José Luís Espejo - La presencia de Leonardo en Cataluña, silenciada

La presencia de Leonardo en Cataluña, silenciada

 

            Ya hace más de diez años que empecé a seguirle la pista al escurridizo Leonardo. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que este artista y filósofo del Renacimiento ha estado en Cataluña en al menos tres ocasiones, como bien sabe quien me haya seguido en mis libros o en mi página web. No es mi propósito explicar el corpus de mis razonamientos en defensa de esta discutida tesis (sólo basta asomarse a esta sección para tener nociones básicas de ella). Pero creo necesario profundizar en una idea que ha asaltado mi mente en los últimos meses: evidentmente, si investigo la presencia de Leonardo en Cataluña es porque nadie lo había hecho anteriormente. Lo que quiere decir: 1) O bien que Leonardo no estuvo en Cataluña (es lo que piensan algunos); 2) o que sí estuvo, pero lo hizo con discreción, sin dejar rastro; o 3) por último, alguien ha querido borrar las pistas de su paso por este país.

            Como es bien sabido, me niego a aceptar la primera posibilidad (que Leonardo no hubiera estado nunca en Cataluña), porque desde mi punto de vista las evidencias de su presencia en este país son abrumadoras. En alguna ocasión he insinuado que la segunda posibilidad (que Leonardo hubiera ocultado su rastro) es bastante probable, porque como he explicado en mis escritos, sin duda habría venido como espía, en unos tiempos convulsos y cambiantes de la Italia de su tiempo (en la que Aragón tenía un papel predominante, tanto a nivel comercial como político), aprovechando el “salvoconducto” del que disfrutaban los “artistas” en el extranjero, por el hecho de serlo (su caso no es único; las “embajadas culturales” florentinas, durante el Renacimiento, son bien conocidas). Por lo que se refiere a la tercera opción (que algún interés oculto haya pretendido silenciar la presencia de Leonardo en Cataluña) nunca me he atrevido a formularla abiertamente. Hasta hoy. Creo que es momento de sacarla a la luz, a la vista de las pruebas que se agolpan. Como veremos al final de este artículo, no dudo de que Leonardo vino a Cataluña con un “perfil bajo” (como espía, es decir, de incógnito), pero parece evidente que “alguien” (tal vez un funcionario de la Corte de Madrid, a finales del siglo XVIII) parece interesado en que no se sepa nada acerca de su paso por aquí. Con qué propósito, lo veremos en su momento.

            Con el paso de los años me he convencido de que Leonardo debió estar en Cataluña en al menos tres ocasiones. Significativamente, estas tres visitas coincidieron con “turning points” en su vida y en su obra. Al contrario de lo que se cree, existen documentos que parecen haber sido manipulados o hechos desaparecer, con el objetivo de borrar su rastro.

 

Primera visita (1481-1483): censura en el monasterio

 

            Su primera visita a Montserrat coincide con un momento importante en la historia de Florencia: había acabado la guerra entre esta República y Nápoles (aliada de Aragón), pero se adivinaban nuevos conflictos en Italia. Giuliano della Rovere (el futuro Julio II), con sede en Aviñón, era en ese momento abad comanditario (es decir, no presencial) del monasterio; su vicario era Llorenç Marull, que ejercía a su vez como abad del cercano monasterio de Santa Cecilia de Montserrat.

            No explicaré los motivos que me inducen a pensar que Leonardo estuvo en este monasterio, al menos unos meses, en el período 1481-1483. De todo ello hablo en la sección Leonardo da Vinci de esta página web. Pero sí me extenderé un poco en los motivos que parecen indicar que su presencia aquí ha sido silenciada por los propios monjes de Montserrat, en un momento muy determinado.

            En dos artículos (Los manuscritos de Montserrat, no tan perdidos y Más sobre el archivo de Montserrat) trato de elucidar el destino del archivo de Montserrat, que no está tan claro como parece a primera vista (según la tesis de que fue destruido por los franceses en el año 1811, y del cual no quedarían restos). No entraré ahora en esta cuestión. Pero en otro artículo aludo a una serie de cartas, en los legajos II-2519 y II-2520 de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid, que dejan entrever una política de ocultamiento y de destrucción de documentos “inconvenientes” por parte de un archivero excesivamente “celoso” y obediente a la autoridad (encabezada por Francisco de Zamora, funcionario de la Corte de Madrid). De ello escribe repetidamente el archivero Miguel Pérez de Vassa, que fue apartado de su función en beneficio del más “sumiso” (para determinados intereses) Benet Ribas i Calaf.

            En mi artículo Leonardo espía en Montserrat (año 1482) presento una carta, del archivero “oficial” (bendecido por la autoridad), Benet Ribas, en la que éste anticipa que le va a enviar, a su interlocutor de la Corte, una serie de documentos de los Reyes y de grandes personajes que han pasado por el monasterio. En concreto, alude a una carta de los Reyes Católicos al monasterio, en relación a un asunto relacionado con los ermitaños:

 

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Carta de Benet Ribas a Francisco de Zamora (1789).

 

            En otra carta, firmada por Joan Boada (sacerdote en la vecina villa de Olesa), amén de hablar de algún asunto privado, nos presenta el relato de un “fingido peregrino” italiano que, en tiempos del ilustrísimo señor Rull (Llorenç Marull, vicario de Montserrat, y abad de Santa Cecilia), fue aceptado por la comunidad. Dicho “fingido peregrino” había de ser un espía (el propio término “fingido” es claro a este respecto), y por ello es muy probable que tal espía fuera un artísta (éstos eran, junto con algunos comerciantes, los principales candidatos a espía; y eran asimismo los más protegidos por los príncipes de la época, pues solían disponer de salvoconductos especiales; se conoce uno, expedido por César Borgia, a Leonardo da Vinci).

 

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Carta de Joan Boada a Francisco de Zamora (1789).

            Espía italiano en Montserrat en tiempos de Llorenç Marull (hacia el año 1482). ¿Quién podría ser sino el propio Leonardo da Vinci? Éste, es bien sabido, ejerció durante toda su vida la función de espía. Charles Nicholl, en su célebre biografía, lo llama “los ojos y los oídos” de la República florentina en las distintas misiones (en Milán, en el séquito de César Borgia, tal vez en Roma) que le fueron encomendadas. ¿Por qué no también en Barcelona, donde se jugaba en gran parte el destino de Italia, como potencia aliada de Nápoles, gran rival de Florencia?

            Pero es que además, según este documento, dicho “fingido peregrino” italiano (¿Leonardo?: espía, y artista, protegido de la Signoria de Florencia) fue admitido en la comunidad y residió en el monasterio. No como monje ni como donato, sino como empleado, seguramente en funciones de artista. No en vano, al lado de esta carta, vemos la imagen de una estatua, dibujada –según parece- por el propio Fernando de Zamora, de una Santa Cecilia. Ello tiene su lógica, si tenemos en cuenta que el vicario de Montserrat en ese momento (Llorenç Marull, el Rull de la carta) era abad de la vecina abadía de Santa Cecilia de Montserrat.

            Pues bien, la misiva del citado Joan Boada señala que en esos momentos se están tirando (eliminando) cartas en relación a un cierto “sujeto” que provoca “murmuraciones”. ¿A qué sujeto se refiere? Tal vez al identificado por tres iniciales, situadas encima del dibujo de la estatua de Santa Cecilia a la que aludí más arriba: L d V (¿Leonardo da Vinci?). Nótese que estas iniciales es lo único que queda de una inscripción que ha sido borrada deliberadamente.

 

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Iniciales L d V encima del dibujo de la estatua de Santa Cecilia (año 1789).

 

            Primera evidencia de una ocultación de la presencia de Leonardo en Cataluña, implementada, en este caso, por los propios monjes de Montserrat (en concreto, por su archivero jefe, Benet Ribas). Nótese que Joan Boada, autor de la carta en cuestión, dice al final a su interlocutor (que no conocemos) que tiene debidamente informado a Francisco de Zamora (es decir, a la Corte de Madrid). Así pues, ¿a quién parece interesarle la destrucción de pruebas de su paso por Montserrat? Sin duda alguna, a la Corte, con la colaboración sumisa del propio monasterio.

 

Segunda visita (1494): censura en el diario de viajes de Jerónimo Münzer

 

            En mi artículo La Santa Cena de Solsona, ¿modelo para la Última Cena de Leonardo? sostengo que Leonardo debió inspirarse en un retablo catalán (La Santa Cena de Solsona, de Pere Teixidó) para pintar su Santa Cena de Milán (a partir del año 1495). Las homologías iconográficas son harto elocuentes (sugiero al lector que revise el citado artículo). ¿Pero cuándo podría haber visto, en persona, esa predela, ubicada en una pequeña ermita de un remoto lugar del centro de Cataluña? (más en concreto, en Santa Constança de Linya, cerca de Navès).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Comparativa entre la Santa Cena de Pere Teixidó y la de Leonardo.

 

             Como expongo en mi artículo  Leonardo, ¿en Barcelona en 1494? la lectura del diario de viajes de Jerónimo Münzer, durante su trayecto por España y Portugal, en los años 1494 y 1495, aporta el siguiente pasaje:

§ 8. Agasajo que nos hicieren ios mercaderes alemanes
Entre otros mercaderes alemanes que. allí vivían a la sazón,
estaban Gregorio Rasp, de Augsburgo; Erardo Wigant, llamado
Frank, de Mergentheim, ciudad de Franconia, y Wolfang Ferber,
de Ulrria; asimismo hallábase en la ciudad fray Juan, de la Orden
de San Francisco, a quien conoce mucho el doctor Stahel, su
amigo Nicolás y Leonardo, que tiene un hermano en la casa de
los teutones de Nuremberga, todos los cuales nos regalaron con
extremada liberalidad. Convidados en sus casas, nos sirvieron en
vajillas de oro y plata; comimos y bebimos al uso catalán; durante
el banquete, músicos con diversos instrumentos tocaron continuamente
para solazarnos, cantaron coros y bailaron al estilo morisco.
A buen seguro que no se harían tales agasajos ni a un barón
ni a un conde de Alemania : ¡qué manjares, qué frutas, cuan varias
clases de reparadores vinos! Y como no es posible dar cabal
idea de ello, hagamos recaer las alabanzas en nuestros huéspedíes,
en sus hijos y en sus amigos.

            Nótese que aquí se menciona el nombre, el apellido y el lugar de origen de varios personajes alemanes. Sin embargo se nos oculta el apellido y la nacionalidad del tal Leonardo, del tal Nicolás, y por supuesto del franciscano de nombre Juan. Se dice que el tal Leonardo tiene un hermano en la Orden Teutónica, en Núremberg. Dado que no sabemos nada de los hermanos de Leonardo da Vinci (Antonio, el mayor, tendría 18 años en esa fecha), y que aquél tenía –en esos días- un colaborador alemán de nombre Giulio, no podemos descartar que el tal Leonardo sea en realidad Leonardo da Vinci, Éste tenía acceso a alemanes en el justo momento en que Jerónimo Münzer departía en Barcelona con individuos de esa nacionalidad –y con un tal Leonardo- a comienzos del otoño del año 1494. ¿Y quién era Nicolás? No me extrañaría que fuera Nicolás Maquiavelo, que en ese momento comenzaba su carrera como diplomático al servicio de la República de Florencia, en los meses previos a la Revolución que supuso la caída de los Medici.

            ¿A qué debemos el “olvido” por parte de Jerónimo Münzer, importante cosmógrafo del Renacimiento (amigo de Martin Behaim), de la identidad del tal Leonardo? ¿Acaso a la propia insistencia de éste en mantener el anonimato? ¿O a la manipulación del manuscrito original para ocultar este detalle? Ello es algo que nunca podremos saber, porque por lo visto el original ha desaparecido.

            Nuevamente, silencio acerca de la presencia de Leonardo en Cataluña. Tal vez su promotor sea el propio artista y espía florentino. Sea como sea, el encuentro de Münzer con el tal Leonardo tuvo lugar en Barcelona en septiembre de 1494, un año antes de que comenzara la Santa Cena de Milán. ¿Sería entonces cuando conoció la Santa Cena de Pere Teixidó, en la pequeña ermita de Navès, en el centro del país?

 

Una curiosa nota de Leonardo, en el año 1494

            En una nota del manuscrito H de Leonardo da Vinci, datado en el año 1494, hallamos las siguientes palabras: 

            "Aguglia, Niccolao, refe, Ferrâdo, Iacopo Âdrea, tela, pietra, colori, penella, tavoletta da colori, spuga, tavola del Duca".

            Nótese que en el mismo año (1494) en que Jerónimo Münzer menciona a un tal Leonardo, en Barcelona, que es acompañado por un tal Nicolás, Leonardo da Vinci menciona a un Niccolao, junto a un español -presumiblemente- de nombre Ferrando. ¿Tal vez porque pretendía ir a España, o tal vez ya se encontraba allí? ¿Es acaso la prueba de que Leonardo estuvo realmente en Barcelona en 1494? La coincidencia, en cualquier caso, es pasmosa.

             El lector entenderá que creo que el tal Niccolao no puede ser otro que Nicolás Maquiavelo, a quien Francesco Guicciardini, en varias de sus cartas (el 17 de mayo de 1521, o el 12 de noviembre de 1526) llama literalmente Niccolao Machiavelli, y añade "como fratello honorando"; es decir: al que respeto como a un hermano (Francesco Bausi: Maquiavelo).

            ¿Quién puede ser Ferrando? Pedro Miguel Ibáñez Martínez, en su libro Fernando Yáñez de la Almedina, la incógnita Yáñez, especula con la posibilidad de que sea el mismo "Ferrando Spagnolo, dipintore" (tal vez, Fernando Yáñez de la Almedina) que menciona en dos ocasiones en ciertos apuntes, coincidiendo con los trabajos en el llamado "fresco de la Batalla de Anghiari" (abril y agosto del año 1505).

             Si fuera cierto que Leonardo se habría reunido en Barcelona con Juan Pérez y Nicolás Maquiavelo, en 1494, tal vez habría sido con la intención de resolver asuntos diplomáticos, en los momentos previos a la revolución de finales de 1494 en Florencia. ¿Por qué no a instancias de Fernando el Católico? ¿Tal vez no podría haber empleado a su diplomático en funciones Juan Pérez (el otro, Bernat Boïl, estaba por llegar de América) para charlar -supuestamente- con un enviado "oficioso" de Florencia: Maquiavelo, acompañado por el "espía" Leonardo? No deja de ser una especulación, pero tiene sentido.

             Sea como sea, aunque ese tal Nicolás no sea Nicolás Maquiavelo, está claro que Leonardo está ligado a un tal Nicolás en dos documentos del mismo año (1494): uno de ellos lo sitúa en Barcelona. En el documento manuscrito de Leonardo, además del tal Nicolás, menciona a un español, de nombre Ferrando; una prueba más de su presencia física en Barcelona.

Tercera visita (1504): censura en el Palacio Real de Madrid

 

            En diversos artículos de la sección Leonardo da Vinci aludo a la presencia de Leonardo en Cataluña, en la segunda mitad del año 1504, como es evidente en el Códice Madrid II, datado hacia esas fechas. En primer lugar, es ostensible en el dibujo del castillo de Salses, recién estrenado (con enfrentamiento con Francia incluido) un año antes.

 

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Castillo de Salses (arriba), dibujado por Leonardo en el Códice Madrid-II.

 

            Pero asimismo notamos su presencia en otro dibujo, también en el Códice Madrid-II, donde aparece en el anverso una montaña, con una construcción arriba, al lado de la cual leemos –semiborrado- el nombre Rocafor, y en el reverso tenemos –en un listado de ropa- una pieza llamada “un catelano rosato” (una capa catalana de color rosa). Ello no es casualidad. El dibujo y el listado (en dos caras del mismo folio) aluden a un viaje que tuvo como uno de sus jalones el priorato de Sant Genís de Rocafort, a medio kilómetro de Martorell, no lejos del lugar desde donde habría tomado apuntes para el paisaje de la Gioconda (véase mi artículo Leonardo, La Gioconda y Martorell).

 

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En el anverso, medio borrado, leemos Rocafor; en el reverso, se transparenta “Un catelano rosato” (una capa catalana). Códice Madrid-II (1504).

 

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Sant Genís de Rocafort (Martorell). Arriba a la derecha, dibujo de Leonardo en el Códice Madrid-II.

 

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Aunque las letras han sido emborronadas expresamente, leemos claramente Rocafor. Compárese con la caligrafía de Leonardo.

 

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Sabemos que Rocafor es Sant Genís de Rocafort, al lado de Martorell, por detalles como éste: izquierda, Sant Genís; derecha, dibujo del Códice Madrid II (Rocafor).

 

            Alguien se tomó la molestia de borrar las palabras situadas al lado del dibujo de Leonardo en el Códice Madrid-II. No dudo de que Leonardo trató de ocultar su rastro, pero algún censor le echó una mano, para silenciar su paso por Cataluña.

            En definitiva, al menos tres pruebas de la presencia de Leonardo en Cataluña han sido manipuladas o eliminadas: 1) Las cartas que aluden a Leonardo en Montserrat, según la misiva de Joan Boada (véase más arriba); 2) El dibujo de la Santa Cecilia, en el que se ha borrado el texto encima de aquél, del cual sólo se intuyen las iniciales L d V (¿Leonardo da Vinci?); 3) El topónimo Rocafor en el Códice Madrid-II. Pero nótese asimismo la siguiente pintura:

 

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Gioconda de Madrid, recientemente restaurada. El fondo estaba pintado de negro

 

            Ésta es la Gioconda de Madrid, hermana de la de París (fue realizada empleando para ello el mismo cartón). En un determinado momento, a finales del siglo XVIII, el fondo fue pintado de negro. Alguien no quería que se reconociera el paisaje.

            Tanto los papeles provenientes de Montserrat con destino al funcionario de la Corte Francisco de Zamora, como el Códice Madrid-II, como el cuadro conocido como Gioconda de Madrid tienen algo en común. Los tres fueron guardados en el Palacio Real de Madrid. No es aventurado pensar que alguien en la Corte no deseaba que se vinculara a Leonardo con Cataluña. De ahí que se eliminaran y manipularan dichos documentos, y este cuadro. ¿Con qué motivo? Desde mi punto de vista, dada la colaboración –entusiasta- del archivero de Montserrat en ese momento (Benet Ribas i Calaf), no habría que descartar un móvil religioso. Leonardo era un conocido librepensador. ¿Acaso España no era conocida como “martillo de herejes”?

            O, quizás, la motivación es diferente. Lo dejo al libre e informado criterio del lector.

 

¿Un nuevo caso de censura?  

          Véase http://www.joseluisespejo.com/index.php/leonardo-da-vinci/343-ragona-aragona-taragona.

          Obsérvese esta imagen, extraída de www.leonardodigitale.com:

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Folio 1006 (verso) del Códice Atlántico. Encima del mapa de Europa hay un espacio en blanco, que ha sido borrado.

          Nótese que encima de este mapa aparece un espacio en blanco, borrado de alguna forma. ¿Qué había en este espacio? ¿Se trata de un nuevo caso de censura? Y en este caso, ¿qué se estaba ocultando? Véase asimismo que la A que encabeza el mapa se distingue con total claridad. Realmente es una A, y no un garabato. Y a su izquierda, algo más abajo, una M perfectamente perfilada.

          Y ahora obsérvese esta versión del mapa:
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El espacio en blanco se transforma en un recuadro muy bien perfilado, con una banda más oscura a su derecha.

          El espacio en blanco se transforma en un recuadro bien perfilado. En definitiva, existen dos versiones de este folio. ¿Cuál es la auténtica? Creo que ninguna de ellas. En un determinado momento "alguien" borró ese recuadro, o lo ocultó, para tapar algo inconveniente. Luego este espacio en blanco ha sido manipulado para hacerlo visualmente más "aceptable". Sea como sea, esta doble manipulación es una prueba tangible de que se ha tratado de esconder un secreto, que tal vez aluda a la estancia de Leonardo en Montserrat, o bien al papel de la sociedad secreta de la doble A en los destinos de Europa. De ambos aspectos encontramos indicios en el mapa.

          Sea como sea, Italia y Spagna aparecen destacadas. Son las únicas entidades geográficas que aparecen con su nombre, aun a sabiendas de que en esos tiempos ni Italia ni España formaban Estados nacionales unidos (por mucho que el folklore patriótico afirme lo contrario).

          Mi amigo David Vilasís me envía la siguiente imagen:

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Cara opuesta del folio 1006 (recto). Aquí se ve el mismo espacio en blanco, lo que indica que un trozo de papel habría sido "pegado" al hueco previamente recortado.

          De acuerdo a David Vilasís, este espacio habría sido previamente recortado, dado su carácter incómodo. Seguramente, no habría bastado con la ocultación de la cara "verso" (en la que se encuentra el mapa), puesto que su contenido se habría transparentado en la cara opuesta. De ahí que se haya efectuado una práctica tan "cutre" como pura y simplemente recortar la página. Aunque -insiste David Vilasís- sería necesario ver el original para comprobar si ello pudo ser así. Lo que está claro es que este "pegote" en blanco trataría de sustituir el original cortado.

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