAS: “¿Por qué no?” RICHARD: “Porque el régimen se aguanta porque él monopoliza toda la información; si corta este suministro el sistema se va a hacer puñetas. Además, estamos hablando de una fuente estratégica de información: se trata de crear ‘identidad’, conciencia social. Eso es demasiado importante para ser eliminado”. THOMAS: “Entonces, ¿tú qué crees que está pasando?” RICHARD: “Están tramando algo. ¿No has notado últimamente un aumento de la seguridad en el centro? Es como si trataran de proteger algo (no sé qué) muy importante. Tal vez han buscado una excusa para echarnos a la calle”. THOMAS: “No lo entiendo”. RICHARD: “Yo tampoco lo acabo de comprender...”

 

                Después de dejar a RICHARD en su casa, THOMAS va a la de su madre. Vuelve a revolverlo todo; esta vez de forma más concienzuda, si cabe. Como no encuentra nada de interés, marcha a su casa.

 

                Una vez en ella va al lavabo y engancha la llave, con papel adhesivo, en el interior de la tapa de la cisterna del water.

 

                Al día siguiente, durante el desayuno, LAURA le pregunta qué ha hecho con la llave. THOMAS contesta que, puesto que parece ser una broma pesada de su madre, la ha tirado a la basura. LAURA hace cara de extrañada, y sigue comiendo, sin decir nada. Luego, THOMAS marcha al trabajo. LAURA descuelga el videofono...

 

                THOMAS está en el trabajo. Durante la hora de comer, cuando todo el mundo ha abandonado la planta, él se queda en su despacho. RICHARD entra y le pregunta: “¿No vienes a comer?” THOMAS contesta que tiene demasiado trabajo. RICHARD: “¿Te subo un bocadillo?” THOMAS: “No gracias, no tengo hambre”. RICHARD cierra la puerta y THOMAS se introduce en la memoria central. Ésta le pregunta, como siempre, la clave de entrada. THOMAS introduce el código habitual. La memoria central dice: “CÓDIGO DESCONOCIDO. ACCESO DENEGADO”. THOMAS queda perplejo.

 

                Ya en su casa, es de noche. THOMAS está sentado en la butaca acostumbrada, y la gata está sobre su regazo, ronronando. Su mujer está viendo la televisión. En ese momento THOMAS se apercibe de algo (plano de detalle con una estrella de David grabada en el cascabel del gato). Un rato después, cuando el programa ha acabado, su mujer se levanta y va a la cocina. Entonces THOMAS se levanta a su vez y lanza a la gata al suelo. Ésta se espanta, y tras un momento de indecisión va a la butaca donde había estado LAURA. THOMAS saca la gata de la butaca y la lleva al lavabo. Allí le extrae la correa. Después remueve el cascabel una y otra vez: no suena. Así que trata de abrirlo. Al final lo consigue. Dentro hay un papelito que dice lo siguiente: “Stratford Rd”. Después de tirar el papelito por el retrete, sale del lavabo.

                Su mujer le espera detrás de la puerta. LAURA: “¿Se puede saber qué hacías con la gata en el lavabo?” THOMAS, azorado, en un primer momento no sabe qué contestar; al final musita: “Es... que... parecía haber visto una pulga, así que traté de extraerla con alcohol, y...” LAURA dijo: “Te dejo con PILUSA, yo me voy a la cama”. THOMAS: “Ahora voy yo también”.

 

                El sábado siguiente THOMAS va a la calle Stratford. Pasea por ella una y otra vez (era muy corta). THOMAS no ve nada que le llame especialmente la atención. Al final, cansado de dar vueltas, se sienta en la terraza de una cafetería. Enfrente de ella hay una pequeña iglesia. THOMAS dice para sí mismo: “¿Por qué no?. Después de pagar la consumición entra en su interior.

 

                Entra en la iglesia y se sienta en un banco. Tras una inspección ocular ve al menos tres puertas, con cerrojos antiguos. Tras observar su forma y tamaño, comprende que estos no son los que está buscando. Pero también hay una pequeña capilla lateral. Se dirige a ella y se hinca de rodillas en el reclinatorio, en actitud de orar. En un principio no encuentra ninguna puerta. Tras un momento de observación, comprueba que al lado de la entrada de la capilla, oculta tras una columna que crea una zona ciega, hay una pequeña escalera que lleva al subsuelo. Al final de esta escalera hay una puertecita con una cerradura que tampoco es la que busca.

                Cuando ya se da por vencido, ve un pequeño sagrario de recia madera. En su cerradura sí que cabe su llave. Dentro del sagrario están los aditamentos propios de la misa: pan sagrado, vino, servilletas, un misal... y dos llaves. Las coge, cierra el sagrario, y se encamina a la puerta de la escalerita. Tras probar la llave correcta, abre la puerta.

                Palpando en la pared, encuentra el interruptor. Se enciende una luz mortecina y accede al descansillo de una escalera aún más profunda. Con cuidado cierra la puerta y se dirige al fondo. Al final hay un pequeño vestíbulo. El ambiente es sofocante: las paredes chorrean humedad. Abre la segunda puerta con la otra llave. Entonces entra en un recinto enorme, primorosamente iluminado y decorado, con amplias estanterías llenas de libros antiguos, con mesas de trabajo y confortables sillones. En esa sala las condiciones de conservación de los libros son excelentes: lo comprueba por los aparatitos medidores de humedad, situados en la pared.

                Ávidamente, comienza a hojear numerosos libros. Los mira con delectación, los huele, los acaricia... La emoción que experimenta es indescriptible. En voz audible dice: “Qué maravilla... Es increíble”. Comprueba que el inglés escrito había sufrido numerosas transformaciones. Pero también halla libros escritos en lenguas extrañas, ya desaparecidas (español, alemán, ruso, italiano). THOMAS: “¿Qué narices quiere decir todo esto?” Al final encuentra la sección de Historia. Escoge un libro al azar: un manual de historia de Norteamérica.

                Tras hojearlo, se da cuenta de las contradicciones existentes entre el contenido de ese libro y los que la compañía difunde en sus manuales y digestos. THOMAS decide hacer una contrastación más específica: “A ver, según la doctrina oficial, el rey de Inglaterra, a finales del siglo XVIII, concedió graciosamente la autonomía, y después la independencia, a los Estados Unidos”. Luego mira el índice de este episodio en el libro que tiene en las manos, y compara su contenido con esa versión de la Historia. Por su puesto, comprueba las diferencias: “Serán desgraciados”.

                Tras estas indagaciones, THOMAS deja las cosas en su sitio y vuelve a la superficie.

 

                Al llegar a casa, LAURA le está esperando con cara de pocos amigos. LAURA: “¿Se puede saber qué pasa; a qué viene tanto secretismo? Desde que murió tu madre no hay quien haga planes contigo. ¿No me estarás engañando con otra?” THOMAS: “Disculpa, Laura, pero tengo cosas que hacer”. LAURA: “¿Qué clase de cosas?” THOMAS: “Cosas personales. Te juro que no es lo que piensas”. LAURA: “Pero bueno, ¿soy tu mujer o no; o es que acaso no tengo derecho a saber por qué mi marido me deja tirada todos los fines de semana?” THOMAS: “No hay para tanto: los fines de semana emiten tus programas favoritos en la televisión. Por cierto; mañana tampoco estaré en casa: he quedado con mi hermano, en Bristol. Aquí tienes su teléfono, por si quieres comprobarlo” (entonces escribe su teléfono en un papelito). THOMAS se dirige a su habitación y cierra la puerta. LAURA va detrás de él y aporrea la puerta: “¡Estás listo si crees que me vas a engañar, Tom. No sabes quién soy yo!” THOMAS (del otro lado de la puerta): “¡Que si lo sé, narices!... Buenas noches, gatita. (Un segundo después.) Esto lo he dicho por PILUSA!” LAURA cierra los puños y refunfuña cosas ininteligibles. Después dice: “¡Si quieres la cena te la haces tú, imbécil!”, y se va rauda por el pasillo al comedor. Cierra la puerta de un portazo. (Plano de detalle de la puerta. La televisión comienza a sonar a todo volumen.)

 

                THOMAS está conduciendo por la autopista. Hay nubes que decoran el cielo, y un viento refrescante. THOMAS tiene una expresión sombría, apesadumbrada. El paisaje se hace más húmedo mientras más se acerca a la costa occidental; en lugar de pinos encuentra bosquecillos de encinas, con algunos robles dispersos. Cuando llega a los suburbios de Bristol, se desvía por una carretera secundaria. Después de dar algunas vueltas, para en una casa ajardinada, pequeña pero luminosa.

 

Su hermano está tomando el fresco, sentado en una hamaca, en el exterior de la casa. CHARLES: “Saludos, hermano. Recibí con alborozo tu lacónico mensaje en el videofono. ¿A qué se debe tanto interés por hablar conmigo? (te recuerdo que nunca antes te habías dignado a visitar mi humilde morada). Antes que nada, ¿quieres tomar algo?: ¿un whisky, una ginebra?” THOMAS: “No, no, gracias. Me conformo con un vaso de agua. ¿Te importa que entremos en casa? Lo que voy a decirte es importante, y también reservado”. CHARLES, en tono jocoso, hace una mueca: “¿Ah, sí? Ala, vamos adentro”.

 

La casa de CHARLES es más caótica que la de LINDA. Hay cuadros (expresionistas y fouvistas) por todas partes (THOMAS hace, inadvertidamente, un gesto de desagrado al verlos). CHARLES: “Tú dirás”. THOMAS: “Mira, Charles. Lo que te tengo que decir no es ninguna broma, por lo que te ruego que prestes la mayor atención”. THOMAS sorbe un poco de agua del vaso y enmudece durante unos instantes. Luego prosigue: “Todo tiene que ver con la llave que me legó mamá. ¿Recuerdas el día del notario? (CHARLES asiente). Ese día me entero de que reestructuran el departamento y de que mi trabajo está en el alero. Días después me cierran el acceso a la memoria central (¿sabes lo que eso significa?). Y por último, ayer...” De repente enmudece. CHARLES: “¿Ayer qué?” THOMAS: “Ayer supe que mi trabajo es un gran fraude, una estafa, un engaño. Todo lo que hago vale menos que uno de tus cuadros... Perdón, no quería decir eso... Ya no sé lo que digo”. CHARLES: “Disculpado; de todos modos, no eres el único que lo piensa. Sigue, por favor”. THOMAS: “Ayer conocí el uso de la llave de mamá: abre una biblioteca”. CHARLES: “¿Biblio...qué?” THOMAS: “Una biblioteca es un depósito de libros. Yo creía que estos habían desaparecido, con las purgas y las devastaciones de la era oscura; pero todavía quedan algunas bibliotecas en funcionamiento... Y en muy buen estado, por cierto”.

CHARLES: “¿Quieres decir que nuestra madre leía libros?” THOMAS: “Sí, Charles. Y seguramente, como ella muchos más. El día del notario supe, por pura casualidad, que hay un mercado negro de libros. Algo inaudito... Las autoridades no se han cansado de repetir que los libros han desaparecido sin dejar rastro. Y sin embargo están ahí. Y eso no es todo: me tomé la molestia de revisar algunos de ellos y... no te puedes imaginar la diferencia que hay entre lo que dicen y lo que nosotros aprendemos. Parece como si la Historia hubiese sido retocada hasta convertirla en un cuento de hadas. Los modernos manuales han recortado todas sus aristas, todas sus contradicciones, hasta hacer de ella una burda fábula. Según las autoridades ¡nunca hubo odios nacionales, nunca hubo colonialismo, nunca hubo revoluciones! Y todas esas cosas sí que existieron. Y yo, Charles, he estado removiendo toda la mierda que me han puesto delante durante años, sin ni siquiera sospecharlo... ¡Todo por la jodida paz universal! ¿Qué pensaría mamá de mí?” THOMAS parece desfallecer. Baja la cabeza y vuelve a sorber del vaso, compulsivamente.

Pasado un momento (gélido) de silencio, THOMAS reanuda su declaración: “Ahora sé que esas mentiras y patrañas fueron creadas para acallar y adormecer las conciencias. Y una vez que todo funciona sobre ruedas (para el sistema, quiero decir), ni siquiera eso hace falta. Charles, van a suprimir la memoria. Van a extinguir el pasado. ¡Y eso no puede ser. Hay que hacer algo!” CHARLES se remueve inquieto: “Thomas, comprendo tu estado de ánimo, y también comparto tu indignación. Esto explica en parte las precauciones de mamá. Pero tienes que calmarte. ¿Qué piensas hacer ahora?” THOMAS: “No lo sé, estoy confuso. Pienso que, ante todo, tengo que contactar con los amigos de mamá. Ellos me darán pistas”. CHARLES: “¿Cómo llegarás a ellos?” THOMAS: “Muy sencillo: el humo delata el fuego” (CHARLES hace un gesto de haber captado el mensaje). CHARLES: “¿Por qué no lo dejas; no es más cómodo cerrar los ojos y seguir adelante como si nada hubiese pasado?” THOMAS: “Se lo debo a mamá”. CHARLES: “Tú no le debes nada a mamá”. THOMAS: “Te equivocas; empiezo a entenderlo todo; y ahora que está muerta, no me perdonaría defraudarla”. CHARLES: “¿Y quién eres tú para luchar solo contra el régimen? Reflexiona, Thomas, antes de hacer una locura”. THOMAS: “Ya lo sé, ya lo sé, yo no soy nadie. Pero antes de que sea demasiado tarde, antes de que pierda mi empleo, quiero resarcir todo el daño que, involuntariamente, he hecho a la sociedad. Me lo debo a mí y lo debo a la memoria de mamá”. CHARLES (resignado): “Comprendo, comprendo. ¿Pero qué papel juego yo en este asunto?” THOMAS: “Aún no lo sé. Pero quiero que estés en guardia. Siento que no puedo confiar en nadie. Repito, en nadie, excepto en ti. No me defraudarás, ¿verdad?” CHARLES: “Lo intentaré”. THOMAS: “Gracias, hermano”. Entonces le abraza, emocionado. THOMAS: “Ahora sí que necesito un whisky, bien cargado... hermanito”. CHARLES sonríe.

 

Al día siguiente, THOMAS está en la oficina. Está sentado detrás de su mesa de trabajo, concentrado. Después se levanta, respira profundamente, hace un ejercicio de calentamiento, y agarra con firmeza el pomo de la puerta. Cierra también con firmeza y avanza por el hall con paso casi marcial. Llega al despacho del jefe y llama a la puerta. Mr CAMPBELL: “¡Adelante!” THOMAS: “Sr. Campbell, ¿le importaría dedicarme unos minutos?” Mr CAMPBELL: “Claro, cómo no. Siéntate, ponte cómodo. ¿En qué puedo ayudarte?” THOMAS: “Mire, Sr. Campbell. He comprobado que desde hace unos días no tengo acceso directo a la memoria central. Así que no puedo desarrollar mi trabajo debidamente. ¿Es eso normal, o significa que, definitivamente, yo...?” Mr CAMPBELL: “Descuida, Thomas. No únicamente tú no tienes acceso a la memoria. Mira” (hace el amago de entrar en la memoria con el mismo resultado que THOMAS). Mr CAMPBELL: “Por lo visto han denegado el acceso a toda la sección”. THOMAS: “¿Tiene alguna idea del por qué?” Mr CAMPBELL: “Creo que tiene algo que ver con la reestructuración de la que os hablé el otro día. Supongo que muy pronto tendremos noticias frescas”. THOMAS: “¿Significa eso que van a eliminar esta sección?” Mr CAMPBELL: “No. Quiere decir que muy pronto van a haber cambios; entre ellos de personal. Como os dije, esta sección se va a remodelar, para ocuparse únicamente de la gestión de la base de datos de Historia, y de las necesidades de clientes muy puntuales; en absoluto, como hasta ahora, para vender un producto masivo”. THOMAS: “¿Está insinuando que pronto me quedaré en el paro?” Mr CAMPBELL: “Aún no se sabe, a ciencia cierta, quién se quedará y quién marchará. Pero hasta entonces, entendería que empezaras a buscar otra cosa... Si necesitas tomarte algunos días libres, no tienes más que hacérmelo saber”. THOMAS: “Gracias, Sr. Campbell”. Mr CAMPBELL: “No hay de qué”.

 

En el pasillo un grupo de empleados se arremolina en torno a THOMAS. Uno de ellos pregunta: “¿Se sabe algo nuevo?” THOMAS: “No, chicos, todo está confuso, muy confuso...”

 

Ya en la calle, un hombre (en primer plano), apostado en un puesto ambulante de venta de helados, controla su salida. Llama por un pequeño interfono. Luego viene un cliente, al que atiende precipitadamente. THOMAS coge el metro. Al contrario que otros días, hoy no comerá en el trabajo: se ha tomado la tarde libre. Es hora punta. El metro está atestado. THOMAS observa inquisitivamente la cara de la gente. Aparecen semblantes sanos pero inexpresivos. En ese momento cae un lágrima de su ojo izquierdo.

 

Casa de THOMAS. Se ve salir precipitadamente a RICHARD. La cámara sigue enfocando la puerta. Segundos después entra THOMAS. Encuentra a LAURA en bata, en la cocina. THOMAS: ¿Tú aquí, cómo es que no estás en el trabajo? LAURA: “No me encontraba bien; he llamado a la oficina para decir que hoy no iría a trabajar”. THOMAS: “¿Qué te pasa, es algo serio?” LAURA: “No, no; un simple dolor de cabeza. Ya pasará. ¿Y tú, qué haces aquí a estas horas? THOMAS: “Me he tomado la tarde libre; estaba demasiado deprimido”. LAURA: “¿Y eso? THOMAS: “Mira, Laura. Esto se acaba. Dentro de poco estaré en la calle” LAURA (con tono enfático): “Romántico cabezota. ¿Acaso no te había dicho que empezaras a buscar trabajo?” THOMAS: “Sí, sí. Lo sé. Es culpa mía. Dedicaré esta tarde a reflexionar y mañana empezaré a buscar un nuevo empleo”. LAURA: “Eso espero. Mi sueldo no da para tanto”. THOMAS: “Lo sé, cariño”. LAURA queda parada. Entonces va a THOMAS y le da un beso en la mejilla. LAURA: “Perdóname a mí; a veces soy muy brusca”. THOMAS hace una sonrisa amarga.

 

THOMAS sale de la cocina y va al comedor. Coge el videofono y llama a la oficina. THOMAS: “¿Sr Campbell? Soy Thomas ¿Me concedería unos días de permiso...?” Mr CAMPBELL: “Por supuesto, muchacho. Para buscar un nuevo empleo, supongo”. THOMAS: “Sí, como usted me sugirió”. Mr CAMPBELL: “¿Te va bien hasta el próximo lunes, de momento?” THOMAS: “Sí, sí. Gracias”. Mr CAMPBELL: “Hasta el lunes, entonces”.

 

El día siguiente (martes) vuelve a estar en la calle Stratford. Está tomando un café en la cafetería enfrente de la iglesia. Observa, con discreción, quién entra y quién sale de ella, y cuánto tiempo pasa dentro. En toda una tarde entra poca gente: alguna vieja, una pareja (presublimente para concertar una boda), un señor de unos cincuenta años, etc. Como es normal, todos ellos están poco tiempo en su interior. Sin embargo, a las cinco de la tarde, entra una señora de unos cuarenta y cinco años. Tiene una indumentaria moderna y desenfadada. Espera su salida durante una, dos, tres horas. A las ocho cierran la cafetería, y él se queda esperando en un banco próximo, en la misma acera de la calle.

THOMAS está visiblemente nervioso; se empieza a impacientar (¿no estará cometiendo una imprudencia, arriesgando demasiado?). A las nueve, cuando cierra la iglesia, sale la señora. Él la ve marchar desde lejos y, discretamente (eso piensa él) comienza a seguirla. Al final, la mujer se detiene y mira hacia atrás (lo ve semiescondido detrás de una farola). Luego se pone a correr; él la persigue, hasta que la atrapa: “¡Espere señora, por favor. No quiero hacerle ningún daño! Por Dios, cálmese. Únicamente quiero hablar con usted”. Ella, alterada, le pide que la suelte, que no la toque, pues si no... “¿Si no qué?” (pregunta THOMAS). SEÑORA: “Si no nada. ¿Qué quiere usted?” THOMAS: “Muy bien; vayamos a un sitio tranquilo. De su elección, si prefiere. Como he dicho, necesito hablar con usted”.

Seguidamente, ella le conduce a un pub no lejano. Se apreta mucho a él, y, en voz muy baja, le pregunta quién es. THOMAS: “Mire, señora. Mi nombre de momento no importa. Pero escúcheme: he estado observando toda la tarde la puerta de la iglesia, y por eso sé que usted no ha ido allí precisamente a rezar”. SEÑORA: “¿Qué quiere decir con eso?” THOMAS: “Yo también tengo la llave”. SEÑORA: “¿De qué me está hablando?” THOMAS: “No más comedia, señora. No hay tiempo para eso”. SEÑORA: “Está bien. ¿Cómo la ha conseguido?” THOMAS: “Me la dio mi madre”. Entonces la SEÑORA se emociona visiblemente. SEÑORA: “Así que usted es...” THOMAS: “Su hijo, sí señora”.

SEÑORA: “Encantada de conocerte... Disculpa la escena de antes; pero toda reserva es poca, como tendrás ocasión de comprobar a partir de ahora”. THOMAS: “Necesitaba contactar con ustedes; tengo poco tiempo...” SEÑORA: “Calma, calma. Ante todo te explicaré las reglas. Como ya sabes, la primera de todas es ‘absoluta discreción’: nunca pueden cruzarse dos ‘lectores’ a la vez en una biblioteca (por eso tu llave abre el armario, no la puerta; de este modo sólo puede haber un lector por vez en la biblioteca); la segunda es ‘absoluto anonimato’: nunca conocerás personalmente a otros lectores, nunca les hablarás personalmente, nunca pronunciarás su nombre; la tercera regla es ‘absoluta privacidad’: tu llave sólo puede ir a parar a una sola persona, por supuesto de confianza; la cuarta regla es ‘absoluto silencio’: no difundirás en el exterior información proveniente de la biblioteca...”

THOMAS: “Señora, todo eso lo entiendo. Pero lo que tengo que decirle tiene mucha importancia. Por favor, déjeme hablar”. SEÑORA: “Te escucho”. THOMAS: “Por lo visto, usted sabe quién soy yo”. SEÑORA: “Sí, creo que sí. Lo siento mucho por tu madre, créeme. Era muy querida por todos”. THOMAS: “Gracias. ¿Y sabe dónde trabajo?” SEÑORA: “Sí”. THOMAS: “Mire, quiero ser útil. Ahora soy consciente de la futilidad, de la perversidad de mi trabajo. Hace dos días lo he descubierto por mí mismo. Y estoy avergonzado de ello, créame... (hace un profundo suspiro) Señora, quiero colaborar en lo que pueda, antes de que sea demasiado tarde”. SEÑORA: “¿Qué quieres decir con eso?” THOMAS: “Dentro de poco me echan a la calle. No hay tiempo que perder. Además, van a cortar el suministro de información, lo van a sellar bajo llave”. SEÑORA: “Más vale eso que deformar aún más las conciencias de la gente”. THOMAS: “Pero piense en ello. Tal vez yo sea su última oportunidad para acceder a la memoria central y sabotearla; para obligarles a negociar...” SEÑORA: “Dentro de algunos días te haremos saber algo”. THOMAS: “Ha de ser a partir del lunes”. SEÑORA: “Así se hará”.

Pasan unos instantes de mutismo. Un poco después la SEÑORA dice: “¿Eres consciente del precio que tendrás que pagar?” THOMAS: “Ese precio ya está saldado”. SEÑORA: “Bien. Permíteme que te recuerde la última regla: ‘absoluto sacrificio’ (el ‘lector’ tiene que primar los intereses de la Hermandad, y los de la comunidad en general, a los suyos propios). Y ésa es una gran responsabilidad; recuérdalo siempre: este negocio no está exento de riesgos”. THOMAS: “Entendido”. SEÑORA: “Por cierto, nosotros llegaremos a ti; no intentes nada mientras tanto. Adiós”. THOMAS: “¿Nos volveremos a ver?” SEÑORA: “No lo sé”. La SEÑORA marcha (tiene un toque señorial y sofisticado; camina con elegancia, exenta de afectación). THOMAS queda solo en la mesa, sorbiendo (compulsivamente) una jarra de cerveza. En la televisión están emitiendo el concurso “Apaga y vámonos”. La gente del pub está absorta, dando grandes risotadas. THOMAS dirige la mirada a la televisión: no pudo evitar que se le escapara una risa... amarga.

 

Es lunes de la semana siguiente. THOMAS sale de su despacho. En el vestíbulo del edificio encuentra a RICHARD. RICHARD: “¡Hey, Thomas. ¿Sabes qué? ¡Me quedo! Menos mal, estaba muerto de miedo. ¿Y tú?” THOMAS: “Aún no lo sé”. RICHARD: “¿Quieres que tomemos algo? Yo no tengo prisa, ¡y estoy tan chachi piruli!”. THOMAS: “No gracias, hoy no tengo ganas”. RICHARD: “¡Venga, Tom, ¡no seas plasta!, celébralo conmigo” THOMAS (agriamente): “Yo no tengo nada que celebrar; nada. ¿Lo entiendes ya?” RICHARD: “Perdona, Tom. No pretendía ofenderte. Bueno, ya nos veremos, ¿eh?” Se ve a RICHARD salir del vestíbulo dando brincos y saltos de alegría. El resto de compañeros lo miran divertidos. THOMAS se queda unos segundos inmóvil, y luego sale, con paso lento. Una vez fuera se detiene, observa con detenimiento la calle, y se pone a andar, a paso lento (no coge el metro). Cuando ya ha caminado en torno a cien metros observa que le están siguiendo. Entonces incrementa el ritmo de la marcha. Su perseguidor también lo hace. Da la vuelta a una esquina y se mete en el primer portal que encuentra. Cuando el perseguidor pasa por delante lo detiene y lo introduce en el portal.

El perseguidor le hace, con la mano, la señal de que le siga. THOMAS va detrás de él. Andan a paso raudo. Dan infinidad de vueltas, y finalmente se meten en un coche. El individuo le dice a THOMAS que se ponga un antifaz. Éste lo hace, y se recuesta en el asiento trasero. También se pone unos espesos tapones de cera. Al cabo de hora y media aparcan en un lugar de la costa, presumiblemente del sur. Hay unos grandes acantilados. Se trata de una casa rodeada de olivares (tiene mansarda y doble vertiente, al estilo nórdico).

 

Cuando entra en ella le retiran el antifaz y los tapones. Le invitan a entrar, solo, en una salita con un sofá y dos sillones. Poco después aparecen dos hombres y la SEÑORA de la iglesia. Uno de ellos inicia la conversación: “Sabemos que usted tiene la llave de LINDA DENISON. Desmiéntame si estoy equivocado”. THOMAS: “No lo está”. El mismo hombre de antes sigue diciendo: “También sabemos que usted trabaja en el departamento de almacenamiento de datos de Servilogic. ¿Es eso cierto?” THOMAS: “En efecto”.

Quien parecía el líder, un HOMBRE GORDO (con aspecto de profesor), se levanta: “¿Está dispuesto a cooperar, sin importarle el precio?” THOMAS: “Sí”. HOMBRE GORDO: “¿Por qué?” THOMAS: “Porque quiero poner fin a la monstruosa mascarada en la que he participado, aunque sea involuntariamente”. HOMBRE GORDO: “¿Está seguro de que no hay nada más detrás?” THOMAS: “Seguro”. HOMBRE GORDO: “Mis fuentes no dicen eso”. THOMAS: “¿A qué se refiere?” HOMBRE GORDO: “Mis fuentes me indican que está a punto de perder su trabajo y, perdóneme que se lo diga así, que está siendo engañado por su mujer. ¿No pretenderá colaborar por puro despecho? Eso sería inaceptable para nosotros”. THOMAS queda mudo, inmóvil: “¿Mi mujer?” La SEÑORA de la iglesia dice: “Sí, Thomas. Lo sentimos mucho, pero es verdad. Todo el mundo lo sabe”. THOMAS: “Todo el mundo menos yo, por supuesto. ¡Valiente zorra!” SEÑORA: “Thomas, no es momento para esto. Este señor te ha hecho una pregunta. Contéstala”. THOMAS: “No, no es por despecho. Como ve, ni siquiera sabía que mi... mujer... me engaña. Es que... van a acabar con la memoria histórica: la van a convertir en un patrimonio de ricos. El resto de la gente va a quedar reducida a ser meras piezas del engranaje, sin memoria, sin identidad... sin futuro. ¡Y eso es inaceptable!” HOMBRE GORDO: “Eso ya me gusta más. Pero no es suficiente”. THOMAS: “¿Por qué?” El HOMBRE GORDO mira a sus dos compañeros: “Según mis informes este hombre no es enteramente de fiar. Es demasiado... blando. No entra en mis cálculos. No hay más que hablar”. Hace amago de retirarse.

La SEÑORA dice: “¡No!, estás equivocado. Tiene aún otra razón más poderosa”. Entonces se dirige a THOMAS: “Perdona, Thomas, si me entrometo en tu vida privada”. Ahora, dirigiéndose al HOMBRE GORDO: “Lo hará por la memoria de su madre. Confía en él. Yo asumo toda la responsabilidad”. El HOMBRE GORDO: “Tú no deberías saber nada sobre su madre. Sólo yo debería saberlo, ¿entendido?” La SEÑORA: “Lo sé, lo sé. Pero era mi mejor amiga. Sé que he roto una de las reglas, pero en ningún momento he puesto en peligro la Hermandad”. HOMBRE GORDO: “Recuérdame que hablemos de ese asunto. Ahora volvamos al tema que nos ocupa”. Dirigiéndose a THOMAS: “Señor Cavite, póngase cómodo, por favor”.

 

HOMBRE GORDO (voz en off): “Me permitirá que empieze con un poco de Historia (materia que será de su interés, supongo). Como sabrá, a finales del siglo XX se inició un cambio dramático en el clima, que elevó considerablemente la temperatura del planeta y desertizó grandes zonas hasta entonces fértiles. Los incendios y las grandes inundaciones devastaron grandes superficies, y muchos ríos se secaron. El hambre y las grandes epidemias, las guerras nacionalistas, y las disputas por el agua, produjeron grandes mortandades, en un principio localizadas en los países pobres. (IMÁGENES EN TONO SEPIA DE ESTOS FENÓMENOS.)

Pero el mundo rico, a la larga, no podía quedar al margen del fenómeno. El abuso de los antibióticos había debilitado el sistema inmunológico de la población, y las grandes epidemias se cebaron sobre todos los países, aun los más preparados para combatirlas. Además, también los países ricos comenzaron a sufrir escasez; como consecuencia, ocuparon los escasos recursos disponibles que no estaban a su alcance, incluso por vía militar. Algunos países pobres, poseedores de la bomba atómica, reaccionaron en consecuencia... Y así llegó la tercera guerra mundial: la hecatombe más mortífera producida jamás. (IMÁGENES EN TONO SEPIA DE HOSPITALES ATESTADOS, FOSAS COMUNES Y EXPLOSIONES NUCLEARES.)

Después de tanta desgracia, que produjo la muerte de más de la mitad de la población del planeta, las naciones llegaron a un acuerdo para resolver civilizadamente los problemas. Así, a mediados del siglo XXI se concertó una conferencia universal que tenía como objetivo devolver la paz y la prosperidad al mundo. Lo demás lo conoce usted: gobierno universal con sede en Ottawa, asamblea global vinculante y autonomía parcial en las circunscripciones, gestión racional de los recursos, consolidación de grandes Compañías, planificación, etc. (IMÁGENES DE CIUDADES EN RUINAS, DE UNA CONFERENCIA Y DE LA RECONSTRUCCIÓN.)

Pero ahora llegamos al punto que nos interesa. El subproducto de esta unificación fue el paternalismo, por no decir el despotismo generalizado. Uno de los acuerdos de la asamblea consistió en, textualmente, ‘sentar las bases de una paz duradera por medio de la extirpación de todo nacionalismo violento y de toda ideología disgregadora’. Este objetivo, a primera vista loable, acabó degenerando en la más burda de las restricciones: la represión de la cultura, del pensamiento, de la identidad nacional, de las lenguas minoritarias. En definitiva, desembocó en el régimen más totalitario que ha existido nunca. Contra ese régimen lucha la Hermandad. (IMÁGENES DE UNIFORMIZACIÓN CULTURAL TOTAL: CULTURA DE LA HAMBURGUESA.)

El gobierno mundial, poco a poco, fue coartando la libertad de pensamiento y palabra. Prohibió cualquier órgano de expresión escrita: la prensa, luego la edición de libros, más tarde la lectura de material ‘no autorizado’; y ahora, como última vuelta de tuerca, van a hacer desaparecer la enseñanza humanística, como usted bien sabe. Los ‘lectores’ somos los únicos supervivientes de las grandes purgas de hace cincuenta años. Luchamos con medios pacíficos contra un rival implacable. Estamos arriesgando nuestras vidas, aún hoy, para conservar un depósito de sabiduría humana con milenios de antigüedad. (IMÁGENES DE GRANDES PURGAS, QUEMAS DE LIBROS, FURGONES ATESTADOS DE SOSPECHOSOS, REPRESIÓN.)

(Vuelve la voz en on.) Aquí es donde aparece usted. La Compañía Servilogic monopoliza el suministro y el almacenamiento de la información. Pero tiene dos puntos débiles. El primero es la fragilidad del soporte magnético, respecto al soporte papel: cualquier disfunción en su sistema operativo, la desaparición de los archivos, o cualquier obturación en el código de entrada, supondría el inmediato bloqueo del sistema (usted conoce la negligencia con que trabajan estas instituciones: ya se han producido enormes pérdidas de información). El segundo punto débil es aún más interesante: usted sabe hasta qué punto ha sido manipulada la información. Si consiguiéramos destruirla, no tendrían con qué reemplazarla: porque es totalmente falsa.

Si nosotros consiguiéramos inutilizar toda esa basura, imposibilitando el acceso a la memoria central, su reemplazamiento sería imposible, o muy costoso. Entonces, al Gobierno no le quedaría más remedio que hacer emerger los enormes depósitos de libros que tiene escondidos en antiguos silos nucleares y en minas subterráneas.

Ello puede provocar dos consecuencias: un cambio de régimen, o un recrudecimiento de la represión. Creemos que la primera es la más posible, porque al régimen (es decir, al complejo económico/político) no le interesa quitarse la careta: no iría bien para los negocios. Así pues, nuestro objetivo es, y siempre ha sido, destruir la memoria central. Ahora está en nuestras manos conseguirlo. ¿Alguna pregunta?”

THOMAS: “Sí, señor. Se me ocurren varias. En primer lugar, ¿si era tan importante para ustedes sabotear la memoria central, por qué no lo han hecho antes?” HOMBRE GORDO: “Muy sencillo; hasta fechas muy recientes, no hemos podido disponer del programa codificador que cambia la clave de acceso al sistema central. Nos ha costado mucho tiempo y dinero conseguirlo”. THOMAS: “Entiendo que ello significa que el régimen está siendo socavado por la corrupción”. HOMBRE GORDO: “Efectivamente”. THOMAS: “Segunda pregunta: ¿por qué no emplean a la misma fuente que le ha facilitado ese codificador para sabotear el sistema?” HOMBRE GORDO: “Porque esa fuente no tiene acceso directo al sistema central”. THOMAS: “Yo tampoco lo tengo ahora. No conozco el nuevo código de entrada”. HOMBRE GORDO: “Nosotros sí”. THOMAS le mira con cara de estupefacción. THOMAS: “Tercera pregunta: ¿no es previsible que la Compañía recupere la información utilizando un descodificador que averigüe el nuevo código de entrada?”. HOMBRE GORDO: “Es imposible. El programa codificador admite un número limitado de combinaciones (en torno a un millón, creo). Superado ese límite, el sistema se bloquea automáticamente. Y para encontrar el código un ordenador necesitaría barajar trillones de posibilidades”. THOMAS: “Por último: ¿no puede suceder que me resulte imposible volver a acceder a la memoria central, aún conociendo el nuevo código de entrada?. Tengo entendido que la seguridad en el centro se ha incrementado mucho durante las últimas semanas. Quizá me estén vigilando; quién sabe, quizá me estén buscando ahora”. HOMBRE GORDO: “Es un riesgo que habrá que correr”.

SEÑORA de la iglesia: “Thomas. Hemos preparado tu huida con sumo cuidado. Desde el momento en que introduzcas el codificador, tienes dos semanas para abandonar Londres. Nosotros te facilitaremos dinero y una nueva identidad, y nuestros compañeros del lugar de destino te reacomodarán. Aquí tienes un intercomunicador que puedes utilizar cuando estés listo para partir. Ah, si te ves en peligro, desazte de él: no quisiéramos vernos acorralados en tu propia trampa. ¿De acuerdo?”

 

Posteriormente se trasladan a otra sala. Encima de una mesa encuentran un pequeño ordenador. Los “lectores” le piden que escriba cualquier combinación aleatoria de letras. THOMAS, de forma inconsciente, teclea “SARATOGA” (los tres “lectores” se habían retirado, para no conocer el código). Después pulsa la tecla de “conforme” y el código queda absolutamente archivado. Sólo queda introducirlo en la memoria central. THOMAS: “Oiga, señor, ¿no falta algo?” HOMBRE GORDO: “¿Qué?” THOMAS: “El antiguo código de acceso; no es posible cambiar el código si primero no se accede al sistema”. HOMBRE GORDO: “Usted limítese a insertar el disco. Lo demás corre a cuenta del programa”. THOMAS: “¿Y si el programa cae en manos de la Compañía?” HOMBRE GORDO: “No importa; cuando bloquea la memoria central se bloquea a sí mismo”. THOMAS: “Entiendo. Pero, ¿y la memoria externa; también quedará invalidada?” HOMBRE GORDO: “En caso de que existan copias de seguridad (lo cual dudo, en vista de su negligencia), tardarán meses, si no años, en poder cargar la información externa, porque primero tendrán que reconstruir una nueva memoria central. Además, lo más seguro es que la memoria externa esté dañada, o no esté actualizada.

Bueno. Ya está bien de explicaciones. Vuelva a su casa, si no quiere que su mujer sospeche más de la cuenta. Duerma bien, y vaya tranquilo al trabajo. Después tiene dos semanas para preparar la huida. Cuando nos avise lo tendremos todo preparado. Hasta entonces, buena suerte”. Da el disco a THOMAS, y después un buen apretón de manos. La SEÑORA y el otro hombre también le dan la mano. Finalmente, THOMAS se mete en el coche y parte para Londres.

 

Son las diez de la noche. El coche lo deja a un cuarto de hora de su casa. THOMAS no despega la mano del bolsillo del pantalón, como queriendo evitar que el disco se escurra por un hipotético agujero. Está atento a cualquier movimiento extraño, a cualquier detalle fuera de lo normal. Está visiblemente nervioso.

Cuando se ha calmado un poco, se sienta en un banco y empieza a pensar en la excusa que le va a dar a su mujer. THOMAS (para sí mismo): “Dicen que la mejor defensa es el ataque. A atacar, entonces: ‘¡Zorra traidora, me has estado engañando a mis espaldas...!’ No, no, demasiado peligroso. Seré más diplomático: ‘Laura, cariño, perdóname por llegar tarde. Estaba confuso, y he decidido dar un paseo para aclarar las ideas’. Sí, de momento esto bastará”.

THOMAS ha llegado cerca de su casa. Ve un coche desconocido aparcado en un lugar prohibido. Se inquieta perceptiblemente, pero intenta no perder la calma. Se acerca al coche, que tiene una ventanilla abierta. El conductor está fumando. Hay otros tres individuos (uno delante y dos detrás). Todos tienen pinta de policías. THOMAS: “¿Me puede decir la hora, por favor?” El INDIVIDUO DEL VOLANTE: “Las diez y veinte”. THOMAS: “Gracias”. El individuo del volante ni siquiera le ha mirado a la cara. THOMAS sigue su camino, aparentemente sin inmutarse. Da la vuelta a la primera esquina (aún sin perder la calma). Cuando se ve a una distancia prudente empieza a correr.

Corre alocadamente, impulsivamente, sin saber a dónde ir. Cuando no puede más, se echa, jadeante, sobre la hierba de un parque. Está boca arriba. THOMAS (para sí): “Lo siento mamá”. Sigue jadeando. De pronto se incorpora y dice: “Richard, amigo. Me vas a hacer un gran favor”.

Se levanta, se alisa la ropa, se atusa el cabello, se limpia, e intenta recobrar la respiración normal. Parte a paso raudo en busca de la casa de su amigo, que vive cerca. Una vez delante de la puerta respira hondo e intenta aparentar la mayor normalidad. Llama a la puerta y abre RICHARD: “¡Hola amigo! ¿Por fin te has decidido a celebrarlo? Si te lo quieres montar ven conmigo, muchacho. Conozco un local en la calle Southampton donde las tías son cachondísimas” (lo último lo dice acercándose a él y en voz baja). THOMAS: “No Richard. Como te dije no estoy para celebraciones, y menos ahora. Voy a Bristol; mi hermano Charles ha tenido un accidente de coche: está muy grave”. RICHARD: “Lo siento Thomas, ¿puedo hacer algo por ti?” THOMAS: “Sí, Richard. Hoy me he llevado trabajo a casa, y como está prohibido, ¿sabes?, no quiero que se note...” RICHARD: “Hecho, amigo. ¿Qué tengo que hacer?” THOMAS: “Méteme esto en el ordenador (le da el disco). Lo puedes hacer desde tu propia estación de trabajo tecleando mi código: 1777. Repítelo, Richard”. RICHARD: “1777. Procesado, amigo. Joder si te están yendo mal las cosas últimamente. ¿Le digo algo al jefe?” THOMAS: “No, no, déjalo. Ya le llamaré yo mismo desde el hospital. Gracias por todo, Richard. Hasta..., hasta la vista”. RICHARD (despidiéndose con la mano): “Hasta la vista, amigo”.

 

THOMAS camina por la calle sin rumbo fijo. Sabe que tiene que usar el intercomunicador, pero la noche es muy larga. THOMAS (para sí): “¿Y qué hago ahora, dónde voy?”. THOMAS observa la calle: está desierta, no hay ni un triste pub abierto. Continúa caminando. Después para, se golpea la mano izquierda con el puño derecho, y dice: “¡Calle Southampton! Allá vamos”.

 

THOMAS entra en un local de alterne. La música es ensordecedora. La luz, psicodélica, es destelleante. Está abarrotado, y hay un ambiente muy cargado de humo de tabaco. Va al lavabo y se lava la cara (hay preservativos tirados por el suelo). De repente entra un borracho y vomita en el mismo sitio donde acaba de lavarse la cara, delante de sus narices. A THOMAS le entran náuseas también. Vuelve a la sala. En un escenario hay tres bailarinas haciendo contorsiones totalmente desnudas. Hay camareras con taparrabos que reparten bebidas. Una mujer (con pinta de prostituta) se le sienta al lado: “¿Necesitas algo, encanto?” THOMAS: “Sólo beber, gracias”. La prostituta hace expresión de fastidio. Viene una camarera y le encarga un whisky. Después aprieta el intercomunicador, y espera.

 

Al cabo de una hora llega la SEÑORA de la iglesia. THOMAS no sabe qué cara poner: está totalmente avergonzado. ELLA hace una mueca burlona.

 

Salen del local de alterne y caminan a paso acelerado. Se meten en un coche. Arrancan y BÁRBARA (así se llama la señora de la iglesia) le pregunta qué ha pasado. THOMAS: “La operación ha ido bien, según creo. Pero no podré insertar el disco yo mismo: unos tipos me estaban esperando en la puerta de mi casa. Se lo he dado a un compañero amigo mío, de toda confianza. No hay cuidado: de él no sospecharán, créame”. BÁRBARA: “Dentro de dos semanas lo sabremos. Ahora hay que pensar en lo inmediato. Estamos en grave riesgo. La Hermandad conocía los peligros de la operación en caso de éxito; pero no en caso de fracaso. Te voy a llevar a un ‘lugar de refugio’. Allí pasarás unos días, hasta que te pasemos a recoger. No puedes salir de allí bajo ningún concepto. No puedes hablar con nadie. ¿Entendido?” THOMAS asiente.

Después de dar muchas vueltas, llegan a un enorme bloque de apartamentos del extrarradio. Suben a la última planta (piso cincuenta). Entran en el apartamento y BÁRBARA dice: “Tienes provisiones para aproximadamente un mes. En pocos días te vendremos a buscar. Por favor, devuélveme el intercomunicador”. THOMAS se lo da. BÁRBARA: “Bueno, encantado de haberte conocido” (le tiende la mano). THOMAS no se la da. THOMAS: “Espere. No me deje aquí tirado. Acabo de perderlo todo: mujer, trabajo, amigos, futuro, todo... Quédese un momento, al menos hasta que me haga a la idea. Por favor, quédese a cenar conmigo”. BÁRBARA: “Lo siento, pero ya conoces las reglas. Ni a mí ni a ti nos hace ningún bien conocernos. Por seguridad..., ya sabes” (esto último lo dice algo azorada). BÁRBARA: “Adiós”. Cierra la puerta. THOMAS queda inmóvil un segundo. Después abre la puerta y, ante BÁRBARA, que estaba esperando el ascensor, le dice (THOMAS): “Al menos cuénteme algo de mi madre. Era su amiga, ¿no?”.

Entonces BÁRBARA recula, vuelve al apartamento y se sienta. Con tono dulce dice a THOMAS: “Esto lo haré con mucho gusto”.

 

La mesa está puesta. THOMAS y BÁRBARA están cenando, con una vela encendida enmedio. BÁRBARA: “Como sabes, tu madre tenía unos quince años más que yo. Tu abuelo (el padre de Linda) había sido uno de los pocos supervivientes de las purgas, hace cincuenta años, y fue uno de los fundadores de la Hermandad. Ella recibió sus llaves de tu abuelo. Yo la conocí en la Universidad, cuando tenía veinte años; hace veinticinco años de eso (lo dice con nostalgia). Fue mi profesora de... Historia. Thomas, debes saber que ella enseñó las mismas mentiras que tú has difundido con tu trabajo. Ella también trabajaba para el sistema. Pero conmigo hizo una excepción. Ella vio en mí un auténtico interés por la verdad... Por eso me permitió acceder a la Hermandad”.

THOMAS: “¿Cómo consiguió sus llaves?”

BÁRBARA: “Un colega que murió las cedió a la central. La central se las dio a Linda, y ella me las dio a mí. Por supuesto, eso sucedió antes de que el actual coordinador general accediera al cargo. Ya has visto que es muy celoso con las normas... Por cierto; por favor, llámame Bárbara. Ya no hay lugar para formalidades”.

THOMAS: “Encantado, Bárbara. Por favor, háblame de mi madre”.

BÁRBARA: “Ella (lo dice emocionada) no fue sólo mi mejor amiga. Fue mi única amiga. Tenía un gran corazón, un gran coraje, y mucha generosidad”.

                THOMAS: “Ahora sé que ella no quiso poner en peligro la carrera de sus hijos, ni su futuro, porque estaba corriendo un gran riesgo. Nos quiso apartar de todo aquello. Comprendo que hay que tener mucho coraje para tomar una decisión tan difícil”.

                BÁRBARA: “Es muy noble por tu parte pensar así. Pero esa no es toda la verdad (THOMAS la mira con cara de perplejidad). No es cierto que Linda os abandonara en ese internado: a Linda le quitaron la custodia de... sus hijos”.

                THOMAS: “¿Cómo?” (THOMAS está visiblemente alterado).

                BÁRBARA: “Thomas. Debo decirte toda la verdad antes de que cualquier otro lo haga... de mala manera. Tu madre y yo fuimos amantes. Por eso tu padre os abandonó; y por eso le retiraron la custodia de sus hijos”.

                THOMAS se derrumbó. Comenzó a llorar desconsoladamente. BÁRBARA lo agarró de un brazo y lo llevó a la cama. THOMAS cayó desplomado y enseguida se durmió. A BÁRBARA se le escaparon unas lágrimas, que se enjugó con un pañuelo. Apagó la luz y marchó.

 

                [A continuación aparecen imágenes oníricas, distorsionadas: Primera imagen: THOMAS, con siete años y CHARLES, con diez, el primer día en el internado. THOMAS: “¡Mamá, mamá!” (LINDA se retira, con los brazos extendidos hacia ellos. Cierran la puerta). THOMAS: “¡Mamá, no te vayas, mamá!” (aporrea la puerta, llorando). Segunda imagen: LINDA en el internado. Todos ríen y están contentos. THOMAS: “Pronto volveremos a estar juntos: tú, papá, y nosotros. ¿Verdad mamá?” (LINDA habla, pero no se oye lo que dice. Mueve la cabeza como diciendo que no). Tercera imagen: El día de la graduación THOMAS está sentado en un estrado, al lado del resto de los compañeros. En medio del público está LINDA (ella saluda con la mano). Cuarta imagen: BÁRBARA diciendo: “Tu madre y yo fuimos amantes-fuimos amantes-amantes-amantes” (detalle de la boca de BÁRBARA, pronunciando esas palabras repetidamente)... THOMAS se despierta, muy excitado.]

 

                Son aproximadamente las ocho de la mañana. THOMAS está sudoroso y tiene un fuerte dolor de cabeza, pero está sereno. Un rato después se oye la puerta; BÁRBARA entra en la habitación.

                BÁRBARA: “Buenos días. Traigo pastas calientes y ropa de recambio. ¿Qué prefieres, té o café para desayunar?

                THOMAS (aún algo abotargado): “Café, por favor; con un poco de leche y mucho azucar”. Se pone la mano en la cabeza.

                BÁRBARA: “¿Te traigo una aspirina?”

                THOMAS: “Sí, por favor”.

 

                Están desayunando en la misma mesa del día anterior.

                BÁRBARA: “De momento todo va bien. No ha habido ninguna redada. Eso es buena señal”.

                THOMAS: “Me alegro. Por cierto, disculpa por lo de anoche. No quisiera que pensaras mal de mí... Ya sabes, por lo de vuestra amistad... Soy una persona... tolerante. Lo vuestro -es decir, lo de mi madre y tú- me parece bien, de verdad” (THOMAS tiene una expresión un tanto hipócrita).

                BÁRBARA: “Quizá debiera disculparme yo, por ser tan directa. Debería haber tenido un poco más de tacto”.

                THOMAS: “No, no, en absoluto. Es simplemente que... eran demasiadas... las emociones, me refiero. Había llegado al límite. Tú no tienes la culpa”.

                BÁRBARA: “Me perdonarás que toque otro tema un poco... delicado”.

                THOMAS: “Adelante, pregunta”.

                BÁRBARA: “¿Cómo conociste a tu mujer?”

                THOMAS: “¿Laura, esa harpía traidora? (esto último lo dice con énfasis). Me la presentaron en el trabajo, hace unos dos años. Fue lo que se dice un flechazo... Aunque a decir verdad, no sé lo que vi en ella. De hecho, fue Laura la que me pidió el matrimonio”.

                BÁRBARA mira a la mesa, con cara de preocupación. Pasa un rato, un tanto embarazoso. BÁRBARA rompe el hielo.

                BÁRBARA: “¿Te parece que hoy comamos juntos?”

                THOMAS: “Claro, claro. Estaría muy bien”.

 

                En la oficina. Son las nueve de la mañana. RICHARD está en su despacho. RICHARD: “Vamos a ver...” (teclea 1777 en su propio ordenador). Aparece en la pantalla: “Buenos días Thomas. Son las 9,07 de la mañana. ¿Alguna orden?”. RICHARD: “Ahora meto el disco por aquí...” (introduce el disco). Pantalla: “Acceso confirmado. Operación realizada. ¿Algo más, Thomas?” RICHARD: “No, amigo, ya puedes descansar”. Aprieta la tecla de “salir” y se apaga la pantalla.

                RICHARD oye un alboroto en el hall. Sale a observar. Un COMPAÑERO le dice: “¿Te has enterado?: Thomas ha muerto”. RICHARD: “¿Muerto, cómo ha sido?” COMPAÑERO: “Un accidente, dicen”.

 

                En el “lugar de refugio”. BÁRBARA está haciendo la comida. THOMAS está sentado en una silla.

                BÁRBARA: “A esta hora ya te habrán dado por muerto”.

                THOMAS: “¿Qué?”

                BÁRBARA: “Es lo que hacen con todos los ‘desaparecidos’. Los dan por muertos y cuando los encuentran los eliminan. Así la familia y los amigos no molestan”.

                THOMAS: “¿Y qué sucede cuando se presentan, por ejemplo, en casa de algún familiar?”

                BÁRBARA: “Lo eliminan también. Por eso, cuando eres dado por muerto nadie, absolutamente nadie, debe saber que estás vivo. Si tienes alguna estima por la vida de tu gente”.

                THOMAS: “Entonces, mi hermano...”

                BÁRBARA: “Más vale que no lo vuelvas a ver..., al menos de momento”.

 

                En el “lugar de refugio”. Es de noche. THOMAS y BÁRBARA han acabado de cenar en la terraza del apartamento. Están mirando las estrellas.

                THOMAS: “Es extraño; dicen que cuando una puerta se cierra otras se abren. A mí se me han cerrado todas, pero al menos apareciste tú” (BÁRBARA lo mira enternecida, y emocionada. Pero con una mirada melancólica).

                BÁRBARA: “Thomas, puede que pase mucho tiempo hasta que nos volvamos a encontrar”.

                THOMAS: “Entonces, ¿no te veré más?”

                BÁRBARA: “De hecho... ni siquiera sé tu lugar de destino”.

                THOMAS: “Bárbara...”

ELLA no le da tiempo a acabar la frase. Le da un largo y apasionado beso en la boca.

 

A altas horas de la madrugada BÁRBARA sale de la cama. Se viste y va al comedor. Allí deja el siguiente mensaje: “Perdóname. Bárbara”.

 

Al día siguiente (martes), THOMAS despierta y encuentra la cama vacía. Se levanta y busca a BÁRBARA. THOMAS: “Bárbara, ¿estás en la cocina?”. Al final encuentra la nota en el comedor. Se sienta, pone la cabeza entre las manos, y suspira.

 

Casa del HOMBRE GORDO. Altas horas de la noche. La policía irrumpe en su habitación mientras duerme. Está en calzoncillos. Se resiste, le golpean y se lo llevan inconsciente.

 

Casa de BÁRBARA. Altas horas de la noche. BÁRBARA está despierta. La policía revienta la puerta. Ella se entrega sin ofrecer resistencia.

 

Han pasado varios días (es viernes). Es de noche. THOMAS está en la cama, desaliñado y sin afeitar. Está mirando el programa “Apaga y vámonos”. A diferencia de otras veces está riendo con ganas.

 

Es miércoles de la siguiente semana. Son las primeras horas de la mañana. La habitación está completamente desordenada. THOMAS está sucio y tiene barba poblada. Se le ve metido en la cama, enfundado en la sábana hasta el cuello. Tiene los ojos (enrojecidos) abiertos. Vuelve a encender la televisión.

 

Es sábado por la mañana. A diferencia de otros días, opta por levantarse.

                Sale de la cama. Se ducha, se afeita, y se viste con ropa limpia. Desayuna y sale del apartamento.

 

                Después de doce días de reclusión, el tráfico y el ajetreo de la ciudad le altera los nervios. Comienza a andar hacia el centro.

 

                Ha llegado a la calle Stratford. Al pasar por la iglesia comprueba que ésta está cerrada, y que hay mucha vigilancia policial por los alrededores. Procura marchar con premura, aunque sin despertar sospechas.

 

                Está en una calle comercial. La gente camina con prisas y de vez en cuando le dan empellones. Él, en cambio, camina lentamente, sin levantar la mirada. Entonces se detiene y mira el tráfico de la calle. Para a un taxi. TAXISTA: “¿Dónde le llevo?” THOMAS: “Dirección a Bristol”. TAXISTA: “Yo sólo le puedo llevar al límite del área metropolitana”. THOMAS: “Está bien”. El taxi se pone en marcha. THOMAS está cabizbajo y pensativo (el TAXISTA le mira de reojo, con desconfianza).

 

                Llegan a un descampado, en mitad de ninguna parte. Alrededor hay fábricas y una chatarrería, con coches desvencijados. TAXISTA: “Son 40 dólares”. THOMAS sale del coche. THOMAS (levantando las manos): “Lo siento señor, no tengo dinero”. Y se pone a correr como un condenado. El TAXISTA (que pesa al menos 150 kilos) no puede seguirle. Llama por interfono a la policía: “Hey, Charlie, soy David. Aquí hay un fresco que me ha estafado 40 pavos. Es alto, flaco, y con cara de mosquito muerto. Carretera de Bristol a la altura de la chatarrería”. CHARLIE: “Recibido. Allá vamos”.

 

                THOMAS está escondido detrás de un vehículo viejo. Hay una pareja de policías buscándole entre la chatarra. No muy lejos hay dos motos (de la policía) aparcadas. Están a unos cincuenta metros. Después los dos policías se dividen. THOMAS abandona sigilosamente el puesto donde estaba y llega a una alambrada. La escala y cae al otro lado. Uno de los policías se apercibe cuando ya está lejos. Avisa al otro con un silbido y los dos corren a la alambrada. La escalan a su vez y corren hacia la dirección donde vieron marchar a THOMAS. Éste llega a un cobertizo. THOMAS queda inmóvil: delante hay dos perros enormes gruñendo. Los dos policías vienen por detrás, corriendo a toda velocidad. Los perros se lanzan hacia los policías (porque a diferencia de THOMAS, que está inmóvil, estos parecen más amenazadores). Los POLICÍAS sacan sus armas pero no tienen tiempo de apuntar: los perros se les echan encima. Así que optan por correr. THOMAS los ve marchar (a los perros y a los policías) en dirección contraria. Tiene vía libre.

 

                THOMAS entra en el cobertizo y empieza a remover cajones. Encuentra unas llaves de coche. Fuera hay una furgoneta aparcada. Se monta en ella y sale disparado del lugar. Cuando llega a la puerta de entrada la derriba sin contemplaciones. Los POLICÍAS acaban de montarse en moto y le persiguen. Pero no se percatan de la puerta de entrada, que está en medio de la calzada. Así que las ruedas de sus motos se traban con ella y salen disparados. Caen rodando al suelo, y después del shock tienen tiempo sólo para lanzarle unos cuantos insultos obscenos.

 

                THOMAS conduce a una velocidad endiablada. Pero luego se desvía por una carretera secundaria. A la altura de Newbury la furgoneta se queda sin combustible. Así que la abandona. Sabe que en ese momento la policía le está buscando: decide ocultarse y esperar a la noche.

 

                Es de noche. THOMAS está andando por la carretera. Encuentra una pequeña granja. Se oyen ladridos de perro. Se ve luz en las ventanas. Decide probar suerte: gatea por el suelo para no ser visto. De repente encuentra delante al perro de la casa. Está gruñendo amenazadoramente. THOMAS hace señales tranquilizadoras con una mano, y mientras tanto coge una gran piedra con la otra mano. THOMAS: “Perrito, cuchi, cuchi”. El perro deja de gruñir y se acerca. THOMAS sigue haciendo señales con una mano. Cuando el perro está a su alcance, le parte el cráneo con la piedra. El perro cae muerto.

                Después entra por la puerta trasera de la casa, que lleva a la cocina. La luz está encendida, y al fondo se oye ruido de la televisión. THOMAS agarra un cesto de la compra y vacía el frigorífico. En ese momento llega una mujer con unos platos sucios en las manos. MUJER DE LA CASA: “¡Ahhh! (los platos caen al suelo). ¡Cariño, hay un ladrón en la cocina!”. THOMAS sale disparado.

 

                THOMAS corre frenéticamente campo a través. Los matorrales y los espinos le destrozan las piernas. Sube por una colina y, a lo lejos, ve a una gente con linternas que le están persiguiendo. Descansa un rato, para resollar, y continúa adelante. Encuentra un camino y lo sigue. Cuando se siente seguro se desploma y respira aliviado (aunque entrecortadamente). THOMAS (para sí): “Qué bien me ha venido tantos años de footing”. Después saca el contenido de la cesta y comienza a comer. THOMAS (para sí): “Por lo menos esta noche no pasaré hambre”. Cuando ha acabado, se pone a dormir como un tronco, con sus pantalones como almohada.

 

                Es de día. THOMAS está cerca de la carretera, aunque oculto, para no ser visto. Próximo a él hay un grupo de domingueros que están comiendo una parrillada. A unos ciento cincuenta metros hay un coche aparcado. THOMAS está escondido a una distancia prudencial, para no ser descubierto, en espera de una ocasión propicia. Y esa ocasión llega cuando los domingueros deciden culminar el ágape con un partido de fútbol. Mientras el grupo está entretenido en esa ocupación, THOMAS se desliza hacia el campamento y roba el bolso de la señora (también aprovecha para meter algo de comida sobrante en su cesto). Una vez a cubierto revisa el bolso: coge todo el dinero que encuentra y las llaves del coche. El bolso lo tira entre las matas. Después se dirige al coche, entra en él y arranca. Cuando los domingueros se dan cuenta de todo, él está a muchos kilómetros de distancia.

 

                THOMAS está conduciendo por la carretera general de Bristol. Es tarde avanzada y ya está cerca de la ciudad. Poco antes de llegar a la ciudad se mete por una carretera secundaria, y después por una pista forestal. Allí espera que se haga de noche. Cuando ya es noche cerrada vuelve a salir de su escondite y se dirige a Bristol. Aparca a unos diez minutos de la casa de su hermano. A partir de ahí va a pie.

 

                Avanza con precaución. Cuando está a unos setenta y cinco metros de la casa de CHARLES, observa a dos individuos que están montando guardia en el exterior (uno en cada esquina de la casa). Decide rodear la casa por atrás, amparándose en los setos y los rosales que la rodean (por fortuna, CHARLES no es muy aficionado a la jardinería, y por ello su jardín parece una selva tropical, enmarañada y salvaje). Anda a gatas, intentando no hacer ruido. De este modo llega a la ventana de la habitación de su hermano (en una esquina frontal de la casa, recostado en una silla de cámping, hay un individuo dormisqueando).

                THOMAS saca de su bolsillo una pequeña linterna y la enfoca a la cara de CHARLES, que está durmiendo en el interior de la habitación. CHARLES se despierta por el foco de luz y ve a THOMAS fuera, haciendo gestos (le indica que suba la ventana). CHARLES le indica con señas que se esconda. THOMAS se aleja de la casa. CHARLES abre súbitamente la ventana y los dos vigilantes se despiertan y se ponen en guardia. Uno de ellos le indica al otro que entre dentro de la casa. Entonces se dirige a la ventana y le pregunta a CHARLES, desde fuera, qué pasa. CHARLES: “Nada, nada. Este calor es sofocante. Me permitirán que duerma con la ventana abierta, si no me voy a ahogar”. El VIGILANTE enciende su linterna y enfoca el interior de la habitación (no ve a nadie, excepto a CHARLES); después enfoca los setos y los matorrales de los alrededores. En ese momento el otro VIGILANTE abre la puerta de la habitación de CHARLES. El de fuera le hace señas al de dentro de que todo está OK. Luego le dice a CHARLES: “Está bien, déjela abierta”. CHARLES: “Gracias, agente”. Luego corre la cortina. El VIGILANTE se vuelve a dirigir a su asiento, y poco después queda completamente dormido.

 

                THOMAS entra por la ventana. THOMAS: “Gracias, Charles. Nunca olvidaré lo que estás haciendo por mi”. CHARLES: “Vale, vale. Pero seamos prácticos”. Le da una mochila. CHARLES: “Aquí tienes todo lo que necesitas: comida, ropa, mapas, artículos de baño... y dinero. Te he dado todo lo que he podido recoger... Espero que será suficiente”. THOMAS le hace una ojeada rápida (con la linterna): “Sí, creo que sí”. CHARLES: “Aquí tienes las llaves de la motora. Está fondeada en el amarradero 4 del embarcadero principal; se llama ‘BÁRBARA’” En ese momento THOMAS queda lívido. THOMAS: “Bárbara”. CHARLES: “Sí, así se llama. Por cierto; te he conseguido documentación falsa”. THOMAS se reanima: “No es posible, ¿cómo lo has hecho?” CHARLES: “¿Te olvidas de que soy diseñador gráfico? Trabajo para la agencia de moneda y timbre, y apropiarme de papel oficial no es difícil para mí; lo demás es coser y cantar”. THOMAS: “CHARLES, ten cuidado. Procura que nunca sepan que he estado aquí. Te matarían”. CHARLES: “Lo sé, lo sé. Anda, vete ya”. THOMAS le abraza y vuelve a salir por la ventana.

 

                THOMAS vuelve al escondite y espera allí a que se haga de día. Cuando es casi mediodía, lo abandona y se dirige al muelle por la costa. La playa está abarrotada de bañistas, y en el mar hay decenas de motoras y planeadoras deslizándose por el agua: nadie sospechará de él cuando abandone el país, dirección al continente.

 

                THOMAS está en el embarcadero. Para no infundir sospechas, viste bermudas y camisa estampada. Cuando llega al amarradero, y ve la motora, deja caer la mochila y se lleva las manos a la cara. En ese momento se desata una lucha de pasiones y voluntades en su interior. Luego recobra la calma y sube a la motora. La pone en marcha y sale del embarcadero.

 

                THOMAS conduce la motora (entre medio se intercalan imágenes de BÁRBARA). THOMAS musita (para sí): “Bárbara”. THOMAS deja la motora a la deriva y se vuelve a llevar las manos a la cara: “No puedo abandonarla, tengo que ayudarla, ¿pero cómo?”. La lancha sigue a la deriva: ha desviado su rumbo y se dirige rápidamente hacia la costa. THOMAS no se da cuenta, porque tiene la cara tapada por las manos (imagen de bañistas en la playa observando cómo la motora va en dirección a las rocas). Cuando falta poco para la colisión dice lo siguiente: “SARATOGA. Sí, esto la salvará: querrán el código a cambio de su liberación” (esto lo dice sin demasiado convencimiento). THOMAS: “De todos modos, es la única opción”. En ese momento THOMAS se da cuenta de que la lancha está a punto de estrellarse, y hace un viraje de noventa grados. Se salva por poco. Tira sus cosas por la borda y se dirige de nuevo al muelle.

 

                THOMAS vuelve a estar en el embarcadero. Desembarca rápidamente y camina frenéticamente hacia el centro. Pregunta a un veraneante dónde se encuentra la policía; éste no lo sabe. Vuelve a preguntar, esta vez a un nativo de la ciudad, y le indica la dirección. THOMAS va a paso raudo hacia la comisaría. Dentro hay un agente, en un despacho atrotinado, que se está abanicando con su sombrero. Está sudando por los cuatro costados. AGENTE: “¿En qué puedo servirle?” THOMAS: “Me llamo Thomas Cavite. Soy un fugitivo que está siendo buscado por la justicia”. AGENTE: “Espere un momento (llama por intercomunicador). Sam, aquí hay otro tipo que ha tenido problemas con la parienta”. AGENTE (dirigiéndose a THOMAS): “En seguida le atienden”. THOMAS se sienta, esperando a que venga el agente SAM.

                SAM sale a su encuentro y le dice: “Acompáñeme, por favor”. Le lleva a una pequeña salita, con una mesa, dos sillas y un foco. SAM le enfoca el foco a la cara: “¿Cuándo ha sido?” THOMAS: “Me temo que se equivoca. No se trata de un problema doméstico, sino de un problema de seguridad nacional”. SAM: “¿Sí, de qué se trata?”. THOMAS: “He saboteado la memoria central... Por favor, ¿puedo hablar con el jefe, ya sabe, el que manda en la policía?” SAM: “Permíteme que me aclare: me está diciendo que ha cometido un delito castigado con pena de muerte, y usted quiere que le atrapemos. ¿No es así?" THOMAS: “En efecto”. SAM: “Mire Sr...“ THOMAS: “Thomas, mi nombre es Thomas Cavite”. SAM: “Mire, Thomas. Siempre hay cosas por las que luchar. La vida puede ser bella si se le busca un sentido...” THOMAS: “Parece que no me entiende. Lo que le digo es serio. Me buscan en todo el planeta por un delito monstruoso, ¡y usted me está explicando el sentido de la vida! Por favor, ¡mire sus ficheros!” SAM: “Espere un momento” (lo deja solo en la habitación).

                SAM se dirige a la sala principal. SAM: “Este tipo está como una cabra. Cada día vienen con cosas nuevas”. OTRO AGENTE: “Inspector. ¿Ha visto esta foto?” SAM la observa y reconoce el rostro de THOMAS. Luego se dirige corriendo a la habitación. Abre la puerta de golpe. SAM: “Mucho gusto, señor... (mira la foto) Thomas Cavite. Encantado de conocerle. Me permitirá que le lea sus derechos antes de llamar a la central”. THOMAS: “No gracias, no se moleste”. SAM: “Como quiera. Da gusto tener detenidos tan cooperadores. ¿Quiere café o algo? ¿Tiene hambre? Le puedo encargar un bocadillo” THOMAS: “Sí gracias, hoy no he desayunado”. SAM (a sus compañeros): “Agente THOMPSON, traiga un bocadillo de anchoas para el señor”. Luego, dirigiéndose a THOMAS: “Las anchoas son la especialidad de la zona. Créame, son ex-qui-si-tas” (pone cara de entendido). (Un agente pregunta a otro: “¿Qué le pasa al jefe, se ha vuelto loco?”)

 

                Oficina en Londres del comisario general de información (secretaría). Suena el videofono. Se pone el SECRETARIO: ¿Dígame? SAM: “Soy el agente SAM CRAWFORD, de la brigada de Bristol. Hemos detenido a un individuo que responde a las señas del fugitivo Thomas Cavite”. SECRETARIO: “¿Está en buen estado?” SAM: “Sí señor; está en la sección de ingresos”. SECRETARIO: “Espere un momento, en seguida le llamamos”. El SECRETARIO cuelga, y a continuación se dirige al despacho del comisario jefe (éste está impecablemente vestido; es alto y enjuto). Llama a la puerta. COMISARIO: “Adelante”. SECRETARIO: “Ya lo tenemos, señor comisario”. COMISARIO: “Perfecto, tráiganlo in-me-dia-ta-men-te a mi despacho. ¿Entendido?” SECRETARIO: “Sí señor. ¿Utilizamos el propulsor vertical?” COMISARIO: “Por supuesto”. El SECRETARIO se retira, y el COMISARIO se frota las manos, con cara de satisfacción.

                SECRETARIO (llamando a SAM): “En quince minutos lo pasaremos a recoger”. SAM: “Por cierto, señor...” SECRETARIO: “¿Qué?” SAM: “A mí no me parece un tipo muy... peligroso”. SECRETARIO: “Procuraré olvidar esa... gratuita observación suya”. Cuelga.

 

                Un propulsor con forma de disco aterriza en sentido vertical (de arriba abajo) en el espacio destinado para ese fin, al lado de la comisaría. Lo hace con suavidad y silencio, aunque se oye un ligero ruido de turbinas parecido al de los jets actuales, si bien más moderado.

                Del propulsor sale un pelotón de policías fuertemente armados, que hacen pasillo hasta la comisaría. THOMAS sale del edificio, esposado, y es conducido hacia el interior del propulsor. Los policías se vuelven a introducir en el aparato, y luego éste despega en dirección vertical. Se pierde rápidamente en el cielo.

 

                THOMAS está en el interior del propulsor. Los policías, con cara inexpresiva, miran al techo. THOMAS mira al suelo. [Recuerdos: HOMBRE GORDO (“Es demasiado... blando-demasiado...blando-blando-blando”). THOMAS (“Esa harpía traidora-traidora-traidora”). BÁRBARA (“Confía en él-en él-en él”). THOMAS (en la motora: “Bárbara-Bárbara-Bárbara”).] THOMAS se vuelve a tapar la cara con las manos.

 

                THOMAS baja del aparato, esposado, acompañado por los policías. Le introducen en un alto edificio de las afueras de Londres. Lo dejan en una salita con sillones confortables y música de ambiente. Hay dos gorilas fuertemente armados vigilando fuera. Entonces entra lo que parece una secretaria civil, y le pregunta si necesita algo: café, algo para picar, etc. THOMAS: “No, gracias. Está todo bien”. La señorita se retira.

                THOMAS se queda solo, pensativo: “No funcionará. Pero de todos modos, ¿de qué sirve escapar?”

                Entra el SECRETARIO, y dice a los VIGILANTES que le quiten las esposas. ESTOS lo hacen. SECRETARIO: “Bienvenido, señor Cavite. Le ruego que disculpe las... formalidades (me refiero a esto, por supuesto)”. Señala a las esposas. SECRETARIO: “Acompáñeme, si es tan amable”. THOMAS pone cara de perplejidad; le parece excesivo tanta cortesía y ceremonial.

                Se introducen en un ascensor (el SECRETARIO y ÉL solos). SECRETARIO: “Un tiempo maravilloso... ¿no le parece?” THOMAS (alucinado): “Sí, sí, por supuesto... Si usted lo dice”. Llegan a la última planta. SECRETARIO: “Sr Cavite, le presento a mi asistenta Julia”. JULIA le da la mano y le guiña un ojo. THOMAS sigue perplejo.

 

                Llegan a la puerta del COMISARIO JEFE DE INFORMACIÓN. Toc-toc. COMISARIO: “Adelante”. Entran en un despacho encantador, lleno de luz, flores, cómodos sillones y, en las paredes, vitrinas con preciosas mariposas disecadas. COMISARIO: “Siéntese, por favor. Siéntase a gusto: está en su casa”. THOMAS está estupefacto. COMISARIO: “Sirvase usted mismo”. Entre los sillones hay una mesita con café, té y pastas. THOMAS toma un poco de café y mordisquea una pasta.

                COMISARIO: “Bueno, hablemos de negocios. Porque usted viene a eso, ¿no es verdad?” THOMAS: “Sí, sí, cómo no”. COMISARIO: “Permítame primero felicitarle por su huida. Ha sido brillante; sinceramente, no me lo esperaba de usted”. THOMAS: “Gracias, eh..., perdón. No pretendía causar daño... Pagaré los desperfectos, aunque el perro... Lo siento”. COMISARIO: “Tranquilo, Sr Cavite. Son gajes del oficio. No se preocupe; todo corre de nuestra cuenta. Ejem, vayamos a lo nuestro”. THOMAS: “Sí, por favor”.

                COMISARIO: “Sr CAVITE. Usted se ha visto implicado en un juego peligroso. ¿Es consciente de ello?” THOMAS: “Sí, soy plenamente consciente. Asumí el riesgo bajo mi plena responsabilidad”. COMISARIO: “Déjeme explicarle que sus... amigos... son unos viejos conocidos nuestros”. THOMAS (como despistando): “¿De veras?” COMISARIO: “Sí señor. Los tenemos bien controlados. Todos los párrocos que custodian sus... bibliotecas, son agentes nuestros. Sr Cavite, ¿nos cree tan ineptos como para no darnos cuenta de lo que está pasando delante de nuestras narices? Nos subestima, Sr Cavite, y eso-no-es-justo”. THOMAS traga saliva. COMISARIO: “Es más, tenemos un archivo detallado con la vida y obras de cada uno de sus amigos. Hemos sido muy tolerantes con su organización; somos de los que viven y dejan vivir. Aceptamos la discrepancia, siempre que ésta no llega a límites peligrosos (se acerca a THOMAS, como para intimidarlo). Sr Cavite (abre las manos), sólo detenemos a los ‘lectores’ que exceden-el-cupo-implícitamente-estipulado. Nosotros somos unos caballeros, y respetamos nuestros compromisos”.

                El COMISARIO se levanta: “Y he aquí que el pájaro quiere levantar el vuelo. Los ‘lectores’ se me rebelan. ¡A mí!” (lo dice en tono de burla). THOMAS vuelve a tragar saliva. THOMAS: “Señor...” COMISARIO: “Mi nombre no importa... de momento. Llámeme COMISARIO”. THOMAS: “Sr comisario. A esta hora los ordenadores de Servilogic deben estar en blanco. Le ofrezco una transacción: la vida de Bárbara por el código”. COMISARIO: “Juá-juá-juá. ¡Qué risa! (después del esperpento, pone una cara que a THOMAS le hiela la sangre). Sr Cavite, no tardaríamos ni cinco minutos en sacarle esa información por la fuerza; pero nosotros no la necesitamos”. THOMAS queda perplejo. THOMAS: “¿No necesitan la información que ha quedado bloqueada?” COMISARIO: “¿Esa basura, esa porquería en la que usted ha trabajado toda su vida? En absoluto, no la necesitamos. Y aunque la necesitáramos, no habría problema en volverla a recuperar”. THOMAS: “¿La empresa Servilogic está en condiciones de asumir el coste?” COMISARIO (chasqueando la lengua): “Sr Cavite, empresas y gobierno, gobierno y empresas; todo es lo mismo. ¿Todavía no se ha dado cuenta?” THOMAS: “Pero piense en el interés del gobierno: necesitan esa información, cueste lo que cueste”. COMISARIO: “Sr Cavite, sólo hay un interés: el nuestro”. THOMAS: “¿Y quiénes son ustedes?” COMISARIO: “Nosotros somos los que somos”. THOMAS: “Pero...”

                El COMISARIO le corta inopinadamente. COMISARIO: “Sr Cavite. Escuche con atención todo lo que le voy a decir a partir de ahora. Y por favor: no me interrumpa”. THOMAS asiente pusilánime. COMISARIO: “Toda esta operación ha sido un... brillante... montaje. Un absoluto éxito para la comisaría de información (se sacude la pechera)... Modestia aparte”. THOMAS tiene la boca abierta por la expectación. COMISARIO: “Esta operación fue diseñada hace más de cien años; y ha sido ejecutada... con total precisión, en el momento debido. Yo he tenido el honor de dirigirla (pasa un momento de mutismo). Le llamo la atención sobre esas preciosas (enfatiza esa última palabra) mariposas. ¿Ve lo bellas que son? Pues tendría que verlas cuando son larvas: son horribles (enfatiza esa última palabra). Para pasar de un estado a otro, necesita una me-ta-mor-fo-sis. Sr Cavite. Hace cien años el gobierno universal diseñó una ambiciosa operación (secreta, por supuesto) para asentar definitivamente la paz y la seguridad en el planeta (otro momento de mutismo). El mundo ha tenido que pasar un duro siglo en estado de ‘crisálida’, hasta elevarse en el cielo como una... hermosa mariposa (levanta ambas manos hacia el cielo; aquí casi se emociona)”.

                El COMISARIO vuelve a sentarse. Toma un poco de té, se relaja, estira las piernas, y continúa: “Sr Cavite. Sus amigos tienen muchas virtudes; pero les falta una, la más esencial: la inteligencia. Ellos no han sido más que nuestros instrumentos, nuestras marionetas, la pieza esencial que ha puesto en marcha todo este engranaje. Por supuesto, para salvar las apariencias, hemos tenido que ser duros en ciertos momentos. Ese es un precio inevitable”.

                THOMAS: “Sr comisario, no puede hablar de ‘precios inevitables’ cuando se está refiriendo a la vida de las personas. Es... inicuo”. COMISARIO: “Sr Cavite. Mi responsabilidad es proteger la paz mundial. A veces las medidas que tengo que tomar son dolorosas; pero lo hago para mantener sano el cuerpo entero... es una simple cuestión de cirugía”. THOMAS: “Pero...” COMISARIO: “Sr Cavite. Los hechos hablan por sí solos: dos siglos de completa paz, ¿no le parece significativo? Si usted estuviera en mi puesto se sentiría razonablemente satisfecho de un logro como ese” THOMAS: “Sr Comisario. El precio va más allá de la vida de mil-cien mill-un millón de personas. Estamos hablando de la identidad de la gente. Estamos hablando de su historia, de su pasado, de la verdad”. COMISARIO: “Sr Cavite. Cuando el gobierno universal decidió una política de asimilación cultural, aún estaba reciente el recuerdo de la más espantosa conflagración que haya existido nunca. Las naciones lucharon contra las naciones, las etnias contra las etnias, las culturas contra las culturas. Sr Cavite, el gobierno universal pretendió desterrar el egoísmo de la faz de la Tierra, y en su lugar implantar la fraternidad universal. Si el único medio de acceder a estos (nobles) objetivos era hacer uso de la mentira, es un razonable precio que hay que pagar. Recuerde, Sr Cavite. Este planeta ha pasado por su etapa de crisálida. Ahora ha de emerger toda la belleza que tiene dentro, a partir de unas bases más civilizadas”.

                THOMAS: “¿Y los ‘lectores’: qué papel han jugado en esta... operación?” COMISARIO: “Sr Cavite. Seré claro. La llamada Hermandad (con nuestra ayuda, evidentemente) ha montado una revolución que se ha saldado con un rotundo éxito. Usted está aquí con el objetivo de negociar un acuerdo. Nosotros, por supuesto, accedemos a todas sus peticiones”. THOMAS queda petrificado. COMISARIO: “Los ‘lectores’ creen que nos han hecho un daño irreparable... Lo deben seguir creyendo, ¿entendido?. Nunca, nunca deben sospechar que esta operación fue instigada por ‘nosotros’” THOMAS: “De nuevo ‘nosotros’” COMISARIO: “Eso es algo con lo que siempre tendrá que contar”. COMISARIO: “Entonces, ¿están vivos?” COMISARIO: “Por supuesto que están vivos”. THOMAS: “¿Y qué papel juego yo en todo esto?” COMISARIO: “Sr Cavite, usted ha sido formado a conciencia para servir de puente entre el viejo y el nuevo régimen. Haremos lo necesario para que usted gane las próximas elecciones como jefe supremo del gobierno universal, por supuesto, con la asistencia de un equipo de su elección; la Hermandad, por ejemplo”. THOMAS entra en un estado casi de trance.

                THOMAS: “¿Podrá emerger la verdad?” COMISARIO: “Sr Cavite, la verdad es un hermoso nombre con infinidad de apellidos. Pero sí, sacaremos a la luz los auténticos ficheros, y los depósitos ocultos. Ya no habrá más censura, ni más represión”. THOMAS: “¿Por qué?” COMISARIO: “Creemos que la sociedad ya está madura”. THOMAS: ¿Porque han acabado con los particularismos nacionales?” COMISARIO: “Usted lo ha dicho. Por supuesto, nos podemos equivocar. Ustedes recibirán el testigo del gobierno universal. Ustedes son responsables de lo que pueda pasar. Pero ‘nosotros’ estaremos vigilantes... Una cosa más, por supuesto no admitiremos ajustes de cuentas, intromisiones en ‘nuestros’ intereses, o un cambio sustancial en el sistema económico. Todo puede cambiar mientras lo substancial no cambie”.

                THOMAS: “¿Por qué yo? ¿Por qué me han elegido a mí... como nuevo jefe de gobierno?” COMISARIO: “Usted es la persona perfecta: con nobles sentimientos, pero sin demasiados escrúpulos... para traicionar la causa en la que cree por el amor de una mujer. Usted es la persona adecuada para liderar el cambio de sistema”. THOMAS se derrumba. THOMAS: “Tiene razón: soy indigno de Bárbara”. COMISARIO: “Sr Cavite, permítame que prosiga: usted no es culpable... de su tibieza. ‘Nosotros’ le hemos hecho así” THOMAS: “¿Qué quiere decir?”. COMISARIO: “Sr Cavite: toda su vida ha transcurrido de acuerdo con un plan trazado metódicamente... desde nuestra central de inteligencia”. THOMAS: “¿Está sugiriendo que yo no he tomado ninguna decisión autónoma en toda mi vida? COMISARIO: “En efecto. Nada en su vida se ha producido al margen de ‘nuestro’ plan”.

                COMISARIO: “Me permitirá que sondee un poco en su biografia: usted fue internado, cuando tenía siete años, en un colegio de élite. ¿Quién cree que lo pagó? ‘Nosotros’, por supuesto. Usted encontró un cómodo trabajo en la más poderosa Compañía con sede en Londres. ¿Cómo cree que accedió? A través de ‘nosotros’... Sr Cavite, ‘nosotros’ hemos perfilado todas las facetas de su vida, hasta las más íntimas”. THOMAS: “Ahora comprendo: Laura. ¿Era su agente? (En ese momento recuerda la siguiente pregunta de BÁRBARA: ‘¿Cómo conociste a tu mujer?’.) COMISARIO: “No sólo Laura, también Richard, su amigo íntimo; incluso su asistenta doméstica”. Créame, conocemos todos los perfiles de su personalidad, y también de su actividad”. THOMAS: “Pero eso es perverso”. COMISARIO (con tono afectuoso): “Thomas, piensa positivamente. Lo que hemos hecho no es nada personal. Te hemos preparado para que encabeces una nueva era de desarrollo de la civilización. Entiendo que lo que te he explicado socava tu autoestima; pero, créeme, el ejercicio del poder no está exento de sacrificios. La cumbre da vértigo. Pero no tengas miedo, ‘nosotros’ te protegeremos..., si cumples con tu misión en la forma debida, por supuesto”.

                THOMAS: “Entonces... Vosotros simulásteis la crisis en Servilogic...” COMISARIO: “Para precipitar los hechos. Y ‘nosotros’ facilitamos el programa codificador a la Hermandad. Y también ‘nosotros’ te entregamos la llave de tu madre...” THOMAS se exaspera: “¡Eso no puede ser verdad!” COMISARIO: “Lo es. Tu madre sabía que tú estabas en nuestras manos. De ningún modo hubiese querido que llegase a tu poder. Tuvimos que esperar a su muerte para facilitarte su copia... Aparentando que te la había dado ella”. THOMAS: “Así, mi madre no confiaba en mí”. COMISARIO: “Por supuesto que confiaba en ti. Simplemente quería protegerte: a ti y a tu hermano”.

                THOMAS se levanta y se pone a dar vueltas, nervioso, por el despacho del COMISARIO. Entonces observa una foto encima de su mesa. Súbitamente, siente curiosidad... Le da la vuelta, la mira de cerca, y ve... la imagen de LINDA y de una persona con los rasgos del COMISARIO (ambos están abrazados, sonrientes, y mirando en dirección a la cámara). Queda con la boca abierta. Agarra la foto con una mano y se dirige al lugar donde está el COMISARIO. Éste le está observando. THOMAS se acerca y le escruta el rostro, casi con impudicia. THOMAS: “Así que usted es... mi padre”. COMISARIO (emocionado): “Sí, Thomas. Lo soy”. THOMAS: “Y mi madre, quiso protegerme de usted”. COMISARIO: “Sí, en cierto modo, sí. Pero las cosas no son tan simples... Tú estabas bajo la custodia del gobierno, no de mí. Yo he hecho lo que estaba en mi mano para ayudarte, para cuidar de ti y de tu hermano. He supervisado todos tus progresos”. Entonces se dirige a su mesa de trabajo, y de su cajón extrae un album de fotos. Se lo enseña (las manos le tiemblan). COMISARIO: “Mira, éste eres tú cuando tenías siete años; aquí tenías diez; aquí te acababas de graduar... mira, estaba detrás de tu madre...” THOMAS: “¡Basta!¡Usted nunca fue mi padre!¡Ni yo su hijo! Yo sólo he sido su... instrumento. Nada más! ¿Quiere que lo siga siendo; quiere que sea su ‘líder’ de laboratorio? Descuide, lo seré. ¡Pero no me obligue a quererle como a un hijo! Hasta ese punto no llega su... pérfido poder”. COMISARIO: “Hijo...”

THOMAS se levanta y se dirige a la puerta. Cierra dando un portazo. El COMISARIO suspira profundamente.

 

THOMAS está en su casa, acariciando a PILUSA. LAURA atraviesa el comedor con unas maletas. Las deja delante de la puerta, llega hasta THOMAS y le da un beso en la mejilla. LAURA: “Espero que lo comprendas”. THOMAS: “Descuida”. LAURA: “Adiós”. THOMAS hace una señal con la mano. LAURA marcha. Pasa un rato. THOMAS está cabizbajo, con cara mohína. En ese momento llaman a la puerta. THOMAS va a abrir: es BÁRBARA. THOMAS la abraza; ambos ríen (escena enternecedora).

 

Última escena. Hay un corrillo de gente reunida en torno a ROSEANNE (THOMAS, CHARLES, BÁRBARA y HOMBRE GORDO). Están cerca de la casa al lado de los acantilados, donde THOMAS se reunió con los lectores. Hace un viento racheado muy molesto (del Norte). ROSEANNE: “Estamos aquí reunidos para rendir el último homenaje a la persona que ha inspirado nuestras vidas: Linda Denison. Su ejemplo iluminará nuestro camino. Hasta siempre, Linda”. Entonces ROSEANNE abre una urna y esparce las cenizas de LINDA. El viento se las lleva más allá del acantilado. En el fondo se ve un sol declinante, a punto de ponerse. Todos aplauden.

Al lado de un olivo, a unos veinticinco metros, hay un hombre vestido con una chaqueta negra. Es el COMISARIO. CHARLES se lo indica a THOMAS: éste mira para atrás, y luego vuelve la cabeza. CHARLES: “¿Quién puede ser esa persona?” THOMAS: “No lo sé; no la conozco”. El COMISARIO se retira, pausadamente, hasta llegar a un coche. El CHÓFER le abre la puerta. Luego, el coche arranca, y se aleja hacia el horizonte.

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE

 


 

 

LA COMPAÑÍA

 

(Segunda parte)

  

José Luis Espejo (1998) 

 

 

                En la pantalla aparece una enorme explanada, abarrotada por una muchedumbre expectante (plano de detalle donde aparece una placa con la siguiente inscripción: “Plaza de las Culturas”). En el fondo de la explanada se ve una gran plataforma, con un estrado en medio. A ambos lados de la plataforma se sitúan numerosas sillas, ocupadas por personas que no se reconocen en la distancia. En un determinado momento, aparece, por el lado derecho de la pantalla, una persona que atraviesa la plataforma y se instala en el estrado. El público aplaude calurosamente.

                La cámara se dirige a las proximidades de la plataforma. Se observa un estrecho cordón de seguridad, que rodea la plataforma, y numerosas cámaras que emiten el evento. En ella se distingue, en las proximidades del estrado, a HENRY SOLOMON (HOMBRE GORDO de la primera parte), a BÁRBARA, y a otros miembros de la antigua Hermandad. THOMAS está en el estrado.

                 THOMAS comienza su discurso: “Amigos, amigas, habitantes de nuestro querido planeta Tierra. Gracias por estar aquí; tanto a los que os encontráis físicamente en esta remodelada ‘Plaza de las Culturas’, como a los que estáis siguiendo este acto a través de la televisión o la radio, desde cualquier parte del planeta. He captado vuestro mensaje, conozco vuestra ansia de cambio. ¡Ya era hora, amigos y amigas, de un cambio de rumbo en el destino de la Humanidad!” El público aplaude.

                “El género humano ha necesitado mucho tiempo para saber que la Tierra es redonda; pero ha seguido actuando como si fuese plana y sus recursos ilimitados. Sólo recientemente la Humanidad ha actuado teniendo en cuenta que la Tierra tiene sus límites. Ése no es un pequeño avance, pero aún es insuficiente. Amigos y amigas, os propongo un paso adelante en la senda del desarrollo del potencial humano: la unidad dentro de la variedad, la variedad dentro de la unidad. ¡Os animo a recuperar toda la riqueza del pasado, sin abandonar el sagrado principio de la solidaridad del género humano!” El público aplaude. Plano de detalle de BÁRBARA aplaudiendo. Plano de CHARLES observando el acto por televisión, comiendo palomitas despreocupadamente. Plano de HENRY SOLOMON aplaudiendo con cara circunspecta.

                “El ser humano ha cometido multitud de ultrajes y de expolios en nombre de su nación, de un mal entendido concepto de patriotismo. Su codicia y su crueldad ha llevado a este planeta a la ruina. Sólo el buen sentido y la altura de miras de los padres fundadores del nuevo orden ha salvado a la Humanidad del desastre. ¡Vaya por ellos mi sincero homenaje!” THOMAS aplaude y la multitud le acompaña. LEONARD (el COMISARIO de la primera parte, padre de THOMAS) observa la pantalla de televisión desde su despacho, con cara inexpresiva.

                “Pero ahora se hace necesario recuperar el rico legado de cultura forjado por el género humano durante innumerables generaciones. Ahora, la situación está madura, porque el mundo está preparado para aceptar toda su riqueza y variedad, sin volver a cometer los errores del pasado. Vosotros, amigos y amigas, queréis recuperar vuestra identidad, sin por ello variar un ápice vuestra solidaridad. ¡Adelante, entonces. Encaremos el futuro sin miedo, y con esperanza!” El público aclama entusiasmado.

                “Amigos y amigas, sé que esperáis mucho de mí. Conozco vuestros anhelos, y soy consciente de vuestros problemas. Lucharé con denuedo para que vuestras voces sean escuchadas, y vuestras necesidades satisfechas. Lucharé por mejorar vuestras condiciones de vida y trabajo, por conseguir que vuestros hijos tengan un futuro mejor. ¡Seré el heraldo de vuestros intereses. Estaré a vuestro servicio. No os defraudaré!” El público rompe a aplaudir rabiosamente. Los aplausos se prolongan durante largos minutos. Una música electoralera comienza a sonar. Se sueltan globos y palomas. Las personas de la plataforma se levantan y aplauden también a THOMAS (plano de detalle de BÁRBARA, con cara de satisfacción, y de HENRY, con cara de furia contenida; plano de LEONARD, en su despacho, con cara de preocupación; plano de CHARLES, aplaudiendo entusiasmado: ‘¡Muy bien, Charles, eso ya me gusta más!’). THOMAS sale de la escena haciendo la señal de la victoria, con los brazos en alto.

 

                Imagen de una sala donde se está celebrando un cocktail. En ella se reparten varios corrillos elegantemente vestidos. THOMAS, con traje de gala, es el centro de atención. UNA MUJER: “¿Has visto qué guapo es?” (mirando a THOMAS, que está al fondo, charlando despreocupadamente). OTRA MUJER (hablando con la primera): “Y que lo digas, no se parece en nada a esos vejestorios del Gobierno Universal” (aparecen algunos viejos decrépitos, charlando animadamente, aunque con semblante grave y severo).

                La imagen se traslada al corrillo de THOMAS. BÁRBARA: “Cariño, lo has hecho muy bien. Has estado muy convincente y tu discurso ha sido... eléctrico. Hoy has ganado las elecciones”. THOMAS la observa con una sonrisa en la boca, sosteniendo un vaso con la mano (como pensando: si supiera que las elecciones están ganadas de antemano...) Vienen otras personas a felicitarle. THOMAS ve a HENRY charlando con los miembros del Gobierno Universal, con tono grave. HENRY se apercibe, y le hace una señal con la cabeza. HENRY se despide de la gente con la que hablaba y se dirige a la mesa de los cócteles. THOMAS se reune con él allí. Luego, ambos se dirigen al balcón, donde están solos.

                HENRY: “Thomas, supongo que eres consciente de lo que has hecho hoy”. THOMAS: “¿Qué he hecho?”. HENRY: “Te has salido del programa. Has añadido un párrafo al discurso acordado”. THOMAS: “Lo sé, lo sé. Y fíjate qué efecto: la muchedumbre ha reaccionado de forma maravillosa: he ganado su corazón, y eso es lo importante”. HENRY: “Te equivocas, Thomas. Lo importante es ajustarse al programa establecido. La Hermandad no ha luchado por mejorar las condiciones de vida de la gente, sino por recuperar la memoria. Una vez que nuestra revolución ha tenido éxito, lo demás es irrelevante para nosotros”. THOMAS: “No es cierto. La gente espera mucho más de nosotros”. HENRY: “Thomas, hay un antiguo proverbio que dice: ‘no muerdas la mano que te da de comer’. Recuérdalo, siempre, por tu bien y por el de la Hermandad”. HENRY marcha. THOMAS queda confuso. Llega BÁRBARA: “¿Qué ha pasado, qué te ha dicho Henry?”. THOMAS: “Nada, nada, es tan sólo que... estoy abrumado por tanta responsabilidad”. THOMAS abraza a BÁRBARA.

 

                Unas semanas después. THOMAS está en una sala de convenciones, repleta de público, de agentes de seguridad, de periodistas, de cámaras, y de ordenadores. Hay una enorme pantalla en uno de los muros, donde se retransmite los resultados de las elecciones. PANTALLA: “... En el distrito austral Thomas Cavite vence por un 73% frente a un 20% conseguido por Jawarharlal Rachid. En el distrito de Asia Sudoriental Thomas Cavite gana con un 89%...” THOMAS está rodeado de cámaras de televisión, respondiendo a las preguntas de los reporteros. REPORTERO: “Sr. Cavite. ¿Es cierto que va a luchar en favor de los pobres?” THOMAS: “Lucharé por los pobres y por los no tan pobres. Intentaré restablecer la justicia en beneficio de los menos afortunados, y defenderé los legítimos intereses de las capas productivas de la sociedad. Trabajaré en beneficio de todos”. OTRO REPORTERO: “¿Es cierto que va a establecer un salario mínimo y un Seguro Social?” THOMAS: “Es un compromiso que pienso respetar”. OTRO REPORTERO: “¿Usted cree que va a encontrar obstáculos en la aplicación de su programa, por parte del antiguo régimen?” THOMAS: “Estoy seguro de que no. Todos trabajamos en beneficio del pueblo. Todos, los antiguos gobernantes, y mi futuro gabinete, estamos al servicio de la sociedad. Discúlpenme, señores. No tengo nada más que decir”. A duras penas, THOMAS se desembaraza de los periodistas. El cuerpo de seguridad hace pasillo, y le llevan a un balcón, que da a la calle. Allí saluda a la multitud que le aclama. BÁRBARA está con él, aplaudiendo. Las figuras del antiguo y del nuevo régimen (la Hermandad) le rodean. (Imagen de CHARLES viendo el acontecimiento por televisión, con una inusual sonrisa en su rostro.)

 

                THOMAS y BÁRBARA están en casa, descansando después del ajetreo electoral. THOMAS mira por la ventana y ve varias patrullas de policía vigilando su residencia. BÁRBARA llega a THOMAS con dos copas en la mano. BÁRBARA: “Brindemos por el futuro, para que sea aún más excitante que el presente”. THOMAS hace chin-chín desganadamente. BÁRBARA: “¿Qué te pasa, Thomas. No estás satisfecho?” THOMAS: “No, no, claro que lo estoy. Pero no sé si tendré fuerzas para llevar adelante mi programa”. BÁRBARA: “Claro que sí, y yo siempre estaré a tu lado”. THOMAS: “Bárbara, no sé si podré... aguantar esta presión. Me siento tan débil, tan impotente. Mírame: ¿acaso me ves capaz de asumir tanta responsabilidad?” BÁRBARA: “Thomas, después de lo que hiciste por la Hermandad, te veo capaz de cualquier cosa”. THOMAS: “Bárbara, no lo hice por la Hermandad, lo hice por mi madre... y por ti” (tiene un tic, como de mala conciencia). BÁRBARA: “Razón de más. No importa por quién luchas, si tienes algo por lo que luchar”. THOMAS sonríe, agradecido.

                En ese momento suena el videofono. Es CHARLES: “Thomas, felicidades de parte de tu rendido hermano. De verdad, no me esperaba tanto de ti”. THOMAS: “Gracias, Charles. No sabes cuánto necesito el apoyo de mi gente. De verdad, gracias por llamar”. CHARLES: “No hay de qué. Tu hermanito mayor te ayudará en lo que pueda. Por cierto, come mejor: no haces buena cara”. THOMAS: “Lo sé, Charles; será la tensión. Ya pasará”. CHARLES: “Seguro. Ah, dile a Bárbara que te cuide bien”. BÁRBARA: “Así lo haré, Charles”. CHARLES: “Hasta la vista”. THOMAS: “Hasta la vista, Charles”. Se apaga el videofono.

 

                Dos años después. Escena de un consejo de gabinete, en Ottawa. THOMAS preside la reunión. Se ven 24 personas de todas las razas circundando una mesa ovalada. THOMAS: “Señores Ministros. Hoy hace dos años que constituí este primer gabinete de la nueva era. Creo que es un buen momento para hacer balance de este período. Sra. Ministra de Cultura, por favor”.

                La MINISTRA DE CULTURA se levanta: “Sr. Presidente. Durante este período hemos puesto en marcha los nuevos planes educativos; hemos descentralizado las competencias en materia de cultura y han comenzado a funcionar las academias de las lenguas vernáculas. El próximo curso comenzará su enseñanza en las respectivas circunscripciones”.

                THOMAS: “Sr. Ministro de Medio Ambiente, por favor”.

                El MINISTRO DE MEDIO AMBIENTE: “Sr. Presidente. Como aparece en el informe que le hemos remitido, hemos continuado la política de repoblación forestal y de racionalización agraria. Hemos impulsado la recuperación edafológica de tierras baldías, y hemos regenerado los cursos de aguas dulces. Se ha continuado la política de potabilizar las aguas marinas y de usar los nutrientes de las algas. En estos momentos la tasa de reciclaje de residuos humanos es del 70%, y sigue en aumento. Hemos eliminado los polímeros inorgánicos... Sr. Presidente, quisiera llamar la atención sobre un hecho importante: las últimas mediciones de temperatura global señalan un progresivo enfriamiento del planeta. Ello parece indicar que está acabando el ciclo de calentamiento global”.

                El gabinete hace un murmullo aprobatorio.

                THOMAS: “Sr. Ministro de Medio Ambiente. Créame, todos nos alegramos de esta magnífica noticia. De todos modos, no hay que bajar la guardia; no nos dejemos arrastrar por la euforia. Habrá que seguir trabajando en la dirección que usted ha expresado. Sr. Ministro de Economía, es su turno”.

                El MINISTRO DE ECONOMÍA: “Sr. Presidente. Nuestro departamento ha continuado con la política de concentración y planificación estratégica de la economía. La tasa de rendimiento de la economía ha aumentado a causa de la disminución del despilfarro. Los precios se han mantenido estables durante estos dos últimos años. La tasa de paro ha descendido al 23%, desde su nivel inicial del 25%, gracias a la liberalización del mercado de trabajo. Las Compañías han declarado unos beneficios medios del 15%, un 3% mayores respecto a hace dos años. El ciclo sigue teniendo una tendencia moderadamente positiva...

                THOMAS: “Sr. Ministro de Economía. ¿Y qué hay de los planes de Seguridad Social y salario mínimo? ¿En qué fase de desarrollo se encuentran?”

                MINISTRO DE ECONOMÍA: “Sr. Presidente. Entienda que la economía es un asunto complejo. Se necesita un largo período de estudio y adaptación antes de que unas medidas de ese calibre se pongan en marcha”. THOMAS: “Sr. Ministro, no quiero excusas, sino hechos. Y lo cierto es que usted no ha hecho nada por hacer avanzar esos asuntos. Le pido un mayor celo por lo que se refiere a materias sociales, desde este momento”. MINISTRO DE ECONOMÍA: “Sr. Presidente, pediré al comité asesor que acelere la fase de estudio, pero de todos modos habrá que contar con la postura de los sectores afectados”. THOMAS: “Sr. Ministro. Usted recordará que esas reformas son un compromiso irrenunciable; de ningún modo debe dejarse influenciar por intereses particulares. Tiene que llevar esos proyectos de ley hasta el final”.

                HENRY (el VICEPRESIDENTE) levanta la mano. THOMAS: “Adelante, Sr. Vicepresidente”. HENRY: “Sr. Presidente, con todo el respeto, creo que tendría que atender a nuestras limitaciones”. THOMAS: “Explíquese, Sr. Vicepresidente”. HENRY: “El cambio del modelo social supondría un cambio constitucional, lo que está más allá de nuestras competencias”. THOMAS: “En ese caso daré órdenes a mis consejeros de que redacten un proyecto de ley de reforma orgánica de la Constitución; serán las Cámaras las que decidirán en último término”. HENRY: “Sr. Presidente. Le recuerdo que no tiene mayoría suficiente para aprobar ese hipotético proyecto de ley de reforma de la Constitución”. THOMAS: “En ese caso disolveré las Cámaras y convocaré nuevas elecciones... Haré todo lo que esté en mi mano para sacar esos proyectos adelante”. HENRY: “Sr. Presidente, ¿es consciente de lo que ha dicho?” THOMAS: “Soy plenamente consciente”.

                Hay un murmullo en la sala. THOMAS: “Sr. Ministro de Economía, prosiga...”

 

                Unos días después, THOMAS se encuentra en su residencia oficial, en Ottawa. ÉL y BÁRBARA están mirando las noticias por televisión. En la pantalla aparecen imágenes de un terremoto, que ha sembrado de escombros la ciudad de Los Ángeles. Hay miles de muertos.  BÁRBARA: “Thomas, creo que deberías ir allí”. THOMAS: “Yo también lo creo; pero tú vienes conmigo”. BÁRBARA asiente.

THOMAS llama a HENRY: “Sr. Vicepresidente, prepare mi avión oficial y anule mis compromisos durante los próximos dos días. Mañana iré a Los Ángeles, con mi mujer. Pásenme a recoger a las 9”. HENRY: “Como desee, Sr. Presidente”.

 

THOMAS y BÁRBARA salen de la residencia oficial. Se introducen en una limusina y son escoltados por motoristas, hasta el aeródromo militar de Ottawa. Allí les espera un prototipo último modelo de propulsor vertical. THOMAS: “¿Qué aparato es éste?, nunca lo había visto antes”. HENRY: “Es un ASPID BX-57. Es un modelo revisado y perfeccionado del anterior SPEED AX-40”. THOMAS: “¿Ha sido probado? HENRY: “Por supuesto”. THOMAS: “Bueno, hay prisa. Nos veremos en el consejo del viernes, como siempre”. HENRY: “Por supuesto”. THOMAS y BÁRBARA se introducen en el aparato. HENRY lo ve despegar con una sonrisa sardónica en la boca.

 

CHARLES está viendo las noticias. En la televisión hay un reportero delante de un montón de escombros. REPORTERO: “... De momento se han contabilizado unos 50.000 fallecidos y centenares de miles de heridos de distinta consideración. Éste es uno de los terremotos más devastadores de la Historia, con una intensidad superior a la del terremoto de San Francisco de 1906. El Presidente del Gobierno Universal se traslada en estos momentos a la ciudad para mostrar su apoyo y solidaridad al pueblo de California...” De pronto el reportero queda mudo (le llegan noticias desde un dispositivo situado en su oreja derecha). REPORTERO: “Señores espectadores. Tengo la dolorosa obligación de comunicarles otra desgraciada noticia, sucedida hace alrededor de una hora: me informan desde la redacción central de que el aparato en el que volaba el Presidente y su esposa se ha estrellado por razones desconocidas en las Montañas Rocosas de Norteamérica. Se trataba de un modelo ASPID BX-57, que acababa de ser puesto al servicio de la oficina de la Presidencia. Todavía no se conocen las causas del siniestro, pero testigos oculares afirman haber observado cómo el aparato perdió altura desde una altitud de 35.000 pies, y posteriormente se estrelló contra la ladera de una montaña. Por favor, estén atentos a su pantalla. Les pasamos con la redacción central, en Ottawa”.

 

CHARLES está sollozando, delante de la televisión, sin ni siquiera mirarla. En la pantalla aparece un rótulo que dice: “Mensaje del vicepresidente del gobierno, Sr. Henry Solomon”. HENRY: “Señoras y señores. Hoy es un día infausto que será recordado durante mucho tiempo por todos los hombres de buena voluntad. A la desgracia en Los Ángeles, hemos de sumar una pérdida irreparable, la del Presidente Thomas Cavite y su esposa. Thomas fue el amigo del pueblo, el benefactor de la sociedad. La culminación de su sacrificio por los demás se ha producido el día de hoy, en el que, a resultas de la fatalidad, ha dado su vida por la de los miles de damnificados de California. Este gesto nunca será olvidado... por el pueblo (le cae una lágrima de cocodrilo), ni por sus amigos que le apreciaban, entre los que yo, humildemente, me cuento”. Pasa un instante de silencio, durante el cual HENRY hace las veces de hombre muy afligido. HENRY: “Señores espectadores. En virtud del mandato que me otorga la Constitución, me veo en la obligación de asumir, en funciones, los poderes de nuestro querido Presidente, hasta que sea oficialmente investido por la Cámara. Desde ese momento, me comprometo a continuar con lealtad la política de nuestro Presidente, tal como él lo hubiera deseado...”. La televisión sigue emitiendo una programación extraordinaria. CHARLES está tumbado en el sofá, cabeza abajo, sollozando.

 

En el despacho de LEONARD. Éste está viendo la televisión. De repente la apaga, se pone el abrigo, y se despide de su SECRETARIO: “Me voy a casa”.  SECRETARIO: “Pero señor...” Se queda con la palabra en la boca, porque LEONARD cierra la puerta con un portazo.

 

CHARLES continúa tumbado en el sofá de su casa. Son altas horas de la noche. Está despierto, mirando fijamente al techo. Entonces suena el videofono. CHARLES lo enciende y oye una voz desconocida (la pantalla está en blanco; no hay imagen). VOZ DE LEONARD: “Sr. Charles Cavite, es importante que acuda, con la mayor brevedad, a la siguiente dirección: Battery Lane, número 47, Londres. Tiene que ver con la muerte de su hermano. Recuerde: Battery Lane, 47". CHARLES: “Oiga, ¿quién es usted...? El individuo cuelga. CHARLES queda perplejo. Después de un momento de reflexión, se pone la chaqueta y arranca su coche.

 

CHARLES está conduciendo por una carretera desierta, aunque hay un detalle que le inquieta. Aparcados, en la entrada de Londres, observa numerosos vehículos militares. Finalmente llega a la dirección indicada. Se trata de una calle de las afueras, en la parte alta (opulenta) de Londres. Aparca delante de una gran verja de hierro. Ésta se abre de repente, y entra en un gran patio, rodeado por altos muros con numerosos dispositivos de seguridad. Seguidamente se dirige a la casa.

 

Un MAYORDOMO le abre la puerta, y le conduce por el interior de una moderna residencia, hasta un salón donde hay un hombre sentado en una butaca, al lado de una chimenea encendida (el salón está a oscuras, con la única luz del fuego de la chimenea). De momento, CHARLES no le ve la cara, porque está de espaldas. Luego se acerca, y LEONARD le dice: “Siéntate, Charles”. ÉL se sienta en una butaca próxima a la suya. El reflejo de la luz oscilante del fuego perfila unos rasgos muy marcados. Su rostro le recuerda a alguien, pero no sabe a quién.

LEONARD: “Charles, supongo que no me reconocerás, pero me conociste hace unos dos años, cuando esparcísteis... tu hermano y tú... las cenizas de vuestra madre. Yo estaba allí, a unos veinticinco metros... ¿Recuerdas?” Habla con una voz lánguida, apagada, en nada parecida a la voz grave y sonora de LEONARD en sus buenos momentos. CHARLES: “Ah, sí. Ya le recuerdo. Le comenté a mi hermano...” (entonces queda mudo). LEONARD: “Charles, tengo poco tiempo. Tengo que decirte muchas cosas, y me quedan pocas fuerzas. Así que escúchame: yo soy tu padre...” CHARLES: “¡Usted...!” LEONARD: “Sí, Charles, y tu hermano lo sabía; yo se lo dije. Por favor, escucha lo que te tengo que decir. No queda mucho tiempo”. Entonces hace una mueca de dolor, y tiene una súbita sacudida.

LEONARD (con voz aún más débil): “Soy el comandante en jefe del servicio de inteligencia del distrito occidental. Me vi obligado a repudiaros por orden del gobierno... (hace otro gesto de dolor) Fue el gobierno quien os internó en el colegio... (otro gesto), no yo. Thomas lo sabía, pero no le dije toda la verdad... (le cae una lágrima). Le oculté algo muy importante, que tú debes saber... Ahora que estoy a punto de morir, no puedo escondérselo al único hijo que me queda (otro gesto de dolor). Charles, a tu madre la asesinamos... Sí, yo también participé... por sentido del deber... La operación tenía que ser un éxito. Thomas debía poseer la llave para llevarla adelante. Charles, quiero que sepas que nunca me perdoné lo que hice... (CHARLES está boquiabierto). Pero yo no he matado a tu hermano, lo juro, han sido ellos...”

CHARLES: “¿Quiénes son ellos?” LEONARD: “La Sociedad... Un grupo de fanáticos de las altas esferas... Henry Solomon, el vicepresidente, es uno de ellos. Son unos retrógados; no quieren que cambie nada, ni siquiera... (ahora tiene una contorsión aún más violenta) Charles, no hay tiempo. Tienes que acabar con ellos, antes de que tiranicen el mundo. Son muy poderosos, pero aún hay una posibilidad...” CHARLES: “¿Cuál?, dígame, ¿cuál?” LEONARD: “La Resistencia. Es una organización... secreta, distribuida por todo el mundo. Es la única esperanza para este planeta... Charles, la tiranía que viene será mucho peor de lo que te puedas imaginar. Esa gente no tiene escrúpulos”. CHARLES: “¿Quiénes?” LEONARD: “Las Compañías y su círculo; quieren acabar con todo vestigio de humanidad para poner al mundo bajo sus pies. Quieren esclavizar a la sociedad para arrancarle hasta la última gota de sudor. Ellos han eliminado a Thomas, porque no aceptan ni siquiera sus tímidas reformas. Quieren un control absoluto, sin intermediarios. Henry Solomon es su representante en el poder...” CHARLES: “¿Y la Hermandad?” LEONARD: “Ése es otro asunto. Henry Solomon ha hecho ‘su’ revolución, y ahora la Hermandad ya no le sirve... Ellos también están en peligro. La Sociedad ha utilizado a la Hermandad sólo para desbancar el poder legítimo”. CHARLES: “¿Cómo sabe todo eso?” LEONARD: “Porque yo fui uno de ellos. Lo siento, Charles; yo no esperaba que llegarían tan lejos. Creí que se conformarían con controlar el gobierno, pero no me imaginé que tratarían de arrebatarlo... por la fuerza. Créeme, Charles, todo lo que he hecho, hasta lo más perverso, lo he hecho por patriotismo... pero nunca hubiese matado a tu hermano”.

LEONARD vuelve a tener espasmos. Se retuerce y contorsiona en la butaca. Una mano temblorosa señala una mesa. Con un hilillo de voz dice: “Charles. Ve a la mesa y tráeme ese paquete”. CHARLES lo hace. LEONARD (con el paquete en la mano): “Aquí tienes todo lo que necesitas: documentación falsa, información... He destruido los ficheros que contenían tu antigua identidad... Estás limpio” (se vuelve a retorcer). LEONARD: “Dentro de un momento llegará Roseanne, la amiga de tu madre. Ella es profesora de Historia en la Universidad de Londres, como lo fue tu madre. Los dos os dirigiréis a Barcelona, a desempeñar una misión diplomática de no mucha importancia. Tú desempeñarás oficialmente el papel de un experto en lenguas románicas...” CHARLES: “Pero yo no tengo ni idea sobre ese tema”. LEONARD: “En este paquete está todo lo que necesitas saber, estúdialo. Ella y tú os reuniréis con un agente de confianza, Richard Thompson (un antiguo amigo de Thomas), en el aeródromo de Bridgewater, esta misma noche. Partiréis en una nave oficial. En ella encontraréis todo lo necesario: ropa, dinero, y todo eso... Tenéis el plan de vuelo y todos los papeles en regla... Hasta Barcelona. Después os las tendréis que arreglar solos”. CHARLES: “¿Dónde está ese sitio?”. LEONARD: “A orillas del Mediterráneo. Es una pequeña ciudad rodeada por el desierto. Hay problemas de tipo nacionalista (otra vez). Vuestra misión oficial será elaborar un informe exploratorio de la situación. En el sobre tenéis las señas de vuestro contacto oficial... (otro gesto de dolor). Pero vuestra misión real será poneros en contacto con los ‘padres blancos’, ellos os dirán lo que tenéis que hacer”. CHARLES: “¿Dónde los encontraremos?” LEONARD: “En una montaña, un lugar sagrado y remoto, rodeado de desiertos... Viven en las cuevas, según creo. No sé más. Recuérdalo, vais en misión oficial hasta Barcelona. Después... depende de vosotros”.

En ese momento cae desmayado. Charles comprueba, por el pulso, que todavía vive. Entonces llama al MAYORDOMO. ÉSTE se ocupa de LEONARD y CHARLES va, con el paquete, al hall de entrada. Se sienta en una silla y abre el paquete. En él encuentra, además de documentación falsa, algunos informes confidenciales sobre la situación en Barcelona, y algunos fundamentos sobre las lenguas que, remotamente, se hablaban en esa ciudad (catalán y castellano). En ese momento llaman a la puerta. Es ROSEANNE. CHARLES abre y se presenta. CHARLES: “Hola, soy Charles Cavite, hijo de Linda. Nos conocemos, ¿recuerda?” ROSEANNE: “Sí, por supuesto. ¿Qué hace usted aquí?” CHARLES: “Exactamente lo mismo que usted”. En ese momento, el MAYORDOMO, muy afligido, dice que LEONARD ha muerto. CHARLES, indiferente, dice: “Entonces no tenemos nada más que hacer aquí”. Le da la mano al MAYORDOMO y dice: “Le acompaño en el sentimiento”.

 

Fuera de la casa. CHARLES: “Iremos en mi coche”. ROSEANNE: “Pero, ¿y el mío?”. CHARLES: “Deme su llave. Se la daré al mayordomo”. ROSEANNE es reticente. CHARLES: “Vamos, no hay tiempo que perder”. ROSEANNE se la da. Entonces CHARLES vuelve a la casa. CHARLES (dirigiéndose al MAYORDOMO): “Le aconsejo que desaparezca de aquí esta misma noche. Coja el coche de mi amiga (aquí tiene sus llaves), y todo el dinero que pueda conseguir, y vaya lo más lejos posible de esta casa”. El MAYORDOMO asiente compungido. CHARLES se despide y vuelve al coche. Por el camino CHARLES le explica a ROSEANNE lo que le ha dicho LEONARD. ROSEANNE: “Me imagino que será muy duro para usted: en una noche ha perdido a su hermano y a su padre”. CHARLES: “Por lo que a mí respecta, sólo he perdido a mi hermano”. ROSEANNE: “De todos modos, es triste una muerte así, solo, y sin amor...” (se emociona). CHARLES: “Señora, está hablando del asesino de mi madre”. ROSEANNE se calla. No vuelven a hablar durante el trayecto hasta el aeródromo.

 

Cuando llegan, atraviesan el puesto de control. Enseñan la documentación falsa y entran en una explanada, enfrente del hangar principal. Aparcan el coche y, con el paquete, se dirigen a un propulsor a punto para despegar. En la escalerilla les espera RICHARD THOMPSON. Éste les saluda y todos se dirigen al interior del aparato. RICHARD coge los mandos y despega.

 

Mientras que el propulsor está en vuelo, con el piloto automático conduciendo el aparato a su lugar de destino, RICHARD se explica: “Yo fui compañero de Thomas cuando él trabajaba en la Compañía Servilogic. Mi labor real era, por supuesto, controlarle y vigilarle; pero sentía un auténtico aprecio por él. En realidad, lo consideraba mi auténtico amigo... extraoficialmente, por supuesto. Me supo muy mal que rompiera su amistad conmigo después de descubrir la verdad sobre mí. Ahora soy un lobo solitario, como ustedes dos... supongo (ellos hacen un gesto de asentimiento con la cabeza). Recientemente mi mujer me ha abandonado (con una sonrisa en la boca): estaba harta de mis infidelidades... Por eso he aceptado esta misión. Necesito ponerle un poco de emoción a mi mustia vida”. CHARLES: “Supongo que tendrá algún otro motivo”. RICHARD: “Claro, claro: a mí tampoco me gustan esos tipos de la Sociedad. Sólo verlos me producen escalofríos. Son... siniestros”. CHARLES: “Leonard también lo era”. RICHARD: “Es diferente. Él trabajaba para ellos... pero su misión real era controlarlos. Por desgracia, se les ha escapado de las manos. Son demasiado listos. Créame, él pretendía proteger a su hermano... Pero ellos se le han adelantado”. CHARLES: “Estoy confuso... Es todo demasiado complicado para mí. ¿Me quiere decir que mi hermano era sólo una marioneta, que no tenía un poder real?” RICHARD: “En cierto modo lo que usted dice es cierto... Cuando ha pretendido tomar iniciativas por sí sólo, cuando se ha salido del guión, lo han eliminado. Ahora nadie les puede controlar... y aún menos Leonard, por supuesto”.

ROSEANNE: “Explíquenos algo sobre nuestra misión, la oficial y la extraoficial”. RICHARD: “Comenzaré por la primera. Recientemente se han producido unos enfrentamientos de tipo nacionalista entre dos comunidades, la que tiene origen castellano y la que tiene origen catalán. Ambas lenguas se han perdido, pero el proyecto de recuperarlas en las escuelas enfrenta a ambas comunidades en torno a cuál de ellas ha de ser la hegemónica. La autoridad central no ve con agrado la idea de introducir ambas en la misma región, por lo cual la cosa se complica. Su misión oficial consistirá en recabar información y facilitársela a las autoridades, de cara a elegir cuál de las dos lenguas será la que finalmente se introduzca en la zona”. ROSEANNE: “¿Tiene alguna idea de cuál era mayoritaria antes de su desaparición?” RICHARD: “Según mis informes, una lengua llamada catalán; pero en la zona vive una importante minoría de origen castellano, que no acepta que le impongan esa lengua”. ROSEANNE: “Por lo visto este problema no tiene solución”. RICHARD: “No, no la tiene. Y como saben, en realidad, tampoco es de nuestra incumbencia. Sin embargo, afortunadamente, además de darnos cobertura oficial, nos facilita el trabajo. Y ahora paso a hablarles de nuestra misión extraoficial: hay una comunidad religiosa, los ‘padres blancos’, que habita en mitad del desierto, en una montaña (que llaman la ‘Montaña Sagrada’), situada a unos sesenta kilómetros de Barcelona. Se da la afortunada coincidencia de que es el último reducto donde el catalán pervive como lengua hablada, y al mismo tiempo, según nuestros informes, es un importante centro de coordinación de la Resistencia en este lado del Atlántico. Nuestra misión será ponernos en contacto con esa comunidad, amparándonos en nuestra misión oficial. Ellos nos indicarán qué hacer después”. CHARLES: “¿Cómo espera que nos faciliten información?” RICHARD: “Eso déjenlo de mi cuenta. Miren, ya estamos llegando”.

En la imagen aparece una ciudad costera, rodeada de desiertos arenosos, y un mar de un azul intenso. Al fondo, en la lejanía, ven una montaña con unas formas caprichosas y fantasmagóricas. Entre medio, observan remolinos que aparentan ser tormentas de arena. RICHARD: “Miren, aquella montaña es la ‘Montaña Sagrada’. Creo que lo más difícil será llegar a ella: no hay carreteras, ni caminos, ni fuentes. El calor es horroroso, y las tormentas de arena temibles. Barcelona está resguardada de ellas porque está rodeada de montañas. La única agua de que disponen es la que desalinizan del mar. Por lo demás, es un villorrio pestilente”.

 

Aterrizan en el aeródromo. Allí les espera el delegado del Gobierno Universal, vestido elegantemente. Los tres salen del aparato con sus maletas y se introducen, con el delegado, en una especie de furgoneta. Fuera hace un calor intenso (más de cuarenta grados). La estrecha carretera, llena de baches, atraviesa un paisaje desolado, arenoso, árido. Las montañas cercanas están carcomidas por las cárcavas. La llanura litoral (el antiguo delta del Llobregat) ha desaparecido, y la línea costera se ha aproximado a las montañas de la cordillera litoral. En ella se desparraman algunos oasis regados con el agua del mar. La ciudad consiste en algunas concentraciones de casuchas con calles sin asfaltar. Por todos lados hay ruinas de antiguas construcciones (entre ellas, en mitad de una isla rodeada por el mar, un antiguo estadio olímpico). Más allá está el puerto. Curiosamente, de entre medio del agua surge una columna metálica, encima de la cual se yergue la estatua de un individuo vestido de forma extraña, que apunta hacia algún lugar situado al Este. Más allá, las torres hexagonales de una antigua iglesia se elevan, como un espectro, desde la superficie del mar.

 

El DELEGADO DEL GOBIERNO les deja en su alojamiento, en un hotel situado en el centro de la ciudad. DELEGADO: “Bueno, espero que su estancia en esta ciudad sea lo más confortable posible. Su primera cita tendrá lugar a las doce del mediodía, en la sede de la delegación del Gobierno. Hasta entonces, que descansen”. CHARLES: “Muchas gracias, señor”. El DELEGADO marcha y los tres se quedan solos. RICHARD y ROSEANNE van a sus respectivas habitaciones, a descansar. CHARLES se tumba en la cama de su habitación. Durante unos instantes reflexiona, y seguidamente comienza a repasar los papeles para preparar la reunión del mediodía.

 

En la delegación del Gobierno. Están CHARLES, ROSEANNE, el DELEGADO, y los REPRESENTANTES de las dos comunidades en conflicto. REPRESENTANTE CATALÁN: “Con su venia, hago saber a los ilustres representantes del Gobierno Universal, que este territorio, desde hace 1300 años, ha sido habitado por un pueblo con una cultura y una tradición tan o más antigua que la que representa este señor (haciendo referencia al REPRESENTANTE CASTELLANO). No es justo que en estos momentos, en que se trata de recuperar las tradiciones del pasado, se nos imponga una lengua extranjera, de un pueblo que ocupó nuestra patria hace más de 500 años, por la fuerza bruta...” REPRESENTANTE CASTELLANO: “Señores representantes del Gobierno Universal. Este individuo les pretende impresionar con lecciones de Historia sin tener en cuenta que la mitad de la población en este territorio no quiere que se le imponga una lengua que no es la suya. Por supuesto, no vemos mal que quienes quieran aprenderla lo hagan. Pero permítannos aprender a nosotros nuestra propia lengua...” REPRESENTANTE CATALÁN: “¡Claro, y legitimar una ocupación de hecho por parte de elementos extraños a nuestra cultura: una sola nación requiere una sola lengua, y a quien no le guste que se vaya!” REPRESENTANTE CASTELLANO: “¡Olvida, señor..., que el sudor de esos ‘ocupantes’ levantó este país...!” REPRESENTANTE CATALÁN: “¡Y son ellos los que nos vendieron al Gobierno Universal, los que destruyeron ‘nuestra’ cultura!” REPRESENTANTE CASTELLANO: “¿Traidores nosotros...? ¡Ustedes son los traidores, los representantes del imperialismo de Ottawa. Ustedes entregaron el país por un plato de lentejas...!”

Entonces se inicia un forcejeo que amenaza con llegar a las manos. ROSEANNE trata de mediar: “Señores, calma, por favor. Seamos civilizados. Veo que ambas comunidades tienen argumentos convincentes. Se trata simplemente de pensar que en realidad todos ustedes forman un único pueblo, un país unido en lo esencial... ¿Por qué no tratan de convivir armoniosamente? El Gobierno Universal no pretendió recuperar las lenguas para volver a los conflictos de la época oscura. ¿No es posible alcanzar un compromiso válido para todos?” REPRESENTANTE CASTELLANO: “¿Compromisos? ¿Se le ocurre alguno?” BÁRBARA (dubitativa): “Bueno, por ejemplo, que el órgano competente de la enseñanza en catalán tenga sede aquí, y que el órgano competente del castellano sea una subdelegación de Madrid. ¿No sería una solución satisfactoria para todos?” El REPRESENTANTE CATALÁN se levanta: “¡En absoluto! ¿Y legitimar la infame ocupación de nuestra patria por una comunidad extranjera...?” BÁRBARA: “Por supuesto, Barcelona sería la sede de otras zonas de habla catalana”. REPRESENTANTE CATALÁN: “De acuerdo, lo pensaremos. Pero no aseguro nada”. DELEGADO: “Sugiero que nos demos dos o tres días para reflexionar. Mientras tanto, la representación del Gobierno puede continuar su labor poniéndose en contacto con otras entidades y organizaciones de la vida social de este país. Nos veremos el próximo viernes a esta misma hora”. CHARLES: “Sr. delegado, así lo haremos” (hace un guiño a ROSEANNE). Todos se levantan. El REPRESENTANTE CASTELLANO y CATALÁN tratan de salir a la vez por la puerta. Ninguno se decide a cederle el paso al otro. CHARLES llega, los aparta, y pasa entre medio de los dos sin ningún miramiento. ELLOS lo miran atónitos.

 

Mientras tanto, RICHARD está en la calle, buscando algún medio de transporte para ir a la Montaña Sagrada. CIUDADANO: “Yo no conozco ninguna manera de llegar allí, como no sea a pie. Y eso con dificultades... Las tormentas de arena pueden ser mortales, y el calor del desierto es insoportable”. RICHARD: “¿No hay ninguna manera de llegar con un vehículo; en jeep, por ejemplo?” CIUDADANO: “En absoluto: el terreno es demasiado escarpado, y las pistas han desaparecido. Además, entre medio hay dunas; y no hay vehículo que las atraviese...” RICHARD: “¿Y por aire?” CIUDADANO: “No lo creo, señor. Este país es demasiado pobre”. RICHARD: “Muchas gracias” (le da un billete). El CIUDADANO lo recoge agradecido: "No se merecen, señor”.

 

RICHARD llega a un mercado (primitivo) situado en un antiguo cruce de autopistas (Els Encants). Allí hay numerosos campesinos que comercian con precarias mercancías: dátiles, melones, algunas hortalizas... Ve una reata de mulos. RICHARD (a su propietario): “¿Me vendería esos animales?” PROPIETARIO: “No señor, ellos me dan de comer”. RICHARD (le enseña un enorme fajo de billetes): “¿Le parece suficiente?” PROPIETARIO: “Por supuesto; con esto podría comprar hasta un tractor”. RICHARD: “Trato hecho. Ah, antes de nada. ¿Me enseña a montarlos?”

 

CHARLES está en la habitación tratando de dormir, pero no puede. De repente escucha un gran ajetreo procedente del exterior. Se oye el relinchar de los mulos, que están aparcados en la calle, atados a una farola. Un montón de niños, semiharapientos, se arremolinan alrededor, haciendo carantoñas delante de los mulos. RICHARD les dice que los dejen en paz. En fin, hay un guirigay de cuidado. CHARLES se asoma por la ventana y, riendo, ve toda esta escena. RICHARD está montado (precariamente) en uno de los mulos. Estos están cargados con unos arreos con comida y agua. RICHARD: “¡Ea, Charles, prepárate, que nos vamos!” CHARLES: “¿Qué, cómo, cuándo?” RICHARD: “¡Ahora!” ROSEANNE se asoma desde otra ventana, y dice: “Vamos, Charles, no hay tiempo que perder”.

 

CHARLES, RICHARD y ROSEANNE están montados, cada uno, en un mulo. Los tres están unidos por una cuerda. Los mulos van, a paso lánguido, por medio de una ancha avenida por la que no pasan coches. Luego toman la salida del antiguo río Llobregat, y atraviesan campos precarios de secano, y algunos huertos. Un poco más allá el terreno es completamente estéril.

 

RICHARD: “Quién me iba a decir a mí que acabaría conduciendo una caravana en el desierto”. BÁRBARA (en tono divertido): “El futuro es un libro con páginas en blanco”. De repente, se escucha un ¡Ah! que proviene del mulo de CHARLES: éste está cabeza abajo, colgando de la silla del mulo, que sigue caminando imperturbablemente (se le había roto una correa, y la silla se había puesto del revés). Todos ríen, menos CHARLES: “¡Sacadme de aquí!”

 

A medio camino, es noche cerrada. Deciden acampar. Hace mucho frío, pero no tienen nada con lo que hacer un fuego. RICHARD: “Si no hacemos algo rápido nos moriremos de frío”. CHARLES: “Ya podrías haber pensado en eso, ¿no, caravanero de pacotilla?” ROSEANNE: “Tengo una idea: podemos bailar”. Entonces se pone a bailar algo parecido un fox-trot, con una botella de ginebra en la mano, a la que le pega algunos lengüetazos. Divertidos, los otros dos la imitan.

 

Al día siguiente, despiertan derrengados. Los tres están abrazados, para darse calor, y tienen una considerable resaca. RICHARD es el primero que se despierta. Mira el horizonte, y sólo ve una considerable extensión de dunas; en el otro lado lo mismo. Pero los mulos no están. Entonces se pone en pie: “¡Los mulos, se han escapado!” Los otros dos se despiertan de pronto, confusos y abotargados. CHARLES: “¿Mulos, qué mulos? ¡Ah! ¡Los mulos! (Se da palmadas en la cara como un loco) ¿Y ahora qué haremos?”. ROSEANNE no contesta; recoge el macuto con los documentos y comienza a andar. Los otros dos hacen lo mismo.

 

Son las doce del mediodía. Han recorrido 15 kilómetros, pero faltan 15 más para llegar a la montaña. La temperatura es de 52 grados a la sombra (pero no hay ninguna sombra a la vista). Los tres están completamente agotados. CHARLES se tira en la arena, y RICHARD trata de levantarlo. ROSEANNE (que tiene 67 años) sigue adelante. CHARLES: “No puedo más; dejadme aquí, ya no puedo más... Tengo sed, mucha sed”. ROSEANNE vuelve atrás y le da un poco de agua. Entonces se quita el macuto, le saca la estructura de aluminio, la clava en la arena, y le pone a su alrededor una pieza de tela. Coloca la cabeza de CHARLES debajo de la zona de sombra creada por esa precaria pantalla, y le dice a RICHARD: “Tú quédate aquí con él. Yo vendré con ayuda antes del anochecer... Y procura que no te dé demasiado el sol”. RICHARD la mira con cara de disgusto: “Será graciosa la bruja...”

 

ROSEANNE, a duras penas, llega a la montaña cuatro horas después. En la falda de la montaña ve algunos huertos, y una fuente. Entonces empieza a beber frenéticamente. Un campesino la ve y le dice: “¡No, espere!” Viene corriendo y la encuentra encorbada en la fuente, con las manos haciendo cuenco para beber agua. CAMPESINO: “No beba más. En su estado el agua fría la matará”. ROSEANNE: “No se preocupe por mí, estoy bien. Pero he dejado a dos compañeros en mal estado, a unos 15 kilómetros de aquí”. El CAMPESINO le dice: “Espere un momento, iré por ayuda”. Entonces marcha corriendo (viste un traje de beduino y calza unas babuchas).

 

En ese momento RICHARD está al lado del cuerpo exangüe de CHARLES. RICHARD se ha ingeniado un precario gorro con un pañuelo anudado por las cuatro esquinas, y está abanicándose como puede con algunos papeles del macuto. De repente ve a un escorpión paseándose por el torso (desnudo hasta la cintura) de CHARLES. RICHARD: “Charles, no te despiertes; hazme este favor”. RICHARD no sabe qué hacer: si lo echa lejos (con los papeles) puede cometer un error... fatal. Decide esperar. Finalmente, el escorpión baja por el costado y, sin tocar el brazo derecho (CHARLES tiene los brazos en cruz) marcha lejos. RICHARD suspira aliviado.

 

ROSEANNE, el CAMPESINO y un MONJE (los tres con sombrero de ala ancha) están montados en tres mulos. Detrás tienen atados dos caballos, para RICHARD y CHARLES. CAMPESINO: “Habrá que darse prisa: se aproxima una tempestad”. A lo lejos ven un enorme remolino de arena que se aproxima a toda velocidad. ROSEANNE: “Si no llegamos pronto a donde están, nunca los encontraremos”.

 

Finalmente los localizan, pero en ese momento tienen la tempestad encima. CHARLES está mal: deshidratado y con fiebre. RICHARD está mejor. El MONJE, que tenía conocimientos de medicina, atiende a CHARLES. En el preciso momento en que pasa la tempestad, se cubren con una enorme y pesada lona, para protegerse. Más allá, los caballos relinchan asustados. Tras media hora, la tempestad amaina. Deciden pasar la noche allí.

 

Al día siguiente, por la mañana, se ve llegar, en la falda de la montaña, a la triste caravana. Está compuesta por los mulos de ROSEANNE, RICHARD y el MONJE, que marchan montados, y por CHARLES, que está reclinado, inconsciente, sobre su caballo. El CAMPESINO va de pie, al lado de CHARLES, para cuidar de que éste no caiga (el último caballo va detrás, sin ocupante). El ABAD de la comunidad de los padres blancos los espera inquieto.

 

El ABAD acompaña a RICHARD y a ROSEANNE a la enfermería (CHARLES es transportado en unas esterillas por el MONJE y el CAMPESINO). ABAD: “Deberían haberse puesto un sombrero; es indispensable para atravesar este desierto”. ROSEANNE mira a RICHARD, y éste, encogiéndose de hombros, dice: “Un simple descuido de intendencia...”

 

La comitiva atraviesa unas cavernas situadas en la falda de la montaña, acondicionadas al efecto para la vida de la comunidad. Su interior está iluminado discretamente por unas luces difusas, proveniente de paneles luminosos colocados en las paredes. RICHARD: “¿Cómo obtienen la energía?. ABAD (lacónicamente): “Placas solares”. Al final llegan a la enfermería y dejan allí a CHARLES. MONJE: “No se preocupen, dentro de poco se encontrará bien; basta con que duerma unas cuantas horas”. El ABAD les dice: “Acompáñenme, por favor”. ÉSTE les conduce por otra ala de las cuevas, hasta una hilera de celdas, austeras pero confortables. ABAD: “De momento pueden utilizar estas celdas desocupadas”. RICHARD: “Muchas gracias por todo...” Antes de acabar la frase el ABAD ya había marchado.

 

Varias horas después el ABAD despierta a RICHARD y a ROSEANNE. Estos se visten y salen fuera de sus celdas. ABAD: “Si quieren bañarse, antes de cenar, acompáñenme, por favor”. El ABAD los conduce a una enorme sala, iluminada difusamente, con una pequeña cascada y un gran estanque en medio. RICHARD: “Esto es muy hermoso”. ROSEANNE (dirigiéndose al ABAD): “Si no le parece mal, yo esperaré a que acabe mi... compañero”. ABAD: “Claro, claro. Acompáñeme, por favor, mientras tanto”. El ABAD conduce a ROSEANNE a la enfermería. CHARLES está despierto, y recuperado. CHARLES: “Roseanne, qué alegría. Por un momento llegué a pensar que no salíamos de ésta”. ROSEANNE: “Me alegro de que ya te encuentres bien. ¿Puedes levantarte?” El MONJE hace un gesto de aprobación. CHARLES: “¿Dónde estamos?” ROSEANNE: “En unas cuevas: vístete y las verás”. CHARLES se viste y sale de la sala, con ROSEANNE. ÉSTA le pide al ABAD que los vuelva a conducir al estanque (para no perderse). Cuando están allí, ven a RICHARD vestido con un hábito de monje, recostado en una pared. RICHARD: “Esto es vida. Nunca me había sentido tan bien...” (en tono de broma) “física y espiritualmente”. CHARLES y ROSEANNE ríen, aunque el ABAD pone una cara larga. ABAD: “Cuando hayan acabado de bañarse, les espero en el refectorio”. RICHARD: “Refec... ¿qué?” ROSEANNE: “Es el comedor, Richard”. RICHARD: “Ahh”.

 

En el refectorio. Son aproximadamente las siete de la tarde. Se trata de otra enorme sala acondicionada al efecto como comedor. Hay una mesa grande para los monjes y un púlpito para el lector. CHARLES, RICHARD y ROSEANNE, vestidos con hábitos de monje, están acompañados por el ABAD. Han acabado de cenar. ABAD: “¿Y bien, a qué se debe su... accidentada visita a nuestro monasterio? En muy pocas ocasiones tenemos invitados. Hay que tener razones muy poderosas para atravesar este desierto”. CHARLES pretende hablar pero RICHARD le corta. RICHARD: “Reverendo Abad, sabemos que ‘el fruto está maduro’”. Al ABAD se le ilumina la cara; entusiasmado, se levanta, abraza a CHARLES, RICHARD y ROSEANNE, y casi llora de alegría. ABAD: “Bienvenidos, queridos hermanos. Es la primera vez que os veo personalmente, en carne y hueso; generalmente mi contacto con vosotros es a través de las ondas... Porque vosotros...” RICHARD: “Somos de la Resistencia, célula de Londres. Nuestro servicio de inteligencia ha captado su mensaje. Estamos a su disposición”. El ABAD les dice: “Bien, bien, ya es tarde. Ahora id a dormir y por la mañana temprano hablaremos”. Los conduce a sus celdas mientras se frota las manos.

 

A la mañana siguiente, el ABAD les conduce por una galería que desemboca en un estrecho pasadizo. Luego recorren a gatas unos 25 metros y llegan a una enorme sala, de la que parten al menos diez corredores. Se introducen por uno de ellos y llegan a otra sala, con una enorme sima en medio (CHARLES está a punto de caer en ella). El ABAD silba, y desde abajo sube un aparato articulado que se para automáticamente al llegar a su nivel. El ABAD vuelve a silbar y la plataforma articulada les deja en otra galería, que lleva a otra sala. Vuelven a coger otro corredor (entre otros muchos), y finalmente llegan al centro de comunicaciones de la comunidad, protegido por una pantalla opaca contra los detectores remotos. CHARLES: “Esto es un auténtico laberinto: si no sabes dónde vas, es imposible encontrar este lugar”. ABAD: “Toda seguridad es poca”. La sala está ocupada por una enorme cantidad de ordenadores y aparatos electrónicos. Tiene una estación de radiotransmisión y un estudio de televisión. Hay varios monjes, con auriculares, a cargo de esos aparatos. ABAD: “Éste es nuestro centro de comunicaciones, que está en contacto con todas las células de la Resistencia. Desde aquí hemos difundido la señal”. RICHARD: “Que nosotros hemos captado... ¿Pero, cuál es específicamente nuestra misión?”

ABAD: “Vosotros sabéis tan bien como yo que el Presidente del Gobierno Universal ha sido asesinado por los esbirros de la Sociedad. Vuestra misión será probar que efectivamente se ha cometido un asesinato, y desenmascarar a los asesinos. Es por ello que ‘el fruto está maduro’”. CHARLES: “Pero bueno, ¿por qué estamos aquí; por qué no ir directamente a Ottawa?”. El ABAD abre una caja fuerte y le da una cajita a CHARLES: “Debéis entregar esta caja a nuestra gente en Ottawa”. RICHARD: “¿Qué hay dentro?”. ABAD: “Eso lo sabréis en su momento”. RICHARD: “Top secret, ¿no?” ABAD: “En efecto, es muy importante que el contenido de esta caja llegue indemne a su destinatario”. RICHARD: “¿Y quién es el destinatario?” ABAD: “Él os lo hará saber en el momento oportuno”. RICHARD: “Ya”.

ABAD: “Esta vez la Sociedad ha cometido un error. Si conseguimos obtener pruebas concluyentes que demuestren su implicación en este terrible asesinato... será posible arrastrar al pueblo en nuestra lucha por la libertad”. RICHARD: “¿Cómo sabe que nosotros no somos agentes de la Sociedad...?” ABAD: “Este señor (refiriéndose a CHARLES) es el hermano del Presidente, ¿no es cierto?” CHARLES: “En efecto, ¿cómo lo ha sabido?” ABAD: “Leonard Cavite nos comunicó su llegada”. RICHARD: “¿Cómo, tenía su código?” ABAD: “Leonard fue nuestro contacto en la Sociedad; en realidad era... un agente doble”. CHARLES: “Él... ¿trabajaba para la Resistencia?” ABAD: “Sin él la Resistencia habría sido desarticulada hace mucho tiempo. Él ha salvado muchas vidas, y créame, corría un grave riesgo... Siento mucho su muerte. Los demócratas de este planeta le debemos mucho”. CHARLES queda impactado por el shock emocional. ROSEANNE lo mira: “¿Te encuentras bien?” CHARLES: “Sí, sí, estoy bien. Simplemente es que... estoy confuso”.

 

ABAD: “Comprendo que Charles Cavite debe estar pasando un mal momento. Pero aún os debo enseñar otra cosa”. Los cuatro vuelven a desandar el camino, y llegan a la falda de la montaña. ABAD: “Os advierto que el camino es largo”. Entonces empiezan a subir por un sendero sinuoso hasta el nivel del antiguo monasterio, completamente destruido (desde allí, al otro lado de la montaña, se vislumbra una considerable extensión de verdes campos, primorosamente cultivados). Después les conduce por entre medio de las ruinas, hasta un antiguo claustro. Allí hay al menos 50 MONJES rezando y desfilando en círculo alrededor de un olivo. El ABAD les dice en catalán: “Pareu, descanseu. El Senyor us disculparà per uns minuts”. Los MONJES se retiran.

ABAD (muy cerca del olivo): “Mirad esto”. El ABAD les muestra un pequeño brote verde que sale de un olivo completamente seco, aparentemente muerto. ABAD: “Este olivo estaba muerto desde hace más de doscientos cincuenta años. Y justo ahora, en este momento, ha rebrotado. ¿No es maravilloso?” RICHAD, CHARLES y ROSEANNE se miran perplejos. ROSEANNE: “¿Usted cómo lo interpreta?” ABAD (elevando los brazos al cielo): “Es una señal... mi corazón me lo dice. Es mucho más que una casualidad: ¡es un milagro!”. CHARLES: “Me permitirá que sea un poco escéptico sobre sus creencias. Pero, ¿cómo está tan seguro de que se trata de un milagro?”

ABAD: “Hace 250 años este olivo era ya milenario. Al inicio de la época oscura, la guerra, la desertización y el hambre produjo la muerte de todos los monjes del monasterio. En ese preciso momento el olivo se secó. Desde hace unos cien años, cuando este monasterio fue refundado (ésta vez en las cuevas), nuestra comunidad ha estado rogando, en torno a este olivo, por el alivio de los males del planeta, por el perdón de nuestros pecados... En fin, esperábamos una señal: una rama del olivo verdecida, como en la cima del monte Ararat, después del Diluvio. Y este momento ha llegado. Vosotros sois la primera llama de esperanza en este mundo de tinieblas. Tened fe, hermanos, porque al final la verdad triunfará...” 

Súbitamente, el ABAD recompone su antigua compostura. ABAD: “Venid conmigo” (hace señal a los monjes de que continúen rezando). RICHARD: “¿Es por ello que las celdas están vacías?” ABAD: “Sí, los hermanos pasan el día aquí, rogando a Dios por la salvación de este mundo”. ROSEANNE: “Y... los campos, ¿quién los cultiva?” ABAD (la mira con cara de extrañeza): “Los campesinos, por supuesto”. Los cuatro descienden en silencio hasta la falda de la montaña.

 

Vuelven a estar en el refectorio. ABAD: “Os explicaré el plan de huida. De momento permaneceréis aquí. Mañana, a las doce de la noche, los monjes del monasterio iniciaremos una solemne procesión hasta la catedral de Barcelona, para consagrar este brote el domingo por la mañana. Vosotros vendréis con nosotros, camuflados, y en la confusión del momento (habrá miles de personas en la catedral y en los alrededores), desapareceréis entre la muchedumbre”. RICHARD: “¿Qué día es hoy?” ABAD: “Viernes”. RICHARD: “Entonces ya nos habrán dado por desaparecidos: nos estarán buscando o nos habrán tomado por unos impostores. En cualquier caso, tendrán la nave controlada”. CHARLES: “¿Cómo llegaremos a Ottawa, entonces?” ROSEANNE: “Ya pensaremos algo; mientras tanto, disfrutemos de estos momentos de paz”. ABAD: “Por cierto, antes de que se me olvide, recordad que la hoja de un olivo ‘siempre es verde’” Los tres lo miran con extrañeza. RICHARD: “¿Cómo contactaremos con la célula de Ottawa?” ABAD: “No os preocupéis: ellos llegarán a vosotros”.

 

Ottawa, sede central del Gobierno. HENRY SOLOMON está reunido con las fuerzas de Seguridad. HENRY: “¿Qué hay del comisario Leonard Cavite? ¿Se sabe algo de él?” OFICIAL DE ALTA GRADUACIÓN: “Sí señor, ha sido encontrado muerto (por envenenamiento) en su domicilio”. HENRY: “Tenía que haberlo supuesto: Leonard era un hombre fiel, pero no toleraría la muerte de su propio hijo... ¿Qué ha dicho el mayordomo?” OFICIAL: “Ha desaparecido, señor”. HENRY: “Humm. Habrá que contemplar todas las posibilidades: ¿Han tenido noticias de Charles, el hermano de Thomas?” OFICIAL: “No, señor. También ha desaparecido”. HENRY: “¿Han captado alguna maniobra extraña desde la muerte de Leonard; por ejemplo, la desaparición de algún agente, de alguna nave, o algo parecido?” OFICIAL: “De hecho sí. Pocas horas después de la muerte de Leonard (el momento preciso lo conocemos a partir del análisis de la autopsia), el agente Richard Thompson partió en una misión oficial (prevista desde hace algunas semanas), con destino a Barcelona. Con él iban dos representantes oficiales, debidamente acreditados... Pero... hace unos momentos nos han informado de que no se han presentado a una cita concertada hace algunas horas. No se ha vuelto a saber nada de ellos”. HENRY: “Habrá que estar pendiente de este asunto. ¿Llegaron a esa ciudad con una nave oficial?” OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Colóquenle dispositivos de rastreo”. OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Y asígnele una nave de seguimiento. Tal vez ellos nos conduzcan al núcleo duro de la Resistencia”. OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “¡Ah!, por cierto. Bajo ninguna circunstancia... ¡no les pierdan de vista! Y si tratan de escapar, destruyan la nave. Si los otros dos tripulantes son quienes imagino que son, en ningún caso debemos perder su rastro. ¿Entendido?” OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Bien, ya puede retirarse”. OFICIAL: “Muchas gracias, señor”.

 

Por la noche, en el monasterio. CHARLES está tumbado en la cama, mirando al techo. De repente entra RICHARD y se sienta a su lado. Le pone la mano en el hombro y le dice: “Oye, Charles, no debes torturarte. Me imagino lo que debes estar sintiendo, pero no tienes que dejarte arrastrar... por las malas pasiones. No odies a tu padre..., ya has visto que...” (en ese momento no sabe como continuar). CHARLES (a duras penas aguantándose las lágrimas): “Él mató a mi madre. Es lo único que me importa. Me trae sin cuidado que lo hiciera con las mejores intenciones, o que salvara a gente inocente... Él es el asesino de mi madre; y en cierto modo el cómplice de la muerte de mi hermano”. RICHARD: “Charles, lo que dices no es justo. Mira, a su manera, él también murió por la defensa de sus ideas, como tu madre y tu hermano. Los tres se han comportado muy valerosamente... Has de pensar que cualquier otro, en su lugar, hubiese hecho lo mismo que él...; era su deber. Pero al menos, él actuaba (cruelmente si quieres) en defensa de un ideal..., que ha resultado ser el de la libertad. Entiéndelo, si él no hubiese hecho lo que hizo, todo aquello por lo que lucharon tu madre y tu hermano... sería una quimera”. CHARLES: “¡No lo sé, no lo sé! ¡Estoy tan confuso!” RICHARD: “Charles, tu padre vivió y murió solo, sin amor, sin cariño, sin calor. Pero estoy seguro de que él os quería: a ti, a Thomas, y a Linda; a su manera, pero os quería. Y él lo ha sacrificado todo en defensa de su ideal. Por favor, no manches su memoria ahora que está muerto”. Entonces va a la puerta y desde ella le dice: “Con el tiempo lo comprenderás, supongo”. Cierra, y CHARLES se tapa la cara con las manos.

 

Al día siguiente, a medianoche, todo está listo para partir. Los cincuenta monjes del monasterio, el ABAD, y nuestros tres amigos, montan sus caballos. El ABAD da la orden de partida y la comitiva comienza su recorrido hacia Barcelona. La escena es emocionante: todos los participantes llevan en la mano una antorcha. Todos los hermanos del monasterio están cantando música religiosa (canto gregoriano). CHARLES, RICHARD y ROSEANNE también visten un hábito de monje. Ellos también portan una antorcha encendida.

 

Ya en las primeras horas del alba, la comitiva está a punto de alcanzar Barcelona. Los vecinos los esperan emocionados, arremolinados a lo largo de la vía de acceso a la ciudad (a lo lejos se oye un sonido de fondo que corresponde a los cánticos de los monjes; también se ve un reguero de antorchas encendidas que parpadean en la oscuridad). Cuando llegan a la ciudad, los vecinos los reciben con aleluyas, agitando ramas de palmera y arrojándoles pétalos de flores. Hay una gran algarabía en las calles, hasta la llegada a la catedral (nuestros tres amigos observan un importante control policial, tanto en las calles como en el entorno de la catedral).

 

Ya en la catedral, nuestros amigos continúan en la comitiva, instalándose en el coro, con el resto de monjes. El ABAD inicia la ceremonia de consagración de la rama de olivo. La catedral está repleta, y hay policías por todos lados. Cuando acaba la ceremonia, todos los monjes (incluyendo nuestros amigos) besan por turno la rama de olivo. Después se dirigen, también en orden, al claustro. Allí los monjes comienzan a cantar. El ABAD se dirige a nuestros amigos y les señala la entrada de una sala lateral. Nuestros amigos se cambian con ropa civil. ABAD (dirigiéndose a CHARLES): “Te doy esta hojita de olivo. Guárdala como si de una preciada joya se tratara... Y recuerda que la hoja de olivo ‘es siempre verde’”. CHARLES: “Gracias, reverendo”. Los otros dos se despiden también y luego, los tres, vuelven a la catedral, mezclándose con el gentío.

 

Una vez fuera de la catedral, nuestros amigos se introducen en la riada humana que se dirige a los suburbios (la ciudad es tan pequeña que el transporte público prácticamente es inexistente). CHARLES: “¿Y ahora qué hacemos?”. RICHARD: “Ante todo tenemos que llegar a la nave”. ROSEANNE: “Pero debe estar vigilada, si es que sigue en su sitio”. RICHARD (escéptico): “Ya veremos”. Una vez en las afueras (ya había disminuido el flujo de gente) ven llegar un carro lleno de hortalizas, arrastrado por un famélico caballo. RICHARD: “Le compramos todas las lechugas”. HOMBRE DEL CARRO: “¿Cómo dice?” RICHARD: “Lo que oye” (le enseña un fajo de billetes). HOMBRE DEL CARRO: “Hombre, por ese precio, le vendo hasta el carro”. CHARLES: “Y el caballo...” HOMBRE DEL CARRO: “Psch, tanto como el caballo”. RICHARD le da otro fajo de billetes. HOMBRE DEL CARRO: “Eso me gusta más”. RICHARD: “Adelante, entonces: vosotros, al carro” (dirigiéndose a CHARLES y a ROSEANNE). ÉL se sube al sillín y le da un latigazo al caballo. Éste se rebota y en lugar de ir para adelante va marcha atrás. Este movimiento brusco hace caer a CHARLES y a ROSEANNE al suelo, y sobre ellos caen parte de las lechugas. Entonces el gentío se abalanza sobre ellos para coger las lechugas (se forma un remolino). CHARLES y ROSEANNE salen como pueden del barullo y se montan en el carro, que ya está en marcha. El HOMBRE DEL CARRO se queda de pie, contando su dinero.

 

Ya están en las proximidades del aeródromo. Éste está rodeado por alambradas electrificadas, y hay un abundante contingente de policías vigilando. Ellos están escondidos detrás del carro. RICHARD: “Allí está nuestra nave. Ahora el problema será llegar hasta ella”. ROSEANNE: “Sugiero que esperemos a la noche: hoy no habrá luna”. CHARLES: “Claro, y nos escondemos en la copa de un pino, ¿no?” (la cámara capta una superficie totalmente desnuda de vegetación). RICHARD: “Tengo una idea. Aún quedan unas cuantas lechugas, ¿no?” Comprueban que el carro está medio lleno.

 

El carro se dirige a la puerta del aeródromo (CHARLES y ROSEANNE están ocultos debajo de una montaña de lechugas). RICHARD se ha quitado la correa, se ha descordado los zapatos, y se ha arremangado la camisa para parecer un campesino (además, tiene una pajita entre los dientes, y se ha colocado en la cabeza el pañuelo anudado en las esquinas: parece un auténtico paleto). El POLICÍA de la entrada tiene un arma automática, lista para disparar. El carro para en la puerta. RICHARD: “Venía a traer las lechugas que nos habían pedido”. POLICÍA: “¿Lechugas, qué lechugas? Manolo, ¿sabes algo de unas lechugas?” (se lo dice al que estaba en el interior de la caseta) OTRO POLICÍA: “Espera, que preguntaré a intendencia”. El POLICÍA va a mirar al interior del carro. Cuando asoma la cabeza, CHARLES le arrea con un palo. Éste cae desplomado al suelo. CHARLES le arrebata el arma y le arrastra detrás del carro. Mientras tanto RICHARD se ha colado dentro y espera que salga el hombre de la caseta. OTRO POLICÍA: “Qué extraño. Me dicen que no necesitan lechugas para nada. ¿Dónde estás, Bartolo?” RICHARD le golpea en la cabeza y lo mete en la caseta. Le roba el arma.

 

Sigilosamente, se infiltran dentro del aeródromo. Por aquí y por allá ven pasar policías. Delante de su nave hay otros dos policías vigilando (ellos están detrás de unos barriles). RICHARD: “Ahora sí que lo tenemos difícil”. ROSEANNE: “Tenemos que pensar algo rápido, antes de que se den cuenta de lo que ha pasado”. RICHARD: “Como no sea...” Entonces apunta el arma y dispara a los dos policías. Estos caen fulminados. RICHARD: “Lo siento, muchachos. ¡A correr!” Ellos corren a toda velocidad hacia la nave. De todas partes les llegan disparos, que no les alcanzan por poco. Ellos se parapetan detrás de las patas de la nave, y desde allí CHARLES y ROSEANNE siguen disparando, mientras RICHARD trata de abrir la puerta. Las balas silban a su alrededor, y algunas rebotan. Una de las rebotadas hiere ligeramente en un hombro a CHARLES: “¡Ay! Date prisa, condenado”. RICHARD estaba tratando de abrir la puerta con un mando a distancia. RICHARD: “Estamos de mala suerte, la nave está sellada... Sólo queda una opción”. Le pide el arma a ROSEANNE, y desde su posición lanza una andanada de balas al dispositivo de apertura de la nave: al final éste revienta, pero las balas rebotan por todos lados. La rampa baja automáticamente. Cuando la última bala rebotada está en el suelo, ellos suben impetuosamente dentro de la nave (una bala se lleva media oreja de RICHARD).

 

Una vez dentro bloquean la puerta con el dispositivo manual, y se apresuran a ir a los mandos. Se abrochan los cinturones mientras las balas impactan en el casco sin cesar. RICHARD: “Tranquilo, muchachos. Este casco aguanta más de lo que parece”. En ese preciso momento la nave se desploma por un costado. Todos quedan aturdidos. BÁRBARA: “¿Qué ha pasado?” RICHARD: “Se han cargado una pata. Creo que tendremos un pequeño problema para aterrizar”. A duras penas, la nave arranca y se eleva a una velocidad extraordinaria. Al llegar a una cierta altura, hace un viraje de 90º y se dirige dirección al Sur. CHARLES (sujetándose la herida del hombro): “¿Qué haces, por qué vas en esta dirección?; tenemos que ir hacia el Oeste”. RICHARD deja puesto el piloto automático: “Esos se creen que me van a engañar”. ROSEANNE: “¿Por qué dices eso?” RICHARD: “¿Acaso no véis que nos han dejado escapar? Seguro que nos han colocado un dispositivo de rastreo”. En ese preciso momento sale otra nave del aeródromo, que persigue (a una cierta distancia) la nave de nuestros amigos.

 

En la siguiente escena RICHARD tiene un enorme emplaste de gasa en la oreja, y ROSEANNE está vendando la herida de CHARLES. ROSEANNE: “La herida es superficial: la bala no ha penetrado en el músculo...” RICHARD tiene un aparatito en la mano que hace bip-bip a intervalos regulares. Al llegar a un cierto punto de la nave este bip se hace cada vez más intenso. RICHARD: “Aquí está”. Agarra un destornillador y desmonta un panel. Detrás hay un dispositivo rastreador. RICHARD lo arranca de mala manera y, con él en la mano, se dirige a donde están CHARLES y ROSEANNE. RICHARD: “Ahora están sordos”. Después se dirige a los mandos (mira el radar). RICHARD: “Pero no están ciegos. Nos están siguiendo, los condenados”.

 

Sede del Gobierno Central. HENRY está despachando con el OFICIAL responsable del seguimiento de nuestros amigos. OFICIAL: “Sr. Presidente, me temo que hemos perdido la señal del dispositivo de rastreo”. HENRY: “¿Y qué hay del control por radar?” OFICIAL: “De momento no lo hemos perdido” HENRY: “Eso espero: su mujer es demasiado joven para quedar viuda, ¿no le parece?” OFICIAL: “Sí, señor”. HENRY: “Ordene que otras dos naves rastreadoras partan inmediatamente; bajo ningún concepto hemos de perder de vista esa nave. ¿Entendido?” OFICIAL: “Sí, señor”.

 

RICHARD está en los mandos de la nave. RICHARD: “Sentáos y abrocháos bien los pantalones. No quisiera manchar el techo con vuestra orina”. CHARLES: “¿El techo?” De repente la nave hace un viraje de 180º, se pone del revés, pasa por encima de la nave que les sigue y luego se coloca a su cola (efectivamente, en los pantalones de CHARLES se distingue una mancha en torno a su bragueta). Una vez allí la nave de nuestros amigos comienza a disparar a su perseguidora. La otra nave hace la misma maniobra y se coloca (también del revés) en la cola de la nave de nuestros amigos (panorámica de las dos naves, encima de las nubes, volando del revés). En ese momento la nave perseguidora lanza un misil a la nave de nuestros amigos. De ella sale una esfera que lanza una andanada de rayos láser dirigidos al misil. Éste explota en vuelo, antes de llegar a la nave de nuestros amigos.

Ésta vuelve a hacer un viraje de 180º, pero esta vez cabeza arriba, y vuelve a situarse a la cola de la nave perseguidora. A su vez le lanza un misil. La nave perseguidora lo destruye con un rayo láser... pero el misil explota demasiado cerca de ella: la onda expansiva le hace perder el momento de su inercia y cae en espiral hacia el mar, a una velocidad endiablada. Nuestros amigos la ven estallar en la superficie.

CHARLES y ROSEANNE se levantan de sus asientos y empiezan a dar saltos de alegría. RICHARD: “No tan deprisa, muchachos. Ahí vienen otras dos”. En efecto, a sus espaldas tienen dos cazas de guerra, armados más poderosamente que la nave anterior. CHARLES y ROSEANNE van inmediatamente a sus asientos, y se ajustan los cinturones de seguridad. En ese momento RICHARD hace una brusca maniobra: no sólo da un viraje de 180º (cabeza arriba) sino que se mete entre medio de los dos cazas, que vuelan muy próximos el uno del otro. Esa inesperada maniobra, endiabladamente audaz, sorprende de tal manera a los pilotos perseguidores que estos pierden el control y chocan entre sí en vuelo. RICHARD: “¡Yuhaaa!” (levanta los dos brazos arriba y abajo, alternativamente, en señal de victoria). Después, la nave cambia de rumbo, dirección noroeste (se la ve partir hacia el horizonte).

 

                En el Gobierno Central (centro de control). El OFICIAL acaba de perder el contacto con los últimos dos cazas. Entra un SOLDADO: “Comandante, el Presidente quiere hablar con usted”. OFICIAL: “Dígale que espere un momento. Ahora mismo voy”. SOLDADO: “Sí, señor”. El OFICIAL le mira con cara de pocos amigos (lo de “sí, señor” le recuerda algo). El SOLDADO sale de la habitación. El OFICIAL se mete el cañón de su pistola en la boca y dispara (no se ve en la pantalla, pero se oye la detonación).

 

                Se ve la nave de nuestros amigos volando a ras del mar (a la misma altura de un aircraft). CHARLES: “¿Por qué vamos a esta altura: no es peligroso?” RICHARD: “En absoluto: esta nave es también anfibia. Volando a ras de mar a los militares de la aviación les será imposible detectar nuestro vuelo; y los de la marina no podrán distinguir nuestra nave entre los miles de aircraft que circulan habitualmente por el mar”. En ese momento están a punto de chocar con un vehículo civil que circula en un sentido perpendicular al suyo. RICHARD hace un viraje rápido y luego recupera el rumbo. ROSEANNE: “Creo que en estos momentos ya deben haber perdido nuestro rastro”. CHARLES: “Pues yo hace tiempo que he perdido el aliento”.

 

                La nave vuela a unos 35.000 pies de altitud. Están en las proximidades de la desembocadura del río San Lorenzo. En ese preciso momento, en el transmisor de a bordo, suena el siguiente mensaje: “Arce rojo llamando a olivo verde, ¿me oyen?” (la voz es de mujer). RICHARD: “Olivo verde, olivo verde... (se vuelve a CHARLES y a ROSEANNE) ¿Qué sabéis de un olivo verde?” En ese momento CHARLES reacciona: “¡Ah, sí! La hoja del olivo siempre es verde, ¿recuerdas?”. RICHARD se da una palmada en la frente con la mano: “Seré burro. Olivo verde a arce rojo: estamos a la escucha”. VOZ: “Olivo verde, desconecte el piloto automático y espere órdenes”. RICHARD: “Desconectado”. Entonces los mandos de la nave comienzan a moverse solos: la nave se desplaza en dirección Noreste, siguiendo la costa de Terranova.

 

                Se ve a la nave moverse por encima de un bosque de coníferas boreales. Ésta se desplaza suavemente, plácidamente, a baja altura. Llegada a un cierto punto, empieza la maniobra (automática) de descenso: se aproxima a un calvero del bosque. Una vez llegados a ese lugar, descubren una enorme puerta camuflada que se abre delante de ellos. La nave se introduce en un grandioso hangar subterráneo y queda suspendida en el aire. Luego la puerta del hangar se vuelve a cerrar. Cuando están a pocos pies del suelo, la nave se desploma (le faltaba una pata). Nuestros amigos quedan baldados por el impacto.

 

                En ese momento ven llegar a un pelotón de soldados (con uniforme de camuflaje), fuertemente armados, que se sitúan al lado de la trampilla de entrada de la nave. VOZ FEMENINA: “Abrid, ¡rápido!”. Nuestros amigos no se esperan un recibimiento tan descortés. Pero aún así abren. Entonces los soldados suben como pueden (la nave está inclinada) y penetran en el interior. Nuestros amigos están de pie, sosteniéndose en barras y paredes para evitar resbalar. Al final llega una mujer, también vestida de camuflaje. Tiene un fusil ametrallador colgado y una bandolera en su cinto. Es alta, robusta, y atractiva.

                La mujer se aproxima mientras los soldados los apuntan. MUJER: “¡Brazos arriba!”. Entonces los rodea y los cachea uno a uno. Cuando ha acabado, les pregunta: “¿Quién os envía?”. RICHARD: “Venimos de la Montaña Sagrada”. MUJER: “¿Tenéis algo para nosotros?” RICHARD: “Está ahí, en esa mochila”. La MUJER hace un gesto a un SOLDADO para que la recoja y se la entregue (en ningún momento pierde de vista a nuestros amigos). De reojo, inspecciona la mochila y encuentra la cajita que les dio el ABAD. Muy bien: “¿Os dio algo más?” Los tres hacen cara de no comprender. MUJER: “Repito. ¿Os entregó algo más? ¡Vamos, vamos, no tenemos todo el día!” Los tres siguen perplejos. De repente, CHARLES reacciona: “¡Ah, sí, el Abad me dio esto!”. Se palpa un bolsillo y extrae la hoja de olivo. Se la entrega a la MUJER. Ésta la inspecciona y ordena a los soldados que dejen de apuntar. MUJER (más relajada): “¿Os dio algún mensaje?” ROSEANNE: “El Abad insistió en que las hojas de olivo ‘son siempre verdes’”. MUJER (se le ilumina la cara con una bella sonrisa): “Muy bien, muy bien. ¡Muchachos, tendremos acción!” Los SOLDADOS hacen vítores de alegría. RICHARD: “Perdone, ¿me puede explicar esto último?” MUJER: “Muy sencillo: la cosa se va a poner muy, pero que muy caliente”.

 

                En el Gobierno Central. Gabinete de crisis. HENRY: “Esos inútiles lo han echado todo a perder. Tenemos que hacer algo rápido”. UN MINISTRO: “¿Decretamos medidas de excepción?” HENRY: “Efectivamente: estado de sitio y control policial y militar en calles, establecimientos públicos, carreteras, aeropuertos... De esta red no se ha de escapar ni una miserable mosca”. OTRO MINISTRO: “Sr. Presidente, ¿y el pueblo? Hace mucho tiempo que no se han adoptado medidas de este tipo”. HENRY: “Ya es hora de que se vaya haciendo a la idea de que las cosas han cambiado...”

 

                En el centro rebelde. Nuestros amigos caminan al lado de la MUJER, rodeados de soldados. La MUJER tiene un trozo de palodulce en la boca. Lo va mordisqueando con fruición. RICHARD: “¿Dónde nos lleva?” MUJER: “A la sala de transmisiones. Tengo ganas de saber qué hay aquí dentro” (señala la cajita). De repente se para, y CHARLES, que está detrás, topa de bruces con ella. CHARLES: “Per-per-perdón”. La MUJER se saca el palo de la boca con la mano derecha, escupe un trozo de él al suelo, se lo vuelve a poner a la boca, y mientras le da la mano a cada uno de nuestros amigos dice: “Mi nombre es Rita, RITA HOWARD”. Ellos se presentan a su vez. RITA vuelve a emprender la marcha, a través de un pasillo lleno de soldados que van y vienen. RITA: “Ah, me olvidaba: buen trabajo, muchachos”.

 

                Están en la sala de transmisiones. RITA abre la cajita y saca un pequeño disco magnético. Lo introduce en un aparato y se enciende una pantalla: en ésta aparece una imagen harinosa, borrosa, con figuras difusas, pero sin voz. RITA: “¡Mierda! Está encapsulado”. CHARLES: “¿Qué quiere decir eso?”. RICHARD: “Que el contenido está criptografiado, y que se necesita una tarjeta especial para abrirlo”. RITA: “Y esa tarjeta sólo la tienen ellos”. ROSEANNE: “¿Quienes?”. RITA: “La Seguridad”.

 

                Nuestros tres amigos y RITA están tomando un café, más relajadamente. CHARLES: “Rita, por favor. ¿Nos podrías explicar qué sentido tiene todo esto? ¿Por qué tanto jaleo con este disco...?” RITA: “Está bien, está bien. Os lo explicaré todo desde el principio. El día del... supuesto accidente... de tu hermano, poco antes de que su nave se estrellara, en la estación receptora de la Montaña Sagrada se captó un mensaje SOS proveniente de las coordenadas exactas del punto de deflagración. La Resistencia está convencida de que ese mensaje provenía de la nave de tu hermano. El hecho de que estuviese encapsulado es una prueba de ello”. CHARLES: “¿Por qué proteger un mensaje cuando se trata de pedir socorro?” RITA: “Se trata de una nave oficial: es la norma. Se supone que era la misma Administración la que la tenía que asistir”. ROSEANNE: “Y si nadie más podía ayudar, aparte de la Administración, ¿por qué pedir socorro al exterior?” CHARLES: “Muy fácil, porque quería comunicar algo”. ROSEANNE: “Posiblemente quién había saboteado la nave”. RITA: “El Gobierno, por supuesto”. ROSEANNE: “Y el Gobierno sabe que la difusión de este mensaje le creará muchos problemas”. RICHARD: “Pero tenemos dos obstáculos: el primero consiste en hacernos con la tarjeta descapsuladora del mensaje; el segundo, encontrar alguna forma de difundirlo. Lo que no es nada fácil, porque el Gobierno controla todos los medios de comunicación”.

                RITA: “Empecemos por el primer obstáculo: cómo conseguir la tarjeta descapsuladora: ¿a alguien se le ocurre alguna idea?” Todo el mundo queda mudo. Después de un rato, RITA dice: “Muy bien, la operación ha acabado antes de empezar”. RICHARD: “Espera, creo que ya lo tengo... aunque es un poco arriesgado”. RITA: “Adelante, habla”. RICHARD: “Charles, ¿recuerdas a Laura, la... digamos esposa... de tu hermano?” CHARLES: “Sí, sí, por supuesto. ¿Por qué?” RICHARD: “Creo recordar que la habían ascendido: ahora trabaja en la Seguridad Central; aquí, en Ottawa”. RITA: “Richard, no podemos permitirnos el riesgo de hacer labores de propaganda... entre miembros de la Seguridad Central”. RICHARD: “A eso me refería cuando decía que era arriesgado: pero es la única alternativa posible... De todos modos, hay algunos puntos a favor de esta opción...” RITA: “Vamos, vamos, continúa”. RICHARD: “Laura y yo fuimos amantes... en los viejos tiempos”. CHARLES: “¿Laura y tú; te entendías con la mujer de mi hermano? ¿A eso se le llamas apreciar a un amigo?” RICHARD: “Charles, lo siento, pero te recuerdo que Laura no fue en realidad su mujer; todo fue un... simulacro”. CHARLES: “Perdona, Richard, tienes razón”. RITA: “¿Qué puede inducir a esa mujer a arruinar su carrera, y a poner en riesgo su vida, por ayudarte?” (mirando a RICHARD). RICHARD: “Como te he dicho, ella fue mi amante, y en cierto modo tenía aprecio por Thomas. Cabe la posibilidad de que aún le quede algo de corazón”. RITA: “O de cerebro. Lo siento, Richard, pero no lo veo factible”. RICHARD: “Vale, vale. Reconozco que es muy arriesgado. Pero no se pierde nada si la misión la llevo a cabo yo solo”.

                RITA saca un frasquito de un bolsillo: “En ese caso quédate esto”. RICHARD: “¿Qué es?” RITA: “Una manera dulce y rápida de morir. Tómate una píldora antes de que te atrapen. En tus manos está la vida de mucha gente”. RICHARD: “De acuerdo”.

 

                RICHARD está en Ottawa. Está en un bloque de apartamentos. Sale de un ascensor cargado con una voluminosa maleta, y llama a una puerta. Le abre un hombre mayor, de unos 65 años. HOMBRE MAYOR: “Entre, entre, le estaba esperando. ¿Quiere tomar algo: café, té, alguna bebida...?” RICHARD: “No gracias. Perdóneme si voy directamente al grano. Me tendrá que acoger durante algunos días. Estoy llevando a cabo una misión muy importante. Procuraré no crearle riesgos innecesarios... Me es imposible ir a un hotel; como sabrá, todo está vigilado”. HOMBRE MAYOR: “No se excuse, lo entiendo. De todos modos, estoy encantado de ser útil a la Resistencia, y además, yo ya he vivido todo lo que tenía que vivir: es hora de dar una oportunidad a nuestros hijos; ¿no le parece?” RICHARD le dirige una sonrisa afectuosa: “Mi nombre en clave es ‘Oliver’. A partir de hoy, usted será ‘Winston’”. WINSTON: “De acuerdo, procuraré no olvidarlo”.

 

                El bloque de apartamentos está situado a unos dos kilómetros del edificio de la Seguridad Central, pero entre medio hay una enorme explanada ocupada por un parque y un gran parking: la visión de la entrada principal del edificio es perfecta, si se dispone del equipo adecuado. RICHARD instala un equipo de vigilancia muy sofisticado: una cámara hipersensible, que funciona tanto en condiciones de luz como de oscuridad, enfoca permanentemente a la entrada principal del edificio de la Seguridad. Esta cámara tiene un potente teleobjetivo que amplifica enormemente la imagen captada. Está conectada a un ordenador. RICHARD mete una foto de Laura, que saca de su cartera, en un scanner. Esa imagen queda registrada en un archivo, que introduce en un programa de detección de rostros. Ese programa permite localizar una persona entre millones sólo conociendo sus rasgos principales, aunque se haya teñido el pelo, se haya operado la nariz, o le haya salido una verruga.

                RICHARD se tumba en la cama, con los brazos debajo de la cabeza. Ahora, sólo queda esperar. Al cabo de unas horas, a eso de las seis, un dispositivo pita. RICHARD se levanta y agarra el teleobjetivo: lo enfoca y localiza a Laura, a una enorme distancia. Luego la sigue (con el teleobjetivo), hasta que llega al parking: allí ve su modelo de coche, y el color de la carrocería. Lo apunta todo en una libreta, y vuelve a estirarse en la cama, con una gran sonrisa en la boca.

 

                Al día siguiente, RICHARD (disfrazado) vigila la salida del parking desde su coche. Son aproximadamente las seis y diez. LAURA sale de él y RICHARD comienza a seguirla. LAURA, que está despistada, no se apercibe (visión desde el coche de LAURA del coche de RICHARD reflejado en el retrovisor). Finalmente entra en un parking subterráneo. RICHARD sale en seguida del coche y llama, por el portero automático, a un apartamento cualquiera (el edificio es enorme). VOZ: “¿Quién es?” (RICHARD sabe que lo están observando). RICHARD (con el brazo derecho detrás de la espalda): “Reparto de flores a domicilio. Voy al piso 15”. VOZ: “¿Y por qué no llama allí?” RICHARD: “Es una sorpresa... Órdenes expresas del remitente”. Entonces abren la puerta. RICHARD entra precipitadamente y observa el panel del ascensor: comprueba cómo alguien sube desde la planta sótano (garaje) hasta el piso 37. Es LAURA, sin duda. Seguidamente, ÉL sube a esa planta.

 

                RICHARD ya está en la planta. Ve cuatro puertas. Llama a una de ellas, al azar, y no le abren (no hay nadie). Llama a otra: VECINA: “¿Dígame?”. RICHARD: “Busco a Laura Lester, ¿sabe en qué puerta vive?”. VECINA: “No conozco a ninguna Laura”. Le cierra la puerta en las narices. RICHARD (para sí): “Ha cambiado su nombre”. Sólo le queda dos posibilidades. Llama a otra puerta y, efectivamente, abre LAURA. Cuando ésta le ve, ÉL se abalanza sobre ella, le tapa la boca y la arrastra hasta un sofá (cierra la puerta con el pie). ELLA trata de resistirse. Al final ÉL dice: “Tranquila, LAURA, soy yo, RICHARD, ¿no me recuerdas?”. ELLA, con la boca tapada, no puede hablar. Al final le da un mordisco y ÉL suelta la mano. ELLA se escapa y se dirige a la puerta. ÉL va tras ella y la agarra. ELLA comienza a gritar. ÉL le da un fuerte golpe en la cabeza y se desmaya. Luego la arrastra a la cama y la ata.

 

                LAURA acaba de despertar. RICHARD está a su lado: “Te ruego que no grites, si no quieres que te coloque esto en tu preciosa boca” (le enseña un rollo de cinta de embalar). RICHARD: “De todos modos lo que te tengo que decir lo vas a oír igual”. LAURA: “Bonita manera de tratar a una mujer... ¡bastardo!”. RICHARD: “Perdona el método... pero (como excusándose)... ¡somos profesionales! Lo entiendes, ¿no?”. LAURA le escupe. RICHARD: “Ahora va en serio. Sabrás lo de Leonard”. LAURA: “¿Qué pasa con Leonard?”. RICHARD: “¿No te lo han dicho aún?: Se ha suicidado”. LAURA: “De verdad que lo siento mucho..., no lo sabía. ¿Pero qué tiene que ver eso conmigo?” RICHARD: “Leonard se ha suicidado... en protesta por el asesinato de su hijo”. LAURA: “¿Y a mí qué?” RICHARD: “Laura, Thomas era su hijo”. LAURA: “¿Thomas?, no puede ser; un hombre tan brillante no podía tener un hijo tan estúpido”. RICHARD le da un tortazo. LAURA: “Perdona, no quería decir eso. ¿De dónde has sacado lo de que a Thomas lo han asesinado?” RICHARD: “Tengo pruebas”. LAURA: “Si es así, ¿por qué no se las das a la policía?” RICHARD: “Laura, no te pases de lista”. LAURA: “Está bien, está bien. ¿Cómo las has conseguido?” RICHARD: “Eso de momento no importa”. LAURA: “Supongo que sabrás que te buscan en el mundo entero”. RICHARD: “Lo que reafirma lo que te tengo que decir: Laura, colabora conmigo si no quieres ser cómplice del asesinato de Thomas, que, por cierto, también era el Presidente”. LAURA: “El presidente de la incompetencia”. RICHARD le da varios sopapos, hasta que LAURA estalla a llorar.

                RICHARD: “Laura, ¿nunca aprenderás a ser un poco más humana? ¿Qué te hizo Thomas, qué te hice yo? ¿Qué te hizo el mundo para que lo odies tanto? ¿Es que acaso nunca dejarás de comportarte como una cretina? ¿Es que acaso nunca tendrás sentimientos nobles?” LAURA llora desaforadamente. LAURA (entrecortadamente): “Perdóname, Richard. Es verdad, soy injusta... Tú sabes que yo te quise, que lo que sentía por ti era auténtico... Y nunca odié a Thomas. Es que simplemente... soy así”. RICHARD se sienta a su lado y le besa las mejillas, mientras le acaricia el pelo. RICHARD: “Laura, Thomas era mi amigo, y no voy a dejar que su asesinato quede impune. ¿Estás dispuesta a colaborar?” Ella mueve la cabeza, afirmativamente, mientras que continúa llorando. Entonces RICHARD la desata, la besa en la boca, y apaga la luz.

 

                Al día siguiente, por la mañana temprano. RICHARD y LAURA están desayunando. LAURA está de muy buen humor. LAURA: “Richard, quiero que sepas que, aunque tu presencia en mi casa signifique la ruina de mi carrera, y tal vez poner en riesgo mi vida, no me arrepiento de ello. Me encontraba tan sola... Sin amigos, sin ilusiones... Creo que fue un error venir a Ottawa...” RICHARD: “Laura, cuando todo esto acabe, podremos rehacer nuestra vida, juntos. Mi mujer y yo estamos en trámites de separación... Bueno, puede que eso, tal como están las cosas, no importe ya... Pero en definitiva, si todo acaba bien..., ya no tendremos que escondernos...” LAURA: “Richard, hay que ser realistas. Nos jugamos el futuro a una sola carta. Y este régimen es muy fuerte, todavía; es muy poco probable que la... Resistencia... pueda acabar con él... Aunque... reconozco que tal vez ya no hay marcha atrás”. RICHARD: “Laura, tú no eres un esbirro del régimen... Tú eres una agente del servicio secreto... Muy cualificicada, por cierto. Leonard no nos enseñó a obedecer a ciegas: él nos inculcó unos valores; no los traicionemos”. LAURA: “Es verdad; puede que en mi vida haya hecho cosas malas, pero siempre he intentado respetar los principios que él me inculcó”. RICHARD: “Leonard nos enseñó a ser fieles a una causa: preservar la paz mundial. A veces tuvimos que ser duros, pero en ningún momento fuimos deshonestos. El nuevo régimen, en cambio, pretende usarnos como perros de presa para mantener un régimen de terror... Y eso no puede ser”. LAURA: “Está bien, Richard, no insistas. A mí tampoco me gusta lo que veo. Estos últimos días hemos recibido órdenes muy precisas para acabar con todo vestigio de libertad... Aunque tú no hubieses venido aquí, tal vez yo me hubiese visto obligada a dejar el servicio activo”. RICHARD: “Laura, sabes que eso significaría tu encarcelamiento o, peor aún, tu muerte”. LAURA: “Lo sé... Pero lo tenía todo preparado para escapar. De hecho, yo también quería unirme a la Resistencia. Pero no sabía cómo contactar con ella”. RICHARD: “Creo que las bases de este sistema ya están tan podridas que no podrá aguantar la sacudida que se aproxima. La Resistencia está siendo alimentada por miles de personas que sienten lo mismo que tú... Como Leonard, por ejemplo”. LAURA: “¡Cómo! ¿Leonard?” RICHARD: “Sí, Laura. Él también era de la Resistencia. Escuchame, ahora te diré lo que tienes que hacer...”    

 

                Poco después, LAURA llega al edificio de la Seguridad. En la entrada han redoblado la vigilancia. VIGILANTE: “Documentación”. LAURA: “Peter, ¿pero es que acaso no me conoces...? Soy la misma de cada día”. VIGILANTE: “Lo siento, son órdenes de arriba; el bolso, por favor”.

 

                LAURA está trabajando en su terminal. Entonces abre el listado de personal. LAURA: “A ver, sección de transmisiones... Aquí está. Ahora, departamento de criptografía... Aquí. Humm... Alto secreto. Sí, aquí debe ser”. Pulsa la tecla de ‘Alto secreto’ y sale una lista de diez agentes. Revisa la lista: “Edgard Badger, 57 años, no sirve; Lester Bean, 35 años, no está mal, pero parece muy formal; Lionel Bradford, 45 años, soltero... Éste es perfecto: tiene pinta de chulo-piscinas, y además es guapo”. Intenta retener su cara.

 

                Es la hora de comer. LAURA está en la cantina del edificio, con una bandeja de comida en la mano. Está inspeccionando las mesas para encontrar al agente de transmisiones que busca. Al final lo ve, solo, en una mesa al fondo del comedor. Se dirige allí.

 

                LAURA: “¿Le importa que me siente aquí?” Se instala enfrente de él. LIONEL: “No, no, por supuesto”. Pasa un rato en que hay un silencio embarazoso. Entonces viene una amiga de LAURA. AMIGA: “Laura, ¿qué haces ahí, tan triste? ¿No vienes con nosotras, como cada día?” LAURA: “No gracias, hoy prefiero comer sola”. AMIGA: “¿Qué te pasa, algo va mal?” LAURA (con cara forzada): “No, no, de verdad. Otro día nos veremos, ¿eh?”. AMIGA (con cara de extrañada): “Como quieras”. Su amiga marcha y se sienta con otras chicas de su edad. Todas la miran desde allá y hacen risitas tontas. LAURA se apercibe pero las ignora. LIONEL (queriéndose hacer el interesante): “A veces apetece un poco de intimidad... A mí también me pasa”. LAURA: “No es que sean malas chicas, pero en ocasiones me agobian... Se pasan el día entero hablando... bueno, de esas cosas de las que hablamos las mujeres”. LIONEL: “Trapitos y hombres, supongo”. LAURA: “Poco más o menos”. LIONEL: “Bueno, son cosas de la edad. Usted es todavía muy joven... Cuando tenga un marido, y unos hijos... Las preocupaciones cambiarán: que si la hipoteca, que si la salud, que si el colegio de los niños... Bueno, yo que sé. Porque supongo que usted no debe estar casada... Aunque no creo que le falten pretendientes... Perdóneme mi atrevimiento, pero... usted es muy guapa”. A LAURA se le encienden los ojos: “No, no estoy casada, ni tengo novio tampoco... Verá, llevo poco tiempo aquí. Aún no conozco mucha gente, excepto a esas compañeras de trabajo...” LIONEL: “Créame si le digo que desde el primer momento en que la vi me fijé en usted... Usted resplandece... entre tanta mediocridad... ¡Mire, mire, qué caras más estiradas!” (señala a otras chicas del comedor, pintarrajeadas como payasos). LAURA: “Le agradezco mucho que me diga esas cosas. La gente aquí es un poco... fría; usted, en cambio...”. LIONEL: “¡Vamos!, no seamos remilgados: llámame Leo, por favor”. LAURA: “Gracias, Leo”. LIONEL: “Eso ya me gusta más. Por cierto, ¿tienes algo que hacer esta noche?” LAURA: “No. Estoy libre. Ya sabes, la rutina de cada noche: cenar, la televisión, media hora de lectura, y a la cama... Es un fastidio”. LIONEL: “¿Quieres que te pase a recoger?” LAURA (aparenta excitación): “Sí, ¿por qué no?. Departamento de personal. A eso de las siete”. LIONEL: “¿A las siete?, ¿no es un poco tarde?. A esa hora ya no queda nadie en mi departamento”. LAURA: “Es que tengo un poco de trabajo atrasado”. LIONEL: “Está bien, a las siete, entonces”. LAURA: “¡Ah!, por cierto, mi nombre es Laura”.

 

                Son las cinco. LIONEL está en su trabajo. Sus compañeros se despiden. COMPAÑERO: “Leo, que hoy es viernes. ¿Qué haces aquí, hombre? ¡Anda, vé a casa, que te pierdes el partido!” LIONEL: “Je-je. Oye chico... Hoy tengo plan. El lunes te contaré”. COMPAÑERO: “Así que...” (hace un expresivo gesto con las manos). LIONEL asiente con una sonrisa de oreja a oreja. Sus compañeros marchan, y ÉL se queda solo. Luego continúa trabajando.

 

                A la misma hora, las compañeras de LAURA se despiden. ELLA se excusa diciendo que tiene mucho trabajo. Se queda sola.

 

                Son las seis. El VIGILANTE pasa por el despacho de LIONEL. VIGILANTE: “¿Todo está bien?”. LIONEL: “Sí, sí, por supuesto. Hoy tengo mucho trabajo”. VIGILANTE: “No se olvide de fichar cuando marche”. LIONEL: “Por supuesto”.

 

                Son las siete menos diez. LIONEL se echa un espray en la boca y otro en las axilas. Luego vacía medio frasco de colonia en el pecho. Se dirige al despacho de LAURA.

 

                LIONEL la encuentra trabajando. Cuando lo huele, LAURA hace (disimuladamente) una expresión de repugnancia. LAURA: “Ah, eres tú, perdona un momento; ahora acabo”. Se hace la ocupada. Luego apaga el ordenador y coge sus cosas. Cuando están cerca de la puerta de salida ella se detiene. LAURA: “Leo, mientras trabajaba se me ha ocurrido una idea”. LIONEL: “Dime, preciosa”. LAURA: “He pensado que sería tan excitante... hacerlo en tu departamento. Ya sabes, esa sensación de... peligro, de clandestinidad... Humm, sería maravilloso”. LIONEL está un poco perplejo: “¿No preferirías ir a comer, y luego a casa de uno de los dos? Bueno, creo que es más fácil”. LAURA: “Pero es tan convencional... Tan mediocre... En cambio, yo nunca lo había hecho en una sala rodeada de... yo que sé, cámaras, infrarrojos, y todo eso. ¡Sería tan interesante!”. Entonces ELLA empieza a besarlo, a mordisquearlo y a manosearlo apasionadamente. ÉL se deja llevar. LIONEL: “Laura, es una locura...” LAURA: “¿Y qué es el amor, sino una locura?” LIONEL: “Está bien, está bien. Pero habrá que tener cuidado”. Entonces salen de la sala.

 

                Suben por un ascensor. Llegados a la planta de transmisiones, encuentran una puerta, con un dispositivo de apertura. LIONEL pone la mano en un plafón negro. La puerta se abre. Llegan a un corredor. Al final, encuentran otro dispositivo del mismo tipo. LIONEL hace la misma operación. Luego desconecta los dispositivos de seguridad y llama por videofono. LIONEL (al vigilante): “Peter, me quedaré un rato más. ¿De acuerdo?” VIGILANTE: “De acuerdo, pero que no se repita. Ya sabes que las normas son muy estrictas”. LIONEL: “Descuida, Peter”. Mientras LIONEL habla con el vigilante, LAURA está inspeccionando visualmente los aparatos de la habitación. Al final encuentra el que buscaba. LAURA: “Leo, las cámaras”. LIONEL: “¿Qué quieres que haga, si las apago sospecharían”. LAURA: “Si las enfocaras un poco más arriba..., no se darían cuenta”. LIONEL: “Vale...” Lo hace. Entonces LAURA se le abalanza.

Se besan apasionadamente, mientras ella se dirige, poco a poco, al aparato descapsulador. Cuando está a su altura, lo tantea con la mano mientras está de espaldas. Encuentra una ranura y un dispositivo de apertura: lo aprieta y sale una tarjeta. Luego la introduce en su bolso. Al final los dos se tiran al suelo y se revuelcan en él, mientras que continúan abrazándose y besándose.

Pasado un rato ella dice: “Leo, comienzo a tener miedo. Es mejor que vayamos a casa... Es demasiado arriesgado”. LIONEL: “¿Después de hacerme venir aquí...? En absoluto...” LAURA: “Leo, por favor...” LIONEL: “¡Cómo sois las mujeres!. Está bien; espera que lo ponga todo en orden”. Cuando ha acabado, ELLA le dice: “Cuando salgamos del área de seguridad yo volveré a mi despacho. Tú saldrás primero, y me esperarás fuera, ¿vale?” LIONEL: “De acuerdo”.

 

Salen del área de máxima seguridad. ÉL sale primero, ficha y se despide del VIGILANTE. LAURA se mete la tarjeta en el escote. Diez minutos después sale, ficha (el VIGILANTE le revisa el bolso), y a su vez se despide del VIGILANTE. Luego se reúnen fuera del edificio.

 

Están en el coche de LAURA. LAURA: “Si no te importa, preferiría que fuéramos a mi casa”. LIONEL: “Como quieras, preciosa”. ELLA sonríe.

 

Llegan a la casa de LAURA. Se arrojan a la cama, besándose y manoseándose. Entonces, sale RICHARD de su escondite y da un culatazo en la cabeza a LIONEL. Luego le inyecta algo en el brazo. Queda completamente inconsciente.

RICHARD: “¿Tienes la tarjeta?”. LAURA se la enseña. RICHARD: “Te quiero”. La abraza y la besa. LAURA: “Espera, ¿qué hacemos con éste?. Hay que evitar que hable”. RICHARD: “Nos lo llevamos con nosotros”. LAURA: “Pero...” Ella no ha acabado de decir eso cuando RICHARD lo agarra de un brazo y lo lleva a rastras hasta la puerta. RICHARD: “Vigila si viene alguien”. LAURA: “No, todo está tranquilo”. Se introducen en el ascensor. RICHARD: “Si alguien entra le decimos que lo llevamos al hospital; ha sufrido un ataque de...” LAURA: “Apoplejía”. RICHARD: “Vale, eso está bien”.

Tienen suerte: no entra nadie. Llegan al garaje e introducen a LIONEL en el maletero del coche.

 

Están conduciendo. De repente, a la salida de Ottawa, encuentran un control de carretera. POLICÍA: “Documentación, por favor”. LAURA (que conduce) le da su carnet de la Seguridad. Él se cuadra y les deja pasar (no se fija en RICHARD, que está en penumbra). RICHARD: “Pffff. Las cosas se están poniendo cada vez más difíciles”. LAURA: “Y muy pronto tanto tú como yo seremos fugitivos. Este carnet ya no nos servirá de nada”.

 

Es de noche. Llegan a un embarcadero de río. Allí sacan a LIONEL del coche y se introducen en una motora. Se dirigen a la base rebelde.

 

Base rebelde, esa misma noche. En la sala de transmisiones están RICHARD, LAURA, RITA, CHARLES y ROSEANNE. RITA: “Felicidades, pareja. Si esta tarjeta funciona os haremos un monumento... Vamos a ver (introduciendo la tarjeta en la ranura del aparato visualizador)...” Se ve lo mismo que la otra vez (una imagen borrosa y harinosa). RITA: “¡Oh, no!”. RICHARD: “¡Mierda, tanto trabajo para nada!”. LAURA: “Esperad. Puede que haya que hacer algo más... Tal vez no baste con meter la tarjeta”. RITA: “Buena idea. Traigamos al don Juan”.

 

LIONEL está dormido en una celda estrecha, encima de un pequeño camastro. Entra RITA. Empieza a darle sonoros tortazos en la cara para que despierte. LIONEL levanta la cabeza, hace cara como de excitación sexual, y luego pone labios de morreo. RITA: “Será pervertido...” Luego saca la pistola y dispara al techo. LIONEL se despierta de repente, completamente desorientado. LIONEL (sentado en el camastro): “¿Qué pasa, dónde estoy? Tú no eres Laura... aunque tampoco estás nada mal” (dirigiéndose a RITA). RITA le golpea los testículos con la rodilla. RITA: “¡Degenerado! ¡Arriba, que tienes trabajo!”. RITA le coge de los pelos y lo levanta. LIONEL: “Pero, pero...” LIONEL sale encorvado, aguantándose los testículos, mientras que RITA le encañona la nuca, a su espalda.

 

A la reunión de antes, en la sala de transmisiones, se incorpora LIONEL. Éste pone cara de desafío. LIONEL: “Así que sois de la Resistencia, ¿eh? Pues ya veréis qué pronto os van a dar por culo...” RITA (se pone dura): “Querido Leo (así te gusta que te llamen, ¿no?). Si tiene más cerebro que testículos, estoy segura de que vas a cooperar, ¿no es así?”. LIONEL hace una cara desafiante. RITA se aproxima y le grita a la cara: “¿No es así?”. LIONEL hace el gesto de limpiarse una gota de saliva de RITA, y continúa mudo. RITA va a darle un guantazo y RICHARD la detiene: “Rita, ya es suficiente. Déjalo tranquilo. Por esta noche ya ha tenido bastante”. RITA (a un SOLDADO): “Está bien; ¡lleváoslo!”. Cuando está saliendo RICHARD le dice: “Y no te acerques a Laura o te mato”. LIONEL sonríe estúpidamente.

Mientras tanto ROSEANNE estaba hurgando el aparato visualizador: saca la tarjeta y la pone del revés. Entonces, el aparato funciona correctamente: se ve la imagen de THOMAS con toda claridad. ROSEANNE: “Ya está; lo que pasaba es que habíamos colocado la tarjeta al revés”. Los demás explotan de alegría. RICHARD les pide que se callen. THOMAS (en la imagen; se oye un gran estrépito y confusión; de fondo se oye la voz de BÁRBARA: “Date prisa, THOMAS, empieza ya...”): “A quien me esté escuchando, atención. Le habla Thomas Cavite, Presidente del Gobierno Universal. Mi nave oficial está a punto de estrellarse; ya no hay remedio... no hay ninguna esperanza de salvación. Esta nave ha sido saboteada, repito, ha sido saboteada. La torre de control no responde, y no hemos recibido auxilio de ningún tipo. Han manipulado el indicador de combustible, y han inutilizado todos los dispositivos de seguridad. Me imagino quién ha sido: Henry Solomon y su camarilla. Es preciso que quien pueda escuchar mi mensaje, si estima en algo la libertad, haga algo contra Henry Solomon y el grupo de presión llamado ‘La Sociedad’. Si no, mi muerte significará el fin de la esperanza: todo vestigio de libertad desaparecerá de este planeta...” En ese momento la imagen desaparece.

 

Mientras que los demás están viendo esta imagen, CHARLES está al otro lado de la sala (de espaldas, con la cabeza baja, tapándose los oídos, y con los ojos cerrados). RITA, que se apercibe, va a su lado, le coge los brazos, y le dice: “Charles, se lo haremos pagar, y la muerte de tu hermano no habrá sido en vano. Confía en mí. Acabaremos con ellos”. CHARLES, emocionado, asiente (moviendo la cabeza arriba y abajo). RITA le abraza. Luego RICHARD le da una palmadita en la espalda: “Ánimo; has perdido un hermano, pero has ganado varios amigos”. Los demás le abrazan también. CHARLES: “Gracias, muchachos. Estoy bien. Ahora, hablemos de la emisión...”

 

En la sede del Gobierno Central. Mañana del día siguiente. HENRY: “¿Cómo, que han robado la tarjeta descapsuladora? ¡¡Inútiles!! ¡Sois unos incapaces, unos...! (aprieta los dientes) ¡Protejan el espacio aéreo, rodeen todos los repetidores de televisión, controlen las ondas, y sobre todo, bloqueen la entrada a la televisión y a la radio! ¡Y esta vez no falléis, si estimáis en algo vuestra vida!” Los OFICIALES presentes re retiran. HENRY se deja caer en un sillón, exhausto.

 

Base rebelde. Reunión de mandos. RITA está delante de una pizarra. RITA: “Compañeros, hoy vamos a realizar una acción desesperada, tal vez nuestra única oportunidad para descabezar al régimen. Nos jugamos nuestro futuro, y por supuesto tendremos que evacuar la base. (Señalando el mapa.) Aquí se encuentra la sede de la televisión. Está protegida, así como el resto de la ciudad. Por ello, vamos a efectuar ataques masivos de distracción aquí, aquí, y aquí. Éstas son bases de apoyo y cuarteles del Gobierno. Otra flotilla se va a dirigir a la sede del Gobierno Central y a la de la Seguridad. Y, por último, el grueso de las fuerzas se va a concentrar en la televisión y en sus alrededores. En primer lugar, dos naves de transporte de tropas van a desembarcar paracaidistas en las inmediaciones de la entrada del edificio de la televisión, y otra nave depositará un comando en la parte trasera. (Enseña otro mapa.) Éste es el plano del edificio de la televisión. El comando penetrará por esta puerta (haciéndola estallar, si es preciso), y se dirigirá por estas escaleras hasta la primera planta; por aquí llegará a la sala de transmisiones. Introducirá el video, colocará esta bomba (la enseña), y saldrá disparado hacia el terrado, atravesando el estudio central y subiendo por estas otras escaleras. Allí lo recogeremos... Recordad; una vez activada, esta bomba no se puede desconectar, y estalla a los diez minutos. La operación comenzará a las diez en punto... Sincronicemos nuestros relojes”.

 

Son las diez de la noche. En el plató de la televisión. PRESENTADOR: “¡Hola, amigos y amigas espectadores del programa ‘Apaga y vámonos’! Como cada sábado os hemos preparado algo muy especial. Éste va a ser un programa ¡explosivo!” Entonces empiezan a escucharse detonaciones y disparos fuera del edificio. El presentador queda perplejo.

 

En la entrada del edificio hay un fuerte tiroteo entre fuerzas rebeldes y soldados apostados en el techo y en parapetos. En el resto de la ciudad se ven explosiones, incendios y combates aéreos. De vez en cuando caen naves a la superficie. Por detrás del edificio se ve llegar una nave ligera, que ametralla el techo y aniquila los soldados de esa parte; inmediatamente llegan cazas del Gobierno y se inician escaramuzas aéreas. Aprovechando la confusión, un comando formado por RICHARD, RITA, y seis SOLDADOS, atraviesan la verja exterior y se dirigen a la parte trasera del edificio. Reciben disparon desde allí, pero son acallados por otra nave rebelde que se sitúa en los alrededores del edificio. Llegan más cazas oficiales. La batalla aérea se intensifica. Sin embargo, mientras tanto, el comando ha conseguido entrar en el edificio.

 

El comando se deshace de varios soldados apostados en el interior, y consigue llegar a la sala de transmisiones. Entran en ella y obligan al personal a introducir una cinta de vídeo. La emisión del vídeo se inicia. RITA (llamando por interfono): “¿Está todo OK?” LAURA, en una nave exterior, tiene la televisión encendida: “La emisión es OK”. Entonces RITA activa la bomba y dice: “¡Todo el mundo a correr. Esto va a estallar!” Todo el mundo sale a la estampida, incluyendo el personal de la televisión y los soldados. El comando se dirige al plató central, y pasa por delante del presentador del programa “Apaga y vámonos”. RITA (coge el micrófono): “¡¡Vamos, vamos, a la calle. Esto está a punto de saltar por los aires!!. PRESENTADOR: “¡¡Vámonos!! El público sale a la calle en tropel.

 

Domicilio de un ciudadano normal. En la pantalla aparece la siguiente emisión: “Les habla la Resistencia. Hemos captado el siguiente mensaje de nuestro Presidente Thomas Cavite. Ciudadanos, ¡luchad contra este régimen asesino, uníos a la Resistencia!”. Luego aparece el mensaje de THOMAS.

 

Sede del Gobierno Central. HENRY está viendo la televisión. Están emitiendo el mensaje de THOMAS. Suena el teléfono. HENRY: “Henry al habla”

 

El comando está en el terrado. En los alrededores, todo es confusión. RITA mira su reloj (falta un minuto para que estalle la bomba). RITA: “¡Deprisa muchachos. El tiempo se acaba...!” Una nave rebelde está luchando contra un caza. Al final consigue derribarlo. La nave rebelde se aposta encima del tejado y lanza un cable. RITA, RICHARD y tres SOLDADOS (los supervivientes de los seis que habían) se enganchan en él (el cable tiene unos travesaños). La nave iza el cable, y nuestros amigos se introducen en su interior. En ese mismo momento, el edificio estalla. La nave se aleja rápidamente de la deflagración.

 

Dentro de la nave. Está RICHARD, RITA, LAURA, CHARLES, ROSEANNE, LIONEL (atado y amordazado) y varios SOLDADOS. RITA: “Mensaje a la flota. ¡Dispersáos y dirigios a vuestros puntos de destino. Repito, dispersáos!”. Las naves se dispersan, perseguidas por los cazas del Gobierno. Detrás de su nave tienen tres cazas. Comienza una batalla aérea. RITA y RICHARD están disparando con los cañones antiaéreos. Un SOLDADO conduce la nave. De repente, una fuerte explosión desestabiliza la nave. Comienza un incendio en su interior. A ésta se le ve caer encima de una zona boscosa. Hace un aterrizaje de emergencia. Arrasa una amplia banda de bosque y al final queda semienterrada. Un minuto después hay una fuerte explosión.

 

Se ve llegar una limusina a una masión de las afueras de Ottawa. HENRY sale del coche y entra a la mansión. En un gran salón se ve a varias personas, con aspecto de potentados, alrededor de una mesa. Uno de ellos, el que parece más importante, se dirige a HENRY. POTENTADO JEFE: “Sr. Solomon. Hemos tenido mucha paciencia con usted, pero hoy ha colmado el vaso. Lo ha echado todo a perder”. HENRY: “No, no es cierto. No está todo perdido. Nuestras fuerzas están intactas y, según me informan, la nave que transportaba a los líderes de la Resistencia ha sido derribada en el Gran Norte”. POTENTADO JEFE: “Humm. Habrá que confirmar este extremo. Pero, en todo caso, como usted imaginará, ahora tenemos a todo el pueblo en contra. Habrá que emplear medidas drásticas..., en lugar de su inútil persuasión”. HENRY: “Lo que significa...” POTENTADO JEFE: “Que ya no le necesitamos”. HENRY: “¡Pero...!” El POTENTADO JEFE hace un gesto y dos GORILAS agarran a HENRY de los brazos. HENRY (se oye en otra habitación): “¡¡No, se equivocan. Sin mí ustedes no son nada... La fuerza bruta no basta!!” HENRY: “¡¡No...!!” Entonces se oye una detonación.

 

Es noche cerrada. Nuestros amigos están en el bosque. RITA ayuda a CHARLES, que cojea (le sangra la cabeza). LAURA y RICHARD sostienen a ROSEANNE. Hay un SOLDADO malherido, sostenido por otros dos. El resto de los SOLDADOS custodia a LIONEL. RITA: “Vamos, vamos, hay que abandonar esta zona. Muy pronto la estarán rastreando”. RICHARD: “Amigos, creo que la guerra se acabó para nosotros”. RITA: “Te equivocas; esto no ha hecho más que empezar”.

 

 

FIN DE LA SEGUNDA PARTE

 


 

 

LA COMPAÑÍA

 

(Tercera  parte)

 

José Luis Espejo (1998) 

  

                En la pantalla aparece el interior de una nave, con un piloto y un copiloto comandándola. Se ve, a través del cristal del puente de mando, un espeso manto de bosque (con algunas manchas de nieve) situado a no mucha distancia (la nave está volando a baja altura). El copiloto está mirando una pantalla donde aparecen señales fosforescentes en un fondo negro, todo ello cuadriculado por unas coordenadas de posición.

                PILOTO: “Es extraño, ya hemos inspeccionado un área de 2500 km cuadrados y aún no tenemos ningún rastro de los fugitivos. ¿Estás seguro de que la nave estaba completamente vacía?” COPILOTO: “Seguro, hemos revisado a fondo el lugar y allí no aparece ningún indicio de restos humanos”. PILOTO: “¿Central?. Aquí Alfa-1. Inspección sin novedad. Repito: sin novedad. ¿Continuamos la búsqueda?” CENTRAL: “Alfa-1, aquí Central. Continuad rastreando. En algún momento han de aparecer esos condenados, a no ser que se los haya llevado el diablo”. PILOTO: “Entendido”. COPILOTO: “Espera, aquí se ve algo” (visión de detalle de la pantalla, con tres puntos luminosos). PILOTO: “Enfoca el visor ocular. Coordenadas 60º78’-34º67’”. El visor enfoca una osa con dos oseznos. COPILOTO: “Es extraño. Es febrero y esos bichos deberían estar hivernando. ¿No será que los fugitivos han ocupado su madriguera?” PILOTO: “Aún estando en su madriguera los localizaríamos con nuestros sensores. No lo entiendo: es como si se los hubiese tragado la tierra...”

 

                ROSEANNE acaba de despertar. Está en una pequeña habitación con techo bajo e inclinado, con paredes de piedra y con estructura de madera. En el suelo hay un lecho de paja con pieles, y un pequeño cojín también de pieles. El suelo es de tierra apisonada. La habitación está pálidamente iluminada con candiles de grasa de reno. A derecha e izquierda se ven pieles de animales colgadas en las paredes (de pantera y de oso, principalmente). En una habitación adyacente se escuchan los ronquidos de RICHARD, que está con LAURA.

                ROSEANNE sale al hall de la residencia, completamente circular, con un poste en medio, del que cuelgan algunos candiles. En un extremo hay una chimenea con unos cacharros hirviendo. Algunas mujeres están cosiendo con agujas de hueso. En el suelo se extienden algunas pieles acabadas de curtir. ROSEANNE nota un olor rancio, nauseabundo, que le produce, involuntariamente, una mueca de asco. Alrededor del hall se alinean varias habitaciones idénticas a aquélla de donde acaba de salir ROSEANNE. MUJER cosiendo: “Ah, veo que ya ha despertado. ¿Quiere hablar con mi marido. Está en aquella habitación, cuidando a su amigo herido (la señala). ¿Le gustaría tomar una taza de sopa, o alguna otra cosa?” ROSEANNE: “Después, gracias. Por cierto, qué hora es?” MUJER: “La luna ya hace tiempo que brilla”. ROSEANNE: “Ah, gracias”.

Entonces se dirige a la habitación de CHARLES. Allí encuentra a un viejo indio, con cabello blanco y una cinta en el pelo. ROSEANNE: “¿Cómo está?” (CHARLES está echado en un lecho, con una gasa en la cabeza, y con unas espadillas de madera que inmovilizan la pierna izquierda). El VIEJO dice: “Shh, dejémosle dormir”. Salen al hall, y la MUJER le da un cuenco de sopa a ROSEANNE. VIEJO: “¿Cómo está su pie?”. ROSEANNE: “Mejor, mejor. Cojeo un poco pero ya pasará. Gracias por todo. Si no fuese por ustedes ya nos habrían encontrado, y eso si no nos devoraba un oso antes”. VIEJO: “Nunca se sabe, desde que no hivernan, no saben qué hacer para saciar su hambre. Nosotros nunca nos sentimos tranquilos mientras no estamos en casa. Aquí no hay peligro...” ROSEANNE: “Mi nombre es Roseanne” (le extiende la mano). VIEJO: “Encantado. Yo soy TECUMPAH, jefe del poblado. Mi mujer se llama LILIH”. ROSEANNE sonríe: “Encantada de conocerla (dirigiéndose a LILIH). Por cierto, esta sopa está deliciosa”. LILIH: “Gracias, señora. Es una receta especial: algunas hierbas con grasa de reno. Muy buena para el estreñimiento”. TECUMPAH: “Su amigo necesita reposo. Seguramente algunas semanas. No está grave pero está débil: ha perdido mucha sangre. Además, hay que evitar que gangrene su herida de la pierna”. ROSEANNE: “No quisiéramos causarles molestias...” TECUMPAH: “Descuide. Todos los guerreros han ido de caza al Norte. Estarán fuera por lo menos un mes. Y como ve, no falta sitio”. ROSEANNE: “Procuraremos buscarnos nuestra propia comida”. TECUMPAH: “Por supuesto, eso ayudará”.

 

En ese momento sale RITA de su habitación, con cara soñolienta. Se dirige a TECUMPAH. RITA: “¿Cómo está Charles?” TECUMPAH: “Bien, débil, pero sobrevivirá”. RITA: “¿Puedo entrar?”. TECUMPAH: “Por supuesto, pero procure no despertarle”. RITA entra a la habitación de CHARLES, que duerme plácidamente. Le pone la mano derecha en su frente, y luego le acaricia el pelo (enrosca un dedo en sus rizos). Luego, furtivamente, le da un beso en la frente.

Cuando vuelve al hall LILIH le da otro tazón de caldo. RITA: “Cómo se agradece algo caliente. Y para variar, esto parece natural. Al menos sabe a algo”. TECUMPAH: “Me alegro de que le guste. Por cierto, hemos metido a su prisionero en un calabozo. ¿Le parece bien?” RITA: “¿A ese perro en celo? Por supuesto; mis hombres están cansados, y sus mujeres necesitan protección. Además, hasta que no cese nuestra búsqueda, puede ser muy peligroso. Por cierto, ¿continúan sobrevolando el territorio?” TECUMPAH: “Sí, pero no se preocupe. Mientras que estemos aquí, en el kiva, nunca nos localizarán: este refugio es demasiado profundo, y tiene una capa impermeable de tierra y piedra que lo hace prácticamente indetectable desde arriba, e invisible desde la superficie”. RITA: “No sabe cuánto me alegro. Por nuestra seguridad, y por la suya”. En ese momento se incorporan RICHARD y LAURA, con cara sonriente. RITA: “Charles está bien, no os preocupéis”. LAURA: “¿Está inconsciente?” TECUMPAH: “No, sólo duerme. Pronto despertará”. RICHARD: “Bueno, ¿y ahora qué hacemos?”. RITA: “Esperar. ¿Qué otra cosa podemos hacer?”

 

Al día siguiente, por la mañana, TECUMPAH, RICHARD, LAURA, y dos SOLDADOS, salen a cazar. Se ve el exterior del kiva: es un montículo de tierra herbácea con canales de piedra (dispersos aleatoriamente), que desembocan en un reguero que circunda el kiva, el cual se dirige a un depósito situado unos metros más abajo. Se distingue una abertura (la entrada) que conduce a la profundidad del kiva, y un orificio, horadado en un tronco seco, como chimenea. Es prácticamente indetectable a simple vista, si no se fija la atención en él. TECUMPAH: “Vayamos por aquí. Hace unos días vi una manada de alces... Quizá aún no hayan marchado”. Los demás le siguen en silencio. TECUMPAH rastrea el suelo con sumo cuidado, fijándose en las huellas, en los excrementos, en las ramas rotas, o en los mechones de pelo de alce, enganchados en la maleza. Después de un rato, TECUMPAH ha cazado algunos conejos con certeros disparos de flecha. Paran a descansar en un claro del bosque.

RICHARD (dirigiéndose a TECUMPAH): “Yo pensaba que esta forma de vida... ya había desaparecido. ¿No se sienten solos, en esta espesura, rodeados de fieras salvajes, y expuestos a la Naturaleza, sin compañía de... otra gente?” TECUMPAH: “Civilizada, supongo que quiere decir”. RICHARD: “No, no quería decir exactamente eso...” TECUMPAH: “Sí, supongo que sí quería decir eso. Pero no se preocupe, no me ofenderé. De todos modos, no tengo un buen concepto de lo que usted entiende por civilización”. RICHARD: “Créame, no es que a mí me guste la forma de vida... civilizada, si usted quiere llamarla así. Pero pienso que es innecesario aislarse de, al menos, algunas de sus ventajas...” TECUMPAH: “Mire, amigo. Si usted estira un poquito una hebra de lana, en un jersey, puede pensar que no se notará... Pero si continúa estirando, ese jersey se irá descomponiendo hasta quedar reducido a... nada. En nuestro caso, si usáramos esas flamantes armas (refiriéndose a la que porta RICHARD), necesitaríamos munición, y a su vez tendríamos que cazar para conseguir esa munición... Cuando nuestra munición está esparcida por todo este bosque... Y no necesitamos cazar más de la cuenta para conseguirla. Además, aislados de la civilización podemos mantener nuestra vida en un tranquilo anonimato. No, no queremos saber nada de su civilización; no la necesitamos”. RICHARD: “Pero ustedes no pueden renunciar a sus aspectos positivos: la medicina, por ejemplo”. TECUMPAH: “En este bosque encontramos todo lo que podemos necesitar. Y de él no extraemos sino lo necesario. Y si el Gran Espíritu decide que alguno de nosotros muera, sabemos que de sus cenizas brotará nueva vida. Nuestra existencia está ligada a la de la tierra en la que habitamos; sin ella, nuestra vida sería estéril y sin sentido”. RICHARD: “¿Por eso viven en esos refugios subterráneos?” TECUMPAH: “Ellos son nuestro hogar, pero también son nuestros santuarios. En ellos nacemos y en ellos somos enterrados. En todo momento vivimos en el vientre de nuestra madre tierra”. RICHARD: “¿Y sus hijos están de acuerdo con este tipo de vida?” TECUMPAH: “Lo están, porque no conocen otro”. RICHARD: “Entonces, ¿cómo es que ustedes hablan nuestra lengua?” TECUMPAH: “Nosotros también vivimos en su civilización, hace más de doscientos años, hasta que decidimos recuperar nuestras raíces: la forma de vida de nuestros antepasados. Hemos perdido su lengua, pero no su espíritu”. RICHARD: “Entiendo...”

LAURA: “Señor TECUMPAH. En cierto modo les admiro, porque están al margen de un montón de cosas supérfluas, porque tienen una vida sencilla y plena... Pero, vivir no es sólo eso. ¿Acaso no encuentra a faltar otros alicientes: belleza, arte, cultura, ciencia...?” TECUMPAH: “Ninguna de sus obras de arte puede igualar la sutileza de una flor; ninguno de sus ingenios diabólicos puede igualar la destreza de uno de nuestros cazadores; ninguna de sus películas puede igualar la elocuencia de nuestros recitadores de historias... Nada de eso nos hace falta, porque estamos sobrados de todo... En cambio, ustedes, que poseen tantas cosas, nunca tienen lo suficiente.” RICHARD: “Y también tienen unas mujeres muy bonitas”. LAURA le da un codazo: “¡Descarado!”. Todos ríen.

 

En el kiva. RITA está en la habitación de CHARLES. Le sostiene una mano mientras éste duerme. ELLA está respaldada en una pared, sentada en cuclillas. ROSEANNE está con LILIH, que está haciendo la comida en una gran cacerola de barro cocido, ligeramente esmaltada. LILIH: “Qué tierna escena: una mujer cuidando a su amado, mientras éste está convaleciente... Ah, qué dulces recuerdos de juventud, cuando TECUMPAH volvía de sus jornadas de caza, herido. Entonces, dejaba de ser un poderoso cazador y, en cambio, parecía una dulce gacela indefensa...” ROSEANNE: “Lo que son las cosas. Ésta no es la mujer que conocí hace escasos días... Tan arrogante y desafiante...” LILIH: “El amor hace milagros”. ROSEANNE: “Pero son personas tan diferentes... Ella parece una amazona (es decir, esas guerreras de la Antigüedad, implacables en la batalla). Lo lógico es que alguien de su temperamento necesite a alguien con su mismo carácter... un Hércules, por ejemplo. En cambio, Charles...” LILIH: “Usted no ha estado casada, ¿verdad?” ROSEANNE: “No, ¿por qué?” LILIH: “Mire, si usted pone dos perros dominantes en un mismo redil, se despellejarán; en cambio, uno manso y otro dominante pueden llevarse muy bien si ambos se complementan. Lo mismo pasa con las personas”. ROSEANNE: “¿Quiere decir que Charles y Rita pueden hacer buena pareja?” RITA: “Eso nunca se puede saber con certeza. Pero si hay amor, todo es más fácil”. ROSEANNE (con cara melancólica): “Tal vez tenga razón”.

 

Unos días después, CHARLES está despierto. RITA le está dando de comer con un cucharón de palo. CHARLES está recostado y RITA en cuclillas. RITA: “Así, muy bien... Ahora otra cucharadita...” CHARLES: “Rita, te agradezco mucho tus cuidados. Pero pienso que esto es excesivo... !Qué pensarán los demás!” RITA: “Los demás que se vayan al infierno. Ahora lo importante es que comas y que recuperes fuerzas”. CHARLES: “¿Cómo está la pierna?” RITA: “Bien, bien, mucho mejor. En unas cuantas semanas podrás volver a andar”. CHARLES: “¡Cómo! ¿Unas semanas? ¡En absoluto! Tenemos prisa, no hay tiempo que perder”. RITA: “Tranquilo, cariño (hace mueca de azoramiento), perdón... Charles. Nos conviene que pase una temporada hasta que todo esté más tranquilo”. CHARLES: “Pero piensa en lo que puede estar pasando fuera... Tal vez sea demasiado tarde para evitar la tiranía... Ellos...” RITA: “Calma, Charles, todo a su tiempo, todo a su tiempo. Ahora cómete esta sopita... Otra cucharadita...”

 

LIONEL está en una celda, vigilado en todo momento por dos SOLDADOS. Está echado en el lecho. En ese momento entra LAURA. LAURA: “LIONEL, ya hace bastantes días que estamos aquí, y ya han dejado de buscarnos. Por eso te vamos a dejar libre. Podrás moverte por el poblado y nos puedes ayudar a cazar. Te advierto que estamos a miles de kilómetros de distancia de cualquier sitio habitado: si trataras de escapar no llegarías muy lejos”. LIONEL: “Muy amable, encanto. Pero no garantizo mi entera lealtad... a tu sucia Resistencia”. LAURA: “Menos mal. Con aliados como tú quién necesita enemigos... Pero procura no hacer tonterías: te pueden salir muy caras. Ah, y no te acerques a las chicas del poblado (entonces le enseña una navaja). Esto está muy afilado...”

 

Han pasado algunos días. RITA sostiene a CHARLES, mientras Él da pequeños paseos por el hall del kiva. Poco a poco vuelve a adquirir agilidad en sus piernas. TECUMPAH: “Creo que dentro de unos días ya podrá caminar solo. Pero aún necesita al menos dos semanas para estar completamente recuperado”. RICHARD: “Mientras tanto podemos preparar nuestra partida”. LAURA: “¿Qué sugieres?” RICHARD: “Charles y yo volveremos a Londres; tú te quedarás en Ottawa, con Roseanne, y Rita y los soldados marcharán a la base en Siberia”. LAURA: “¿Y Lionel?” RICHARD: “No lo sé; aún no lo he pensado”. TECUMPAH: “Si me permiten, sugiero que se quede aqui” LAURA: “No se lo recomiendo...” TECUMPAH: “Nunca nos irá mal tener buenos cazadores; al menos hasta que ustedes lo vengan a buscar...” Hay un embarazoso silencio.

 

Han pasado varios días. LIONEL está en el bosque, cortejando a la hija de TECUMPAH, CANDI (de unos 15 años). LIONEL: “Tienes un pelo fino, y sedoso (lo huele). Y huele tan bien...” CANDI: “¿Te gusta?, me lo lavo cada día, en el río”. LIONEL: “De ti me gusta todo; incluso esa naricita respingona...” Se la toca. Ella ríe coquetamente. LIONEL: “¿Quieres que nos bañemos juntos en el río?” CANDI (firme): “Por supuesto que no, no estaría bien”. LIONEL: “No seas tan remilgada, preciosa; ¿quién nos va a ver?” CANDI: “Que no. Pero podríamos dar un paseo”. LIONEL: “Buena idea, encanto”. ÉL la coge de una mano y comienzan a caminar. Después de un rato escuchan un ruido raro: unas matas se mueven. CANDI se asusta, y se abraza a él. Entonces aparece un enorme alce, que empieza a escarbar la tierra amenazadoramente. LIONEL empieza a dar marcha atrás, con CANDI abrazada. LIONEL: “Tranquila, Candi, no pasa nada”. Al final el alce desaparece por donde ha llegado. CANDI trata de separarse de LIONEL pero éste no la deja. LIONEL trata de besarla pero ella le rehúye. CANDI: “Déjame, déjame marchar”. LIONEL le tapa la boca. ELLA se resiste y le muerde la mano. Entonces él se pone furioso, frenético. Trata de desvertirla. ELLA marcha corriendo, llorando y gitando. LIONEL: “¡Candi, vuelve, era sólo una broma, vuelve aquí!” Cuando CANDI está lejos, decide escapar. Se le ve desaparecer entre la maleza.

 

Es de noche. LIONEL está en mitad del bosque. Se oyen ruidos amenazadores. Está muerto de miedo y de frío. Además, está hambriento. LIONEL está en la orilla de un río. Entonces ve un resplandor en la lejanía. Se aproxima cautelosamente, para evitar ser descubierto. Detrás de unas matas ve una partida de cuatro cazadores y tramperos. Están charlando animadamente alrededor de un fuego, mientras se comen varios conejos asados. LIONEL se aproxima. UN CAZADOR se pone en guardia: “Ey, ¿hay alguien ahí?” En el fondo se ve la silueta de LIONEL. El CAZADOR le apunta. OTRO CAZADOR: “Pero si es un muerto de hambre, ¡y es blanco!” OTRO CAZADOR: “Qué agradable sorpresa: quizá tenga oro en los bolsillos. Eh, ¿eres un buscador de oro, o algo así?” LIONEL: “No, no lo soy, pero si me lleváis a Ottawa vais a tener tanto oro que no os va a caber en vuestros morrales”. PRIMER CAZADOR: “Anda ya, muerto de hambre”. LIONEL pone expresión de súplica, señalando a la comida. SEGUNDO CAZADOR: “¿Habéis visto?, si no tiene ni dónde caerse muerto. Anda, come ya, que me da grima verte”. Los cuatro cazadores se parten el pecho de risa.

 

Al día siguiente el poblado indio está alterado. Ha llegado una partida en busca de LIONEL. TECUMPAH: “No creo que haya llegado muy lejos. Quizá esté muerto ya: el frío o alguna fiera salvaje habrá acabado con él”. RICHARD: “Es posible, pero habrá que tomar precauciones. Nosotros partiremos mañana; Charles ya puede moverse por sí solo. Les aconsejo que ustedes busquen otro sitio de acampada”. TECUMPAH: “Imposible, primero tenemos que esperar a nuestros guerreros. No podemos marchar sin ellos. Además, aquí están los huesos de nuestros padres y amigos. No podemos abandonarlos así como así”. RICHARD: “Está bien; esperen a su gente, pero marchen después. Hay que evitar cualquier riesgo. Nunca se sabe; quizá Lionel haya encontrado tramperos, o cazadores, o buscadores de oro”. TECUMPAH: “Sea como sea, el Gran Espíritu nos protegerá”. RICHARD: “Oiga...” LAURA le interrumpe: “Richard, no insistas. Venga, ayúdame a empaquetar las cosas. Hay mucho trabajo que hacer”. TECUMPAH se queda solo, reflexionando...

 

Es de noche. Todos están dentro del kiva. CHARLES y RITA, así como RICHARD y LAURA, están en sendos extremos del hall, charlando solos. ROSEANNE está con TECUMPAH y LILI, al lado de la chimenea. El ambiente es triste y melancólico. Se siente una atmósfera de adioses y amargas (pero esperanzadas) despedidas.

LILIH: “No me gustaría estar en sus pieles. No hay nada más doloroso que la separación de dos amantes que, tal vez, no vuelvan a encontrarse nunca más”. ROSEANNE: “El amor también tiene su cara amarga”. TECUMPAH: “Pero a pesar de todo vale la pena vivirlo...” ROSEANNE mira a RITA y CHARLES; se están besando. También lo hacen LAURA y RICHARD. ROSEANNE: “Discúlpenme”. Entonces se dirige a su habitación.

 

Es de día. Todo está preparado para marchar. Nuestros amigos están al lado de tres kayaks de grandes dimensiones. Se están despidiendo de TECUMPAH y LILIH. TECUMPAH: “A dos lunas de aquí encontrarán, río abajo, un campamento de contrabandistas de pieles. Allí han de preguntar por ‘El Capitán’. Le darán estas pieles (señala tres montones de pieles curtidas cargadas en los kayaks) como presente mío. Él les ayudará a encontrar transporte (clandestino) para cualquier lugar donde vayan. Si tienen suficiente dinero, por supuesto”. RITA: “Lo tenemos”. TECUMPAH: “Entonces no habrá problema. ‘El Capitán’ no hace preguntas. Por cierto, tengan cuidado: esa gente no ve mujeres durante meses...” RITA: “No se preocupe. Nos sabemos cuidar solas”. CHARLES: “Perdone mi curiosidad; pero, ¿de qué los conoce?”. TECUMPAH: “No nos gustan, pero tenemos que contar con ellos. De vez en cuando les damos pieles, y ellos protegen nuestro anonimato; también les ofrecemos ayuda, en casos especiales”. CHARLES: “¿Qué tipo de ayuda?” TECUMPAH: “Escondemos a sus fugitivos. No es que sean mala gente, pero sus negocios no son del todo legales. Por eso les ayudarán, siempre que les puedan ofrecer suficiente dinero”. RICHARD: “Vale, ya está bien de cháchara. Tenga esto (le ofrece un intercomunicador como el de la primera parte). Apriete este botón cuando su poblado esté en una situación de verdadero peligro. En ese caso intentaremos socorrerles. Pero sólo en ese caso. Y sobre todo procure que no llegue a las manos de los agentes del Gobierno”. ¿Entendido?” Entonces todos se abrazan emocionados y parten.

 

Nuestros amigos están remando en el río, corriente abajo. En un kayak van RICHARD, LAURA y ROSEANNE; en el otro RITA y CHARLES; y en el último los SOLDADOS. RITA y CHARLES están hablando, mientras reman. CHARLES: “Nunca olvidaré lo que has hecho por mí...” RITA: “Descuida, en una guerra todos tenemos que ayudarnos, si queremos sobrevivir”. CHARLES: “Creo que no es sólo eso. Tu atención fue tan... maternal”. RITA: “Charles, yo soy un soldado...” CHARLES: “Y también una mujer. Pero Rita, yo no soy tu hijo. Soy un hombre...” RITA: “En ningún momento pensé que te estaba tratando como a un hijo...” CHARLES: “Tal vez lo hagas de forma inconsciente... Pero, ¿por qué?” RITA: “No lo sé. Te lo juro, Charles”. CHARLES: “Por favor, explícame algo de tu niñez”. RITA: “No hay mucho que contar... Me quedé huérfana a los siete años. Estuve en un orfanato. En los años difíciles, no pude contar con el apoyo de unos padres. Tal vez por eso soy como soy”. CHARLES: “¿Cómo eres?” RITA: “Tan brusca, y a la vez tan maternal. Supongo...” CHARLES: “Es curioso: yo también estuve en un internado; y respecto a mis padres, es como si no los hubiera tenido”. RITA: “Sí que es curioso. ¿Tal vez por eso me gustas?” CHARLES (azorado): “Rita, algún día me tendrás que explicar cómo acabaste de soldado”. RITA (sonriendo): “Es una larga historia...”

 

En el otro kayak. RICHARD: “Laura, cuando llegues a Ottawa, procura averiguar cuándo y dónde se reunen los miembros de La Sociedad. Para acabar con este régimen primero tendremos que neutralizar a esa gente”. LAURA: “Pero, ¿cómo? Sabes que ya no tengo acceso a esta información”. RICHARD: “¿No conoces a nadie de confianza?” LAURA: “Espera, tal vez...” ROSEANNE: “¿Y dónde nos alojaremos mientras tanto?” RICHARD: “No hay problema, yo os daré una dirección. Cuando tengáis la información, enviadla a la Montaña Sagrada. Ellos nos la harán llegar a nosotros”. LAURA: “¿Y vosotros, qué haréis?” RICHARD: “Intentaremos organizar la rebelión entre soldados, agentes desafectos y trabajadores. Tengo unos cuantos contactos que pienso que no me fallarán. En el momento oportuno tendremos el apoyo de las fuerzas en Siberia. Dejadlo de mi cuenta.” LAURA: “Id con cuidado”. RICHARD: “Vosotras también”.

 

Es de noche. Nuestros amigos han organizado un campamento. Están comiendo carne seca (pemmikan indio) que les ha facilitado TECUMPAH. Los mosquitos los acosan desde todas partes. ROSEANNE (haciendo aspavientos): “Malditos mosquitos...” RITA (divertida): “Y estos no sólo pican, también te arrancan la piel”. ROSEANNE: “Condenado bosque; o los osos o los mosquitos van a acabar con nosotros...”

 

Es de noche. Nuestros amigos están durmiendo en el campamento, enfundados en unas pieles. De repente, de la espesura, se ve salir un oso (grizzly). Empieza a merodear por el campamento. RICHARD se despierta (comprueba que su arma está lejos), y luego vuelve a hacerse el dormido, con un ojo entreabierto. El oso va a los morrales de la comida. Los huele y los coge con el hocico. Luego se va. RICHARD respira aliviado.

 

A la mañana siguiente, RICHARD explica a sus compañeros lo que ha pasado. RICHARD: “Lo siento amigos, nos hemos quedado sin provisiones. A partir de ahora comeremos lo que podamos cazar”. LAURA: “Y aún hemos tenido suerte: sin esa comida, tal vez hubiésemos sido nosotros su alimento”. ROSEANNE: “Visto así, también es un consuelo...”

 

Nuestros amigos están en otro campamento. LAURA y RITA están en mitad del río, con un palo puntiagudo en la mano, intentando pescar salmones. LAURA: “Espera, creo que aquí tengo uno...” Lo intenta pinchar, pero con tan mala fortuna que pierde el equilibrio y cae al agua. Sale completamente mojada, pero con el salmón en la mano. LAURA: “¡Eh, amigos, hoy tenemos cena!”

 

Se está haciendo de noche. Están comiéndose los salmones asados. LAURA está enfundada en una piel, esperando que su ropa se seque. RICHARD: “Bueno, mañana llegamos a nuestro destino. Allí nos separaremos, quién sabe durante cuánto tiempo”. Coge un cuenco de madera y un odre. RICHARD: “Brindo por el futuro”. Los demás se sirven un brebaje, que puede ser savia de arce. TODOS: “Por el futuro”. Todos beben. CHARLES: “Y yo brindo por nosotros”. TODOS (muy alto): “¡Por nosotros!”. Cuando han acabado, TODOS hacen una risa amarga. ROSEANNE: “Todo irá bien; ya sabéis lo que dijo el Abad: ‘Tened fe, porque al final la verdad triunfará’”. TODOS: “¡Por el triunfo!”.

 

Están en los kayaks. Acaban de llegar al campamento de contrabandistas. Se ven unos cuantos barracones y una enorme plataforma de aterrizaje de naves de cargamento. Nuestros amigos se introducen en lo que parece la cantina de la base. Cuando entran, un montón de hombres curtidos y barbudos les observan impúdicamente, sobre todo a las mujeres. Después de pedir su consumición, se sientan en una mesa (y los SOLDADOS en otra). RICHARD (a un hombre de la mesa de al lado): “Oiga, ¿podría decirme dónde puedo encontrar al Capitán?” El hombre se hace el sueco. HOMBRE: “No sé a quién se refiere”. RICHARD le da dos billetes. HOMBRE: “Lo encontrará en el segundo barracón a la derecha”. RICHARD: “Por cierto, ¿ha visto llegar a alguien más, con apariencia extraña, estos dos últimos días?” Le da otros dos billetes. HOMBRE: “Como no sea aquel panoli que vino ayer...” RICHARD: “¿Cómo era?, descríbamelo”. HOMBRE: “Ah, ahora creo recordar. Era de esos con cara guapa que apestan a poli”. RICHARD: “¿Qué ha sido de él?” Le da otros dos billetes. HOMBRE: “Creo que fue a hablar con El Capitán”. RICHARD: “Muchas gracias por su amable... colaboración”. HOMBRE: “No se deben”. Luego voltea los billetes mientras los sopla. HOMBRE: “Oiga, esas hembras, ¿también están en venta?” RICHARD le hace una cara de perros. HOMBRE: “Calma, hombre. Sólo era una broma”.

 

Nuestros amigos están en la calle. RICHARD: “Ya lo habéis oído. El Capitán está sobre aviso. ¿Qué hacemos?” ROSEANNE: “Creo que nos la tenemos que jugar. De todos modos, él ya debe saber que estamos aquí". RITA: "Habrá que comprobar qué lealtad es más fuerte: a Tecumpah, o al Gobierno”. RICHARD: “Creo que a ninguno de los dos. Ese tipo de gente sólo es amiga de una cosa (le enseña un fajo de billetes): de esto”.

 

Entran en el barracón de EL CAPITÁN. ÉL está sentado en una butaca de madera, con los pies encima de un escritorio también de madera. Los ve entrar. CAPITÁN: “Vaya, ya han llegado. Les estaba esperando”. RICHARD: “¿Sabe quiénes somos?” CAPITÁN: “Sí, no es necesario que se presenten. Sé perfectamente quiénes son”. Tiene un palillo en la boca, que está moviendo mientras habla. Pone una sonrisa estúpida y se echa los brazos detrás de la cabeza. CAPITÁN: “¿Y bien?” RICHARD: “Le traemos un presente de Tecumpah”. CAPITÁN: “Diré que lo dejen en el depósito. ¿Alguna cosa más?” RICHARD: “Necesitamos transporte... clandestino”. CAPITÁN: “Eso ya me gusta más. ¿Cuánto pueden pagar?” RICHARD: “Cincuenta mil para tres destinos diferentes. Lo toma o lo deja”. CAPITÁN: “Me temo, amigos, que no están en posición de negociar... Cien mil o les entrego a las autoridades”. RICHARD (hace glup con el gaznate): “Está bien. Pero no quiero trucos”. CAPITÁN: “Le doy mi palabra de contrabandista”. RICHARD: “¿Cuánto vale su palabra?” CAPITÁN: “Lo que me quiera pagar el mejor postor. Ustedes han tenido la fortuna de llegar con el bolsillo lleno. El guaperas que les ha precedido sólo me ha dado un pagaré (se lo enseña). Entienda que este negocio también tiene sus riesgos...” RICHARD: “¿Y a las autoridades, qué les dirá?” CAPITÁN: “Yo nunca los he visto”. RICHARD: “Eso está mejor”. CAPITÁN: “De todos modos, no tienen de qué preocuparse: me temo que ustedes llegarán antes que él a su destino” (hace una mueca burlona).

 

Se ve una imagen en la que aparece LIONEL, en el río, intentando poner en marcha una motora que no arranca. Cuando se ha cansado, coge unos remos y se pone a remar. LIONEL: “Maldito bribón. Me las pagará...”

 

EL CAPITÁN y nuestros amigos están tomando unas copas en una cabaña, después de comer. ROSEANNE: “¿Qué novedades hay. Hace un mes que no sabemos nada del mundo”. EL CAPITÁN: “Nada bueno. Después del golpe de fuerza de los rebeldes, han puesto un gobierno militar títere. Han endurecido la represión, y hay estado de sitio. Está prohibido andar en grupo (ni siquiera tres personas). Hay policía secreta por todas partes. Por eso nadie abre la boca”. LAURA: “¿Se sabe algo de la Resistencia?” CAPITÁN: “Creo que el Gobierno ha encontrado su escondrijo en Terranova. No sé nada más... Por cierto; ¿ustedes participaron en la acción? Eso estuvo muy bien; de verdad, amigos, muy bien”. Nadie dice nada. CAPITÁN: “Vale, amigos, yo no he dicho nada. Si les parece, hablemos del ‘servicio’. Ustedes dos (refiriéndose a LAURA y ROSEANNE) van a Ottawa, ¿no es así?. Bien, esta misma tarde cogerán un transporte a la capital. Les dejará en el aeródromo civil. Allí se montarán en una furgoneta que les llevará al centro...” LAURA: “¿Habrá controles?” CAPITÁN: “Por supuesto que los habrá; pero no se preocupen: los de inspección son viejos amigos nuestros”. Ahora se refiere a RICHARD y CHARLES. CAPITÁN: “Ustedes se dirigen a Londres, ¿verdad? Por la noche saldrá un vuelo a esa ciudad. Está todo programado... Bueno (dirigiéndose a RITA), sólo falta usted y sus soldados. Aquí está la parte delicada del asunto. Nosotros no tenemos ningún vuelo a Siberia (son nuestros competidores). Podríamos despertar sospechas. Pero tengo buenos amigos en Alaska. Partirán mañana por la mañana. Los dejaremos en el aeródromo del Yukón. Allí les pasará a recoger un amigo, que les transportará a donde deseen”. RITA: “¿Cómo lo reconoceré?” CAPITÁN: “Les estará esperando. Es fácil de reconocer: es esquimal. Bien, amigos: ahora bebamos a nuestra salud”. Todos beben.

 

LAURA y ROSEANNE están en la escalerilla de su nave de carga. LAURA besa apasionadamente a RICHARD. ROSEANNE está en un discreto segundo plano. Al final se introducen en la nave. RICHARD (emocionado): “¡Suerte!”. La nave despega.

 

Es de noche. RITA despide a RICHARD y CHARLES. La nave acaba de despegar. ELLA se dirige a la cantina (sola). Allí pide una bebida, y se queda en la barra. Se le acerca el HOMBRE de antes (que les dio la información). HOMBRE: “Eh, moza, ¿necesitas una cama calentita? Te ofrezco cama y lo que quieras, todo gratis”. Se pone a reír (le faltan unos cuantos dientes). RITA: “No gracias”. HOMBRE: “Venga, moza. Hoy no estoy de humor”. Entonces le da una palmadita en el trasero. Ella desenfunda y le pone el cañón en el gaznate. RITA: “No vuelvas a hacer eso, baboso”. HOMBRE: “Vale, vale. Lo he entendido. ¿Ves?, me voy ya” Marcha de espaldas hacia la entrada. Entonces, cuando RITA vuelve a darse la vuelta, él desenfunda su pistola. El CAPITÁN, que estaba en la cantina, ve que está a punto de apretar el gatillo y lo mata de un disparo. Luego se dirige al cuerpo y comprueba que está muerto. CAPITÁN: “Sólo nos faltaba esto. Creo que habrá que acelerar su partida”. RITA: “¿Qué hacemos con el cadáver?” CAPITÁN: “No se preocupe: yo me encargo de él”.

 

RITA y los SOLDADOS se meten en una nave. Ésta despega. RITA ve el campamento desde arriba. En ese preciso momento llega una nave oficial. RITA (para sí): “Espero que al Capitán le haya dado tiempo de deshacerse del cuerpo”. Luego se recuesta. Ya al amanecer, llegan al aeródromo del Yukón. Allí se les ve salir de la nave. Encuentran otra nave aparcada, que les espera. RITA le da la mano a un hombre. Posteriormente se introducen en esa nave. Ésta arranca. Se la ve desaparecer en un cielo rojizo, presidido por un sol que acaba de salir por el horizonte.

 

En la sede del Gobierno. KANATA OTOMO (el POTENTADO JEFE de la segunda parte) está hablando con HARRY FONTANA, Presidente del Gobierno (vestido de general). KANATA: “¿Saben algo de los líderes rebeldes?”. HARRY: “Les estamos siguiendo la pista; mi instinto me dice que más pronto que tarde les atraparemos...” KANATA: “¡Basta de excusas!: ¿saben dónde están o no?” HARRY: “Por el momento no, señor. No tenemos ni la más remota idea”. KANATA: “Es preciso que los encontremos, que descabecemos el movimiento de Resistencia. Hasta que llegue ese momento, tendremos que endurecer aún más las medidas de excepción”. HARRY: “¿Aún más?; es imposible señor”. KANATA: “¡No me replique; limítese a obedecer mis órdenes! A partir de hoy queda abolida la libertad de expresión en cualquier centro laboral, recinto público o medio de transporte; no se permitirán conversaciones de ningún tipo, bajo pena de arresto. Se intervendrán aleatoriamente las llamadas telefónicas. Se vigilará con cámaras las vías públicas. Hay que extirpar cualquier posibilidad de subversión o de difusión de mensajes revolucionarios. Ah, y detengan a cualquiera que intente alterar el orden en las empresas. Todo elemento subversivo será confinado en campos de trabajos forzados. ¿Entendido?”. HARRY: “Sí, señor”. KANATA: “Ocúpese de que estas directrices lleguen a toda la población”. HARRY: “Como ordene, señor”.

 

En el campamento de contrabandistas. Es por la mañana temprano. Un grupo de agentes del Gobierno está inspeccionando la base y las naves. CAPITÁN (hablando a LIONEL): “¿Que se le ha parado el motor de la barca? No sabe cuánto lo siento. Tendré que hacer algo con ese mecánico. Es intolerable. ¡Si hace sólo unos días que lo revisó!” Pone cara enfurruñada. LIONEL: “Si no me llega a encontrar esta nave aún estaría remando. Mire, mire cómo tengo las manos”. Le enseña unas manos llenas de ampollas. CAPITÁN: “Qué barbaridad, nunca había visto unas manos tan estropeadas. ¿Ahora cómo va a acariciar... las delicadas pieles de sus conquistas?” (le guiña un ojo). LIONEL: “Es verdad, no lo había pensado...” Pone un semblante de preocupación. CAPITÁN: “En un hombre atractivo sólo hay algo peor que tener unas manos arrugadas...” El COMANDANTE de la nave oficial: “Tener el pito arrugado”. El CAPITÁN, el COMANDANTE y la TRIPULACIÓN se ponen a reír a costa de LIONEL.

LIONEL: “Bueno, ya está bien de broma. Ahora díganos: ¿ha visto a los rebeldes?” CAPITÁN: “No, no sé nada de ellos. Y ya me gustaría echarles en guante: ¡atreverse a irrumpir en mis dominios! No puedo consentir que me espanten la caza...” COMANDANTE: “Vamos a comprobar eso que dice”. CAPITÁN: “¿Ponen en duda mi palabra?” COMANDANTE: “No, no, por supuesto. Es pura rutina”. Los tres se dirigen a la cantina. En la puerta de entrada el CAPITÁN pregunta a los cazadores que están en su interior: “Eh, muchachos, ¿sabéis algo de unos forasteros?” Todo el mundo dice que no. CAZADOR: “Yo no he visto a nadie, ¿y tú, Bill?” BILL: “Yo tampoco”. Todo el mundo dice lo mismo. CAPITÁN: “¿Lo ve? Aparte de este hombre (refiriéndose a LIONEL), no hemos visto a ningún extraño en los últimos días”. COMANDANTE: “Está bien. Le creo. Vámonos”. Cuando están marchando ven una gran mancha de sangre en el suelo. COMANDANTE: “¿Qué es esto?” CAPITÁN (azorado): “Nada, nada, una simple pelea sin importancia”. COMANDANTE: “¿Qué pasó?” CAPITÁN: “Un borracho amenazó a otro; le iba a disparar por la espalda... y yo le maté. Está ahí, enterrado en las afueras... ¿Verdad muchachos?” Todos asienten. COMANDANTE: “Enséñeme su tumba”. Salen fuera y se dirigen a un cementerio. Le enseña una tumba consistente en un simple montón de tierra con una cruz de madera mal hecha. CAPITÁN: “Está aquí... Si quiere lo desenterramos”. COMANDANTE: “No es necesario: lo que pase aquí no es de mi incumbencia”. CAPITÁN: “Entiéndalo, señor. Estamos a muchas millas de distancia de la civilización. Los chicos no tienen mujeres. Están muy alterables. Alguien tiene que imponer orden... Y aquí quien manda soy yo”. COMANDANTE: “Bien, bien. Ya es suficiente”. Dirigiéndose a LIONEL. COMANDANTE: “Usted vaya al poblado, con algunos hombres. El Capitán y yo tenemos que hablar de asuntos importantes”. LIONEL: “Como desee, mi comandante”. LIONEL marcha a la nave. Un momento después se la ve partir.

 

CHARLES y RICHARD están en Londres. Han cogido el metro. En él comprueban que todo el mundo está en silencio, con caras largas, de preocupación. Salen a la calle y lo mismo. Entran a un bar y se dirigen a la barra. RICHARD (al barman): “Dos cafés y pastas, por favor”. Comprueban que en el bar nadie habla tampoco. Ellos se miran sorprendidos.

Vuelven a estar en la calle. Se dirigen a un bloque de apartamentos. Van al piso cincuenta (es el mismo lugar de refugio de la primera parte, donde estuvo THOMAS). Una vez que están dentro, los dos suspiran profundamente. CHARLES: “Menos mal que ya estamos aquí, qué agobio ahí fuera”. RICHARD: “Lo que he visto supera mis peores pesadillas. Es espantoso. Nunca había visto tanto miedo en la cara de la gente”. CHARLES: “¿Dónde estamos?”. RICHARD: “Es un lugar de refugio de la antigua Hermandad. Leonard lo usaba a veces para ocultar agentes. No creo que se les ocurra buscarnos aquí: sólo él y algunos agentes de su confianza lo conocían; y ahora él está muerto”. CHARLES: “¿Y los otros agentes?” RICHARD: “Somos yo y Laura; los encargados de vigilar a Thomas...” CHARLES: “Entonces estamos seguros”. RICHARD: “Totalmente”.

En ese momento suena el timbre de la puerta. RICHARD: “Qué extraño”. Desenfunda la pistola y se dirige a la puerta. Hace señal a CHARLES de que abra, mientras que él está escondido en el hueco entre la puerta y la pared. CHARLES abre. Encuentra a un hombre pequeñito y medio calvo, con bigote. HOMBRE: ¿Puedo entrar, señor?”. CHARLES cierra la puerta. RICHARD le apunta con su pistola. HOMBRE (con las manos en alto): “Tranquilo, tranquilo. Estoy desarmado...” CHARLES le cachea. Hace señal a RICHARD de que no tiene armas. RICHARD: “¿Qué quiere usted?”. HOMBRE: “Mi nombre es JOSEPH, Joseph Smith. Soy un vecino de este rellano. Les he visto entrar, y me he decidido a hablar con ustedes...” RICHARD: “¿De qué?” JOSEPH: “Miren. Hace aproximadamente dos años y medio, un hombre (creo que fue el antiguo presidente del Gobierno, Thomas Cavite), estuvo residiendo aquí durante unos días. Lo sé, porque lo vi llegar con una mujer (creo que era su esposa; Bárbara se llamaba, ¿no es así?). A eso de unos doce o trece días después, vino a mi casa y me dio este sobre. Me dijo que se lo entregase a la primera persona que viese llegar a este apartamento. Y esto es lo que he hecho”. Les da una carta. (En el sobre está escrito: “Para Bárbara”.)

RICHARD: “Le estamos muy agradecidos por ello. Por favor, ¿podría esperar un momento, hasta que leamos la carta? Quisiéramos hablar con usted”. CHARLES abre el sobre. En él hay una carta que dice:

 

“Querida Bárbara. No sé si lo que estoy haciendo es una locura. Pero las circunstancias me obligan. No puedo esperar más, y tengo la intuición de que algo ha ido mal. Voy a intentar encontrarte. En caso de que no lo consiga huiré fuera del país, hasta que todo esté más tranquilo. Pero incluso en ese caso te buscaré. Haré todo lo que esté en mi mano para que volvamos a estar juntos. Un hombre que te quiere. Thomas”.

 

                CHARLES se emociona. RICHARD la lee después. JOSEPH: “Si me permiten... Me parece percibir alguna familiaridad en la cara de este señor... Me recuerda a alguien”. CHARLES: “Yo era hermano de Thomas, quizá por eso le suene mi cara”. JOSEPH: “Lo siento mucho por su hermano. De verdad; el pueblo le quería. Había depositado muchas esperanzas en él. Pero al final la realidad se ha impuesto... Nunca volveremos a recuperar la libertad... Ya no hay remedio”. RICHARD: “No, ¡se equivoca! Aún queda una esperanza...” JOSEPH: “¿Son ustedes de la Resistencia?” RICHARD: “Sí, lo somos. ¿Quiere unirse a nosotros?” JOSEPH: “Por supuesto que sí. Daría mi vida por luchar por la libertad...” CHARLES: “Y por la justicia también”. JOSEPH: “Sí, también por la justicia”. RICHARD: “Escúcheme bien...”

 

                El COMANDANTE de la nave y el CAPITÁN están en el despacho de este último. COMANDANTE: “Oiga, viejo zorro. Sé que me está mintiendo. Sé que su campamento es un nido de contrabandistas y de bribones. Sé que esos rebeldes han estado aquí...” CAPITÁN: “¿Sí? Demuéstrelo”. COMANDANTE: “Venga conmigo”. El CAPITÁN le sigue. Llegan al depósito de pieles. COMANDANTE: “Estas pieles están curtidas al estilo indio. Huélalas”. El CAPITÁN las huele. COMANDANTE: “Huelen que apesta. Son recientes. ¿Quiénes sino los rebeldes las han podido traer?” CAPITÁN: “Se equivoca. Los indios nos traen pieles de vez en cuando para que no les molestemos. Es un simple asunto de cortesía”. COMANDANTE: “¿En esta época del año? No, Capitán. Usted sabe muy bien que sus cazadores están en el Norte, muy lejos del campamento. No han sido ellos los que han traído las pieles”. CAPITÁN: “¿Lo sabe alguien más?” COMANDANTE: “No, no se lo he dicho a nadie. ¡Al cuerno con los rebeldes! Sé que este Gobierno no puede durar. Simplemente, prefiero anticipar lo inevitable. Y para ello, nada mejor que asegurar mi futuro... financiero”. CAPITÁN: “¿Sabe, comandante? Usted me gusta. Creo que hablamos el mismo lenguaje. Ahora, hablemos de negocios. Le doy 25.000 y asunto arreglado”. COMANDANTE: “100.000”. CAPITÁN: “35.000”. COMANDANTE: “50.000”. CAPITÁN: “Hecho”. Los dos hombres se dan la mano, sonrientes.

 

                LAURA y ROSEANNE están en la casa del contacto de RICHARD en Ottawa. WINSTON (véase segunda parte): “Díganme lo que tengo que hacer. Como le dije a su amigo, estoy encantado de ser útil a la Resistencia”. ROSEANNE: “Usted no tiene que hacer nada. Haga su vida normal. Nosotros trataremos de importunarle lo menos que podamos”. LAURA: “En ningún momento vamos a comprometer su intimidad; vamos a mantenerle en un absoluto anonimato. Recuerde: mi nombre en clave es VICKY y ella es ROSA”. WINSTON: “Vicky y Rosa, entendido”.

 

                ROSEANNE y WISTON están hablando en el sofá mientras que LAURA está a unos metros, mirando la televisión. ROSEANNE: “Entonces, usted... ¿Es soltero?” WINSTON: “Para ser preciso, estoy divorciado. Pero tengo tres hijos; ya crecidos, por supuesto. Viven fuera, en Inglaterra”. ROSEANNE: “¿Cómo ha contactado con la Resistencia?” WINSTON: “Perdone, prefiero ser reservado. Digamos que encontré a la persona oportuna en el momento oportuno”. ROSEANNE: “Discúlpeme usted; he sido una estúpida”. WINSTON: “No, no lo es... Bueno, tal vez lo seamos los dos... A nuestra edad... puede que este asunto nos desborde un poco...” ROSEANNE: “¿A nuestra edad...? ¡Pero si usted está como una rosa!” WINSTON: “Mentira, mujer. Usted sí que está joven. Yo ya hace tiempo que chocheo...”

                LAURA los interrumpe. LAURA: “¡Callad un momento, esto es importante!” El Presidente del Gobierno está emitiendo un mensaje por televisión. HARRY FONTANA: “Queridos conciudadanos. Como sabéis, estamos viviendo una dura etapa de ajustes tras la muerte de nuestro amado antecesor: Thomas Cavite. Este Gobierno tuvo que hacer frente a la felonía y a la iniquidad de un hombre sin escrúpulos, Henry Solomon, usurpador y asesino. Pero ahora nos vemos en la dolorosa obligación de extirpar de raíz la subversión y el desorden que representa la Resistencia. Por ello debemos implantar unas medidas de excepción que, deseamos, serán temporales. Así, decreto: 1) Quedan abolidos todos los derechos laborales (los trabajadores se atendrán a las órdenes de las Compañías; cualquier resistencia será considerada un acto de insubordinación y castigada en consecuencia); 2) Quedan prohibidas, temporalmente, las conversaciones dentro de centros de trabajo, centros públicos, la vía pública o los transportes públicos, salvo causas justificadas; 3) Quedan suspendidos los derechos de privacidad de las comunicaciones y de la correspondencia; 4) Es obligatoria la participación de todos los ciudadanos en cuantos trabajos o responsabilidades de interés público se precisen, sin derecho a compensación. Quien no colabore con el Gobierno será considerado subversivo, y se le aplicarán rigurosas medidas de castigo. El Gobierno desea que estas medidas sean sólo transitorias. Que sea así, depende de vuestra colaboración. Gracias por vuestra atención”.

                ROSEANNE: “Esto es horrible. Mañana mismo empezaremos a movernos. Hay que acabar con ellos, ¡pronto!”

 

                RITA ha llegado a su punto de destino, en Siberia. El GENERAL de las fuerzas rebeldes (negro y de edad avanzada) le espera al pie de la escalerilla. GENERAL (refiriéndose al ESQUIMAL que ha traído a RITA): “¿Es de confianza este hombre?” RITA: “Descuide, es un fuera de la ley”. GENERAL: “Curiosos tiempos, en que los bandidos son nuestros más fieles aliados”. RITA: “Lo que confirma que los verdaderos bandidos son los que nos gobiernan”. El GENERAL hace un rictus de aprobación. Le conduce a la sala de operaciones. Allí encuentran a la plana mayor de las fuerzas rebeldes. GENERAL: “En nombre de todos nosotros, quisiéramos felicitarles (a usted y a la gente que ha colaborado con usted), por el desarrollo de la espléndida operación llevada a cabo en la sede central de la televisión”. Todo el mundo aplaude a RITA. Ella saluda emocionada. GENERAL: “Bien, ahora la situación está madura para poner en marcha la revolución. Las masas nos apoyarán siempre que actuemos, con contundencia, en el momento preciso”. RITA: “Tenemos dos agentes en Ottawa. Ellos intentarán averiguar la sede de la Sociedad, y cuándo se producirá su próxima reunión. Otros agentes, en Londres, están preparando la insurrección popular”. GENERAL: “Si conseguimos apresarlos en ese preciso momento, estoy seguro de que buena parte del ejército y de la Seguridad se nos unirá. Hay mucho descontento entre las propias filas del poder”.

 

                Campamento de contrabadistas. Es de día. Los agentes del Gobierno ya han marchado (se dirigen al poblado indio). CAPITÁN (dirigiéndose a un subordinado): “Pete, quédate a cargo de la base. Yo me voy por unos días”. PETE: “¿Se puede saber a dónde, Capitán?” CAPITÁN: “A buscar a esos elementos de la Resistencia. Para lo que sea estaré en Londres (le da una dirección). No pararé hasta que me devuelvan esos 50.000 que he perdido...” PETE: “Pero Capitán, Londres es muy grande...” CAPITÁN: “No importa, de todos modos los encontraré... Aunque para ello tenga que remover cielo y tierra”.

 

                En el poblado indio. El COMANDANTE de la nave acaba de llegar. Allí encuentra confusión y desolación. LIONEL está dando órdenes y gritando como un energúmeno. Los niños, las mujeres y los viejos están arremolinados, en el suelo, con las manos atadas. Los SOLDADOS les vigilan. Se escuchan lloros y exclamaciones de terror de los niños. Los pocos indios varones que no son viejos han sido encadenados. La escena es dantesca (los kivas están ardiendo). COMANDANTE (a LIONEL): “¿Se puede saber qué está haciendo?” LIONEL: “Comandante. Estoy cumpliendo órdenes. Toda esta gente ha dado refugio a unos rebeldes, y por tanto son también rebeldes. Merecen ser llevados a campos de trabajo, y sus cabecillas han de ser colgados...” COMANDANTE: “Aquí quien da órdenes soy yo. ¡Y no se va a colgar a nadie, si no es a usted, por las pelotas! ¡¡Fuera de mi vista!!” LIONEL marcha. Un SOLDADO se acerca a ÉL. SOLDADO: “Señor, mire lo que hemos encontrado”. Le entrega el intercomunicador que RICHARD dio a TECUMPAH. LIONEL se dirige al COMANDANTE. LIONEL: “Comandante, con su permiso...”

 

                TECUMPAH está recitando una extraña salmodia en una lengua indígena. LILIH está a su lado. LILIH: “No has actuado correctamente. Deberías haber hecho caso a aquel hombre blanco”. TECUMPAH: “Mi corazón me dice que he actuado bien. El Gran Espíritu nos asistirá. Nuestros hombres nos rescatarán. Simplemente, ten paciencia”. En ese momento llega LIONEL, con varios SOLDADOS. CANDI, la hija de TECUMPAH, se abraza a Él y se pone a llorar. CANDI: “Papá, papá, tengo miedo”. LIONEL: “Tranquilo, encanto; si te portas bien seré bueno contigo”. TECUMPAH le escupe. LIONEL da una orden y un SOLDADO le da un culatazo. TECUMPAH cae al suelo inconsciente. Le sangra la cabeza. LILIH y CANDI lloran. LILIH: “Tenga piedad: él es un viejo, y mi hija es tan pequeña...” LIONEL ríe de una forma siniestra. LIONEL: “Vamos, vamos, todos a las naves”. Los SOLDADOS empujan a los indios como ganado, y los introducen en unas naves. Éstas despegan. LIONEL se queda en el campamento con un retén de soldados.

 

                Es de noche. LIONEL (para sí): “Éste es mi momento... de gloria. Yo, yo solo, atraparé a esos sucios rebeldes. Je-je”. Aprieta el intercomunicador. LIONEL: “¡Muchachos, estad preparados. Escondéos entre la maleza. Pronto tendremos acción!”.

 

                En la base rebelde, en Siberia. GENERAL: “Nuestras fuerzas están preparadas para la acción. Nuestro contacto en la Montaña Sagrada está alerta. Sólo nos falta la información precisa...” En ese momento suena un bip-bip insistente. RITA: “¡Oh, no!. El poblado. Algo horrible debe haber pasado...” GENERAL: “¿Cómo, les ha dejado un intercomunicador? ¡Eso es una irresponsabilidad!” RITA: “General. Esa pobre gente nos ha recogido, cuidado y alimentado durante un mes. Es gente pacífica, que caza con arcos y flechas. No quieren saber nada de nuestros asuntos. ¡Y nosotros les hemos comprometido en una lucha que no significa nada para ellos! Me siento responsable de su suerte...” GENERAL: “Oficial... Rita Howard. No debe poner en peligro nuestro plan. No ahora. Espere a que las operaciones hayan acabado”. RITA: “No, no puedo esperar. Si en ese campamento está quien me imagino, espero lo peor de esa pobre gente... Créame. No comprometeré la operación. No me dejaré coger”. GENERAL: “Piense que puede ser una trampa”. RITA: “A pesar de todo, iré. No los dejaré en la estacada. Déme dos naves y cincuenta hombres. Con eso tendré suficiente, espero”. GENERAL: “¿Va a poner en peligro la vida de cincuenta hombres...?” RITA: “¿Por unos simples indios que no importan a nadie? General, con todo respeto, a mí me importan. De no ser por ellos, yo no estaría aquí, y la operación habría sido abortada. Ellos han asumido un riesgo por salvar mi vida. Estoy en deuda con ellos...” GENERAL: “Está bien. Autorizo la operación... (ella se emociona) con una condición. Si se trata de una trampa, o si sus fuerzas son superiores a las nuestras, abandonarán la zona inmediatamente”. RITA: “De acuerdo”. GENERAL: “Suerte”. RITA: “Gracias”. Da un taconazo, saluda, y marcha.

 

                En el poblado indio, de madrugada. Se ve a LIONEL apostado en la maleza, preparado, con sus tropas, para atacar a los rebeldes. Se escuchan ruidos típicos del bosque (búhos, pájaros, etc.) El cielo está rojizo. De repente se escucha un rumor y después las ramas de los árboles tiemblan. Aterrizan dos naves en un claro del bosque. En una de ellas baja una rampa, de la cual sale RITA con dos SOLDADOS más. ELLA se aproxima al campamento. Lo ve vacío, y completamente devastado. Se pone las manos en la cara. RITA: “¡Oh, Dios mío!”. LIONEL ve a RITA a unos veinticinco metros. Cuando ELLA comprueba que es demasiado tarde decide volver a la nave. RITA y los SOLDADOS caminan hacia atrás. Entonces LIONEL dice: “¡Ahora!”. Una nube de disparos acaban con los dos SOLDADOS. Las naves rebeldes abandonan el lugar, e infinidad de disparos intentan derribarlas: no lo consiguen. RITA arroja el fusil, coge un frasco e intenta tragarse una pastilla de cianuro. No le da tiempo: LIONEL se abalanza sobre ella y arroja con un manotazo el frasco al suelo. ELLA saca una daga y arremete contra LIONEL. Un SOLDADO, por la espalda, la golpea. Cae inconsciente. LIONEL: “Ahora eres mía, bruja”. Hace una risa siniestra.

 

                Es pleno día. Acaban de llegar al campo de trabajos forzados. RITA se despierta mientras dos SOLDADOS la arrastran de mala manera aguantándola por las axilas. LIONEL va detrás, silbando alegremente. Se ve a niños y viejos picando piedras en una cantera. Los hombres jóvenes bajan las piedras, con unos capazos, por una colina. En ese momento, uno de los cargadores cae exhausto, y se pone a rodar por la pendiente. Una piedra le golpea la cabeza y lo mata. El resto de los hombres se alteran, y los vigilantes les obligan a trabajar a palos. Las mujeres están aullando de rabia y de dolor.

                RITA, ya andando por sí sola, ha visto toda la escena. Unas esposas le inmovilizan las manos. Dirige una mirada a LIONEL, de profundo odio. LIONEL (sarcástico): “Así me gusta... Estás más bonita cuando me odias. Pero ahora hay una diferencia... Ahora soy yo quien manda”. Le da un tortazo en la cara. RITA le mira inconmovible. LIONEL: “Ahora qué, ¿no dices nada? Antes eras más parlanchina”. Le da otro tortazo (a RITA le sangra el labio). LIONEL: “Ya verás qué pronto vas a hablar”. Hace otra risa siniestra.

 

                Base rebelde en Siberia. El GENERAL está hablando con uno de los SOLDADOS de la fallida expedición al poblado indio. SOLDADO: “La cogieron viva”. GENERAL: “Humm. Habrá que pensar algo”. Se dirige a un oficial. GENERAL: “¿Qué opina, habrá que evacuar?” OFICIAL: “Si me disculpa, no creo que sea una medida prudente. Si abandonamos la base es fácil que nos delatemos. Si esperamos, cabe la posibilidad de que Rita no hable... O de que escape. En todo caso, si nos atacan, nos defenderemos...” GENERAL: “Veo que tenemos pocas opciones”. Da unos cuantos pasos, pensativo. Al final se decide. GENERAL: “Esperaremos”.

 

                En la sede del Gobierno. Es de día. HARRY FONTANA, Presidente del Gobierno, está hablando con KANATA OTOMO, jefe de la Sociedad. HARRY: “Buenas noticias. Ya tenemos a uno de los cabecillas de la Resistencia. Se trata de Rita Howard, uno de los lugartenientes de su aparato militar. Ella nos puede conducir a la base principal”. KANATA: “Bien. Ordene que un equipo de interrogación, con métodos modernos, se dirija a ese lugar. Repito: interrogación, no tortura. No permita que nadie más la toque. ¿Está claro?”. GENERAL: “Sí señor, ese equipo partirá con la mayor brevedad”. KANATA: “Ah, prepare un dispositivo especial para el próximo sábado a las cinco, como siempre”. GENERAL: “Así se hará”. KANATA lo despide con un gesto y un gruñido.

 

                Campo de trabajos forzados. RITA está en un calabozo, esposada y amordazada. Entra LIONEL. LIONEL: “Buenos días Rita. Tienes suerte: va a venir un equipo ‘profesional’ a interrogarte, lo que significa... lo que significa... Que no lo voy a hacer yo. Por lo visto ellos tienen métodos... más modernos. Tal vez menos dolorosos, pero más efectivos. Fiabilidad 100%”. RITA le sigue con la mirada, mientras LIONEL se mueve como un lobo merodeando a un corderito. LIONEL: “Ahora que lo pienso; ¿a qué me recuerda esta escena? Tú en el catre, yo de pie. Ay, aún me duelen mis partes”. Él le pega una patada en la entrepierna. Ella se duele. LIONEL: “Y esto es sólo el principio...” Sale riendo del calabozo, con su típica risa siniestra.

 

                JOSEPH está trabajando en la fábrica, en una inmensa nave de montaje, llena de robots y brazos mecánicos (se trata de una factoría automovilistica). Todo el mundo trabaja en silencio, como autómatas. Es la hora de comer. Los trabajadores se dirigen en orden al comedor, y allí comen en silencio. JOSEPH da un golpecito en la pierna al trabajador que tiene al lado, y le pasa por debajo de la mesa un papelito. Su compañero lo coge y lo lee disimuladamente. El papelito dice lo siguiente: “Mi teléfono es el 422-34-56. Difunde este mensaje, y tu teléfono, a tres colegas”. El COMPAÑERO le guiña un ojo. Luego saca un billete de un dólar de su cartera, y un bolígrafo, y pasa el mensaje al colega de al lado. Al cabo de un rato, se ve cómo todo el mundo se está pasando este mismo mensaje. Vuelven al trabajo. Trabajan normalmente. Luego van a las duchas. Un hombre se ducha, y escribe el mensaje en un papel mojado. Se lo pasa a su compañero y éste lo mira (el mensaje es casi ilegible). Luego se lo mete en la boca. Otro está en el lavabo. Cuando pasa un compañero le pega una patada en la espinilla. Éste grita y mira por debajo de la puerta del lavabo. El del lavabo le pasa el mensaje. El de afuera lo recoge y le pega otra patada aún más fuerte. Así sigue la cadena.

 

                Es de noche. JOSEPH vuelve a casa. Pero primero va al apartamento de RICHARD y CHARLES. Pica a la puerta. Le abre CHARLES, después de mirar por la mirilla. JOSEPH entra. RICHARD: “¿Qué, cómo ha ido?” Muy bien, creo que muy bien. Ahora todo el mundo en la fábrica debe tener el teléfono de los demás”. RICHARD: “¿Está seguro de que su gente es de confianza?” JOSEPH: “Y tanto. Si usted supiera lo que es trabajar en esas condiciones lo entendería. Ya ni siquiera nos quedan derechos laborales...” RICHARD: “Bien, bien. Vaya a casa, si no quiere que su mujer comience a sospechar”.

 

                JOSEPH entra en su casa. Su MUJER le espera. MUJER DE JOSEPH: “¿Joseph?, ya era hora. Desde las seis y media de la tarde, el teléfono no ha parado de sonar: han llamado al menos 15 ó 20 personas distintas, y por lo visto todos se habían equivocado. Es extraño, ¿no?” JOSEPH: “Sí, es muy extraño. Será que hay una avería”. MUJER DE JOSEPH: “Por cierto, cariño. ¿No has notado que hay gente viviendo en el apartamento de al lado? Es curioso, nunca hay nadie, y ahora de repente... Hoy precisamente lo he comentado con la vecina del 32-C, que me ha dicho que la carnicera...” JOSEPH (poniéndose las manos en la cabeza): “¡Oh, no!”

 

                CHARLES y RICHARD están hablando. CHARLES: “Richard. Pienso que ya es hora de que los miembros de la antigua Hermandad tomen parte activa en esta revolución”. RICHARD: “Pero Charles. Eso es muy peligroso. Ya sabes que dentro de la Hermandad hay mucha gente de La Sociedad. Además, te lo digo por experiencia: estaba completamente controlada por la Inteligencia”. CHARLES: “Pero estoy seguro de que muchos de ellos actuaban de buena fe. Quién sabe. Tal vez ellos nos permitan llegar a más gente, de otros continentes incluso. Ya sabes que su estructura estaba muy difundida en el planeta entero”. RICHARD: “Quizá tengas razón. Podrías hablar con PERRY ANDERSON. Él es un buen tipo. Tiene buenas credenciales, y es de total confianza. Tal vez aún conserve los contactos con otras células de la Hermandad...”

 

                Al día siguiente. CHARLES entra a una librería. Empieza a mirar libros. En el fondo hay un hombre con unas lentes, que está inspeccionando unos libros antiguos. CHARLES se aproxima a ÉL, con un libro raro en la mano. CHARLES: “¿Cuánto vale este libro?” PERRY lo revisa: “Ah, buena elección. Es una primera edición del año 1991. Un clásico. Es de los primeros libros que advertían en serio sobre los peligros del cambio climático...” CHARLES: “¿Me podría enseñar el catálogo?” PERRY: “Cómo no, está ahí dentro, en la trastienda”. CHARLES: “Bien, vamos allá”. Le coge del brazo y se dirigen a la trastienda. PERRY le mira con cara de miedo. Al llegar allí CHARLES le pregunta. CHARLES: “¿Podemos hablar seguros?” PERRY: “Sí, sí, por supuesto. ¿De qué se trata?” CHARLES: “Necesitamos su colaboración”. PERRY: “¿Es usted de la Resistencia? Mire, yo... hace tiempo que estoy lejos de todo eso. Hago una vida pacífica, no me meto en problemas... Mi negocio es lo primero...” CHARLES: “Está bien, veo que estaba equivocado respecto a la Hermandad...” Se dirige a la salida. De repente, PERRY le dice: “Espere, ¿de qué se trata?” CHARLES: “Usted tiene contactos. Los necesitamos. La Hermandad aún está a tiempo de lavar su imagen... ante la Historia... que ustedes trataron de recuperar a toda costa”. PERRY: “Sí, lo reconozco: una cosa es recuperar la Historia, y otra es protagonizarla... Ahí es donde fallamos. Pero aún queda gente sana en la Hermandad. Ellos les ayudarán en lo que puedan. Ahora, dígame lo que tengo que hacer...”

 

                El CAPITÁN está en Londres. Entra en el Sindicato, la organización gremial de los malhechores y bribones de Londres. Le recibe su amigo TELLY, compañero de fechorías. TELLY (abrazándole, con voz gangosa): “¡Hola amigo! ¡Cuánto tiempo! ¿Qué, tienes alguna cicatriz más?”. El CAPITÁN se baja los pantalones y le enseña el trasero. CAPITÁN: “Mira, mira aquí”. TELLY ve una enorme cicatriz producida por el zarpazo de un oso. TELLY: “Increíble. Te superas, Capitán”. CAPITÁN: “Por algo me llaman Capitán. Los jefes indios tienen más plumas en la cabeza, porque han matado más enemigos que nadie. Yo tengo más cicatrices en el culo, porque he matado más osos que nadie”. Los dos ríen socarronamente. CAPITÁN: “Pero Telly, tengo otra cicatriz que me duele más...” TELLY: “No me digas... ¿Una mujer, tú, a tu edad?” Ríe socarronamente. TELLY: “Eso se cura pronto. Si quieres llamo a una de mis chicas. Invita la casa...” CAPITÁN: “No, Telly, tengo una cicatriz aquí (señala el bolsillo). Y sólo tú me puedes ayudar a curarla” TELLY: “¿Yo, cómo?” CAPITÁN: “Recuperando los 50.000 dólares que me han robado”. TELLY silba. CAPITÁN: “Telly, aparte de la policía, nadie tiene más ojos que tú en esta ciudad. Si me ayudas a recuperar mi dinero te doy 10.000 dólares”. TELLY: “Con mucho gusto. Dime, ¿quién es el desgraciado que lo hizo...?”

 

                ROSEANNE y LAURA están en los alrededores de la Seguridad, inspeccionando la zona. Después se alejan de allí y se dirigen al centro. De repente, a ROSEANNE le llama la atención una galería de arte. Entran en ella. La GALERISTA le reconoce. Hay unos clientes observando los cuadros. Cuando marchan, la GALERISTA cierra la tienda e invita a las dos a entrar en su despacho. GALERISTA: “¡Rosi, qué sorpresa! No esperaba encontrate aquí, ¿no vivías en Londres?”. ROSEANNE: “Vanessa, te presento a una amiga. Estamos aquí, por una razón especial...”

 

                LAURA está, sola, dentro de un coche, en las proximidades de la Seguridad. Ve salir a la gente del edificio. De repente encuentra a quien busca. Esa persona está andando por la calle. ELLA le sigue con el coche, a marcha lenta. Cuando ÉL se apercibe, mira a su interior y la reconoce. ÉL se introduce en el coche. AGENTE de la Seguridad: “Laura, no esperaba verte más. Estás archibuscada en todo el mundo. ¿No estás arriesgando demasiado?”. LAURA: “Escucha, MICHAEL. Ahora soy de la Resistencia. Sé que puedo confiar en ti, así que pon atención a lo que te digo. Necesito saber dónde y cuándo se va a celebrar la próxima reunión de la Sociedad”. MICHAEL: “Pero Laura, eso es imposible. Ya sabes que sus reuniones son irregulares y secretas. Nadie sabe dónde se celebran, ni siquiera la Seguridad”. LAURA: “Te equivocas. ¿Continúas siendo de personal?” MICHAEL: “Sí”. LAURA: “Revisa el orden de destinos de la guardia presidencial. Cuando veas algo raro, que se salga de la rutina habitual, me avisas, ¿vale?” MICHAEL: “Pero Laura, ¡son miles!” LAURA: “Lo sé, pero lo conseguirás, ¿a que sí, cariño?” Le da un beso en la boca. MICHAEL queda aturdido por un instante. MICHAEL: “Lo intentaré... Espera, ¿cómo me pongo en contacto contigo?” LAURA: “Cuando tengas la información envía un ramo de flores a esta dirección, que ponga en su dedicatoria precisamente esto”. Le pasa un papel. LAURA: “Y ahora vete. Hay que evitar que nos vean juntos”. MICHAEL: “¿Nos veremos de nuevo?” LAURA: “Seguro que sí”. Para en seco y MICHAEL baja del coche. Éste arranca a toda velocidad.

 

                Campo de trabajos forzados. Es de noche. El COMANDANTE entra en el calabozo donde está encerrada RITA. Tiene un paquete en la mano. De repente le quita las esposas y la mordaza. RITA respira entrecortadamente y mueve las muñecas para facilitar la circulación de la sangre. Comprueba la llaga en sus muñecas. COMANDANTE: “Póngase esto. Rápido”. RITA se pone un uniforme militar del bando gubernamental. RITA: “Oiga...” COMANDANTE: “Shhh... Tenemos que escapar esta noche. Mañana será demasiado tarde...” El COMANDANTE abre la puerta. Comprueba que no hay nadie cerca, y salen los dos, cerrando la puerta con cuidado. Andan con paso firme, y RITA se tapa el rostro con el gorro. Encuentran a un OFICIAL, que se cuadra ante el COMANDANTE. Éste le saluda. Al final llegan a una nave. Suben en ella y despegan.

                Dentro de la nave. RITA: “¿Por qué hace esto?” COMANDANTE: “Después, después, ahora tenemos que encontrar a esa gente”. RITA: “¿A quién?” COMANDANTE: “A esos indios... Los que habían ido de caza. No deben estar lejos del campamento, si es que no han llegado ya...” El COMANDANTE pone en marcha el sensor que detecta formas superiores de vida (escena primera de esta tercera parte). RITA está en silencio, mientras que el COMANDANTE está concentrado en el rastreo. COMANDANTE: “Hay que encontrarlos antes de que en el campamento se den cuenta de nuestra desaparición... Sólo disponemos de esos indios para rescatar a esa pobre gente, antes de que lleguen los refuerzos, mañana por la mañana”. Están cerca del poblado indio. En efecto, los encuentran allí. Descienden con la nave.

 

                Es noche cerrada. Los guerreros indios están pintados con pinturas de guerra y danzan, en torno a un fuego, lo que parece una danza guerrera. Son unos 150, y cuando los ven llegar empiezan a lanzarles piedras y flechas, que rebotan en el casco. RITA coge el micrófono y les habla con megafonía. RITA: “Amigos. Os habla Rita Howard. Venimos a ayudaros. Conozco a vuestro jefe, Tecumpah, y a su esposa, Lilih. Con vuestra ayuda podemos rescatarlos. Pero ha de ser esta misma noche. Ahora voy a salir, desarmada, con los brazos en alto...” Los indios están expectantes. Ven salir a RITA, y ella se acerca al grupo. RITA: “¿Quién es el jefe aquí?” Un indio, de más rango (tenía más plumas y más tatuajes que nadie), se acerca a ELLA. RITA: “Miren, mi amigo y yo les vamos a trasladar, en grupos de cincuenta, a las proximidades del sitio donde está su gente”. Los indios se alborotan. JEFE INDIO: “¿Cómo sabemos que no nos va a traicionar?” ELLA le pide que se acerque a la nave. Una vez en ella el JEFE INDIO ve un auténtico arsenal de armas. RITA le dice: “Coja cualquiera de ellas y compruebe si está cargada”. El INDIO lo hace. ÉSTE le coge el brazo en señal de amistad. JEFE INDIO: “Ahora sé que dice verdad”. Sale afuera. JEFE INDIO: “Compañeros, distribuíos en tres grupos”.

 

                En Londres, es de noche. RICHARD llega al club de alterne de la calle Southampton (ver primera parte). Las chicas le saludan y le besan al verle entrar. CHICA: “Richi, cariño. ¿Dónde has estado durante tanto tiempo?” RICHARD (pavoneándose): “Pues... Tenía trabajo que hacer” Una CHICA le dice: “Ven conmigo, guapo”. OTRA CHICA: “¡No, él se queda conmigo!. ¿Verdad que sí, monín?” Se forma un revuelo en la sala. La MADAME sale de su despacho y ve a RICHARD. Seguidamente vuelve al despacho y llama a TELLY por teléfono. MADAME: “Telly, creo que tengo al hombre que buscas”.

 

                Han pasado unas tres horas. RICHARD sale de un excusado, agarrado del brazo de una CHICA, completamente borracho. En el salón principal le espera el CAPITÁN, que se está fumando un puro. Cuando RICHARD se dirige a la calle, el CAPITÁN le dice: “No tan rápido, amigo”. RICHARD se da la vuelta y ve al CAPITÁN. Entonces trata de huir, pero lo único que consigue es tropezar y caerse. Luego queda completamente dormido. El CAPITÁN y la MADAME lo recogen del suelo y lo colocan encima de un sofá. El CAPITÁN dormita en otro sillón, a su lado.

 

                En las proximidades del campo de trabajos forzados. Son las dos de la madrugada. Todos los indios están agrupados, preparados para luchar. COMANDANTE: “Aquí tenéis vuestras armas. ¿Sabéis usarlas?” JEFE INDIO: “Nosotros no necesitamos sus armas. Las nuestras son mejores”. COMANDANTE: “¿Sí, por qué?” JEFE INDIO: “Tienen medicina”. COMANDANTE: “¿Qué?” RITA: “Se refiere a que están consagradas por sus conjuros mágicos; ya sabe..., sus danzas y encantamientos”. COMANDANTE: “Como quieran. Pero ésta es la única oportunidad de rescatar a sus seres queridos. No la malgasten”. JEFE INDIO: “No lo haremos”.

 

                Los indios se aproximan sigilosamente al campamento. RITA y el COMANDANTE están con ellos. Se dispersan y rodean el campamento. A una señal (el silbido de un búho) la vanguardia se abalanza sobre los centinelas y los degüellan con sus cuchillos de hueso. Después se desparraman por el campamento. Todo el mundo está dormido. Los barracones están tranquilos. A otra señal se abalanzan dentro de los barracones y cosen a flechazos a sus ocupantes, sin darles opción para defenderse. LIONEL se salva, porque queda debajo de un cadáver, y se hace el muerto. Luego los guerreros se dirigen a las celdas donde están los prisioneros y los liberan. Mientras tanto, RITA y el COMANDANTE se dirigen al puesto de comunicaciones y lo destruyen. Cuando los prisioneros están a salvo, todo el mundo se abraza y llora de alegría. RITA y el COMANDANTE intentan poner orden. Cuando todos se han calmado, se dirigen a las naves. Trasladan todas las armas que pueden conseguir y se distribuyen en dos de ellas. El resto de las naves son destruidas. COMANDANTE (dirigiéndose a RITA): “Usted vaya en una, y yo iré en la otra”. RITA: “No, los dos iremos en la misma nave” COMANDANTE: “¿Cómo dice?” RITA le encañona: “Tire sus armas al suelo, y no haga ningún movimiento brusco, si no quiere que le mate”. El COMANDANTE obedece. TECUMPAH y el JEFE INDIO la miran extrañados. RITA: “Ahora póngase estas esposas”. El COMANDANTE lo hace. RITA (dirigiéndose al JEFE INDIO): “No le quite la vista de encima”. Los indios se distribuyen entre las dos naves. RITA pilota una personalmente y la segunda la dirige con control remoto (escena en la que se ve a los indios de la segunda nave asustados mientras que la nave se desplaza y los mandos se mueven solos). El COMANDANTE la mira con cara de desconcierto, pero en silencio. RITA (al JEFE INDIO): “Y ahora, dígame dónde está su campamento de invierno”. La nave se dirige allí a toda velocidad. En el campo de trabajos forzados, LIONEL está llorando, desesperado. LIONEL: “Me vengaré, juro que me vengaré”.

 

                Por la mañana temprano. Lugar de refugio en Londres. Llaman a la puerta y CHARLES abre. CHARLES: “Richard, ya era hora, me tenías preocupado...” Entran el CAPITÁN y RICHARD (el CAPITÁN lo agarra de un brazo; RICHARD no se sostiene solo). CHARLES (al CAPITÁN): “¿Qué hace usted aquí?”. CAPITÁN: “Venía a recuperar lo que me deben”. CHARLES: “Nosotros no le debemos nada”. CAPITÁN: “Se equivoca. Para sobornar al ejército he tenido que pagar 50.000 dólares. Y mi tarifa son 100.000 dólares, recuerde...” CHARLES: “Pídaselos al ejército, si quiere”. El CAPITÁN agarra a CHARLES del cuello: “Amigo, no admito bromas. O me dáis mi dinero, o lo vais a pagar caro”. RICHARD, que aún sufre los efectos de la mona, se levanta como puede. RICHARD: “Descuide, Capitán, le daremos su dinero. Pero ahora no puede ser...” CAPITÁN: “¿Por qué?”. RICHARD: “Primero tenemos que acabar con este Gobierno. Cuando lo hayamos hecho tendrá su dinero”. CAPITÁN: “Imposible. Lo quiero ahora”. CHARLES: “Oiga, ¿no sabe que este gobierno ha dictado una ley contra la vagancia y el bandidaje?” CAPITÁN: “¿Qué quiere decir?” CHARLES: “Que de poco le servirá su dinero cuando el Gobierno le meta en un campo de trabajos forzados por no tener una ocupación laboral estable...” CAPITÁN: “Espere, espere. Yo tengo mi negocio...” CHARLES: “Para este Gobierno su negocio no existe. Ellos lo quieren controlar todo. Todo, ¿me oye?” CAPITÁN: “Pero eso es horrible”. RICHARD: “Capitán, únase a nosotros si no quiere trabajar el resto de su vida...” CAPITÁN: “¿Trabajar yo...? ¡Es intolerable!” RICHARD: “Piénselo: el mundo del crimen está en peligro en este planeta...” CAPITÁN: “¡No puede ser, hay que hacer algo!” CHARLES: “Únase a nosotros”. RICHARD: “Capitán. Movilice a su gente. Son millones en todo el mundo. Todos debemos colaborar para acabar con este régimen malvado”. CAPITÁN: “Tiene razón. Mi gente (el mundo del hampa) será pervertida, ociosa, pendenciera, codiciosa, lujuriosa, pero malvada... ¡nunca! Para ser malvado hay que ser, además...” RICHARD: “Estúpido”. CAPITÁN: “Usted lo ha dicho: estúpido. Bien, amigos, les ayudaremos. Pero cuando todo esto acabe, usted me pagará lo que me debe”. RICHARD: “Entonces ya hablaremos...”

 

                Por la mañana. Sede del Gobierno, en Ottawa. TANAKA: “¡Estúpidos, ¿cómo podéis permitir que una pandilla de salvajes destruyan todo un campamento? ¡Sois unos completos inútiles!” HARRY: “Señor. No lo pudieron hacer solos. Tuvieron ayuda de la Resistencia, sin duda”. TANAKA: “¡La Resistencia, la Resistencia...! Siempre la misma excusa. ¡Vosotros sois la verdadera Resistencia...! ¡Es vuestra incompetencia, y no la Resistencia, la que nos va a llevar a la ruina!” HARRY: “Señor. Hay un superviviente. Dice que los fugitivos pueden estar en el Norte, en la zona de caza de los renos. ¿Enviamos un escuadrón?” TANAKA: “¡Rastrear la zona! ¡No quiero un solo fugitivo vivo. Y encontrad a esa... Rita! ¡Y esta vez no me falléis!”

 

                Por la mañana. Sede de la Seguridad, en Ottawa. MICHAEL está en su trabajo, aparentando trabajar con normalidad. Pero en realidad está cruzando datos del listado de personal para conocer los destinos de los agentes de la guardia presidencial. En efecto, estos son miles. Así que intenta relacionar los destinos con sedes del Gobierno, residencias oficiales, etc. Con todo ello hace mapas computarizados (cada agente es un punto). Comprueba que casi todos los destinos se ocupan de proteger sedes del Gobierno. Otros cuantos están dispersos por la ciudad, y sin duda son actividades de escolta. Pero hay un aspecto que le intriga. Al menos 50 agentes están destinados en una residencia privada de la parte alta de la ciudad. Después de revisar todos esos destinos, observa una coincidencia: su fecha (sábado a las cuatro). MICHAEL: “Ya lo tengo. Aquí se celebrará la reunión. Debo añadir una hora más aproximadamente... Total, sábado a las cinco”. Memoriza la dirección y luego sigue con su trabajo normal.

 

                Ottawa. Galería de arte de VANESSA (la amiga de ROSEANNE). Ha recibido un ramo de flores. Mira la dedicatoria, que pone: “Queridísima Vanessa. Me han encantado tus cuadros. ¿Querrías cenar conmigo? Te espero, el próximo sábado, a las cinco de la tarde. Mi dirección es Belgravia Road, 47. Muchos besos. Un rendido admirador”. VANESSA descuelga el teléfono.

 

                Montaña Sagrada, sala de transmisiones. El ABAD está allí. ABAD: “Ya lo tenemos. Sabía que lo conseguirían. Ahora llega el momento de la verdad... ¡Comunicad con Londres y con la base en Siberia, rápido!”

 

                Al mediodía. Lugar de refugio, en Londres. CHARLES recibe el mensaje. El CAPITÁN y RICHARD están durmiendo. CHARLES los despierta. CHARLES: “Capitán: Belgravia Road, 47. El sábado a las 5 de la tarde. Pasa el mensaje a tu gente. Yo hablaré con el librero. Richard, tú intenta localizar a Joseph”. RICHARD: “No puede ser, es demasiado precipitado... Ahora está trabajando”. CHARLES: “Vamos, vamos, no hay tiempo que perder. Sólo disponemos de 24 horas”. RICHARD: “¿Y cómo quieres que entre en su fábrica?” CHARLES: “¡Y yo qué sé! ¿Acaso no eres un agente secreto?”.

 

                Base rebelde, en Siberia. GENERAL: “Compañeros. Ya tenemos objetivo. Será el sábado a las cinco de la tarde. Tenedlo todo preparado”. OFICIAL: “¿Y Rita? ¿Qué piensa que le habrá pasado?” GENERAL: “No sé por qué, pero algo me hace pensar que, una vez más, su buena estrella la ha salvado”.

 

                RICHARD está delante de la factoría donde trabaja JOSEPH. Enseña su carnet de la Seguridad, de forma fugaz (para que no comprueben su identidad). RICHARD: “Soy de la Seguridad. Estoy buscando a un sospechoso”. VIGILANTE: “¿Cuál es su nombre?”. RICHARD: “Joseph... (no se acuerda de su apellido; el VIGILANTE pone cara de extrañeza). Ah, sí, vive en la calle Mumford, 25, piso 50”. El VIGILANTE lo comprueba. VIGILANTE: “Vaya a la sección de laminados, módulo C”. RICHARD se dirige allí. Cuando lo ve, JOSEPH se altera. RICHARD: “Tranquilo. Todo está bien. Dile a tus colegas que el banquete es el sábado a las cinco”. JOSEPH se lo dice a su compañero de al lado. Entonces RICHARD le pone unas esposas y se lo lleva detenido. Pasa delante del VIGILANTE. RICHARD: “Ya lo tengo. Esta tarde lo interrogaremos. Mañana tendrán noticias nuestras”. Cuando se van observan que el VIGILANTE desconfía (llama por teléfono). Entonces, van corriendo al coche y parten disparados al lugar de refugio. RICHARD: “¡Vamos, no hay un minuto que perder!” JOSEPH: “¿Dónde me lleva?” RICHARD: “A su casa. Intentemos llegar antes que la policía” JOSEPH: “¿La policía. ¡Ay, Dios mío!”

 

                Llegan a casa de JOSEPH. ÉSTE recoge a su familia (su mujer está con los rulos) y RICHARD recoge a CHARLES. Después, todos (RICHARD, CHARLES, JOSEPH, la MUJER de Joseph y DOS HIJOS de Joseph) se meten en el coche y salen disparados. En ese preciso momento llegan varios coches de policía, que se introducen en el bloque de apartamentos. Un rato más tarde nuestros amigos llegan al club de alterne de la calle Southampton. Allí la MADAME los recibe extrañada. RICHARD: “Me temo que nos tendrá que alojar aquí al menos hasta el domingo”. Las chicas del club están alborotadas (una de ellas está acariciando el pelo de uno de los hijos de JOSEPH). La MUJER de Joseph está escandalizada. MADAME: “¿Ustedes aquí? ¡Imposible!”. De repente, de una habitación sale TELLY (jefe del sindicato del crimen). TELLY (con voz gangosa): “¿Quién ha dicho ‘imposible’. Acaso no vas a ser hospitalaria con mis invitados?” TELLY rodea la espalda de RICHARD con su brazo. TELLY: “Venid conmigo, amigos. Os enseñaré vuestras habitaciones”.

 

                RITA, el COMANDANTE y la tribu india llegan en ese momento al campamento indio de invierno. Las dos naves se posan en tierra. En ese campamento hay unos kivas parecidos a los del poblado indio original. Pero a diferencia de allí, el bosque es menos espeso. Una vez todo el mundo fuera de la nave RITA dice: “Ahora escondéos en vuestros refugios durante unos días. Una vez que todo haya acabado os vendremos a recoger. Pero sobre todo no salgáis al exterior: con toda seguridad, los soldados del Gobierno os están buscando en este momento”. TECUMPAH: “Rita, nunca olvidaremos lo que habéis hecho por nuestro pueblo” (señalando también al COMANDANTE, que continúa esposado). ÉL los abraza (a RITA y al COMANDANTE). Después lo hacen LILIH y algunos indios más.

                El JEFE INDIO (guerrero) llega en ese momento con cincuenta de sus hombres. JEFE INDIO: “Gran mujer guerrera. Vosotros habéis ayudado a liberar a nuestro pueblo, y por eso los guerreros más valientes hemos decidido ayudar a liberar al vuestro”. RITA (emocionada): “Gracias, muchas gracias. Pero nosotros usamos otras tácticas de lucha. Creo que vuestros arcos y flechas no servirán de nada en la batalla que se avecina...” JEFE INDIO: “Nuestros arcos y flechas tienen medicina poderosa. Además, en este campamento hay poca comida. Si nos quedamos nuestra gente pasará hambre”. RITA: “Está bien. Pero con una condición. A partir de ahora mandaré yo, y vosotros tendréis que obedecer mis órdenes y las de mis superiores. Lucharéis en equipo con el resto de los soldados”. JEFE INDIO: “Has dicho bien”. En eso momento los cincuenta guerreros marchan a los kivas. Se despiden de su gente, y recogen arcos, flechas y lanzas. Después, RITA, el COMANDANTE y los GUERREROS INDIOS suben a las naves. Éstas despegan. Los indios las ven marchar desde la superficie.

 

                Ya es tarde avanzada. Los trabajadores ya han vuelto a sus casas. Uno de ellos llama: “Eh, John. ¿Vienes a la fiesta? Es el sábado a las cinco. Te esperamos”. Otro: “Vicky. Te invitamos a venir el sábado a casa a ver el partido, a eso de las cinco. Prepararé palomitas”. Otro: “Ei ¿Vienes al cine el sábado a las cinco? Hacen una película de acción...” Otro: “Lo siento, no puedo, tengo que ir al dentista el sábado a las cinco”. Otro: “¿Vienes a patinar? Te espero el sábado a las cinco”. Otro: “Voy a la iglesia a rezar el rosario, el sábado a las cinco...”

 

                Central de la Información (ver primera parte), Londres. Están interviniendo aleatoriamente las llamadas de teléfono de los ciudadanos. AGENTE (al COMISARIO): “Comisario, no lo entiendo. Estamos interceptando miles de llamadas que dicen lo mismo. Escuche...” El COMISARIO se pone un auricular: “¿vienes a la piscina el sábado a las cinco?”; otro: “¿quieres venir a cenar el sábado a las cinco?”, etc. COMISARIO: “Esto no es normal. Se está cociendo algo a nuestras espaldas. Tráiganme a esa gente”. AGENTE: “¿A qué gente?” COMISARIO: “¡A todos!” AGENTE: “Comisario... Son miles”. AGENTE: “No importa, ¡tráiganmelos!”

 

                En la pantalla se ve una flotilla de naves del Gobierno, encima del bosque boreal. En ella está LIONEL. LIONEL: “Hemos de rastrear toda esta zona palmo a palmo. Dispersad las naves. Quiero que un área de al menos un millón de kilómetros cuadrados sea inspeccionada a conciencia... Ésa gente viven como conejos, debajo del suelo. Así que tendréis que estar pendiente del menor indicio: humo, individuos aislados, secaderos de pieles, todo...” OFICIAL DE A BORDO: “De acuerdo. Haremos lo que podamos (cogiendo un micrófono). A todas las naves, dispersáos. Rastread la zona a conciencia...”

 

                En el club de alterne, en Londres. Está lleno de hampones vestidos a lo Al Capone, con metralletas a lo Chicago años veinte (metralleta de tambor). RICHARD: “No me imaginé tanto entusiasmo en vuestra gente...” CAPITÁN: “Es un momento sublime, una oportunidad única... para el mundo del crimen. Por primera vez (emocionado) vamos a enfrentarnos con la ley... siendo los buenos”. TELLY: “Va muy bien para mejorar nuestra reputación...” RICHARD: “Está bien. Id a Ottawa, dispersáos, y uníos a las fuerzas de la Resistencia cuando comience el fregado...” CAPITÁN: “¿Le podemos pedir un favor?” RICHARD: “Diga”. CAPITÁN: “Preferiríamos asaltar la sede del Gobierno”. RICHARD: “¿Por qué?” TELLY: “Le tenemos ganas...” RICHARD: “¿A este Gobierno?” TELLY: “No, ‘al’ Gobierno”.

 

                En Ottawa. Casa de WINSTON. ROSEANNE y WINSTON están hablando. WINSTON (vergonzoso): “Rosi, cuando todo esto acabe, ¿qué planes tienes?” ROSEANNE: “Supongo que volver a Londres, con mi trabajo, mis amigos...” WINSTON: “¿Podría ir contigo? Como te he dicho, allí tengo a mis hijos... Me estoy haciendo viejo, y me siento tan solo...” ROSEANNE: “¿Significa eso...? WINSTON: “Sí, Rosi”. ROSEANNE le abraza con una amplia sonrisa en los labios.

 

                Londres. Está anocheciendo. En las calles hay un enorme caos de tráfico. Decenas de coches y furgonetas de la policía están atestados de ciudadanos. Todos se dirigen a la sede central de la Información. Allí hay apelotonados cientos de ciudadanos dentro de los pasillos, los vestíbulos, etc. Llega el COMISARIO (los POLICÍAS hacen pasillo). Hay un enorme barullo. El COMISARIO se sube a una mesa. Grita cuanto puede para que se calle la gente. Nadie le hace caso. COMISARIO: “¡Silencio!¡¡Silencio!!” Al final dispara al techo. Todo el mundo queda mudo. COMISARIO: “¡A ver, ¿qué pasa aquí? ¿Cómo es que todos estáis tan ocupados precisamente este sábado a las cinco de la tarde?. ¿Qué coño pasa este sábado a las cinco de la tarde?!” UN CIUDADANO levanta la mano: “¡Yo voy al cine!” Otro: “¡Yo al zoo!” Otro: “¡Yo a bailar!”... Se vuelve a formar un barullo de gente, todo el mundo levantando la mano y diciendo a dónde va. El COMISARIO se altera. COMISARIO: “¡¡Basta, basta ya!!” Vuelve a disparar al techo. La gente se calla. COMISARIO: “¡Me estáis engañando, malditos. Sois unos subversivos, lo sé!” AGENTE: “Comisario, ¿qué hacemos con esta gente? Siguen llegando coches cargados: ¡ya son miles!”. Entonces el COMISARIO mira por la ventana. La explanada exterior está abarrotada de gente. Hay centenares de policías vigilándolos. AGENTE: “Comisario, ¿qué ordena? ¿Los detenemos a todos?” El COMISARIO va arriba y abajo, mesándose el cabello, compulsivamente. COMISARIO: “No, diga que los suelten...” AGENTE: “Pero comisario...” COMISARIO: “¡Que los suelten he dicho! ¿No me ha oído?” AGENTE: “¿Por qué...?” COMISARIO: “Ya es demasiado tarde... A ver si acabamos de una puñetera vez...”

 

                En la base rebelde, en Siberia. Es de noche. RITA, el COMANDANTE y los GUERREROS INDIOS acaban de llegar. RITA se presenta al GENERAL rebelde con el COMANDANTE y el JEFE INDIO. RITA (cuadrándose): “General, he podido capturar dos naves y abundante armamento; le traigo un prisionero; y además el apoyo de cincuenta guerreros del Gran Norte del Canadá”.  COMANDANTE: “Oiga, yo también he ayudado algo, ¿no le parece?” GENERAL: “Oigamos lo que tiene que decir el prisionero”. COMANDANTE: “General. Es cierto que he colaborado con las fuerzas del Gobierno, pero también lo es que he rescatado a... este valiente soldado (refiriéndose a RITA), y le he facilitado las naves y el armamento”. GENERAL (preguntando a RITA): “¿Es cierto eso?” RITA: “Sí, general”. GENERAL: “Entonces, ¿por qué lo ha esposado?”. RITA: “Podía ser una trampa. Quizá simplemente pretendía que yo le llevara a nuestra base, para que las fuerzas del Gobierno nos siguiesen el rastro. Era potencialmente muy peligroso”. GENERAL: “Le felicito por su celo. Eso está muy bien pensado. Pero creo que ahora ya es innecesario. Este hombre me parece sincero”. Un SOLDADO quita las esposas al COMANDANTE.

 

                El COMANDANTE, RITA y el GENERAL rebelde están sentados en una mesa. GENERAL: “Comandante, díganos algo sobre la moral de las tropas del Gobierno”. COMANDANTE: “Está bajo mínimos. Los soldados también tienen padres, y hermanos... Todos tienen familia. Todos ven las penurias de su gente... Y también ven cómo el Gobierno está viviendo opíparamente a costa del pueblo”. GENERAL: “¿Quiere decir que los únicos que se están beneficiando de este régimen son el Gobierno y una casta cerrada?” COMANDANTE: “Básicamente los militares de alta graduación... Los demás, entre ellos los soldados y los suboficiales, están sufriendo como todos. Están esperando la oportunidad de deshacerse de sus superiores... Créame, ellos lo desean tanto como ustedes”. RITA: “Entonces, la situación está madura: si capturamos a La Sociedad y a sus cómplices, este régimen caerá como un castillo de naipes”.

 

                Sede del Gobierno, en Ottawa. Es de noche. HARRY FONTANA (presidente del Gobierno, dirigiéndose a KANATA OTOMO, jefe de la Sociedad): “Señor, creo que algo se está cociendo en los principales centros neurálgicos del planeta. Nuestros servicios de información han detectado mucha inquietud... ¿No debería posponer la reunión de mañana?” KANATA: “¡En absoluto. Es realmente imprescindible que esa reunión se celebre mañana!” HARRY: “¿Por qué?” KANATA: “Como comprenderá, eso no se lo puedo decir”. HARRY: “Señor, si celebra esa reunión, tal vez no pueda garantizar su seguridad”. KANATA: “¿Es eso una amenaza?” HARRY: “No. Pero nuestra Inteligencia cree que la Resistencia está preparando algo precisamente para ese día...” KANATA: “Tonterías. La Resistencia son unos pobres dibalos que nada pueden contra nuestro poder”. HARRY: “Señor, tiene que contar con el descontento popular...” KANATA: “Harry: sobreestima al pueblo. Éste lleva centenares de años obedeciendo sin rechistar. Además, ¡está aterrorizado! Su rebelión no entra en mis cálculos”. HARRY: “Señor, posiblemente sea usted quien subestima al pueblo. Además, no sé cómo responderán los soldados ante una insurrección...” KANATA: “Sí lo sabe: su vida depende de ello”. HARRY: “Espero que no se equivoque... Por el bien de todos”.

 

                Sede del Gobierno. Es de noche. HARRY FONTANA, presidente del Gobierno, está reunido con sus lugartenientes. HARRY: “Supongo que comprenderán la gravedad de la situación. Según mis informes, los rebeldes preparan algo para mañana. Concentren sus fuerzas en torno a la sede del Gobierno y de la televisión. La guardia presidencial protegerá a los miembros de la Sociedad...” OFICIAL DE ALTA GRADUACIÓN: “¿Por qué la guardia presidencial?... Es un cuerpo de élite que debería protegerle a usted”. HARRY: “Oficial, si la Sociedad cae, todos nosotros caemos. Proteger su vida significa preservar la nuestra: ¿entendido?” Todos los OFICIALES asienten.

 

                Al día siguiente, en torno al medio día, la flota rebelde inicia su recorrido. La componen diez naves de transporte de tropas y 100 cazas. Inician un largo trayecto consistente en atravesar la taiga siberiana, llegar al Ártico, y desde allí bajar en picado por zonas deshabitadas hasta Ottawa. Para evitar los radares enemigos vuelan a ras de suelo con naves “fantasma”. Sólo en las proximidades de Ottawa prevén encontrar resistencia. (Imágenes de la flota volando a baja altura. En la superficie se ve paisaje de tundra, el Ártico y la taiga.)

 

                Son algo menos de las cinco de la tarde. Las fuerzas de EL CAPITÁN y TELLY (los cincuenta hampones) llegan al centro de Ottawa en parejas de dos, con pinta sospechosa (gabardina y sombrero) y extrañas maletas. Después se reúnen todos en la explanada donde se asientan los edificios oficiales (Gobierno, Ministerios, Banco Mundial...) En esa explanada hay diversas cafeterías y terrazas. Los hampones están distribuidos en ellas. Uno de ellos se fija en el rótulo del Banco Mundial. Silba y llama la atención de los demás sobre el particular. Todos ellos miran con ojos codiciosos a ese edificio. Entonces algunos se levantan y se dirigen hacia él. Los demás se les unen. El CAPITÁN y TELLY los miran horrorizados (ven cómo se dirigen al Banco Mundial). La plaza está llena de guardias y policías. Cuando ven llegar a esa extraña tropa les dan el alto (están a unos cincuenta metros del edificio). De repente, los hampones desenfundan sus armas y comienzan a disparar a diestro y siniestro. Algunos policías caen, pero llegan torrentes de otros policías. Un grupo de treinta hampones entran en el edificio (se oyen disparos y gritos dentro). Los demás están disparando contra los policías del exterior. El CAPITÁN y TELLY se estiran de los pelos.

 

                Sede del Gobierno. OFICIAL: “Presidente, hay disparos en el Banco Mundial”. HARRY: “¿Así, era eso? Ordene que todas las fuerzas de la zona se dirijan a ese lugar. Mantengan aquí sólo un retén”. OFICIAL: “Presidente, creo que no es prudente...” HARRY: “¡Haga lo que le digo!”.

 

                La flota rebelde está a doscientas millas de Ottawa. Les salen cazas enemigos. RITA: “Maldición. Ya nos han localizado”. OFICIAL de a bordo: “Hace tiempo que volamos sobre zona habitada. Es extraño que no nos hayan abordado antes”. COMANDANTE: “Mirad, nos hacen señal de saludo”. En efecto, los cazas enemigos se unen a la flota. Los miembros de la flota rebelde gritan de alegría, y les saludan desde las ventanas. Los pilotos de los cazas responden al saludo.

 

                La flota rebelde vuela sobre Ottawa. No encuentran resistencia de la aviación, así que de las diez naves de transporte de tropas comienzan a saltar los paracaidistas. De una de ellas saltan los GUERREROS INDIOS, con arcos y flechas, pintados con colores de guerra. Desde abajo, los paracaidistas encuentran resistencia proveniente de los edificios de la televisión, del Gobierno Central y de los alrededores del lugar donde se celebra la reunión de la Sociedad.

 

                Sede del Gobierno. OFICIAL: “Presidente. Ha comenzado un asalto de las fuerzas rebeldes. La aviación se le ha unido. ¿Qué hacemos?” HARRY: “¡¡Resistir, malditos!! ¿Qué si no?” OFICIAL: “Presidente, no sabemos cómo reaccionarán las tropas de tierra...” HARRY: “Es igual, preparen la defensa de la sede del Gobierno Central. Retiren las tropas del Banco Mundial”. OFICIAL: “Presidente...” HARRY: “¡¡Vamos, vamos, deprisa!!” OFICIAL: “Sí, presidente”.

 

                Lugar de reunión de La Sociedad (ver final de la segunda parte). Cinco de la tarde. KANATA OTOMO: “Os he convocado para proponeros un plan. Ya llevamos casi tres años con la comedia del ‘orden constitucional’. Creo que ya ha llegado el momento de tomar el poder de forma completa, sin remilgos, y de quitarnos de encima el fardo de la legalidad. Nuestros planes sólo se pueden materializar si ejercemos un poder total. Ya está bien de perder el tiempo con gobiernos títeres. ¡Es hora de asumir el poder, todo el poder!”. POTENTADO: “Con su permiso, no estoy de acuerdo. Siempre está bien tener hombres de paja para desviar las culpas de nuestros errores, y para encontrar chivos expiatorios en determinados momentos...” OTRO POTENTADO: “Estoy de acuerdo con el colega...” En ese momento se apaga la luz y se encienden las luces de emergencia (hay una luz tenue). POTENTADO: “¿Qué ha pasado?”

 

                Londres. Cinco y media de la tarde. Una enorme masa de gente, encabezada por CHARLES, RICHARD y JOSEPH se manifiesta en el centro. RICHARD tiene un megáfono, con el que dice: “¡¡Muera la tiranía, viva la libertad!!”. Las masas siguen la cantinela (son cientos de miles). En ese momento llegan las chicas del club de alterne, vestidas con ropa ligera, y se ponen al lado de Richard (una en cada lado). Una de ellas le quita el megáfono y dice: “¡¡Más simpatía, y menos tiranía!!”. La masa empieza a gritar ese slogan. RICHARD y CHARLES sonríen, mientras que la gente se anima a repetir esa cantinela con ritmo de samba. En ese momento encuentran una columna de carros blindados y de soldados. Delante de ellos se sitúa un OFICIAL barrigón. OFICIAL BARRIGÓN (con un altavoz): “¡Pueblo de Londres. No os dejéis embaucar por esa pandilla de indeseables de la Resistencia. Dispersáos y no os pasará nada...!” La masa humana está en silencio, completamente amilanada. De repente, una de las prostitutas del club de alterne se quita una media, coge un broche, y se lo tira (como si fuera una honda) al OFICIAL. El proyectil le da de pleno en la cara, y entonces las chicas vuelven a gritar: “¡¡Más simpatía, y menos tiranía!!”. La gente se anima y comienza a avanzar (las masas están a punto de llegar a donde están los soldados). Entonces, el OFICIAL grita a los soldados: “¡¡Disparad, tirad a matar!!”. Se oye una ráfaga de metralleta, y el oficial cae al suelo, cosido a balazos. Uno de los militares, que está en un carro de combate (aún sale humo de su metralleta) grita entonces: “¡¡Más simpatía, y menos tiranía!!” El resto de los soldados le aclaman. Entonces, los carros de combate dan marcha atrás y se unen a la manifestación.

 

                Flota gubernamental. cinco cuarenta y cinco minutos de la tarde. Acaban de localizar el campamento indio. LIONEL: “Aquí los tenemos. ¡Vamos, empezad a disparar. Destruid sus refugios hasta que no quede piedra sobre piedra. Después colgadlos a todos...!” OFICIAL (al COMANDANTE de la nave gubernamental): “Comandante. Tenemos noticias de Ottawa... Se ha inciado una revolución. Y esta vez va en serio”. El OFICIAL y el COMANDANTE DE LA NAVE miran a LIONEL con cara de asco. LIONEL: “¿Qué pasa, por qué me miran así?”

 

                Ottawa, seis de la tarde. LAURA y ROSEANNE están en las proximidades de la zona de conflicto (en concreto, cerca de la sede del Gobierno Central). Allí encuentran a TELLY y al CAPITÁN. CAPITÁN: “Me temo que mis hombres no han ayudado mucho...” LAURA: “Te equivocas. Sí lo han hecho, aunque sea involuntariamente: han ayudado a crear más confusión; y eso es bueno para nosotros... Evidentemente, más tarde tendremos que tomar cartas en el asunto”. (Se ven imágenes de los hampones apostados en el interior del Banco Mundial, disparando contra la policía y el ejército.) LAURA, ROSEANNE, el CAPITÁN y TELLY se dirigen a la zona de operaciones. Allí encuentran a RITA. LAURA: “¡Rita!¡Qué alegría! ¿Tenéis armas para dejarnos?” RITA: “Celebraciones luego. Tomad aquellas y ponéos a cubierto”. En ese momento hay una enorme confusión y un vivo tiroteo. Entonces LAURA ve llegar a los indios, con sus arcos y flechas, descalzos, y con pinturas de guerra. LAURA: “¿Qué es esto? ¿Una película de vaqueros?”

 

                Sede de la Sociedad. Son las seis y diez. Hay un fuerte tiroteo. El COMANDANTE participa en el asalto a la sede. La guardia presidencial se enfrenta con decisión al asalto. Hay numerosas bajas en los dos bandos.

 

                Ottawa, sede del Gobierno. Seis y diez de la tarde. Los miembros del Gobierno Central se rinden. Los rebeldes y el pueblo gritan de alegría (los rebeldes y los guerreros indios se abrazan). RITA: “Vámonos. Aquí ya no queda nada que hacer. ¡¡Amigos, vamos a partir el culo a esos fantoches de la Sociedad!!” Una columna de vehículos con rebeldes y soldados que se han unido a la revuelta se dirigen a la sede de la Sociedad. Allí se reúnen con el resto de las fuerzas asaltantes. La batalla dura al menos una hora más.

 

                Son algo más de las siete. Los miembros de la Sociedad se rinden. Los soldados de la guardia presidencial se entregan con las manos detrás de la cabeza. RITA y EL CAPITÁN entran dentro de la sede, con numerosos soldados. Allí encuentran a la plana mayor de la Sociedad, escondidos en un búnker. RITA: “¡¡Vamos, vamos. Salid de ahí, fantoches!!” Ellos salen, apocados, con las manos detrás de la cabeza. Los rebeldes hacen pasillo, y mientras pasan por él les escupen y atosigan. En la calle, el pueblo los zahiere. Meten a los miembros de la Sociedad en varios camiones y se los llevan.

 

                Sede de la televisión. Ocho de la noche. RITA emite un mensaje: “Ciudadanos y ciudadanas del planeta Tierra. ¡Ya era hora. Ya era hora de la libertad. Ya era hora de la justicia! Se acabó la tiranía, la manipulación y la mentira. Se acabó el despotismo. ¡Ha llegado el momento que la gente corriente ha esperado durante siglos...!”

 

                Londres, ocho y media de la noche. Todas las calles están atestadas de gente. Los coches pegan bocinazos. Las campanas repican. Los soldados y el pueblo se felicitan y se reparten flores. JOSEPH da un beso a una chica del club de alterne y su mujer le pega un tortazo. RICHARD es levantado a hombros por CHARLES y PERRY ANDERSON (el librero de la Hermandad).

 

                Ottawa. Nueve y diez. Sede del Banco Central. Los hampones que quedan vivos (unos diez) salen del edificio esposados y custodiados por fuerzas de los rebeldes. TELLY: “Qué pena. Por una vez que podíamos mejorar nuestra imagen...” CAPITÁN: “Reconócelo... Un criminal lo será hasta que se muera. La vocación tira mucho...”

 

                Campamento indio de invierno. Las naves de la flota gubernamental acaban de lanzar a LIONEL en paracaídas. ÉSTE cae en mitad del poblado. La gente le mira con odio, y algunos incluso intentan echarle el guante. Pero TECUMPAH les retiene. TECUMPAH: “¡Dejadlo en paz. No seremos nosotros quienes hagamos justicia. El Gran Espíritu lo hará!” LIONEL mira a los indios como un zorro acorralado. Entonces escapa corriendo y se interna en el interior del bosque.

 

                Es noche cerrada. LIONEL está en mitad del bosque, muerto de miedo, de frío y desarmado. Está tiritando. De repente se escuchan ramas que se mueven. LIONEL se altera. Entonces aparece un enorme oso. LIONEL trata de subir a un árbol, pero no le da tiempo. LIONEL: “¡¡Aghhhh!!”

 

                Londres. Todos nuestros amigos están en un enorme vestíbulo de la sala de los juzgados. Está CHARLES, RITA, LAURA, RICHARD, ROSEANNE, WINSTON, TECUMPAH, LILIH, GENERAL (de las fuerzas rebeldes), CAPITÁN, TELLY, el COMANDANTE, las CHICAS (del club de alterne), JOSEPH, su MUJER y sus HIJOS, MICHAEL (agente de la seguridad), VANESSA (amiga galerista de ROSEANNE), etc. La gente está felicitando a los novios que se van a casar. Cuando llega el turno de las CHICAS del bar de alterne, éstas están llorando. Una de ellas da un beso a RICHARD que es más sincero de lo que las convenciones sociales permitirían. LAURA se apercibe y se dirige a RICHARD. LAURA: “Richard, me estás ocultando algo. ¿Me has estado engañando durante estos días? (dirigiéndose a CHARLES) ¿Lo ha hecho? (CHARLES dice un ‘no’ no muy convincente)”. Luego coge su bolso y comienza a darle bolzazos en la cabeza. RICHARD se defiende como puede. Los dos salen de la sala discutiendo a viva voz. Los demás ríen.

 

                Sala de casamientos de los juzgados. RITA y CHARLES, por un lado, y ROSEANNE y WINSTON, por otro, se casan. Entre el público está RICHARD, con un ojo morado, y LAURA, que abraza ostentosamente a MICHAEL. Cuando acaba la ceremonia, las CHICAS del club de alterne rodean a RICHARD. ÉSTE se va alborozado con ELLAS, fuera de la sala del juzgado.

 

                Banquete de bodas. Están los mismos participantes que en las escenas anteriores. Una vez que han partido los tres pasteles (porque se habían previsto tres bodas), CHARLES hace un brindis. CHARLES: “Ha pasado largo tiempo, y hemos hecho un largo camino, desde que Thomas Cavite volvió a dar cuerda al reloj de la Historia. En esta ocasión tan especial, quisiera recordar a todos los que, como Thomas (mi hermano), Linda (mi madre), y... (le saltan las lágrimas) Leonard (mi padre), y tantos otros cuyos nombres es imposible enumerar aquí, han dado su vida por la libertad y por la justicia, de una manera tan decidida y valiente. Sin ellos, no habríamos podido vivir estos dulces momentos de triunfo y de esperanza. Brindo por ellos”. El público aplaude.

 

                Una orquesta está tocando y la gente está bailando en parejas. El CAPITÁN y TELLY están juntos. En un momento dado, ambos se dirigen donde está RICHARD. RICHARD está hablando con CHARLES. CHARLES: “Lo siento, Richard. No podía mentir a Laura”. RICHARD tiene una copa en la mano. RICHARD: “Descuida, Charles. De todos modos nunca hubiera funcionado...” CHARLES le da unas palmaditas en la espalda y se retira. En ese momento el CAPITÁN se decide a hablar. CAPITÁN: “Richard, ejem, sé que éste no es el momento... más adecuado, pero te tengo que recordar lo de los cincuenta mil pavos que me debes...” RICHARD se sale de sus casillas (a viva voz): “¡¡Maldito bastardo!!, ¿es que acaso no tienes bastante con los cien mil dólares que te di?”. TELLY: “¿Cómo? Tú me dijiste que te dio cincuenta mil. ¿Cómo te atreves a tomarme el pelo de esa manera?” CAPITÁN (pasando su brazo por detrás de su espalda, y dirigiéndose a a puerta): “Calma, calma, muchacho. Te subo la tarifa... Te doy 20.000 a cambio de...” Llega el COMANDANTE: “Oiga, eso no está bien. Ya sabe lo que me jugaba en este asunto. ¡Exijo mis derechos!” CAPITÁN: “¡Calma, amigos... Con un poco de tranquilidad, podemos ponernos de acuerdo... Por cierto, tengo un asuntillo que no puede fallar. Mirad...” Los tres salen por la puerta.

 

FIN DE LA TERCERA PARTE

 

EPÍLOGO (300 años después)

 

                Una niña de diez años está sentada en una silla delante de un escritorio. Tiene un libro, y se aburre soberanamente. Entonces, entra su madre en la habitación. MADRE: “Hija, ¿has aprendido ya tu lección de Historia?” HIJA (suspirando): “¡No, mamá, es muy aburrida!” MADRE: “¿Qué lección estás estudiando en este momento?” HIJA: “El rollo ése de la Hermandad...” MADRE: “Hija, no digas eso. ¿Conoces a Thomas y Charles Cavite, y a Laura, y a Roseanne, y a Richard, y a Linda, y a Leonard, y a todos los que participaron en la lucha contra la tiranía...?” HIJA: “Pero mamá. Eso pasó hace mucho tiempo... A nadie le interesa ya...” MADRE: “Te equivocas, hija. Espera un momento”. Va al comedor de su casa y coge un libro de la estantería. MADRE (a su HIJA): “Te demostraré que la Historia no tiene por qué ser aburrida. Siéntate en esta silla y escucha”. En ese momento la MADRE empieza a leer: “En el año 2.250...”

 

                Son altas horas de la madrugada. La MADRE ha acabado de leer el libro. Lo cierra y le pregunta a la HIJA. MADRE: “¿Qué, qué te ha parecido?” HIJA: “Me ha gustado mucho, mamá. Eran todos muy valientes”. MADRE: “No, no todos lo eran... Pero aun los que no lo eran hicieron un esfuerzo para vencer su miedo, y lucharon con decisión por lo que creían justo. Hija, tienes que saber que no es bueno olvidar la Historia. Sólo conociéndola podemos evitar cometer los mismos errores del pasado. Los hombres y las mujeres han tenido que sufrir mucho para aprender por fin esta lección. No la olvides: cuesta mucho obtener la libertad, pero cuesta mucho más conservarla...” HIJA: “Mamá, ¿y qué pasó con Richard: se quedó solo?” MADRE: “Bueno, en cierto modo sí, porque nunca se casó; Richard es de ese tipo de gente a quien le cuesta encontrar su camino, pero que con su ayuda despeja el camino de los demás”. HIJA: “¿Y Charles, fue feliz con Rita?” MIDRE: “Sí, cariño. Ambos fueron muy felices, porque como dijo Lilih (la mujer de Tecumpah), es más fácil que dos personas distintas convivan, si entre ellas hay amor...” HIJA: “¿Y Laura, también fue feliz?” MADRE: “Laura se casó con Michael, pero no fue bien: Laura era todo un carácter; y en realidad se casó con ese hombre por despecho hacia Richard. Y esas cosas nunca salen bien. Y para acabar, antes de que me lo preguntes, Bárbara y Winston también fueron felices”. HIJA: “Mamá, mamá, una última pregunta. ¿Y Charles volvió a querer a su padre, Leonard? Sí, con el tiempo le perdonó, y le volvió a querer. Ahora, hija, métete en la cama, y a dormir”. La MADRE apaga la luz y le da un beso. La HIJA se duerme.

 

                Al día siguiente, la HIJA sale de su casa. Se trata de un montículo como el de los indios del Canadá, con hierba y matas de flores encima. La cámara se eleva y se ve una panorámica de viviendas parecidas que conforman un idílico prado, al estilo inglés, con multitud de flores y árboles. Los niños salen de sus casas, y por caminos primorosos, se dirigen a la escuela. La cámara se desplaza a gran velocidad a Barcelona. Se ve una ciudad de parecidas características, pero con vegetación mediterránea. Hay olivos plantados por todas partes. La cámara se vuelve a desplazar, y en la imagen se ve la montaña de Montserrat. Ésta se ve con toda su belleza, y en mitad de un monasterio reconstruido se observa el olivo (de la segunda parte) revivido. Finalmente, la cámara se dirige a Ottawa. La antigua sede de la Seguridad se ha convertido en un parque. Después la cámara se dirige al horizonte: está amaneciendo.

 

FIN

 


 

LISTADO DE PERSONAJES

(Por orden de aparición)

 

LINDA (madre de THOMAS y CHARLES)

THOMAS (protagonista de la primera parte)

CHARLES (hermano de THOMAS)

LAURA (esposa de THOMAS y agente de LEONARD)

ROSEANNE (amiga de LINDA)

RICHARD (amigo de THOMAS y agente de LEONARD)

Mr. CAMPBELL (jefe te THOMAS)

Taxista primero

Notario

PILUSA (gata de THOMAS)

BÁRBARA (SEÑORA DE LA IGLESIA. Miembro de la Hermandad)

Conductor del coche (miembro de la Hermandad)

Hombre de la Hermandad

HARRY SOLOMON (HOMBRE GORDO. Jefe de la Hermandad)

Gente del burdel (borracho, bailarinas y prostituta)

Compañeros de THOMAS en la Compañía

Taxista segundo

Pareja de policías en moto

Mujer de la granja

Dos vigilantes

Veraneante

Varios agentes de la comisaría de Bristol

Sam (agente de la comisaría de Bristol)

LEONARD (COMISARIO DE INFORMACIÓN)

Secretario de LEONARD

Pelotón de policías

Dos gorilas armados

Secretaria civil

Julia (asistenta del secretario de LEONARD)

 

Dos mujeres en la fiesta

Viejos decrépitos (miembros del Gobierno)

Tres reporteros

Ministra de cultura

Ministro de medio ambiente

Ministro de economía

Motoristas escoltas de la limusina

Reportero de la televisión

Mayordomo de LEONARD

Delegado del Gobierno en Barcelona

Representante catalán

Representante castellano

Ciudadano de Barcelona

Propietario de las mulas en Barcelona

Campesino de la Montaña Sagrada

Monjes de la Montaña Sagrada (uno es médico)

ABAD DE LA MONTAÑA SAGRADA

Oficial de alta graduación (a las órdenes de HENRY SOLOMON)

Hombre del carro de lechugas

Dos policías del aeródromo de Barcelona

Soldados del aeródromo de Barcelona

Pilotos perseguidores

Soldado (a las órdenes de HENRY SOLOMON)

Dos ministros de HENRY SOLOMON

RITA HOWARD (miembro de la Resistencia)

WINSTON (contacto de la Resistencia en Ottawa)

Vecina de LAURA en Ottawa

Vigilante de la Seguridad

Amigas de LAURA en la Seguridad

LIONEL (miembro de la Seguridad)

Compañero de LIONEL

Policía en el control de carretera

Oficiales a las órdenes de HENRY SOLOMON

Oficiales de la Resistencia

Presentador del programa “Apaga y vámonos”

Soldados de la Resistencia en la televisión

Soldados del Gobierno en la televisión

Técnicos de la televisión

Público de la televisión

Ciudadano viendo la televisión

KANATA OTOMO (POTENTADO JEFE)

Otros potentados de la Sociedad

Dos gorilas de la Sociedad

 

Piloto y copiloto de la nave de rastreo

TECUMPAH (jefe del poblado indio)

LILIH (esposa de TECUMPAH)

CANDI (hija de TECUMPAH)

Cuatro cazadores y tramperos

Hombre de la cantina

EL CAPITÁN (jefe del campamento de contrabandistas)

Conductor de la nave en Alaska (esquimal)

HARRY FONTANA (Presidente del Gobierno)

COMANDANTE (desertor del ejército que se une a la Resistencia)

Cazadores del campamento de contrabansistas (en la cantina)

JOSEPH SMITH (obrero que se une a la Resistencia)

GENERAL DE LA RESISTENCIA

Pete (ayudante de EL CAPITÁN)

Soldado gubernamental

Soldados de la Resistencia

Soldados del Gobierno

Prisioneros en el campo de trabajo

Oficial de la Resistencia

Trabajadores de la fábrica (compañeros de JOSEPH)

Mujer de JOSEPH

PERRY ANDERSON (antiguo miembro de la Hermandad. Librero)

TELLY (jefe de los malhechores de Londres)

VANESSA (amiga de ROSEANNE. Galerista)

MICHAEL (amigo de LAURA, y miembro de la Seguridad)

JEFE INDIO (jefe de los guerreros del poblado indio)

CHICAS DEL BURDEL

Madame del burdel

Vigilante de la fábrica de JOSEPH

Dos hijos de JOSEPH

Agente de policía

Comisario de policía

Oficial de una nave del Gobierno

Hampones

Lugartenientes de HARRY FONTANA

Oficial de alta graduación (uno de los lugartenientes)

Oficial barrigón (en la manifestación)

Comandante de una nave del Gobierno

Soldado que dispara al oficial barrigón

MADRE (en el futuro)

HIJA (en el futuro)

Volver