EL LENGUAJE DE LOS SÍMBOLOS - GUIÓN COMPLETO

 

Para conocer EL LENGUAJE DE LOS SÍMBOLOS debes leer mi libro EL CONOCIMIENTO SECRETO (Ediciones B).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las aguas de la Tierra

Circulan y fluyen,

Saltan y se aquietan,

Y finalmente mueren…

En el mar, en el pantano,

O en un reseco erial.

 

Las aguas brotan de la roca,

O del caño de la fuente,

Después de caer del cielo

Gris y encapotado,

Pero bello y melancólico,

De una tarde otoñal.

 

Las aguas son promesa de vida,

Pero de poco provecho

Si el sol con su destello

No las fija en el suelo

Y las convierte en alimento

De la cubierta vegetal.

 

El conocimiento, como el agua,

Riega las fuentes del alma:

Cuando fluye y circula

Da frutos sanos y fuertes,

Pero cuando se aquieta y estanca

Despide el hedor de la muerte.

 

Los toros bravos, y los recios caballos,

Hijos de Poseidón, del mar soberano,

Consumen forraje y mullido pasto.

Sus coronadas testas y sus duros cascos

Dieron prueba de valor, y de ánimo,

A ilustres donceles en tiempos pasados.

 

El toro es símbolo de fuerza,

Y también del conocimiento,

Porque dio nombre a la Alfa,

La gloria del alfabeto,

La reina de las letras,

La corona del intelecto.

 

El caballo encarna dos grandes virtudes,

El esfuerzo y la humildad,

Que distinguen al sabio, y al justo,

Del petulante y el jactancioso;

Aquel que atesora, sin saberlo,

Un fardo de soberbia y vanidad.

 

En el laberinto de la vida,

No hay camino recto, resultado cierto,

Ni recompensa sin esfuerzo.

La Verdad no es huidiza,

No se esconde ni disfraza,

No resplandece ni destaca.

 

La Verdad es el fruto prohibido

De los tontos, la meta de los necios.

La Verdad se escribe con la B,

Que da nombre a la columna Boaz.

La B de Belleza y Bondad.

La B de Betel, la casa del dios El.

 

No hay unidad sin binario,

Como no hay sombra sin luz,

O serpiente sin pájaro.

El caduceo, símbolo de Hermes,

Príncipe de los filósofos,

Es el primer arcano del iniciado.

 

Alfa y Beta nada son,

Sin el concurso de la Gamma y la Delta.

La primera alude a la Geometría,

Y la segunda al divino Triángulo,

Que encarna la santa trinidad

De hindúes, cristianos y paganos.

 

El círculo es el rey de las formas

Pues enmarca el espacio sagrado

Y encierra otro gran arcano

Del iniciado: El Alfa y el Omega,

Que jalonan el fin y el cabo,

Como las dos caras del dios Jano.

 

El triángulo desvela el misterio

De la trinidad; las tres grandes fuerzas

Que gobiernan el mundo, y la vida:

Creación, conservación y aniquilación,

Brahma, Vishnú y Shiva.

Una da; otra mantiene, la tercera quita.

 

El triángulo tiene tres vértices,

Como tres son las estrellas que

Perfilan el cinturón del gigante:

El malogrado Orión, gran cazador,

Incansable perseguidor de Mérope,

Una de las Pléyades, hija de Atlante.

 

Orión linda con el toro, Taurus,

Y con Sirio, la divina Isis,

Que otros dieron en llamar Sotis.

Su despertar, en el horizonte,

Anuncia el inicio de la Canícula,

El triunfo de Osiris, su divino consorte.

 

El toro, el león, el águila y el ángel

Configuran el tetramorfos:

Las cuatro columnas del mundo,

las cuatro esquinas del orbe.

Con la unidad, el binario, y el ternario

Es la tetraktis, número sagrado.

 

El hombre es la medida de todas las cosas.

Él rige el mundo, pero no es su amo,

Pues es hijo del fango, y del polvo.

Su símbolo, el pentagrama (o pentáculo),

Es imagen de la luz, y de su contrario.

Representa el Bien, e invertido, el Diablo.

 

La estrella de seis puntas simboliza lo dual:

La montaña y las aguas, la luz y la oscuridad,

El delta luminoso, y el yoni sánscrito.

Se cruzan y oponen en completa hermandad.

En su centro se dibuja una forma hexagonal,

Como la morada de la abeja, el humilde panal.

 

El círculo representa lo divino,

Y el cuadrado lo terrenal y grosero.

El octógono alude al progreso,

Que desde la ignorancia y el desenfreno,

Merced al esfuerzo, y al conocimiento,

Nos hace más sabios y perfectos.

 

El círculo es símbolo de perfección,

Mandala lo llaman los antiguos arios,

En el centro está el Jardín de Brahma,

Coronado por Meru, la montaña sagrada.

Simbolizado por el loto, todo pureza,

Lo rodea el mar de las negras aguas.

 

Los círculos son vestigio del pasado,

Y combinados con el divino ternario,

Un triple recinto de misterio y significado

Rememora antiguos tiempos de gloria,

De supremo saber, y de zozobra.

Tiempos de Atlantis, el país anegado.

 

El Jardín del Edén, el país de Brahma,

Paradeiza, Amentis, Hesperia o Valhalla,

Son territorios de leyenda y florida fábula.

Blanco pureza y encendida grana,

Vida y muerte, espina y rama,

Son las islas sagradas de la leyenda áurea.

 

El loto es testimonio del nacimiento

De un mundo nuevo en un océano turbulento.

La rosa nos habla de la vida, y sus momentos:

De valores, esfuerzos, y conocimientos.

El lirio es pureza, pero también fundamento,

De la negra muerte, y del renacimiento.

 

Nacimiento, vida y muerte, tres fases son

De la mundanal materia y de la creación

Tres etapas de la existencia, y de la razón,

Que en la Edad Media el maestro masón

Reflejó en lenguaje arcano, con devoción,

Mediante el mensaje oculto del rosetón.

 

En el reino mineral, el agua reblandece,

Quiebra y somete hasta el duro pedernal.

Sutil y ligera, burbujea y asciende,

Con atrevidas ondas, y encrespadas olas,

Que se retuercen, arremolinan y enhebran,

Creando torbellinos y corrientes en espiral.

 

La Diosa mora en las profundidades.

Es soberana de plantas y animales.

Virgen fecunda, es reina de las aguas.

La serpiente es su cetro; el río su coraza.

Dumuzi, Atis u Osiris son su consorte.

Reyes no son, sino obsequiosa Corte.

 

Del seno de la madre venimos

Y al seno de la madre volvemos.

El lirio adorna la cuna y la mortaja.

Pues es Démeter, la gran matrona,

Imagen de fecundidad y pureza,

Quien dio su nombre a la materia.

 

La cueva es el útero de la Madre Tierra,

Por otro nombre Rea, hija de Gea.

Cuando morimos, con infinita indulgencia,

Alberga nuestro cuerpo, no nuestra esencia.

Y en el tránsito hacia el nuevo renacer,

Alimenta la semilla del próximo ser.

 

La cueva es el ignoto refugio de la serpiente

Que en Edén probó el fruto del árbol viviente.

Desde entonces muda su piel, eternamente.

Cuando duerme, se enrosca y la cola se muerde.

Su veneno se inyecta, pero éste no le hiere,

Porque veneno de vida es, que no de muerte.

 

La serpiente repta y sisea dentro de la cueva,

Mientras guarda el arcón que el tiempo sepulta.

Este tesoro es promesa de una vida nueva.

Es depósito de arcanos de sabiduría oculta.

La serpiente protege la gruta de profanadores:

Ladrones, falsarios, impíos, y embaucadores.

 

La Diosa es tan vieja como la montaña.

Es hija de la Luna y hermana de las aguas.

Es la estrella del mar, y de la mañana,

Venus arrebatada, madre de las Gracias.

Del astro de plata recibe su guadaña,

Y siega las mieses que el campesino planta.

 

Ceres, Démeter, Cibeles o Ana,

Es la madre fecunda, la tierra blanda,

La materia primera, la gata parda.

Negra es su cara, como azabache,

Negro es su manto, como su broche,

Y negra es su piedra, como la noche.

 

La Diosa es Virgen y Madre:

Con pureza y castidad recibe,

La semilla de Dios, esposo ilustre,

Que la paloma porta, según se dice.

En la cueva oscura a su hijo concibe.

En la talla, pudorosa, lo exhibe.

 

Cristo, Mitra o Dumuzi hijos son

De la Diosa Madre, virgen bendita;

Que en la humilde cueva concibió

Al buen pastor de multitud infinita;

Que en la cripta el creyente enterró,

Y en divina gloria muere y resucita.

 

Oro, incienso y mirra nada son,

Ante la gloria de la excelsa piedra,

Que los Magos ofrecen a la sazón

Al pequeño nacido en la cueva.

De su misterio nadie sabe la razón

Y si lo sabe, callado se lo queda.

 

La piedra está hecha de barro,

De blanda materia primordial,

No es fango del estercolero,

Tampoco es arcilla de alfarero.

Grial la llaman, y en un tiempo pasado,

Adornó la corona del ángel alado.

 

Negra es la piedra, pues es la fuente

De toda materia muerta o viviente.

Negra es, y sin embargo bella,

Como la piel de la virgen morena.

Sabio será quien conozca su secreto,

Dichoso será, y digno de respeto.

 

La piedra es material: muere y resucita.

En el crisol el sabio lo grosero le quita.

En la pira arde, pues el calor necesita

Para volver al estado de su virtud perdida.

Codicia, ambición y orgullo al necio excita

La piedra oculta de poder aquí descrita.

 

Grial llaman los filósofos a esta piedra.

Otros le dan el nombre de Arca bendita.

Recibe el poder del Sol, y el de la Tierra.

En la estrella está, y también en la hiedra,

Y en la roca, y en el mar, y en la bacteria.

Es etérea, es sutil: la llaman quintaesencia.

 

Barro de Adán, o materia sutil, es su nombre.

Pero no es el barro del que está hecho el hombre.

Es el huevo primordial, contenedor del mundo,

Que en Pascua se decora, o se deja desnudo.

Su yema y su clara es origen y fundamento

De las aguas, de las tierras, y del firmamento.

 

Roca de poder es, y de abundancia,

La piedra solar, que no de jactancia.

Fuerza de las fuerzas, foco de energía,

Es elixir de la juventud, y de la vida.

En la lámpara perpetua su luz parpadea.

Cornucopia la llaman, y también panacea.

 

La tierra es su crisol, y el agua su bañera,

En el gran laboratorio de la Naturaleza.

Azufre y Mercurio, como Paris y Helena,

Son los príncipes de la contienda hermética.

Fénix y pelícano, dragón y salamandra,

Símbolos y arcanos son, que no quimeras.

 

El mundo es redondo, desde el Septentrión al Austro,

Como ya sabían los antiguos, de Plinio a Zoroastro.

Es la residencia de los mortales, hijos de Gigante,

Descendientes del Titán, del Cíclope y de Atlante.

Vástago de Jápeto y Clímene es Prometeo,

Bienhechor del hombre, portador del fuego.

 

Meru, en Oriente, es el ombligo del mundo.

Allí nació Dionisos, por otro nombre Bromios.

Isla entre aguas, es trono del dios fecundo:

El sublime Brahma, supremo dios de los arios.

En su cima el divino Indra forja el rayo iracundo,

Y mide sus fuerzas con serpientes y monstruos.

 

La montaña sagrada es la más elevada:

Es eje, columna y sostén del cielo.

En su falda mora el dios de las aguas,

Del orden divino, y del conocimiento:

Enki, dador de justicia y leyes inspiradas

(maat en egipcio, y me en sumerio).

 

Cerca de la montaña se yergue un árbol.

La serpiente está en él, y la manzana

De la inmortalidad, que guarda el pájaro.

Su tronco atraviesa las siete capas

Del cielo, y su raíz se encuentra abajo,

En la tierra, donde la Diosa es soberana.

 

Encima del árbol brilla una estrella,

Reflejo de la Diosa en la celeste esfera.

Sirio se llama, y a Venus se asemeja;

En Canis Maioris está: es la estrella perra.

Venus es su consorte, Orión su pareja,

Osiris es la segunda, Lucifer la primera.

 

Lucifer es la estrella de la mañana

Suya es la primera luz del alba dorada.

Es heraldo del Sol, y su fiel guardiana.

Tiene cabeza de Ibis: Thot es llamada.

Fiel amiga es de la estirpe humana,

A ella otorgó su claridad, y su alborada.

 

Trimegisto llaman, tres veces Grande,

Al divino notario, hábil comerciante,

Mercurio, o Hermes, genio deslumbrante.

Thot de los egipcios, del saber estandarte,

Instructor de filósofos, del sabio ayudante,

Al mundo dio su Luz, y también su Arte.

 

Cada noche, en el ancho cinturón del cielo,

Un carrusel de figuras remonta el vuelo.

Ellas marcan los meses del gran año sideral

En avance retrógado del equinoccio vernal.

Zodiaco lo llaman, y el vate asegura,

Que anuncian el destino de la vida futura.

 

León es Atlantis, Egipto es Tauro,

Cristo es Piscis y el futuro Acuario.

Toro del Cielo, Cordero de Dios,

Anillo de pescador, Santo Sudario.

La crátera del aguador toma el relevo

Del pescador de hombres y su Calvario.

 

El mundo se mueve, nada está quieto;

Tal como asegura el heleno Heráclito.

El sol declina, los días se acortan.

La luna crece, las mareas remontan.

Las constelaciones circundan el cielo.

Ellas marcan el transcurrir del tiempo.

 

El sol asciende y desciende en el horizonte,

Desde el meridiano Sur al hiperbóreo Norte.

En el solsticio arde la pira de tiempo relicto:

Las gentes celebran la gloria del sol invicto.

En equinoccio el árbol de Pascua se engalana:

El huevo nutricio preside la fiesta pagana.

 

En la punta del árbol el gallo canta

El orto del sol, que en el cielo se levanta.

Su cresta es la corona del iluminado,

Que saluda al astro en el río sagrado.

Cristiano es quien porta la cresta del gallo,

No sólo quien reza al Salvador alabado.

 

La claridad del sol baña la pradera.

Su ardiente abrazo fecunda la tierra,

Su fulgor anuncia la primavera.

Con su eclipse el mundo se aterra,

En su apogeo la vida renueva.

Feliz es quien a su luz se aferra.

 

El sol es fuente, la luna un espejo,

Del foco que ilumina el intelecto.

La luz irradia en todas direcciones;

La sombra oculta sus bendiciones.

Sabio es quien en ella se ampara.

Infeliz es quien de ella se separa.

 

Los hindúes llaman esvástica

(Y los musulmanes baraka),

A la fortuna que al fuerte acompaña,

A la providencia que al sabio no engaña.

La esvástica, imagen sagrada,

Por culpa de impíos es denostada.

 

La cruz es cosa antigua:

Símbolo de pasión cristiana

Y expresión de fe pagana,

En Sudamérica se atestigua;

No sólo en Europa, en Asia

O en la africana Abisinia.

 

Céltica, latina o griega,

La cruz denota ortodoxia.

El credo de Cristo agrega

Los fieles de tres Iglesias.

Cristiano no es quien ora

Sino quien con virtud obra.

 

Cristiano y no hereje es quien

Con esperanza, caridad y fe

Practica la virtud, y también

En la Naturaleza la fuente ve.

Cristiano y no hereje es quien

Venera a Dios como Luzbel.

 

Blasfemo y no cristiano es quien

Con fanatismo, intolerancia y terror,

Impone su visión del mal y del bien,

Y a sangre y fuego provoca pavor.

Jesucristo es ajeno a Inquisición;

Por Amor, no Roma, sufrió pasión.

 

El país de Oc tiene como emblema

Una cruz paté (cuatro patas de oca)

Que franco cruzado persigue y quema.

El templario en manto blanco coloca

Cruz de ocho puntas, como ocho rosas,

Que en su martirio tiñe con sangre roja.

 

El templario, de la cruz abanderado,

En la doctrina de la Luz es versado.

En la cruz patriarcal expone su grado:

Cruz ortodoxa arriba, y por otro lado

Una cruz Tau abajo, signo de iniciado.

Larga es su venganza, duro su legado.

 

El gorro frigio es signo de iniciado:

Emblema feliz de esclavo liberado,

Corona real de filósofo inspirado,

Tocado cultual de epopte consagrado.

En París la Revolución lo ha adoptado.

En Europa la tradición lo ha conservado.

 

 

El sendero de la vida se bifurca en dos caminos:

El que gira a la diestra, y el que va a la siniestra.

El camino que elijamos determina dos destinos:

La luz y la oscuridad; la claridad y las tinieblas.

Afortunado será quien no incurra en el desatino

De creer que la vía corta es siempre la correcta.

 

En nuestro mundo no hay nada seguro:

Nada es todo blanco, o todo oscuro,

Porque la mezcla se impone a lo puro.

Lo monocromo cede paso a lo gris:

El color, o la raza, no es fuerza motriz;

Lo que de verdad importa es vivir feliz.

 

En la logia el iniciado dibuja en el suelo

la complejidad del mundo: es el damero.

Con negras y blancas baldosas resume

La doctrina gnóstica que el sabio asume.

Blanco y negro, bien y mal, luz y oscuridad:

Los grandes principios de un mundo dual.

 

El ángel es el heraldo de las fuerzas benéficas:

Representa el principio de las razones ciertas.

Es el enviado de Dios, el mensajero del cielo;

En el Apocalipsis, abre el séptimo sello.

Del adepto y del virtuoso es fiel consejero.

De las fuerzas divinas, implacable guerrero.

 

Satán llaman al principio de maldad.

Es ángel caído, príncipe de iniquidad.

Henchido de orgullo, retó a la divinidad.

Miguel lo derrotó, con toda su heredad.

En el averno mora, sumido en oscuridad.

Pérfido, arrastra al hombre a la impiedad.

 

Los adeptos de San Juan sostienen

Que el mundo es obra del Maligno.

Los gnósticos y cátaros mantienen

Que sólo el espíritu inmortal es digno.

Los maniqueos y bogomilos creen

Que Luzbel es Dios, y el Sol su signo.

 

Los antiguos llamaban Pan,

Al dios con patas de chivo.

En la Arcadia trota al compás

De la flauta y del caramillo.

Insaciable amante, eterno galán,

Gozar es su solo objetivo.

 

El chivo feraz y el hombre verde,

Son símbolos de la naturaleza.

En templo y parque hacen alarde,

De incontenible alegría y viveza.

Geniecillos son, que no diablos:

Reliquias de un remoto pasado.

 

El heroico guerrero de dura cerviz,

A la fiera inmunda se enfrenta,

Y con decisión y arrojo sin fin,

Le hace pagar la grave afrenta.

El héroe es hijo de un tiempo feliz.

Es imagen del Sol: a Él representa.

 

La fiera es serpiente, y ésta es Luna,

En el lenguaje simbólico del poeta.

El héroe es pájaro, en jerga arcana,

Y contra el pérfido ofidio se enfrenta.

El Sol vence a la Luna, y le subyuga:

En Historia Oculta es página oscura.

 

El ser humano es arcilla y barro.

Para servir a dioses ha sido creado.

En tiempos pasados ha procurado

Vivir su fe con fervor y sin pecado.

Pero en el presente ésta ha mudado

Y a los antiguos dioses ha olvidado.

 

Otrora Dios bajaba a la Tierra.

El hombre adoraba Su presencia,

Y hallaba en Él la trascendencia.

Ahora el fiel busca y no encuentra;

Su fe se ha ido, y ante su ausencia

Abraza otros ritos y otras creencias.

 

La vida es una rueda de experiencias

Ligada a una cadena de consecuencias.

Para el hindú la ley natural es el dharma,

El peso de nuestros actos es el karma,

Y el ciclo de nuestras vidas el samsara.

Dichoso será quien alcance el nirvana.

 

En fiesta mayor el catalán se engalana.

Junta sus manos, y sin más tardanza,

El pueblo comienza a bailar en rollana.

Ronda del sol es, o ciclo de labranza,

El sentido oculto de la antigua sardana.

Es comunión popular, y singular danza.

 

En un claro del bosque, en la oscura noche,

Sobre una plataforma, o en un desmonte,

Un grupo de hombres y mujeres, desnudos,

Danzan en círculo, de las manos unidos,

A la luz de la luna llena, en primavera.

Ellos se dicen devotos de doctrina vieja.

 

Prometeo benefactor enseña al mundo,

Las artes de la cultura y la civilización.

El fuego entrega al ignorante y al bruto;

Le explica los principios de fe y razón.

El ser humano le erige un monumento:

La columna, símbolo de fundamento.

 

Del monumento parte un camino,

Que discurre por amenos paisajes.

A su vera árboles grandes y altivos

Dan sombra a ilustres personajes.

Acacias, cipreses, robles y olivos,

Cobijo dan a filósofos y paseantes.

 

El camino acaba en la urbe.

Allí comerciantes y burgueses

Protegen sus fueros y libertades.

Afiladas agujas, y altas torres,

Se alzan sobre casas y baluartes.

Testimonio son de fe inmutable.

 

En el centro del témenos se alza un templo,

Que con porfía y tesón desafía el tiempo.

En él se venera reliquia de antiguo fervor

Y se conserva tesoro de áureo esplendor.

La cripta se hunde en el suelo, y como antaño

Peregrinos llegan, de la urbe y sus aledaños.

 

En el ara consagrada se oficia el rito,

Y se toma el pan y el vino benditos.

Piedra desbastada o roca no labrada,

Tanto da. El altar no es cosa alabada,

Sino punto de encuentro del creyente

Con su Dios, con su fe, y con su gente.

 

En un lugar de poder, o en sus alrededores,

Desmesuradas rocas mantienen equilibrio.

Unas sobre otras, en aparente desorden,

Presiden un recinto de muerte y sacrificio.

La cristiana Iglesia, en tiempos mejores,

Con ermitas y monasterios consagró el sitio.

 

La Esfinge es figura de antigüedad inaudita.

Expresa el arcano de una sociedad maldita.

Es símbolo de secreto, y de advertencia.

Nos recuerda el horror de funesta ciencia.

No es sabio retomar los antiguos pasos

Si éstos nos conducen a derroteros vanos.

 

La pirámide es la imagen universal

De la sagrada montaña primordial.

Escalera del cielo, templo o sepultura,

Fue lugar santo de civilización madura.

Reliquia del remoto Atlantis glorioso

Rememora tiempos de saber hermoso.

 

Llámese adámica, o bien enoquiana,

Se perdió el rastro de lengua arcana

En la infausta Babel, de Edén hermana.

Pero en Egipto, dicen los entendidos,

Hombres sabios, sacerdotes y elegidos,

Guardaron tesoros de valor escondido.

 

En Kemet príncipes, filósofos y profetas

Establecieron las bases de una orden secreta.

Sus afiliados, con el transcurrir de los siglos,

Con discreción, temple, y el mayor sigilo,

Preservaron saberes antiguos y peligrosos.

Influyentes fueron sus herederos, y poderosos.

 

De Melusina vástago, de Palamedes obra,

Nació en tiempo antiguo el juego de la Oca.

Este arcano milenario, de la vida esquema,

Es simulacro de vivencias, alegrías y penas.

De oca a oca, ¡pardiez!, acompáñeme la suerte:

Guárdeme del pozo, y de la amarga muerte.

 

Con su suave plumaje, y su grosero graznido,

El silvestre ganso marca el paso cerca del nido.

Su ancha pata palmeada es potencia de tres.

En el agua exhibe prestancia, en el cielo altivez.

La lengua de la Oca es patrimonio de una tierra

Que en paz y en guerra no traiciona a su bandera.

 

Imagen votiva de la egipcia Bastet

La gata es Luna, paredra del Sol Bel.

Mascota de bruja, diablesa o Bafomet,

La dulce gata de la ignorancia es rehén.

A la Hispánica Marca la gata dio nombre.

Suya es la tierra de los Catalanes Condes.

 

Charlatana, poseída o maléfica hechicera,

La bruja guarda secretos de la madre Tierra.

De almas sanadora, de cuerpos curandera,

¡diantre!, se le paga con horca y hoguera.

En pueblos y aldeas es el último eslabón

En la venerable cadena de la Tradición.

 

Medio borradas por el paso de los siglos

Figuras y marcas grabadas en las piedras

Son visibles en los dinteles de las puertas

O en las rocas: los llamados petroglifos.

Su sentido oculto es misterioso y secreto.

Justo es cuidarlos y tratarlos con respeto.

 

El guerrero duerme su sueño eterno

En un sepulcro en honor del valiente.

Fue soldado de saber y conocimiento,

Campeador implacable de la mente.

Entregado sí, pero no mercenario,

Exigente destino es el suyo, y solitario.

 

El guerrero no es sacerdote sino monarca;

Su reino es de este mundo, pues abarca

Del Bóreas al Austro. En Argos embarca,

En dirección a Cólquida, en recia barca.

Al dragón vence y el vellocino arranca:

Bermeja rosa porta sobre pelliza blanca.

 

El guerrero blande un glorioso estandarte:

Escuadra, compás, y las insignias del Arte.

Su arsenal es simbólico, sus armas poderosas:

Plumas de oca, hojas de acacia y pétalos de rosa.

Su ministerio es de paz, que no de guerra.

Humilde es su papel en las cosas de la Tierra.

 

El guerrero navega por plácidas aguas,

Tras su victoria, en el Ponto Euxino.

Quiera el divino Hefesto, con su fragua

Convertir en sólida coraza el vellocino.

Égida de sabiduría, valor y esperanza

Ha de ser su botín, que no de amenaza.

 

 

 

 

 

 

 

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